Un Orden de Familia

Por Victoria Martinez

Es fascinante que, simplemente al asociarnos con una categoría específica, cambiamos la forma en que las personas nos ven. Cosas tan pequeños como el lugar donde nacimos o la cultura de nuestra familia, pueden dar a los demás una impresión de nuestra crianza y tal vez incluso de la forma en que vivimos ahora. Personalmente, he enfrentado  diferentes personas con ciertas presunciones una y otra vez a través de lo que se convierte en el juego de adivinanzas titulado “¿Qué eres?” He podido simplificar esta conversación a lo largo de los años y tal vez a costa de dar por sentado cómo cada parte de mi identidad realmente me moldea.

Yo nací en Glendale, California, y crecí en West Covina, California, pero mis padres nacieron y crecieron en Los Ángeles. Mi padre es de descendencia cubana y mi madre tiene raíces mexicanas y salvadoreñas. Me identifico como una católica practicante que fue influenciada por mi educación en la escuela católica tanto en la escuela primaria como en la secundaria. Después de leer “Vivan Los Tamales,” comencé a pensar en cómo reconciliar algunas de las ideas presentadas en mi propia vida.  Me conmovió mucho cuando Pilcher menciona que la comida puede “construirse así en un sentido de comunidad dentro de la cocina” y que la comida es “la ideología abstracta del nacionalismo.” Por supuesto, yo antes había asociado la cultura con la comida, pero nunca me había imaginado que pudiera tener tanta importancia, siendo una de las ideologías del nacionalismo. Entonces comencé a reflexionar sobre los platos de mi identidad. Habiendo tenido la experiencia única de una identidad diversa, pasé un tiempo reflexionando sobre el papel que la comida había desempeñado en las celebraciones de momentos importantes y en la vida cotidiana. Pensé en cómo mi abuela cubana pasa todo el día preparando y asando una pierna de puerco para que todos disfrutemos el dia de Nochebuena. También pensé en la importancia de los tamales que mi mamá nos da en la temporada navideña.  Finalmente, me acordé de las tardes de los domingos con mi abuela salvadoreña, cuando nos reuníamos en torno a su mesa y nos recibía con una cantidad interminable de pupusas. Todos estos platos fueron tan importantes para momentos específicos de mi vida y siguen siendo un recuerdo de la familia, incluso cuando estoy lejos de casa. Estos platos no solamente me habían conectado con mi herencia, sino que también me conectaban con otras personas que comparten los mismos recuerdos familiares.

Me doy cuenta de esta conexión con otros cuando voy a nuevos restaurantes que ofrecen platos que están tan cerca de mi corazón.  Cuando veo el mismo amor y cuidado que alguien pone detrás de la comida que he visto desde una edad temprana, hace que la comida sea más especial. Este sentimiento se produjo cuando visité recientemente Sarita’s Pupuseria, uno de los puestos heredados en Grand Central Market. Incluso antes de llegar a la ventana, estás inmerso en la experiencia y puedes ver el proceso inicial de corte del queso.  El señor que cortaba el queso era tan amable que se ofreció a posar para la cámara. Se podría decir que le apasionaba la comida que estaba creando. Después de llegar a la ventana, me saludó un señor que llevó a cabo el pedido en una rutina que mostraba que vender pupusas era más una pasión que trabajo. Este lugar realmente trata de brindar una experiencia salvadoreña saludable al producir un plato central nacional.  Avancé hacia la ventana de entrega y esperé pacientemente cuando vi que el arte de la pupusa se desarrollaba ante mis ojos. Vi a la señora trabajando detrás del mostrador rellenando cada pupusa con queso y todos los adornos, aunque solo pedí la mía con queso. Vi cómo se calentaban las pupusas en la parrilla cuando el queso comenzó a explotar desde dentro. Después de crujir y casi caramelizar las pupusas, me sirvieron ambas con un lado de curtido.  El fuerte contraste del vinagre con el sabor graso y sabroso del queso crea un equilibrio único que nunca perderá su singularidad. Me senté y disfruté de lo que fue una comida reconfortante para mi, mientras los demás clientes que estaban a mi lado se enamoraron de su primera pupusa. Este momento me hizo reflexionar sobre la lectura de E.N. Anderson con respecto a la comida que trasciende a los internos. Las recetas viajan con la gente y es más fácil introducir alimentos en nuevas regiones que en otras partes de una cultura.  La mayor habilidad para mezclar la cultura se puede encontrar en la cocina. Creo que se consideraría que Sarita está en el lugar perfecto debido a su ubicación en Grand Central Market. El local no solo está ubicado en una de las ciudades más pobladas, sino que se encuentra en una región que, aunque tiene clientes de bajos ingresos, también recibe visitas de los miembros más adinerados del área de Los Ángeles. Creo que para ser clasificado como periférico, la ubicación estaría más alejada de una ciudad o en un lugar con menos acceso a alimentos.

Finalmente, como con todos los restaurantes que hemos discutido este año, me enfrento a la cuestión de su autenticidad. Anteriormente había definido la autenticidad en mi primera publicación de blog y la segunda publicación de blog como algo intangible que se crea social y personalmente. Seguiría calificando el respeto por la cultura y la tradición del plato para que sea más importante que recrear la receta exacta en términos de autenticidad. A la luz de esta definición, sin duda calificaría a Sarita’s Pupuseria como auténtica. No solo mantienen un respeto por la cultura de El Salvador, sino que también mantienen su lealtad a los ingredientes y al proceso de creación de pupusas como una forma de arte.


Una mezcla de comida, sabores y culturas – por Brandon Towers

Siempre estaba fascinado sobre la historia de mi familia.  Tres de cuatro de mis abuelos son inmigrantes y creo que es importante para conocer tus raíces. Mis antepasados vienen de Inglaterra, Italia y México. Unos pocos meses antes de que yo naciera, un primo de mi padre escribió un libro llamado “Descending the Towers” (hay un juego de palabras sobre mi apellido).  ¡El libro contiene toda la historia de la familia de mi padre desde el año 1600! He leído el libro muchas veces y tiene documentos como certificados de nacimiento, boletas de calificaciones, registros de inmigración y más. Estoy muy agradecido de que mi familia tenga este libro.

El libro tiene la cimera de mi familia en el forro

Ahora, la mayoría de mi familia extendida viven en California. Crecí en Huntington Beach, California pero cuando tenía diez años mis padres y yo (no tengo hermanos) nos mudamos a Wisconsin.  Y ocho años después volví a California para asistir a USC. La cultura y el estilo de vida es muy diferente en California suburbana comparado con un pequeño pueblo rural en Wisconsin.

Creo que la comida más impactante durante mi vida es, por supuesto, el tamal.  Cada año mi familia se reúne unas pocas veces para preparar tamales para una fiesta, un cumpleaños, o Navidad.  Es una tradición muy importante en mi familia. Tengo muchos recuerdos felices sobre los días que pasaba preparando tamales con mi abuelita, mis tíos y mis primos.  Mi parte favorita del proceso es que la familia cotillea sobre los miembros de la familia que no están allí. Ellos hablaban sobre muchos buenos secretos.

Yo con mi abuelita (derecho), mi madre (izquierda) y nuestra amiga de El Salvador (más izquierda). En las manos tenemos hojas de maíz con masa.

Cuando era niño mi abuelita y su hermana mayor decidieron que ellas ya no querían preparar la masa a mano.  Ahora ellas compran masa en Los Cincos Puntos, una cocina mexicana en Los Ángeles. Todavía ellas cocinan la carne y el chile para los tamales.  Mi abuelita me dijo que ella usa chile seco de norte y chile seco de Nueva México. Después de la preparación de los chiles, ella combine la mixtura con harina, grasa y el aceite de la carne cocida.  Ella hierve la mezcla a fuego lento y añade sal, ajo y comino. Por la carne ella usa una mezcla de cerdo y carne de res cocinada con cebolla, zanahoria y apio.

Normalmente, mi papel en el proceso es durante el montaje de los tamales. Unto la masa en las hojas de maíz y agrego el chile, la carne y una oliva para la buena suerte.  Después doblo y envuelvo el tamal y lo pongo en la olla para cocer al vapor. Me gusta mucho el proceso de cocinar los tamales y es una tradición importante en mi familia.

En ¡Que vivan los tamales! el autor Pilcher dice que “The study of national cuisines, in Mexico and elsewhere, offers new perspectives on the roles of gender, class, and geography in forging nations.”  Esta cita me interesa porque puedo ver los papeles de género en el proceso de preparación de los tamales en mi familia. Los trabajos de las mujeres y los hombres son distintos.  Normalmente soy el único hombre que trabaja con las mujeres porque mi abuelita no tiene nietas para enseñar. Las mujeres preparan y ensamblan los tamales y los hombres limpian la casa, ponen la mesa y compran bebidas y otras cosas a la tienda.    

Chichen Itza

Para este blog fui a Chichen Itza, un restaurante yucateco en el Mercado La Paloma cerca de USC.  Chichen Itza tiene muchos platos tradicionales de Yucatán. E.N. Anderson dice que en el mundo de comida hay dos grupos: “core” y “periphery.” El “core” es las culturas más fuertes que dominan y influyen el resto del mundo.  Y el “periphery” es “the various areas that are economically deprived or marginalized; often they are dependent or politically weak.” Creo que Yucatán es una parte de los dos grupos. México es considerado una parte de “the core” pero la comida de Yucatán es muy distinto del centro de la cultura de comida mexicana en la Ciudad de México.  Porque Yucatán está lejos de la Ciudad de México, no tiene la misma influencia de España. Muchos de los platos yucatecos todavía están basados en raíces mayas. En Yucatán parte de la cultura maya sobrevivió la conquista de España. También Yucatán tiene influencia de los inmigrantes libaneses (como al pastor). Anderson dice que “a vanished world-system geography is preserved in a modern culinary one.” Creo que esta cita aplica a Yucatán. Los mayas no controlan México ahora pero su influencia vive en la comida de Yucatán. Es posible que Yucatán sea en el “periphery” del “core” de la cultura de comida en México.

En Chichen Itza probé dos tacos de poc chuc, un tamal colado y un agua de jamaica.  Los tacos de poc chuc son una preparación de cerdo que es común en Yucatán. Los tacos tuvieron cebolla, aguacate y una salsa de tomate.  Me gusta los sabores cítricos en el cerdo y la combinación del aguacate cremoso con la salsa era delicioso. Las tortillas de maíz eran grandes y suaves.  El tamal colado fue llenado con pollo achiote con mucha salsa. El tamal venía envuelto en una hoja de plátano. En mi opinion, la masa era demasiado suave.  Prefiero un tamal más duro. Pero el pollo tuvo un sabor maduro que me gustó mucho. El origen de mi familia latina es más cerca del “core” de México que Yucatan. Esto podría ser una razón para las diferencias entre el tamal de mi familia y el tamal típico de Chichen Itza. También bebí un agua de Jamaica.  He probado este tipo de agua antes y me gusta mucho el sabor agrio que trabaja en combinación con el sabor dulce. Según mis investigaciones, creo que Chichen Itza es una representación auténtica de la comida de Yucatán. Su menú tiene muchos platos que son de Yucatán como huevos motuleños, cochinita pibil, poc chuc y más. Definitivamente voy a volver a Chichen Itza y al Mercado La Paloma para probar otra comida.   

Chichen Itzá: El mundo de habanero

Por Evan Marsh

Para mi primera visita a un restaurante para el blog, quería visitar a Chichen Itzá, un lugar que muchos estudiantes de USC visitan para comer comida mexicana “real” (más real como Chano’s o La Taquiza al menos).  Había comido allí una vez antes, pero no había pensado sobre la experiencia mucho así que quería regresar y probarlo otra vez.  Cuando entré, me di cuenta de que hay muchos restaurantes en el mercado la paloma, pero Chichen Itzá es el más ocupado de todos.  Siempre había una fila allí mientras los otros restaurantes no sirvieron muchos clientes.  Yo fui el fin de semana y la gente allí por lo general consistía familias latinas.  Oí casi todo español y era muy ruidoso, llena de gente.

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Quería pedir muchas cosas para probar varios platos, pero sus porciones son bastante grandes así que solo pedí un antojito y un plato principal.  La trabajadora allí me recomendó el Vaporcito y la Cochinita Pibil como platos muy típicos en el estado de Yucatán.  También me recomendó un agua fresca, pero pedí un café maya.  Yo tomo mucho café y siempre quiero probar estilos diferentes, y esto fue muy diferente.  El café estaba lleno de especias como canela y sabía muy bien.  Me dieron leche y añadí un poco para suavizarlo un poco.

El “Vaporcito” es un tamal muy típico de Yucatán.  En vez de hojas de maíz, está envuelto en hojas de plátano.  La salsa naranja me hacía preparar para algo muy picante lleno de habanero, el pimiento tan común en comida yucateca que Chichen Itzá tiene su propia salsa de habanero.  Realmente, el tamal no fue muy picante.  Sus colores atractivos de rojos y naranjas mezclaron para crear un sabor muy suave.  El tomate jugoso encima del tamal añadió a este sentido, y la mezcla de la salsa encima y el pollo adentro fue muy sabroso.

Siguiente, comí la cochinita pibil, un plato muy “autentico” de Yucatán.  El puerco está cocinado por muchas horas con especias, agrios como naranja, y hojas de plátano.  Encima de la carne queda cebolla roja y un habanero entero.  Este plato fue más picante y más sabroso que el tamal.  Me gustan mucho platos con muchos sabores picantes, y esto fue bien sazonado.  La carne fue servida con arroz, frijoles, y tortillas de maíz muy frescas y calientes.  Las especias de la carne mezclado con la salsa de habanero crearon una experiencia culinaria muy fuerte entre los labios, y el café picante para tomar no me dejó descansar.

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Pensando en la autenticidad, creo que no tengo ni la experiencia ni el conocimiento para juzgar este restaurante con respeto a su autenticidad.  Siempre he pensado que la comida mexicana fue el mismo en todo el país, pero ahora estoy aprendiendo que no es el caso y necesito aprender y comer más.  Chichen Itzá es un restaurante representativo de comida yucateca, y confío en ellos que es una representación precisa y autentica.  Siempre quiero tener una experiencia tan cerca que es posible al real, pero realmente no es importante la autenticidad.  La única manera de comer comida yucateca “real” es ir al estado de Yucatán y comer allí.  Al fin, la única cosa que es importante es si la comida sabe bien, y en Chichen Itzá sabe riquísimo.

Blog #2: Taquitos y Tamales a la Calle Olvera

Antes de nuestra visita a la Calle Olvera, había visitado una vez con mi clase de SPAN 261, pero no supe mucho sobre la historia de este sitio historical. Después de leer el primer capítulo de Food, Health, and Culture in Latino Los Angeles, supe que necesite visitar el Cielito Lindo. Mi experiencia con taquitos auténticos es menor… típicamente, los taquitos que yo como son de Trader Joe’s y son congelados. Por eso, tuve interesa en el Cielito Lindo y nuestra visita a la Calle Olvera era el tiempo perfecto para probar taquitos “auténticos”.

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Leí en el sitio web de Cielito Lindo sobre el proceso de cocinar los taquitos y también sobre la historia del restaurante. El sitio dice que el Cielito Lindo aún cocina los taquitos con los ingredientes mismos y con la receta misma. Pero, después de probarla, estoy de acuerda con Sarah Portnoy que, “…[the taquitos] taste as if they have been quickly cooked ahead of time and quickly reheated,” porque los taquitos no me parecieron frescas (más comentario sobre mi comida después). Cielito Lindo ha vendido taquitos desde 1934 y originalmente la comida fue cocinado a su casa y trajo a la Calle Olvera cada día por carrito.

En su ensayo, Ferrero describe la dualidad de comida mexicana. Ella escribe que la comida para los comensales que no son mexicanos que, “They adopt different attitudes toward their Mexicanness, play with the images imposed by the American society on their culture, and perform specific cultural traits to satisfy their customers’ expectations.” Pienso que es posible que la Calle Olvera se ha convertido en esta definición, con los vendedores de recuerdos de cosas que son estereotipias de México. La Calle Olvera tiene un ejemplo literal de “whitewashing” con el mural “América Tropical” que fue casi removido.

Había probado los taquitos y tamales, pero siempre he tenido favorito para los tamales porque mi madre, mi hermana y yo han cocinado tamales cuando estamos juntos para las vacaciones como Navidad. Cuando mi hermana era en la escuela primera, asistió una escuela de cocina, y allí, ella aprendió cómo cocinar tamales o adicionales comidas de culturas diferentes. Más o menos dos años en el pasado, un día en el verano, mi madre y mi hermana me invitaron a cocinar los tamales con ellos. Pienso que este es como la lectura de Ferrero, con su definición de comida étnica como un “symbolic marker of identity” donde las fronteras de la identidad étnica y el regionalismo trascienden a formas nuevas de socialidad. Cuando cocino tamales con mi madre y mi hermana, escuchamos a la música de américa-latina tengo el reconocimiento de la historia y los tamales ayudan a acercarnos. Después de leer la lectura de Deverell, entiendo que no es el “whitewashing” que él describe o la insensibilidad de Rick Bayless que el libro de Sarah Portnoy describe también. Por eso, pienso sobre los tamales en el contexto de los primeros tamaleros cerca de la Calle Olvera y mi experiencia.


Pedí el número 2 combo plato de Cielito Lindo, con dos de sus taquitos famosos y una tamale. Mi primera idea fue había mucha salsa aguacates – quizás demasiado salsa. Los taquitos y el tamale eran saturados con la salsa y mi plato también era reposante y yo derramé la salsa a mis zapatos. Yo sé que la salsa es distintiva de Cielito Lindo, pero para mí prefiero menos salsa para disfrutar los sabores de los taquitos y el tamale. Los taquitos eran crujientes y la carne era tierna en contraste. Me gustó el tamale mucho porque me recordó de mi familia pero también el maíz era húmedo. La carne tierna con el maíz suave fueron complementados perfectamente con la salsa. En mi opinión, el sabor era picante, pero la cantidad perfecta antes de causarme incomodidad.

La autenticidad de Calle Olvera

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Cuando llegué a Calle Olvera, primero vi el restaurante Cielito Lindo. Tenía un letrero pintado que es bonito e indica que fue fundado en 1934.

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Cuando miré más allá del restaurante, vi una línea de tienditas con muchos colores vibrantes. Mientras esperábamos por el resto de la clase, caminamos por la calle peatonal para explorar las tiendas. Hay mucha ropa, juguetes, marionetas, y otras cosas en cada tienda. Algunas cosas parecen hecho de mano pero otros obviamente son bienes producidos en masa. Después, subimos las escaleras para ver el mural “La América Tropical” de David Alfaro Siqueiros.img_6485

Primero vi que el mural es muy descolorido. Esto es porque había cubierto por muchos años a causa del “whitewashing.” Es muy triste porque podía ver partes de color rosado pálido e imagino que originalmente eran de color rojo vibrante. Esta descoloración del mural es análogo al “whitewashing” de los sabores de comida mexicana en Los Ángeles. Me fijé un hombre crucificado en el centro. El representa la opresión de los mexicanos en Los Ángeles.

Es difícil para definir la Calle Olvera como auténtica porque es una mezcla de  aspectos mexicanos auténticos pero también aspectos turísticos. Sirve a dos audiencias: los mexicanos americanos y los turistas americanos. Según Portnoy, los puestos de Calle Olvera vende dulces mexicanos, guitarras baratas, máscaras de lucha libre y otras cosas que se venden en mercados en México. Por eso, por un lado, es una representación de México auténtico. El mural es otro ejemplo de la autenticidad de Calle Olvera y del conflicto entre los mexicanos y los anglos. Representa la opresión de los mexicanos debajo del imperialismo americano. Por eso, al otro lado Calle Olvera es un símbolo del “whitewashing” de la influencia Mexicana en Los Angeles. De manera interesante, según Portnoy, al principio Calle Olvera fue diseñado por una mujer Anglo. Anglos ricos quisieron preservar la Ávila Adobe para preservar la historia de Los Ángeles. Al principio fue un lugar para los visitantes americanos pero hoy día también es un lugar para celebrar días festivos mexicanos. Pienso que no podemos decir que Calle Olvera es simplemente auténtica mexicana o no. Creo que hay aspectos auténticos mexicanos pero por lo general es auténtica de la cultura mexicana americana y representa la unión y también el conflicto entre las dos culturas.

Según Sarah Portnoy, platillos que tienen una combinación de diferentes comidas son una adaptación americana de comida mexicana. Por ejemplo, muchos restaurantes mexicanos en los EEUU sirven un platillo con arroz, frijoles, y enchiladas o tacos con mucho queso arriba. Gustavo Arellano discute que toda la comida mexicana, aún la comida mexicana americana, es mexicana y auténtica si una parte de esta cocina se originó en México. Pero creo que la comida mexicana americana no captura el espíritu de los mexicanos. Es una mezcla de los dos paladares y los espíritus de las dos culturas. Por ejemplo, comí un platillo que tiene una combinación de un tamal, dos taquitos, frijoles, salsa de aguacate, y mucho queso de Cielito Lindo.

img_6492La adición de queso arriba representa la influencia del paladar americano en la comida mexicana americana. Pedí una horchata también. Por lo general esta comida viene de la comida mexicana pero es modificada para satisfacer los visitantes americanos también.  Por eso, creo que los platillos de combinación de Cielito Lindo son una representación auténtica de la cocina mexicana americana pero no de la comida mexicana.

 

Gracias!

Fui introducido a SPAN 385: La cultura de la comida en el Hispano Los Ángeles cuando por primera vez visité USC antes de mi primer año. Me sorprendió la oportunidad que ofrece esta clase. La clase permitió a los estudiantes salir de la escuela y aprender más sobre la historia, la cultura, y la comida de la ciudad en la que estaría viviendo en por lo menos cuatro años. Traté de registrarse para la clase cada semestre y cada año yo no era capaz de hacerlo. Finalmente, el último semestre de mi último año tuve la oportunidad de entrar en la clase. Estaba un poco triste que sólo sería capaz de utilizar lo que he aprendido y la experiencia de la ciudad desde una nueva perspectiva cultural por sólo unos pocos meses, pero todavía estaba excitado. Afortunadamente he decidido terminar mi Master en la USC, así que voy a permanecer un año más!

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Chichen Itza: Tacos de Poc Chuc

Cuando era joven, mis padres siempre me dijeron que probar todo antes de tomar decisiones o hacer opiniones al respecto. Decidí que debería utilizar la misma mentalidad para esta clase. De una manera, creo que esta mentalidad es más importante y abarca todas las otras frases típicas: “Siempre da lo mejor”, “No juzgar un libro por su cubierta”, “Sea siempre humilde y amable”, y muchos más. No estoy diciendo que usted debe decir “sí” a cada cosa que se le presente, muchos de ellos puede ser peligroso y totalmente ilegales, pero cuando se trata de comida y la cultura simplemente no existen desventajas a tratar. Lo peor que puede pasar es que va a sumergirse en una cultura y aprender sobre otros gustos, disgustos, y las tradiciones.

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La comida es una carretera increíble para participar en este aprendizaje de la cultura. A diferencia de cualquier otra cosa en este mundo, la comida es al mismo tiempo idéntico y extremadamente diferente en todo el mundo. Todos usan ingredientes similares, patatas, maíz, trigo, y crean obras de arte extraordinarias que cuentan una historia acerca de su cultura o el pasado de la familia. A través de los alimentos que tenemos acceso a toda la historia de un pueblo, de dónde venían, qué dificultades enfrentan, que influyó en ellos, y lo que hizo felices. La comida es realmente una herramienta increíble para los historiadores para aprender cosas nuevas cuando los libros no están disponibles.

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El Huarache Azteca: Tacos al Pastor

Otro aspecto extraordinario de la comida en mi opinión, son las conversaciones que se producen durante la fabricación y el consumo de alimentos. Mi familia tenía y tiene cena juntos todas las noches. Nos sentamos durante una hora o más y discutimos nuestros días, nos reímos y aprendemos más sobre cada uno. A veces hablamos del pasado, a veces del futuro, y muchas veces del presente. Los alimentos nos da la oportunidad de conectar de una manera muy especial. Incluso para esta clase, a pesar de que mi familia se encuentra en el norte de California, mi novia y / o amigos se unieron para las cenas que he utilizado para mis blogs. Más de un delicioso taco o tamales hemos sido capaces de olvidarse de la escuela por sólo un poco y disfrutar de la felicidad pura que trajo la comida.

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Olamendi’s: Tostada con Pollo

Me doy cuenta de que no he hablado mucho acerca de los detalles que me gustó de esta clase, pero para ser sincero, creo que cada experiencia fue única, interesante y útil en su propia manera. Creo que esta clase podría ser renombrado a “Aprende a apreciar nuevas culturas a través de los alimentos”. Nos centramos en Los Ángeles específica y, como hemos aprendido, LA es una ensalada increíble; llena de identidades mixtas, cada uno trayendo su propio sabor a la ensalada. Esta clase me ha permitido diseccionar las diferentes partes de la ensalada, y aprender acerca de cada cultura, y luego también me permitió combinar ellos y aprender la forma en que interactúan.

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Yxta Cocina: Margaritas

Me gustó todas las actividades, sin embargo, creo que mi favorito era la presentación por Caridad Vásquez. Ella es un vendedor ambulante que está luchando por la legalización de su trabajo. Ella vino a los Estados Unidos y se casó con otro vendedor ambulante. En 2007 empezó a vender cosas en Boyle Heights pero la policía dijo que no podía vender comida más. Cuando la economía cayó un montón de vendedores fue, pero ella todavía tenía que vender para ganar poco de dinero. Ella dice que la mayoría de la gente no entiende la dificultad es ser un vendedor ambulante, a veces ella no puede vender nada hace semanas. Ahora sólo se vende por dos días para que la policía no toma sus cosas. Dice que no sabe hacer otra cosa y esto es lo que es bueno y es por eso que ella lo hace. La pasión y el entusiasmo ella tuvo era simplemente increíble y creo que simplemente actúa como otra demostración de la importancia de la alimentación de todas las personas diferentes. Creo que, sobre todo en la USC estamos atrapados en una burbuja rodeada de personas que son de un nivel de educación y antecedentes similares por lo que no se llega a experimentar o aprender de las personas que son significativamente diferentes a nosotros. Aprendemos cosas muy similares e incluso cuando formulamos nuestras propias ideas que en realidad no salen tan diferentes. Escuchando a esta señora oímos acerca de las luchas de los vendedores y dificultades que enfrentan. También creo que es muy importante aprender acerca de una situación, tanto desde una perspectiva exterior y desde la perspectiva de alguien que está en el medio de la situación. Esta clase me dio todas estas increíbles oportunidades para aprender y crecer.

La cocina de Olivia: Mi abuela

Al entrar a la casa de mi abuelita siempre huele a algo porque nunca para de cocinar. Sean los frijoles recién hervidos, o su famoso Arroz con leche, los olores de la cocina de mi abuela pueden abrir cualquier apetito. Este fin de semana después de misa (a cual vamos juntas cada domingo), decide entrevistarla mientras preparaba el almuerzo para ese día. Mi abuela siempre ha sido una persona muy privada y discreta, pero use el excuso de esta clase para aprender un poco más acerca de su experiencia con la comida en su propia cocina. (¡Ni me dejo sacarle fotos ni video porque dijo que no estaba penada!)

¿Abuelita, donde aprendió a cocinar?

                “Hay hija, pues tus tías en México dicen que tengo el mismo sazón que tu vis abuela en paz descanse. Ella fue la que nos enseñó todo lo que sabemos. Con siete hijas, y el rancho lleno de frutas y verduras frescas que cosechaba tu vis abuelo, teníamos bodegas llenos de garbanzos, e ingredientes para cocinar. Durante las fiestas en México en el rancho donde se usaba que pues las mujeres prepararan toda la comida, tu bis abuela hacia unos tamales de banderitas, y salían de tricolor porque le poníamos limón raspado y fresa bien picadita. Desde entonces, me ensene desde chiquita en las ollas que hacía de mentiritas de barro con mis hermanas a cocinar.”

¿Qué simboliza la comida para nuestra familia y nuestra comunidad Latina?

                “Pues pura fiesta e reunión. Fíjate que tus tíos hasta hoy en día y tus tías cada domingo me vienen a visitar y en vez de comprar pizza o los pollos, prefieren mi comida hecha en casa. Cuando hay comida en la casa, y panza llena, hay felicidad eh. Hay conversación sobre la mesa, y convivencia, y creo que también es así para la comunidad. Por ejemplo, fíjate en cuando les mando comida a tus tíos en un tupper, nunca me lo regresan vasillos, y así es la comida. Se da, y se regresa en forma de platicar, convivir, y felicidad. Es falta de respeto y mala costumbre no regresar el favor de la comida.”

¿En las celebraciones, que tipo de comida se ve más? ¿Qué le toca cocinar a usted?

                “Pues depende de la ocasión. Si es fiesta de alguno de tus primos, siempre traigo mi flan con pasas. Si es navidad o durante Las Mañanitas para pagarle respeto a La virgen tú sabes que nos quedamos despiertos toda la noche por demanda, y hacemos cantidad de tamales dulces, rojos, y champurrado. Si es algún cumpleaños, hacemos pozole o mole. Para los domingos, un platillo especial para reunirnos como los chilaquiles, o si tengo más tiempo los chiles rellenos estrellados con queso Cotija. Lo importante es que nunca falte, aunque sea una simple olla de frijoles. Con eso ya se arma la fiesta y llegan tus tíos.”

¿Cómo mujer, que cree que es su posición en preparar la comida? ¿Cree que es un espacio donde usted puede expresar su creatividad o se siente más bien como un lugar de opresión?

                “Mira hija, cuando me moví a Tijuana con todos los 11 (se refiere a mis tíos y tías), no tenía más que una cocinita arrinconada en el apartamento que solo era del tamaño como la sala. Era un puro cuarto, y con la estufa que solo tenía dos parrillas, si para que te miento me sentía oprimida. No tenía suficiente dinero para comprarles mucho, y en veces, puras tortillas con crema o mantequilla que en ese entonces valían 5 pesos por un kilo de masa. Sin tu abuelo allí como estaba trabajándole en los files del otro lado (se refiere mi abuela a los estados unidos donde mi abuelo pizcaba de tomates), pues no tenía suficiente a veces para darles a tus tíos y los hice crecer con puras tortillas y frijoles. Cocía una olla de frijoles grande para todos y hacia la hicimos. Ya que nos movimos a la casa de tierra (se refiere a la primera casa en cual vivieron en Los Estados Unidos, en el este de Los Ángeles), pues entonces allí ya tuve una cocina más grande, y tus tío Joaquín el más mayor ya trabajaba, y hacíamos burritos que se ponían a vender en el aeropuerto, De allí, sacaba para hacerles de comer. Ya que encontré trabajo como costurera, llegaba cansada pero me sentía libre porque tenía dinero para cocinar y hacerles más bien su comida propia.”

En ese entonces, le llego la visita a mi abuelita y no tuve más oportunidad de tener su atención completa.  Vestida de mandil verde, y con una gran sonrisa al abrirle la puerta a mis tíos y tíos, vi que la comida para ella simplemente es su forma de dar amor. Es la forma en que reunió a mis tíos en los tiempos difíciles cuando vivían en pura pobreza en Tijuana, y todavía continua siendo lo que reúne a las nuevas generaciones de nuestra familia.

Como la señora Vélez que describe Meredith Abarca en su lectura, mi abuela tuvo un espacio (space) y luego su propio lugar (place). Tener su propia cocina en los Estado Unidos, y más bien acceso y fondos para comprar ingredientes para cocinar, tuvo más libertad en la cocina. Aunque si ocupo el “lugar de la mujer” en el aspecto que como en el rancho dijo que con sus siete hermanas y su mama, había una expectativa para tener ya listo la comida para las fiestas y para mi bis abuelo, y veo que estas costumbres se  trasladan hasta hoy en la forma que nos sirve. Siempre sirve a mi tío el más mayor y ha cierta hora, porque hacia le enseno mi bis abuela que hay que tenerle el plato listo al hombre mayor. Pero, la cocina también se ha transformado en un su propio espacio. Ella ahora tiene la libertad y el poder de una estufa, una casa, y una gran familia que elije reunir sobre su mesa. Su cocina como espacio significa amor y convivencia, y continúa contribuir a la harmonía de mi familia cada domingo.