Cambiando vidas un jardín a la vez

Por Aime Alarcón

Una de las moreras lloronas
Las moras de las moreras lloronas

            Cierre los ojos e imagine a un grupo de niños de escuela primaria plantando sus propias frutas, compostando o aprendiendo a cocinar comidas nuevas y sabrosas con los ingredientes que cultivan juntos. Esta es una realidad para los estudiantes que asisten a 24th Street Elementary, que participan en la Garden School Foundation. Esta fundación proporciona una educación centrado en la jardinería para los niños que forman parte de las escuelas del Título 1, que son escuelas con grandes concentraciones de estudiantes de bajos ingresos. Cuando nuestra clase visitó 24th Street Elementary, personalmente me sorprendió ver lo verde y vivo que era el jardín, y me quede asombrada cuando me enteré de que a los niños no solo se les enseña cómo cultivar y cocinar comidas nutritivas, sino que también se les enseña sobre la sostenibilidad ambiental y cómo pueden ser agentes de cambio a pesar de su edad. Con solo un acre de tierra, esta escuela ha podido plantar una variedad de alimentos, algunos de ellos incluyendo acedera (que tenía un sabor ácido que me recordaba a una ciruela agria), pepinos, enormes tallos de apio, duraznos, manzanas y moras que crecieron de moreras lloronas (weeping mulberry trees) que fueron alteradas en cabañas para los niños.

Mientras ayudaba a cubrir el jardín, seguí pensando en cómo iniciativas como la Garden School Foundation están marcando la diferencia en las comunidades, una escuela a la vez. Para las comunidades marginadas, como las del centro sur de Los Ángeles, los miembros de la comunidad se encuentran en pantanos de alimentos. A diferencia de los desiertos de alimentos, donde un vecindario tiene poco acceso a alimentos asequibles y nutritivos, un pantano de alimentos es un área donde hay una gran cantidad de establecimientos de comida rápida y tiendas de conveniencia que superan en número a las opciones de alimentos saludables. Sí, las familias alrededor de un área como USC pueden visitar el Trader Joes, Target o Ralphs más cercano, pero no muchos pueden pagar sus propios comestibles. En la calle Figueroa, uno puede encontrar dos Starbucks, un McDonalds, un Five Guys y un Jack in the Box que ahora acepta Transferencia Electrónica de Beneficios (EBT). No tener acceso a tiendas de comestibles asequibles y estar cerca de estas cadenas de comida rápida contribuyen a que estas comunidades marginadas tengan mayores casos de diabetes y obesidad. 

Unos letreros en el jardín

Para ayudar a combatir las consecuencias negativas de la inseguridad alimentaria, se implementaron programas como la Garden School Foundation para ayudar a estas comunidades dentro y fuera de sus hogares. Al compartir su opinión sobre los huertos comunitarios en un artículo de opinión para Civil Eats en 2020, Karen Washington dijo: «we are trying to change the system so that the power of financial literacy and economic development is in the hands of people who have been oppressed.” Al enseñar a las comunidades cómo cosechar y cultivar sus propios alimentos, que tienen un alto valor nutricional, las familias obtienen una nueva independencia y libertad, ya que saben lo que están trayendo a sus mesas, y pueden trabajar juntos para ahorrar dinero para invertir en el jardín o pueden obtener una fuente de ingresos vendiendo lo que cultivan en los mercados de agricultores locales.  Como dijo Gangsta Gardner Ron Finley: «growing your own food is like printing your own money » (Ted, 2013). Estas familias no solo tienen la oportunidad de obtener el control de lo que ponen en sus cuerpos, sino que también tienen la oportunidad de trabajar entre sí, lo que puede marcar una gran diferencia para aquellos que necesitan construir un sentido de comunidad y necesitan salidas positivas. Finley dijo: «gardening is the most therapeutic and defiant act you can do, especially in the inner city. Plus you get strawberries» (Ted, 2013). Como actividad extracurricular, la jardinería puede ayudar a todos, independientemente de su edad. En lugar de meterse en problemas con la ley al hacer algo que se supone que no deben hacer, los miembros de la comunidad pueden canalizar sus energías para ayudar a los jardines a prosperar. Para los niños en edad escolar que tienen que esperar a que sus padres los recojan después de la escuela, pueden ayudar a trabajar en el jardín, lo que no solo les ayuda a construir lazos más fuertes con su escuela y comunidad, sino que los padres no tienen que pasar por la preocupación de no saber dónde están sus hijos cuando vienen a llevarlos a casa. A medida que avanzamos de la pandemia, esperamos que más escuelas comiencen a cultivar sus propios jardines. No solo les enseñaría a las futuras generaciones cómo cuidar nuestro planeta, sino que les permitiría cuidarse a sí mismos, ¡y a quién no le gustaría comer fresas durante todo el proceso!

            Al concluir mi experiencia como estudiante en USC, reflexiono sobre mi tiempo en esta clase y cómo es algo que recordaré para siempre. Fue la primera vez (y la última vez) en la universidad donde el currículo incluía varias excursiones, que pensé que había dejado atrás en la escuela secundaria. Por supuesto, probar comida nueva en esta clase fue fantástico y creo que poder compartir esa experiencia con mis compañeros fue notable. Aprender sobre la diferencia entre gentrificación y genteficación y los vendedores ambulantes de comida en Los Ángeles no solo han sido temas interesantes y reveladores para discutir, sino que me han enseñado a ser más consciente no solo de la historia de un lugar o la misión de un restaurante, sino también a permanecer respetuosa y solidaria con aquellos con quienes interactúo. Antes de esta clase, no tenía mucha idea de lo difícil y agotador que debe ser administrar un negocio y restaurante, pero ahora que hemos llegado a su fin, me he vuelto más consciente de los sacrificios y dificultades que los chefs y dueños de negocios han tenido que soportar en Los Ángeles. Si hay algo de lo que no me arrepiento de USC es de tomar esta clase, pues no solo he podido tener un espacio receptivo para compartir parte de mi cultura (y compartir lo difícil que fue hacer chiles en nogada) sino también haber compartido esta experiencia con otros Troyanos hambrientos y apasionados…y por supuesto, ¡#TrojansEatTacos!

Referencias

Finley, R. (2013, febrero).  Un guerrillero gardner en el centro sur de Los Ángeles [Video]. Conferencias TED. https://www.ted.com/talks/ron_finley_a_guerrilla_gardener_in_south_central_la/transcript?language=en

Washington, K. (2020, 10 de julio).  Artículo de opinión: Cómo la agricultura urbana puede combatir el racismo en el sistema alimentario. Civil Eats. https://civileats.com/2020/07/10/op-ed-how-urban-agriculture-can-fight-racism-in-the-food-system/

Urban Agriculture and Food Justice

By Jared Zhao

This past Thursday, our class went out to 24th Street Elementary and experienced the magic of being in a community garden. As a Title 1 school where the vast majority, 96%, of children qualify for government assistance, the garden provides an opportunity for the students to gain exposure to fruits and vegetables that they otherwise wouldn’t see at home. Even for us, as USC students from generally much more privileged backgrounds, the garden provided new experiences. Many of us tried sorrel and mulberries for the first time. The fact that we could just pick our own healthy snacks from the various plants in the garden showed to me just how powerful this initiative could be for children growing up in a food desert like South Los Angeles.

One of the mulberry trees that «the kids love to go inside»

Before I go any further into discussions about food deserts, I would like to discuss how systemic racism influences something even as seemingly unrelated as diet. There are wide racial disparities surrounding diet, even at the level of farmland ownership—just 8% of the nation’s farmers are nonwhite and they produce just 3% of all agricultural value from 2.8% of all farm acreage (Holt-Giménez and Harper). Similar disparities favoring white Americans can be seen in the prevalence of diabetes, percentage of people living under the poverty line, and percentages of people suffering from food insecurity. These trends are a product of “un legado histórico que privilegia a un grupo de personas por sobre otros” (Holt-Giménez and Harper). This historical legacy, going as far back as the colonization of native lands to slavery to Jim Crow to redlining and gentrification today, has laid the foundation for the economic and geographic inequality that are at the center of the fight for food justice.

We see examples of this inequality around USC. Like Ron Finley says in his TED talk, South L.A. is defined by “liquor stores, fast food, vacant lots.” This trend extends from coast to coast, from South L.A. to the Bronx. As Karen Washington writes from New York, “Marginalized communities are surrounded by a charity-based, subsidized food system. In addition, on every block there’s a fast-food restaurant” (2020). When I’m in a rush for a quick lunch, I often stop by the Taco Bell across the street from the west entrance of campus. Besides other college students, the vast majority of diners there are working-class people of color and their children. When fast food is the only affordable option nearby, it’s no surprise that the South L.A. region suffers from high obesity and diabetes rates. The Smart & Final right next to the Taco Bell has an alcoholic drinks section as big as the fresh produce section. Where is the healthy food? The only Trader Joes for miles exists at the USC Village, a prime example of gentrification and how marginalized communities are being priced out of their homes and away from affordable, healthy food.

Food options around USC

If I were living in this area on a budget of $200 a month, I would live off of rice, chicken, eggs, and spinach. Smart & Final often has whole chicken breasts on sale for 2 or 3 dollars per pound. Rice costs another $12 for a 15-pound bag, which will last a month or two. Eggs cost roughly 3 to 4 dollars per dozen, and spinach costs about 2 dollars per bag at Trader Joes. The rest of my budget (~$125) would go towards buying seasonings, olive oil, pasta, fruits, bread, and cheese. I would naturally get sick of eating this food daily, but this is what I would eat if necessary. Access to a community garden would go a long way towards providing a variety of fresh fruits and vegetables to supplement my diet.

Semester Reflection

I took this class because I wanted an excuse to finally explore Los Angeles and its amazing food culture. As a result, my favorite moments were those where we went out into the city, from exploring Olvera Street, seeing David Siqueiros’s mural, and eating sopes at Tirsa’s to our taco tour in Boyle Heights and our gardening adventure at 24th Street Elementary. I greatly enjoyed our discussions surrounding various social and cultural topics, especially authenticity, gentrification, and street vending. I loved how everyone in the class brought their own unique experiences and backgrounds into our class discussions. Another exciting aspect of the class was just how real every topic was. We would learn about the struggles of street venders, read articles such as the one about Merced Sanchez, and then we actually met her, heard her story, and tried her food. We would watch videos featuring restaurants like Milpa Grille and Guisados, then actually visit those restaurants and eat there. Experiences like these made the class so much more memorable and a defining part of my last semester at USC. I am happy that I got to share all of these moments with such a wonderful class, and I wish all of you the best in your future endeavors.

Sources:

Finley, Ron. “A guerrilla gardener in South Central LA.” TED. February 2013. https://www.ted.com/talks/ron_finley_a_guerrilla_gardener_in_south_central_la/transcript?language=en

Holt-Giménez, Eric, and Breeze Harper. “Desmantelando el Racismo del Sistema Alimentario.” Food First. March 21, 2016. https://foodfirst.org/desmantelando-el-racismo-del-sistema-alimentario/

Washington, Karen. “Op-ed: How Urban Agriculture Can Fight Racism in the Food System.” Civil Eats. July 10, 2020. https://civileats.com/2020/07/10/op-ed-how-urban-agriculture-can-fight-racism-in-the-food-system/

Food Injustice and USC

by zachary yawata

The food justice movement is a grassroots initiative that focuses on ridding society of food insecurity and food deserts, or areas with low access to healthy, nutritious foods or ingredients. For the most part, we only see this problem within poorer communities, ones that are often heavily comprised of various ethnic groups. However, the lack of food and other resources is no fault of the community and instead speaks to greater problems within the system. Some believe that “the food system is not broken; it’s working exactly the way it’s supposed to: as a caste system based on demographics, economics, and race, we have to look at power and who has power. The current food system is controlled by a handful of people who are predominantly white men” (Washington). From this, we see that at the base level, it isn’t the fault of the supermarkets or the liquor stores that replace them, but instead the due to the many broken systems that often times negatively impact ethnic groups and their economic power, placing ethnically white people in charge. In the case of food, see the gentrification of poorer areas which eventually leads to insanely high prices for food in grocery stores and supermarkets, pushing the native population into more culturally similar communities. These communities are then given liquor stores and fast-food chains, which in turn create the aforementioned food deserts. 

This same cycle of power imbalance, gentrification, and harmful effects on the surrounding communities can also be seen in universities. Specifically, here in Los Angeles, we can see how much USC has affected the South Central area. To start, the USC Village has the only Trader Joe’s East of the Natural History Museum. Furthermore, before its reconstruction, USC’s University Village was a hub for both city-dwellers and students. These natives were slowly pushed out by the unreasonable cost of living in the newly built apartments and homes until it was a sanctuary uniquely for students. Although it’s much safer for students, it pushed a large part of the native population away from campus, thus blowing the bubble that is University Park. In fact, many locals like Aaron Flournoy who spoke to L.A. Taco, have begun to feel further estranged from the Village and “the expensive prices [that often] discourage residents from shopping there” (Will). The pandemic has only further accentuated the problem, pushing smaller businesses into bankruptcy and many workers out of the labor force. For example, “[In] what’s left of Mercado Little Spain, Jose Andres had 1,600 employees. Most have now been furloughed. He’s only been able to keep 250 working” (Cooper). This pandemic has disproportionately affected lower-income communities and neighborhoods, again showing a system riddled with structural racism and an imbalance of power. Even so, there are many success stories of lower-income families or schools throwing together community gardens to both feed the community and educate others about healthy habits. While this may help on the small scale side of things, “the dynamics have to change so that people of color have wealth and power” (Washington). Whether it be through the implementation of farmer’s markets as we have seen on campus, or through grassroots political activism, the needs of low-income communities should be a priority. Although it won’t be an overnight achievement, if we start to spread awareness, similar to how we’ve learned about it throughout the semester, we can shed some light on the lives of those who have gotten the short end of the stick in society

A Not So Short Summary of my Experience in SPAN385

Honestly, I don’t know where to start with this section of the blog. This class has been an amazing experience for me as a student and as a California native. As a student, it has given me the unique opportunity to explore the amazing city that is Los Angeles, something I would have never given a thought to do since everything seems within arms reach here on campus (an idea we learned about in this class). As Professor Thomas Gustafson puts it, “USC by its fortification and security makes people scared or more fearful to explore the city. To take advantage of the range of the city, [students need] to go south, east, and not just west and north” (Will). Aside from that, I would say my favorite subject was gentrification and our trip to Boyle Heights. Not only was I able to taste foods from restaurants I would have never visited, but I got to see topics from our class in a real-life setting. In addition to these amazing culinary experiences, getting to meet so many seniors as a sophomore was a huge benefit as well. I got to hear the tips and tricks of USC that I would have had to learn about the hard way in the future. From the class itself, something that I learned and will hold close to me is that people will open themselves up if you are willing to talk to them. With our interview and many experiences with small business owners, we saw how people are more than excited to share their ideas and lives with you once you break that initial barrier. Overall, I would definitely recommend this class to anyone who wants to burst that USC bubble to further explore the local community as well as try some amazing food. Finally, I wanted to thank Professor Portnoy for teaching such an amazing class and want to wish all the seniors (almost the entire class) luck in their future endeavors, you’re all an inspiration to my sophomore self and make me look forward to graduating and becoming a real adult (a very scary thought) in a couple of years!

Sources

Cooper, A. (2020). Addressing the strain the coronavirus has put on America’s food supply chain with José Andrés. CBS News. Retrieved April 21, 2022, from https://www.cbsnews.com/news/jose-andres-chef-feeding-coronavirus-impact-60-minutes-2020-04-19/ 

Washington, K. (2020, July 16). Op-ed: How urban agriculture can fight racism in the food system. Civil Eats. Retrieved April 21, 2022, from https://civileats.com/2020/07/10/op-ed-how-urban-agriculture-can-fight-racism-in-the-food-system/ 

Will, R., & Angeles, A. D. F. H. L. (2018, May 14). Opinion: Revisiting USC’s old ‘university village’ as gentrification spreads around campus. L.A. TACO. Retrieved April 21, 2022, from https://www.lataco.com/opinion-revisiting-uscs-old-university-village-as-gentrification-spreads-around-campus/ 

Natalie Sampson: La dificultad de comer saludable en el sur de Los Ángeles

 

Me llamo Gloria y vivo con mis 3 hijos y mis 2 padres. Mi primer hijo tiene 8 años, mi segundo hijo tiene 6 años y mi tercer hijo tiene 5 años. Mis hijos asisten a 24th Street Elementary School donde aprendan como cultivar y cocinar comida sana. Vivimos en en un apartamento que está suroeste de USC (es la señal gris en la mapa). Nuestro apartamento está cerca del Exposition Park y el Coliseum.

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Hay un Smart & Final y unos restaurantes de comida rápida cerca de mi apartamento. Están solo 10 minutos a pie (.5 millas). Aunque es muy cerca, es difícil llevar mucha comida a la vez. Mis hijos son tan pequeños y mis padres son tan frágiles que solo yo puedo llevar los comestibles. A causa de esto, tengo que ir al mercado muchas veces durante la semana que es difícil porque trabajo tantas horas.

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Cuando no tengo tiempo para ir al mercado y cocinar, tengo que comprar comida no saludable de Taco Bell o el AMPM porque son tan cercanos y rápidos. AMPM es una tienda de abarrotes que tiene muchas opciones insalubres y las pocas opciones saludables son más caras (Portnoy 124). Aún cuando comprar los comestibles en el Smart & Final, las comidas más saludables son más caras que las opciones poco saludables (Portnoy 127). Cuando incorporo comida poco saludable en la dieta de mi familia, tengo miedo de que mis hijos van a contraer la diabetes (Portnoy 125).

También hay otros restaurantes bastante baratos como Carl’s Junior, Chik-fil-A, Chipotle, y Quiznos que están bastante cerca de mi apartamento. Estos restaurantes de comida rápida están 0.8 millas de mi apartamento que es 15 minutos a pie. No hay muchas opciones saludables allí. Hay ensaladas en Chipotle y Quiznos pero no son muy baratos. Las ensaladas de estos restaurantes cuestan más o menos 8 dólares y no puedo pagar esto. Por eso, creo que la mejor opción de comida rápida “saludable” es Chik-fil-A pero todavía no es muy saludable.

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Hay un mercado de agricultores en el Exposition Park, pero solo está abierto los martes, los jueves y los sábados.
Tengo que trabajar los martes y jueves y a veces los sábados también. Por eso, por lo general, no puedo comprar verduras y frutas frescas allí.

 

Es muy difícil comprar y cocinar comida saludable para mi familia. Me parece que mis solas opciones de obtener ingredientes saludables son el Smart & Final y el jardín en la escuela (24th Street Elementary School). Pero no recibimos comida del jardín cada semana. Mis vecinos y yo somos de bajos recursos y por eso necesitamos más opciones de comida saludable y barata. No podemos comprar comida de Salad Farm, Leno o otros restaurantes saludables cerca de USC porque son tan caros. Tengo miedo de que el Trader Joe’s, que va a estar en el University Village, va a eliminar supermercados más cerca de mi, como el Smart & Final. Solo quiero proveer comida saludable para mi familia pero el aburguesamiento de este vecindario cerca de USC hace que sea aún difícil hacerlo.

El Garden School Foundation enseña a mis hijos como cultivar y cocinar comida saludable (Portnoy 184). Esto es fantástico. Pero, aunque mis hijos aprendan sobre ingredientes saludables y recetas para incorporarlos no puedo proveer ingredientes saludables cada día (Portnoy 184). Es muy triste para mi porque trabajo tanto y mis hijos intentan a vivir vidas saludables pero todavía no puedo proveer para mi familia en la manera que quiero porque vivimos en un “food desert” (Portnoy 125).

Blog 6: accesso a comida saludable (por Amanda)

Soy una mujer latina, viviendo en el centro de Los Ángeles en un barrio al lado de la Universidad del sur de California. Comparto una casa pequeña con mi marido, mi madre y mis dos hijos jóvenes (que tienen 6 y 7 años). Inmigré a Los Ángeles de Oaxaca, México con mi marido y madre hace 8 años en busca de oportunidades mejores para nuestros hijos. Sin embargo, ahora nuestra vida no es totalmente lo que imaginábamos.

Mi madre no está en buena salud, entonces no puede trabajar. Ninguno de mi marido ni yo teníamos mucho educación. Mi marido creció trabajando en su granja familiar. Cuando tenía 12 años mi padre murió y tuve que dejar de ir a escuela para ayudar a mi mamá a cuidar a mis hermanos y ganarse la vida. Ahora, en Los Ángeles, mi marido y yo no tenemos acceso a muchos trabajos. Mi marido trabaja como un cajero en el Taco Bell de nuestro barrio en la mañana y lava platos en un restaurante local en la noche. Él trabaja por un total de más que 12 horas por día, seis días por semana y gana $10.50 por hora. Trabajo también por $10.50 por hora por cinco días por semana como una limpieza habitaciones en un hotel que está una milla de nuestra casa. No tenemos un coche entonces camino a trabajar por unos 20 minutos allí y 20 minutos atrás.

Viviendo una vida saludable no ha sido fácil para mi familia. Cuando llegamos en Los Ángeles los barrios en que podríamos permitirnos vivir eran muy pobres y no tenían opciones de alimentos saludables. Por 3 años vivimos en un “desierto de alimentos,” un “low-income inner city area [that lacks] access to affordable or good quality fresh fruit, vegetables, and other healthful whole foods” (Portony, 109). La mayoría de la comida que comimos vino de licorerías o restaurantes de comida rápida y todos ganamos mucho peso. Finalmente decidimos mudar y tuvimos mucha suerte al encontrar la casa en que vivimos ahora.

La calle Figueroa – imagen de KQED

Todavía hay muchos licorerías y restaurantes de comida rápida en nuestro barrio, pero también hay dos supermercados cerca de mi casa, un Ralphs y un Smart & Final. A pesar de que Ralphs generalmente tiene mejor calidad de frutas y verduras, a menudo compro en Smart & Final porque sus precios son más asequible. No es la opción más saludable pero es mejor que lo que teníamos antes. Dos o tres días por semana ando con mis hijos al supermercado para comprar comestibles.

imagen de Google Maps

También hemos sido muy afortunados de encontrar una buena escuela para nuestros hijos, el 24th Street Elementary School. La escuela es parte del Garden School Foundation y tiene una jardín de la comunidad en que los niños tienen clases de la salud, ciencias y más y también cada mes la escuela organiza una día de la comunidad. La escuela da a mis niños frutas y verduras más o menos cada semana para llevar a casa. ¡Ha sido una gran ayuda para mi familia acceder a comida más saludable! También, hemos sido capaces de conectar con otros inmigrantes en nuestra comunidad y mis hijos han aprendido un poco sobre el campo de la agricultura en que mi marido solía trabajar.

imagen de http://www.gardenschoolfoundation.org/history

 

Horas largas de trabajo y paga exigua no son ideales, pero estoy muy agradecido por el acceso a comida saludable que mi familia tiene. Sé que muchos de mis compañeros inmigrantes no son tan afortunados.

Blog #6: Justicia Alimentaria (Maddy H)

Hola, me llamo Magdalena y vivo con mi familia en el sur de Los Ángeles, en la calle 23 entre la calle Magnolia y la calle Hoover. Es la verdad que Los Ángeles tiene una cultura de los coches – la transportación pública en mi ciudad es muy mal y ineficiente. Quiero que mis niños coman comida saludable, pero la verdad es que la gasolinera Arco es la tienda más cerca de mi casa. Aqui, no se venden frutas o verduras frescas pero hay muchas opciones de patatas fritas como los Cheetos y Doritos. Ser honesta, algunas veces tengo mieda para mis niños y sus salud. Sé que la comida rápida (como el Papa Johns cerca de mi casa) y los “Takis” no son suficientes para la nutrición y la dieta para mi familia. Sin embargo, los Takis son baratos y convenientes, pero no quiero que mis niños tengan la diabetes un día.  Porque no tengo un coche, cuando voy de compras mis provisiones cada semana, siempre necesita ayuda porque las provisiones son demasiados pesados por una mujer. Soy Magdalena y vivo en un food desert.

Esta pintura es grave y, para mí, dismal. Cada día, cuando tomo el autobús a mi trabajo en el oeste de Los Ángeles, veo la falta de tiendas de alcohol o personas obesas en ciudades como Beverly Hills o Santa Mónica. En vez de una tienda de alcohol en cada esquina de la calle, veo Whole Foods, Sprouts, Trader Joe’s, o el mercado del Grove. Me doy cuenta de el sur de Los Ángeles y el oeste de Los Ángeles a veces parecen como países diferentes. No me parece justo que en barrios como mío, 30% de las tiendas son de comidas rápidas y 22% son tiendas o tiendas de alcohol, con menos de 2% son supermercados (Portnoy 121). He léido que: “According to the Health Atlas for the city of Los Angeles, children born in South L.A. live ten years less, on average, than children born in the wealthy neighborhoods on the west side of the city, such as Pacific Palisades or Beverly Hills” (Portnoy). ¡Qué una lastima! Es claro a mi que necesito hacer cambios para mi familia y yo.

En los últimos años, dos organizaciones han mejorado mi barrio. Tengo suerte porque vivo cerca de la escuela de 24th Street Elementary y mis niños han disfrutado los beneficios del jardín. Este jardín y su movimiento a “beet the asphalt” ha cambiado la vida de mi familia y yo para el mejor. A mis niños les encanta andar la bicicleta licuadora para crear pesto, un “Super Smoothie” o sopa de frijoles negros. Pienso que cuando sabes de donde eres tu comida, tienes una apreciación fresca y entendimiento nuevo del poder de comer limpio.

Antes del jardín, no pensé que me gustó la col rizada. Pero, cuando fui al día de la comunidad en el jardín, vio pura felicidad en las caras de mis niños cuando ellos me mostraron la col rizada y probaron un guisante fresca. Ahora, mi familia y yo tenemos una perspectiva refrescado sobre nuestra relación a la comida. Cuando comemos verduras frescas y orgánicas más, los Takis y Cheetos proban como basura. Tengo confianza en este proyecto y espero que el jardín puede mejorar las dietas y las vidas de familias como yo que viven en los desiertos de alimentos.

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El Garden School Foundation.

El otoño pasado, el restaurante Everytable abrió muy cerca de mi casa. Everytable es una organización que está tratando a proveer comida saludable y barata a los desiertos alimentos. A Everytable, puedo comprar una comida apetecible, como una ensalada cesar con col rizada, por menos que $4.00. La injusticia todavía existe, pero espero que mis niños y sus niños pueden disfrutar el acceso a una vida saludable. 

#5 El problema de comida saludable en South Central

Hola, me llamo Ernesto y soy del pueblo de Punta Mita en Nayarit. Vivo cerca del campus de USC en South Central Los Ángeles. Soy un mecánico en una tienda que está en Vermont. Tengo dos hijas y vivo con mi madre. Mi esposa ya vive en Punta Mita con su madre porque ella es tan frágil para se muda a los Estados Unidos. Es muy difícil para encontrar el tiempo para comprar los comestibles saludables. No hay muchos opciones cerca de mi casa y no tengo coche. Por eso necesito caminar 2.6 millas de mi casa en 52nd St a Ralph’s. La camina dura una hora. Solo uso Ralph’s porque tiene un servicio de coche para gente que paga más de veinticinco dólares. Cada domingo camino con mis niñas a la iglesia de Santa Inés para la misa y después compro los comestibles. Usamos el servicio para regresar a casa. Los precios a un supermercado como Ralph’s son más altos que los precios que necesitaba pagar en el pasado cuando usaba Superior. Pero cuando la Universidad compró y cerró el mercado, no tuve ninguna otra opción.

Yo no soy la sola persona que tiene dificultades cuando está buscando por comida saludable. Hay mucha gente en mi vecindario que trabaja muy duro por muy poco y tiene familias grandes. Yo tengo suerte que puedo pagar por los vegetales y otra comida saludable, mucha otra gente no tiene el dinero ni el tiempo. Es más fácil para comer comida rápida como KFC, McDonalds y otros restaurantes que están solo trece minutos de mi casa por pie. Después de un día largo no es una sorpresa que otros padres solos no tienen tiempo para cocinar. También no hay muchos supermercados en mi vecindario. Hay muchas más tiendas de conveniencia y bodegas. Este fenómeno se llama un “Food Desert”. La comida procesada es más frecuente y barata. Es por este razón que hay un gran nivel de gente pobre que tiene problemas con la obesidad en el sur de Los Ángeles. Según Portnoy, “In Los Angeles County, obesity levels among Latinos and African-Americans are among the highest.” Niveles altos de obesidad contribuyen a otros problemas de salud, como diabetes. Leyes como un moratorio en la creación de nuevas restaurantes de comida rápida no tienen un impacto grande, según a un articulo de La Opinión. Es obviamente que haya un necesidad por otras soluciones a este problema.

Quiero el mejor por mis niñas. En México, tenía un jardín pequeño de verduras y fruta y con el mar muy cerca fue fácil para cocinar comida saludable. Aquí no es posible porque no tengo el tiempo para cuidar por un jardín, necesito trabajar todo el tiempo para pagar los costos más altos. Tengo miedo que mi intento de proveer una vida con más oportunidad a mis niñas va a fracasar. En Los Ángeles latinos tienen una expectación de vida mucha más corta que otra gente. Oí de un movimiento que se llama proyecto jardín que es un jardín de una comunidad en Boyle Heights. Si tenemos un proyecto como esto donde puedo tener la ayuda de otros de mis vecinos, nosotros podemos luchar contra el problema de “Food Deserts.” Un jardín comunal puede ayudar muchas familias en el vecindario. Los supermercados no van ayudar. Ellos son preocupados con sus ganancias, no con nosotros. Ellos saben que nosotros estamos una comunidad pobre y que las ganancias de supermercados aquí no sería muy altas. Gracias a Dios que la universidad está aquí con todos sus estudiantes para proveer ganancias para Ralph’s. Tengo que asegurar un futuro bueno por mis niñas en este país. Tengo que luchar contra este problema de “Food Deserts.”

#5 Si fuera una madre del Sur de Los Ángeles…

Hola, me llamo Janice y soy una madre de tres hijos. Mi marido se murió en el año pasado porque tuvo un ataque al corazón. Por eso, ahora mi familia depende de mi sueldo. Vivimos en un apartamento pequeño en el Sur de Los Ángeles, a cerca de USC. Me gusta mi casa, pero es muy difícil para encontrar un supermercado. Según los académicos, mi barrio es un “food desert”, o un lugar donde no hay muchos mercados que venden frutas, verduras, y otras comidas saludables y asequibles (Portnoy 1). En vez de mercados o “farmers’ markets” hay muchos restaurantes de comida rápida como McDonald’s y Panda Express en el calle de Figueroa. Aunque quiero cocinar para mis hijos por cada comida, a veces es más fácil para comprar una hamburguesa de McDonald’s. Los restaurantes de comida rápida me ayudan mucho durante los momentos cuando no tengo tiempo para cocinar o visitar un mercado. También, los precios de sus platos son baratos.

Trabajo mucho y por eso estoy cansada casi todos los días. Sin embargo, siempre necesito comprar las provisiones para mi familia y preparo los desayunos y las cenas. Las opciones de mercados en mi barrio son limitadas. Hay Ralphs y Numero Uno Mercado. Ralphs es sobre 1.9 millas de mi apartamento mientras Numero Uno Mercado queda 1.3 millas. No hay una gran diferencia en las distancias de los mercados. No obstante, elijo comprar la comida de Numero Uno Mercado porque tiene todos los ingredientes que yo necesitan. Este mercado tiene precios baratos también. Tengo un prepuesto limitado y como resultado, cada dólar es importante. No puedo gastar todo mi sueldo en la comida. Aunque intento hacer comida saludable, mis hijos compran sus almuerzos en la escuela. Ojalá que ellos compren comida saludable. Pero la realidad es que no tengo ninguna autoridad sobre sus selecciones. Sé que hay muchas opciones de comida basura en la escuela como Hot Cheetos, helados, y refrescos. Según Andrea Azuma, “most schools did not post the nutritional content of their meals and did not post their health inspection report”.  Este hecho es un problema porque los estudiantes no saben nada sobre la nutrición porque las escuelas no ofrecen ni crean un ambiente saludable. Para mí, nuestra sociedad necesita más tiendas de comida. Un mercado no debe quedar más que una milla de la casa de una persona. Pienso que los latinos de bajos recursos que viven cerca de USC tienen muchos obstáculos como estos “food deserts”, acceso limitado al transporte, y problemas de salud.

Para ir al mercado, necesito tomar un autobús porque no tengo un coche. El video debajo de este párrafo es un ejemplo de mi excursión en un autobús. El viaje a Numero Uno Mercado es sobre 11 minutos por autobús. Dentro de Numero Uno Mercado, veo frutas y verduras baratas. Los pimientos y manzanas parecen deliciosos. Pero cuando voy al pasillo de la comida procesada, encuentro un especial de ramen instantáneo. ¡Me están tentando! Pero no los compro. Entonces, veo una bandera con imágenes antiguas de estadounidenses. Las letras en la bandera dicen, “American Dream”. Es una bandera muy irónica porque no tengo éxito en este país. Creo que nunca tendré éxito.

Error
El video no existe

Numero 1 Market (16)
«American Dream»

Después de comprar, salgo la tienda para esperar en la parada del autobús. Espero… y espero… y espero. ¿Dónde está el autobús? Estoy muy enojada porque 30 minutos han pasado. El transporte público es horrible y el horario de los autobuses en Los Ángeles no es fiable. Por consiguiente, empiezo a caminar los 1.3 millas hacia mi casa. No puedo esperar más porque  mis hijos tienen hambre.

Entrada #5: La Falta de Comida Económica y Saludable en el Sur de Los Angeles

Hola, me llamo Mariana. Soy un madre de 3 hijos y mi madre también vive con nosotros. Nosotros vivimos en un apartamento pequeño en el sur de Los Angeles. En realidad el acceso a supermercados, mercados de agricultores, restaurantes saludables etc. no es buena. Nosotros vivimos en un área referido como un desierto alimentario. Según el articulo de Portnoy, en 2010 en este área “1/3 of families had an anual household income below poverty threshold” y también en este año “2% of the nearly 1,300 food establishments in these 3 communities were supermarkets.” La opciones mas cerca de mi casa son tiendas de abarrotes. Estas tiendas venden bocadillos de mala salud y alcohol. Los pocos supermercados en el área no están muy cerca de mi apartamento y son caros especialmente para una familia de 6 personas. La cantidad de restaurantes de comida rápida es un indicación de la falta de opciones saludables en el área. Además de esto el índice de diabetes y obesidad es el más alto entre minorías raciales como latinos. Este me preocupa porque mi familia y yo vivimos en un área donde los opciones saludables no son accesibles entonces somos en peligro de estas enfermedades. Las restaurantes mas cercas de mi apartamento son de mala salud y venden comida rápida como McDonald’s, Carl Jr. Taco Bell, Domines, Pizza Hut etc. Esta comida malsana significa las calorías más baratas accesibles a nosotros y es también la más malsana. El área donde vivo represento problemas estructurales en sociedad y problemas con la justicia de comida.

Según el articulo de LA Opinion, “A pesar de la moratoria que por 5 años ha evitado la apertura de nuevos restaurantes de comida rápida, los niveles de obesidad en el sur de Los Angeles han crecido mas y con mas rapidez que en otras partes de la ciudad.” Pienso que esta moratoria era necesaria pero pienso que esto no conduce a ningún cambio porque la limitación de la nueva construcción de restaurantes de comida rápida no es bastante. Las tiendas de abarrotes existente necesitan opciones saludables y supermercados económicos deben ser construidos. Los supermercados corporativos que vienen a el sur de Los Angeles toman créditos fiscales y dólares públicos y salen cuando las tiendas no son bastantes provechosas. Pienso que esta situación puede ser cambiada y podemos combatir la justicia de comida pero necesitar el cambio de política gubernamental, la ayuda de organizaciones de grassroots para movilizar este cambio. También pienso que la educación necesita acompañar estos cambios porque la gente tiene que entender lo que la justicio de comida es y ellos tienen que entender lo que es saludable para ellos y lo que ellos merecen.

Estas comunidades en áreas de ingresos inferiores que son etiquetados como desierto alimentario tienen que atraer supermercados. A fin de atraer supermercados ellos tienen que tener recursos y las políticas gubernamentales que concentrarse en estas áreas para hacerlos mas provechosos y menos marginados en la sociedad entonces la gente puede crecer y prosperar. También pienso que los jardines de comunidad son importantes porque ellos no soló animan a la gente en mi comunidad a comer comida local pero la horticultura enseña a la gente sobre la cultivación de comida y es también educativa. La gente que hace aprecia productos frescos y comida saludable.FullSizeRender 2FullSizeRenderIMG_0994IMG_0995