Street Vendors: the heart of Los Angeles

by Anya Vincent

It is almost impossible to drive a mile in Los Angeles and not see a street vendor selling food on a sidewalk. They are an essential part to the city’s food culture, and if they were taken away there would be a large gap in its place. The food there is almost always guaranteed to be delicious and inexpensive. Types of food can range from fresh fruit, sold by fruteros, to street hot dogs, found after sporting events, to tacos and pupusas. When visiting most vendors, one can often find a full meal or large portions for five to ten dollars; these often should be double or triple the price that is charged. Street vendors are an essential part to Los Angeles, but this pandemic has hit them hard and the survival rate of their stalls has dramatically decreased.

The food truck I visited

In order to understand what the vendors face, I visited one recently and talked to them about their business. The one I visited is on W 36 St and Vermont, in between the post office and Smart & Final. I have seen them multiple times when driving around the area, and I finally was able to try their food. The cart is run by a woman and man, and unfortunately, I did not ask about their relation to each other. In their cart, they sell tacos, pupusas, quesadillas, and hot dogs, along with drinks. The majority of the food was five dollars or under and was very filling. When I asked them how long they had been there, they mentioned that they had been in that location for 8 months and work from seven in the morning to four in the afternoon. I was shocked they started during the pandemic, especially since a lot of food vendors have been hit extremely hard. They said that there had been less business than usual because there were no students, which led me to think they were around USC campus earlier but in another location; however, I did not have the chance to ask them that by the time my food was ready. I purchased two pupusas with beans, cheese, and chicharron to share with my friend, and they were absolutely delicious. I definitely will be visiting them again, especially during the pandemic.

The pupusas

It is extremely sad that so many of the street vendors have had to close down during the last year. As mentioned in the article in Food and Wine, many vendors had to shut down due to restrictions, and cannot afford to open up again. Those that have remained open have lost around 70% of their revenue as they have less customers. However as restrictions begin to loosen, they can be essential for helping our economy and our cities. As John Rennie Short mentions in his article, they boost small business, provide safe, socially distanced ways to get food, and additionally make cities livelier than they previously were, as foot traffic can help it out. They also provide income for many immigrants and low-income workers. However, in order for this to occur, Los Angeles county needs to help them. Even though street vending has been decriminalized, it is extremely hard for them to meet the impossibly high standards imposed by the city. Just to get set up with permits and health inspections with the carts, costs vendors a sizeable portion of their yearly income. While these steps are very important, the city needs to lower prices and expectations, so vendors can actually sell their products and make a profit. Until then, the most we can do is help them fight for more rights during city council meetings, while also visiting their stalls. The city cannot risk losing their street vendors because losing them will also make the city lose a large portion of itself.


Bautista, Nidia. “Los Angeles Street Vendors Already Had It Tough. Then the Pandemic Hit.” Food & Wine, 24 July 2020, http://www.foodandwine.com/news/la-street-vendors-on-the-toll-of-the-pandemic. 

Short, John Rennie. “La Venta Callejera Hace Más Vivas, Seguras y Justas Las Ciudades, Por Eso Pertenece a La Escena Urbana Post-COVID-19.” The Conversation, 26 Jan. 2021, theconversation.com/la-venta-callejera-hace-mas-vivas-seguras-y-justas-las-ciudades-por-eso-pertenece-a-la-escena-urbana-post-covid-19-143869.

Villafana, Jannette, and Ross, Jack, “FINES AND CONFISCATION: EXPLAINING L.A.’S ARBITRARY STREET FOOD CART LAW THE COUNTY USES TO CRIMINALIZE STREET VENDORS.” L.A. Taco, 15 Mar. 2021

De Wisconsin a El Salvador: Cultura, autenticidad, e identidad

Por Molly Solem

Yo crecí en Chicago, pero toda mi familia es de Wisconsin. Por eso, aunque me encanta la comida de Chicago (pizza de plato hondo es una de mis comidas favoritas), crecí comiendo comida popular de la lechería de nuestro país: bratwurst, cuajada de queso, Kringle, y pescado frito los viernes. En mi opinión, se puede considerar el bratwurst como el tamal de Wisconsin. Los dos no se parecen visualmente, pero tienen mucho en común. El puerco del bratwurst es similar a la carne adentro del tamal, mientras el pan del bratwurst es similar a la masa del tamal.  También, los dos son alimentos reconfortantes y se puede comerlos en cualquier ocasión. El gusto y el olor del bratwurst me recuerda de noches en mi casa comiendo con mi familia, días en la feria estatal, y tardes mirando partidos de los Green Bay Packers o los Milwaukee Brewers.

Bratwurst de Wisconsin. Imagen de Clark.

El bratwurst viene originalmente de Alemania. Como 43% de los residentes de Wisconsin tienen ascendencia alemana (Curd), siempre ha sido una gran parte de la cultura de comida en Wisconsin. Es un buen ejemplo de la influencia internacional en la comida diaria de muchos americanos – el bratwurst nos recuerda de los contribuciones de inmigrantes alemanas desde el principio del siglo XIX hasta hoy (Curd).

En su libro, Heldke dice “The culinary traveler will taste the dish differently from the diner who has grown up eating it” (Heldke). Es decir, el sabor es algo que cambia basado en la identidad y las experiencias de la persona comiendo. Para mi, el bratwurst es algo muy cómodo y familiar, pues sabe a casa. Pero para alguien que nunca ha comido bratwurst tradicional o que nunca ha visitado a un restaurante alemán en Wisconsin, es posible que el bratwurst sepa desagradable. Por lo menos, sería una experiencia nueva. Recientemente, yo tuve una experiencia nueva con la comida – pero fue con las pupusas.

Yo comí unas pupusas del restaurante salvadoreño La Flor Blanca en Los Ángeles. Debido a COVID, no pude comer en el restaurante pues traje la comida a mi casa. Fue una pena, porque el restaurante es muy encantador, con sillas azules y un ambiente acogedor. Pero aún así, los empleados fueron muy amables y fue una oportunidad para practicar mi español. Aunque la apariencia de la comida no fue nada especial (las pupusas vinieron en cajas desechables y la salsa vino en una bolsa de plástico), la comida fue aromático y apetitoso. Mis amigas y yo compartimos pupusas de chicharrón, pollo, y frijol, pero mi favorita fue la pupusa de loroco. El loroco es una planta con flores comestibles que crece en El Salvador, y es una opción popular para rellenar las pupusas (WorldCrops). Hizo la pupusa un poco más ácida que las otras, pero fue balanceado por la grasa en la que se cocinó. Para todas las pupusas, la dulzura y textura suave de la masa combinado con la salsa crujiente y picante creó una combinación perfecta.

Loroco. Imagen de WorldCrops.

Muchas personas consideran la comida de La Flor Blanca como algo muy auténtico – y deseable—porque las pupusas están hechas en una manera muy tradicional de El Salvador. Como dice Heldke, “we desire encounters with truly authentic Others, not mediated hybridized Others who are already influenced by the likes of us” (Heldke). Quiere decir que a mucha gente le gusta probar comida “extranjera” – que ha sido influenciado por la cultura estadounidense lo menos posible—como las pupusas de La Flor Blanca.

Yo creo que esta actitud no necesariamente es algo mal. Aunque es difícil encontrar comida sin influencias globales – “There is no such thing as a cuisine untouched by ‘outside influences’,” (Heldke)—el deseo de probar comida desconocida demuestra un deseo de aprender de la cultura de esa comida. Como dice Peña, “Todo lo que tuvo que suceder para que ese plato -cargado de historia- llegara a tu mesa, es para mí el valor más importante” (Peña). La comida es una oportunidad para que alguien comparta su cultura, su historia, y sus tradiciones con alguien nuevo. La persona cocinando la comida y la persona comiéndola pueden tener experiencias culinarias completamente diferentes debido a sus vidas diferentes hasta este momento. Aún así, las dos personas están compartiendo un momento especial de apreciación.

Fuentes

Clark, Debra. “Lambeau Leap Beer Brats.” Lambeau Leap Beer Brat Recipe, 27 Aug. 2020, bowl-me-over.com/lambeau-leap-beer-brats/.

Curd, Dan. “Wisconsin’s History of Brats, Beer and Beyond.” Channel3000.Com, 23 Dec. 2019, http://www.channel3000.com/wisconsins-history-of-brats-beer-and-beyond/.

Heldke, Lisa. But Is It Authentic? Culinary Travel and the Search for the “Genuine Article”. Berg Publishers.

Peña, Israel de J. “¿La Autenticidad Está Sobrevalorada En La Comida?” BRIKI MAG, brikimagazine.com/2020/03/28/que-significa-lo-autentico-cuando-hablamos-de-comida/.

WorldCrops. “Loroco.” WorldCrops for Northern United States, worldcrops.org/crops/loroco.

¡Me Encantan las Pupusas! Mirando la autenticidad y el poder del sabor por Samone Alexander

¡HOLA! Me llamo Samone y soy un estudiante de tercer año en USC estudiando Biología Humana y Español. Soy de Los Ángeles y he vivido aquí toda mi vida. Soy un gran admirador de todo tipo de comida y las culturas que representan. Cuando era pequeño, estuve expuesto a muchos tipos diferentes de alimentos, de diferentes culturas. Mi padre también es de Los Ángeles y mi madre es de Michigan, pero no diría que hay un plato de comida específico con el que me identifico, pero definitivamente hay muchos sabores y olores que me recuerdan a mi vida. Por ejemplo, una tradición en mi casa eran los panqueques los domingos, y cada vez que tomo panqueques con mantequilla, recuerdo ese momento de mi vida.

El restaurante, Pupuseria El Cerdo Verde, es un lugar salvadoreña en Hawthorne, California. Abrió en el año 2015, y no era un lugar muy famoso pero mis expectativas al entrar eran altas, no obstante, debido a las altas críticas del restaurante. Las pupusas son una comida salvadoreña. Consisten en harina de arroz que se mezcla con agua para hacer una mezcla de masa de maíz. Por lo general, se rellenan con cosas deliciosas como frijoles refritos, carne de cerdo desmenuzada o queso. Personalmente disfruto de las pupusas simples. El interior de la pupusa que pedí consta únicamente de frijoles. La consistencia es suave pero firme. Sin embargo, la pupusa que mi amiga ordenó consistió en carne de cerdo. Descubrí que su pupusa era mucho más difícil de masticar. La consistencia fue más tierna. Mi amiga también puso diferentes coberturas que encontré que tenían un sabor picante.

Descubrí que las pupusas tienen un papel importante para los salvadoreños que se identifican como estadounidenses. Según mi amiga, quien se identifica como salvadoreña, comer pupusas la hace sentir más cercana a su cultura. Además, afirma que sus recuerdos favoritos consisten en hacer pupusas con su familia. Después de esta comida, espero que me dé la oportunidad de aprender a preparar este plato también. Para mí es difícil distinguir siempre si una comida es auténtica o no. Sin embargo, creo que existe la expectativa de que cuando un restaurante se especializa en un plato, deben intentar servir comida auténtica. Encuentro que las pupusas son definitivamente un plato auténtico debido al hecho de que muchos latinoamericanos se identifican con este plato. Esta comida ha sobrevivido a varias generaciones y se transmite de padres a hijos.

Este restaurante proporciona una sensación de “otherness” porque permite vislumbrar una cultura y prácticas diferentes. No solo por la comida, sino también por el ambiente del restaurante. Por ejemplo, no podría comparar el ambiente de este restaurante con el de un restaurante como Olive Garden. Hay un sentido distinguible que da a los clientes una mirada a las prácticas y estilos salvadoreñas. Cuando Heldke dice “we desire encounters with truly authentic “Otherness”, not mediated hybridized Others who are already influenced by the likes of us” (Heldke), quiere decir que deseamos presenciar y aprender sobre las diferencias encontradas en el mundo. Pero, nos gustaría que estas experiencias fueran auténticas. Por ejemplo, preferiría una pupusa que se hiciera de una manera auténticamente salvadoreña, en lugar de una muy influenciada por las culturas estadounidenses. Hay una amplia variedad de culturas que se encuentran en todo el mundo. Sin embargo, la función principal de estas culturas es compartirse a lo largo y ancho. Nosotros, como seres humanos curiosos, buscamos constantemente está “otherness” que nos permite tener una idea de la vida de los demás. 

La amiga que me acompañó a comer se crió en una casa salvadoreña. Esto crea una reacción diferente a las comidas salvadoreñas. Personalmente, se me hace mucho más difícil distinguir si una pupusa es auténtica o no. Mientras, mi amiga tiene una perspectiva más clara que le permite ser más consciente de la autenticidad de la comida. Mi opinión sobre la comida se basó únicamente en el sabor. Pero la vi comentar sobre la textura, el tamaño, el sabor y la consistencia.

En las redes sociales, este restaurante se centra principalmente en la representación de la comida. Creo que el objetivo final es atraer a su audiencia con la variedad de comidas auténticas que ofrecen. Creo que con solo ver la representación de una comida, casi de inmediato se puede distinguir la credibilidad de un restaurante.

Al final, decidí preguntarle a un miembro del restaurante cómo era el sistema de contratación de cocineros. El empleado no pudo decir mucho, sin embargo sí pudo mencionar que buscan a personas que se especializan en los tipos de comidas que servían en su establecimiento.

Heldke , Lisa. “But Is It Authentic? Culinary Travel and the Search for the ‘Genuine Article.’” The Taste Culture Reader: Experiencing Food and Drink, edited by Carolyn Korsmeyer, Bloomsbury Academic, an Imprint of Bloomsbury Publishing PIc, 2017, pp. 385–394. 

Portnoy, Sarah. Good Food and the Problematic Search for Authenticity. 6 Nov. 2017, http://www.kcet.org/shows/the-migrant-kitchen/good-food-and-the-problematic-search-for-authenticity. 

¡Que ricas las pupusas! Una exploración de autenticidad y identidad por Lilah Mehri

He vivido en dos lugares que son discutibles como las ciudades más internacionales en los Estados Unidos: Washington DC y Los Ángeles. Crecer en nuestra capital fue una experiencia intrínsecamente multicultural, y mi propia casa no fue una excepción. Mi madre es de Carolina del Sur y mientras se mudó de allí cuando ella tenía dieciocho años, la mantequilla, el quimbombó frito, y la col berza goteando en la grasa todavía corren en nuestras venas.  Mi padre, al otro lado, es Iraní. Sus padres vinieron a los EE UU hace muchas décadas de Irán. Mientras él y sus hermanos son bien americanizados, los sabores de zumaque y abesón, pistacho y granada, también todavía existen en nuestras dietas.  Mi madre nunca ha disfrutado mucho de cocinar pero la mujer que crió a mi hermano y yo al lado de mi madre, una mujer hondureña, María, es una cocinera increíble y apasionada. María ha introducido un montón de platos en mi vida de su cultura hondureña pero también de otros países de la región centroamericana. Por ejemplo, con María he cocinado tostones, plátanos dulces, tamales, pupusas, y mucho más. Un recuerdo bien distinto con María es cuando estábamos en su pueblo en Honduras, Sartenejas, para la boda de su hija Lilian.  Para alimentar a todos los invitados, María y su familia sacrificaron un toro un día antes de la celebración.  Prepararon cada parte de ese toro para alimentar a toda la gente. Ella también tiene una plantación en su país natal para cultivar café, y tenía la oportunidad de visitarla con ella.  Ahora, tengo una influencia culinaria nueva en mi vida: mi madrastra nepalí.  Ella, como María, es una cocinera talentosa. Con su conocimiento vasto de especias y hierbas, siempre hay una creación exquisita para la cena. 

Por causa de tener esta gran mezcla de influencias culinarias en ambos mi casa y ciudad, siempre he sido una comensal y cocinera aventurera.  Por causa de mi espiritualidad soy vegetariana, pero eso no limita a mi deseo para siempre explorar nuevos platos.  Hoy en día, por causa de la globalización, es difícil descifrar lo que es original de lo que es auténtico.  Pero, quiero proponer la pregunta, ¿es necesario descifrar lo que es auténtico? La cultura y la comida siempre se están transformando, siempre están en flujo con nuevas influencias y también interpretaciones de lo tradicional. Por eso, un lugar como Los Ángeles sirve como la síntesis de este proceso y uno tiene que explorarla con la mente abierta y el conocimiento de que “authenticity is not a quality inherent to food: it is one that is socially and personally constructed” (Portnoy).  Con este sentimiento en mente, y la conciencia de mi propia mirada blanca, quiero explorar más el concepto del sabor.  En su capítulo, “But is it Authentic?” Lisa Heldke destaca el riesgo que algunas personas sienten cuando están probando un plato o sabor nuevo de otra cultura. Heldke discute el poder que obtienen los sabores para influenciar nuestras identidades, y cuando tenemos miedo sobre probar un sabor, es por causa de nuestras inseguridades sobre la identidad (Heldke).  Pero creo que los sabores no tienen que ser una amenaza, pueden ser una manera en que expandimos nuestra conciencia.

Para honrar esta expansión en mi propia experiencia por causa de tener personas como María en mi vida, voy a probar una pupuseria local, La Flor Blanca. La pupusa es el plato nacional de Honduras y El Salvador y por eso, uno puede considerarla como un plato bien auténtico. Mientras este restaurante es específicamente Salvadoreño, todavía es un restaurante angelino. En su sitio web asegura que es “lo mejor de comida salvadoreña en todo Los Ángeles.” Un toldo azul que da la bienvenida, asientos como una cafetería clásica que también tiene ese azul salvadoreño, y un mural del paisaje; el exterior y interior del restaurante pequeño situado en la plaza comercial cruzando la calle de mi casa es tan vibrante y tan azul como la bandera salvadoreña. Para compartir con mis compañeros de hogar, pide tres tipos de pupusas: con frijol, con queso y frijol, y con queso y calabaza.  Como estaba anticipando, las pupusas fueron gruesas pero no pesadas, con un centro ambos satisfactorio pero que no domina la experiencia. Pude notar el sabor de la masa de maíz en la capa exterior y la combinación del calor y grasa para hacerlo bien crujiente.  Estas pupusas estaban deliciosas, con mucho queso y rellenos jugosos que se escapaban los bordes de la masa en cada bocada. Era muy interesante comparar los sabores en los tres tipos; la de frijol era congruente, la de frijol y queso era la más satisfactoria, y la de calabaza y queso nos ofreció una combinación inesperada. Era evidente que las tres hermanas de mesoamérica existían en una pupusa. Mi parte favorita de mi experiencia en La Flor Blanca fue como los condimentos, la ensalada de repollo y las salsas, vinieron en bolsos en lugar de un contenedor.  Nunca he comido pupusas así y estoy segura de que regresaré a La Flor Blanca para comer más. 

El exterior vibrante de La Flor Blanca. Foto ℅ The Daily Trojan.  

Fuentes 

Heldke , Lisa. “But Is It Authentic? Culinary Travel and the Search for the ‘Genuine Article.’” The Taste Culture Reader: Experiencing Food and Drink, edited by Carolyn Korsmeyer, Bloomsbury Academic, an Imprint of Bloomsbury Publishing PIc, 2017, pp. 385–394. 

Portnoy, Sarah. Good Food and the Problematic Search for Authenticity. 6 Nov. 2017, http://www.kcet.org/shows/the-migrant-kitchen/good-food-and-the-problematic-search-for-authenticity. 

Mercado Olympic: Piñatas, Pupusas, y Puestos de Cualquier Otra Cosa

Por Danielle Collins

Cuando llegas a Calle Olympic, te sorprende el tamaño del mercado. Pensabas que sería algo pequeño, pero manejas por unos minutos desde un lado al otro para encontrar un estacionamiento. Desde el coche, los colores del calle se nublan. Cuando empiezas a caminar, puedes distinguir los colores claramente. Vienen de los puestos vendiendo cualquier cosa, desde juguetes a ropa de marca, intercalado con puestos de comida. Es ruidoso, es atestado, es emocionante. 

Aprecias toda la gente porque puedes caminar lentamente, y observar todos los puestos. Hay muchos puestos para niños, con juguetes, piñatas, y mucha mercancía Disney (Elsa y Elena de Avalor están por todas partes). Tiene sentido que hay muchas familias con niños caminando también, los niños bebiendo zumo o comiendo nieva. Pero hay puestos para los adultos también. Unos venden ropa de marca como Nike, otros venden joyas, y otros venden cosas cotidianos como jabón y papel de cocina. Piensas que el mercado es un lugar perfecto para comprar regalos para cualquier persona— hay algo para todos. 

Decides caminar hasta el fin de calle para ver todos los puestos antes de decidir donde quieres comer. Todos los vendedores están gritando, tratando de atraer la atención de los compradores. Gritan “¡Pasale!” o los objetos o la comida que venden. Hay un puesto con un megáfono, y puedes oír la voz de la vendedora cuando ya no la puedes ver. Solo oyes español. Muchos de los puestos de comida venden cosas similares: tacos, taquitos, pupusas, quesadillas, guacamole. Hay unos puestos con trompos para tacos al pastor. Muchos tienen zumos y horchata también, y hay algunos que venden churros o nieva que son muy populares con los niños. Algunos tienen espacio con mesas enfrente del puesto así puedes sentar, y en otros no hay espacio así puedes comprar tu comida y continuar caminando.

Cuando llegas al fin de calle, estás abrumado con todas las opciones. Pero necesitas hacer una decisión y comprar algún tipo de comida. Recuerdas la vendedora simpática quien le dijiste que ibas a regresar. Y regresas. Ella sonríe cuando paras en frente de su puesto, y dice, “Ah, las chicas bonitas!” Sonríes en turno. Ella te pregunta que quieres, y cuando dudas repite la pregunta en inglés. Así haces una decisión y respondes en español, pidiendo una pupusa de frijoles y queso. Ella ríe, y dice que se hace las cosas más fáciles que hablas español. 

Ella empieza a hacer las pupusas. Toma la masa y amasa en un círculo. Añade frijoles y queso, pone más masa encima, y amasa otra vez para cerrar la forma. Las pone en la plancha, y oyes el chisporroteo de la masa crudo con el aceite. El humo te hace llorar los ojos, pero el olor se te hace agua la boca. Ella da la vuelta las pupusas unas veces, mientras que ustedes charlan. Ella es muy agradable, pero estás impaciente para comer. Por suerte, aunque la comida es hecho a pedido, todavía es muy rápido. Recibes tu pupusa en un plato de papel, y sientes el calor en tu mano. Añades un poquito de curtido (ellos tienen muchísimas opciones de otras salsas) y la pones al lado. Pagas la cuenta— es $3 para la pupusa, que piensas es normal y razonable. No has comido nada esta mañana y ahora tienes mucha hambre.

Te sientas en una mesa, lista para comer. Las mesas son limpias, con manteles con un estampado de flores. Sabes que las pupusas son una comida salvadoreña, y las has probado unas veces en el pasado, quizás por una lonchera en el mercado de agricultores de USC o por el puesto en Grand Central Market. Te gustan las pupusas porque siempre hay opciones vegetarianas. Cuando tomas el primer bocado, sólo es la masa frita. La textura es buenísima: a la vez esponjoso y denso. Es claro que es hecho a pedido. El gusto es bueno también, pero necesita la salsa para el sabor perfecto. Una sola pupusa es muy sustanciosa: quieres probar más pero sólo puedes comer uno. Durante el tiempo que comes, muchas camareras te preguntan si estás bien or si necesitas algo.

Cuando regresas a casas, haces una investigación para aprender más sobre pupusas. Aprendes que sí son salvadoreñas, y que la nombre “pupusa” es de una palabra Pipil que significa “tortilla relleno.” Originalmente, todas las pupusas estaban vegetarianas, pero en el siglo 16 empezaron a añadir carne. Pupusas eran una comida local hasta los años 1960, y en 2005 se convirtieron en la comida nacional de El Salvador. En los Estados Unidos, pupusas ganaron popularidad después de inmigración grande desde El Salvador a los EEUU. Es estimado que 1 millón salvadoreños emigraron a los EEUU durante y después de la guerra civil en los años 1979 a 1992 (Portnoy, Food, Health, and Culture in Latino Los Angeles). Todavía no eres una experta, pero entiendes mucho más sobre la historia de las pupusas. Y todavía te apetecen muchísimo. Estás emocionada para probar más pupusas ahora que tengas más conocimiento, y quieres volver al Mercado Olympic para comer e ir de compras. 

Un Orden de Familia

Por Victoria Martinez

Es fascinante que, simplemente al asociarnos con una categoría específica, cambiamos la forma en que las personas nos ven. Cosas tan pequeños como el lugar donde nacimos o la cultura de nuestra familia, pueden dar a los demás una impresión de nuestra crianza y tal vez incluso de la forma en que vivimos ahora. Personalmente, he enfrentado  diferentes personas con ciertas presunciones una y otra vez a través de lo que se convierte en el juego de adivinanzas titulado “¿Qué eres?” He podido simplificar esta conversación a lo largo de los años y tal vez a costa de dar por sentado cómo cada parte de mi identidad realmente me moldea.

Yo nací en Glendale, California, y crecí en West Covina, California, pero mis padres nacieron y crecieron en Los Ángeles. Mi padre es de descendencia cubana y mi madre tiene raíces mexicanas y salvadoreñas. Me identifico como una católica practicante que fue influenciada por mi educación en la escuela católica tanto en la escuela primaria como en la secundaria. Después de leer “Vivan Los Tamales,” comencé a pensar en cómo reconciliar algunas de las ideas presentadas en mi propia vida.  Me conmovió mucho cuando Pilcher menciona que la comida puede “construirse así en un sentido de comunidad dentro de la cocina” y que la comida es “la ideología abstracta del nacionalismo.” Por supuesto, yo antes había asociado la cultura con la comida, pero nunca me había imaginado que pudiera tener tanta importancia, siendo una de las ideologías del nacionalismo. Entonces comencé a reflexionar sobre los platos de mi identidad. Habiendo tenido la experiencia única de una identidad diversa, pasé un tiempo reflexionando sobre el papel que la comida había desempeñado en las celebraciones de momentos importantes y en la vida cotidiana. Pensé en cómo mi abuela cubana pasa todo el día preparando y asando una pierna de puerco para que todos disfrutemos el dia de Nochebuena. También pensé en la importancia de los tamales que mi mamá nos da en la temporada navideña.  Finalmente, me acordé de las tardes de los domingos con mi abuela salvadoreña, cuando nos reuníamos en torno a su mesa y nos recibía con una cantidad interminable de pupusas. Todos estos platos fueron tan importantes para momentos específicos de mi vida y siguen siendo un recuerdo de la familia, incluso cuando estoy lejos de casa. Estos platos no solamente me habían conectado con mi herencia, sino que también me conectaban con otras personas que comparten los mismos recuerdos familiares.

Me doy cuenta de esta conexión con otros cuando voy a nuevos restaurantes que ofrecen platos que están tan cerca de mi corazón.  Cuando veo el mismo amor y cuidado que alguien pone detrás de la comida que he visto desde una edad temprana, hace que la comida sea más especial. Este sentimiento se produjo cuando visité recientemente Sarita’s Pupuseria, uno de los puestos heredados en Grand Central Market. Incluso antes de llegar a la ventana, estás inmerso en la experiencia y puedes ver el proceso inicial de corte del queso.  El señor que cortaba el queso era tan amable que se ofreció a posar para la cámara. Se podría decir que le apasionaba la comida que estaba creando. Después de llegar a la ventana, me saludó un señor que llevó a cabo el pedido en una rutina que mostraba que vender pupusas era más una pasión que trabajo. Este lugar realmente trata de brindar una experiencia salvadoreña saludable al producir un plato central nacional.  Avancé hacia la ventana de entrega y esperé pacientemente cuando vi que el arte de la pupusa se desarrollaba ante mis ojos. Vi a la señora trabajando detrás del mostrador rellenando cada pupusa con queso y todos los adornos, aunque solo pedí la mía con queso. Vi cómo se calentaban las pupusas en la parrilla cuando el queso comenzó a explotar desde dentro. Después de crujir y casi caramelizar las pupusas, me sirvieron ambas con un lado de curtido.  El fuerte contraste del vinagre con el sabor graso y sabroso del queso crea un equilibrio único que nunca perderá su singularidad. Me senté y disfruté de lo que fue una comida reconfortante para mi, mientras los demás clientes que estaban a mi lado se enamoraron de su primera pupusa. Este momento me hizo reflexionar sobre la lectura de E.N. Anderson con respecto a la comida que trasciende a los internos. Las recetas viajan con la gente y es más fácil introducir alimentos en nuevas regiones que en otras partes de una cultura.  La mayor habilidad para mezclar la cultura se puede encontrar en la cocina. Creo que se consideraría que Sarita está en el lugar perfecto debido a su ubicación en Grand Central Market. El local no solo está ubicado en una de las ciudades más pobladas, sino que se encuentra en una región que, aunque tiene clientes de bajos ingresos, también recibe visitas de los miembros más adinerados del área de Los Ángeles. Creo que para ser clasificado como periférico, la ubicación estaría más alejada de una ciudad o en un lugar con menos acceso a alimentos.

Finalmente, como con todos los restaurantes que hemos discutido este año, me enfrento a la cuestión de su autenticidad. Anteriormente había definido la autenticidad en mi primera publicación de blog y la segunda publicación de blog como algo intangible que se crea social y personalmente. Seguiría calificando el respeto por la cultura y la tradición del plato para que sea más importante que recrear la receta exacta en términos de autenticidad. A la luz de esta definición, sin duda calificaría a Sarita’s Pupuseria como auténtica. No solo mantienen un respeto por la cultura de El Salvador, sino que también mantienen su lealtad a los ingredientes y al proceso de creación de pupusas como una forma de arte.


Flor Blanca: Pupusas, Cervezas y Fútbol (Blog #1)

Por Carlin Pappas

Desde el exterior, Flor Blanca no parece mucho. Pero, en el interior es exquisita comida salvadoreña.

El domingo por la noche me encontré en un restaurante desconocido. Situado en un centro comercial en la esquina de las calles S. Alvarado y W. 8th es un restaurante salvadoreño. Flor Blanca Restaurante, que lleva el nombre de la flor nacional salvadoreña, es un negocio de gestión familiar. Desde el exterior, el restaurante, decorado con un cartel fluorescente y una bandera que publicitar de karaoke, parece un poco sospechoso. Pero en el interior, las paredes rosas y los paños de mesa de girasol te hacen sentir como en casa. 

Esta fue mi primera vez en un restaurante salvadoreño. No sabía que esperar. Para ser honesto, la única razón por la que elegí Flor Blanca fue porque mi amiga Sabby le gusta pupusas y dijo que sólo vendría conmigo si los conseguimos. También, estaba muy cerca de USC—solamente tres millas

¡Mi cita, Sabby!

Cuando nos sentamos, nuestra camarera, Jessica, sugirió que definitivamente pedir las pupusas ya que eran la comida más popular en el menú. Jessica dijo que las pupusas son el plato nacional de El Salvador. La tía de Jessica, Marlena, ha estado haciendo pupusas para Flor Blanca por más de veinte años. Marlena también es la propietaria de Flor Blanca. 

Las pupusas están hechas de una tortilla gruesa de maíz y rellenas de un sabroso relleno. Para hacer la masa, se mezclan masa de maíz, sal y agua. Entonces, puede agregar cualquier tipo de relleno: las opciones típicas incluyen carne de res, frijoles, queso y carne de cerdo. Se cocinan en un comal y se sirven con curtido y salsa.

En el restaurante pedí una pupusa de espinaca. Sabby pidió una pupusa de frijoles con queso y una pupusa revuelta. También pedimos plátanos fritos con crema y frijoles para compartir. 

Las pupusas son una comida callejera salvadoreña. Las pupusas fueron creadas hace siglos por las tribus Pipil, los indígenas de El Salvador. En los 1940s, las pupusas todavía no estaban muy extendidos en El Salvador y se localizaron principalmente en las ciudades centrales. Pero, a medida que la población comenzó a migrar a otras áreas en los 1960s, las pupuserías crecieron dentro de El Salvador y los países vecinos como Honduras y Guatemala, a veces con variaciones de forma, tamaño o relleno. 

En los 1980s, la guerra civil salvadoreña obligó a una migración salvadoreña a otros países, principalmente a los Estados Unidos. Flor Blanca es un ejemplo de un restaurante contemporáneo salvadoreño. 

¿Creo que Flor Blanca era auténtica?Como leemos en nuestras lecturas para clase, la palabra ‘auténtica’ es problemática. La autenticidad se construye social y personalmente. Igualmente, la palabra “varía dependiendo de los ingredientes disponibles, cambios en la tecnología, clase social y las influencias del comercio y los viajes.” 

En mi opinión, la pupusa que comí era tan auténtico como podría ser en el contexto de una pupusa en los Estados Unidos. Jessica nos dijo que los ingredientes utilizados en las pupusas fueron comprados en el supermercado local y Marlena los hizo todos a mano. 

Marlena y Jessica trabajando juntas en la cocina de Flor Blanca.

En su artículo sobre la comida mexicana en Los Ángeles, Sylvia Ferrero discute la “autenticidad escenificada” que se lleva a cabo en los restaurantes mexicanos en ciudades como Los Ángeles. Ferrero argumenta que los restaurantes mexicanos llevan una “vida dual;” algunos atienden a mexicanos y mexicanos locales, mientras que otros atienden a los no mexicanos considerados como comensales turistas. Mientras comía, noté que Flor Blanca representaba un restaurante para la comunidad salvadoreña y salvadoreña-americana. Sabby y yo éramos los únicos no salvadoreños en todo el restaurante. La mayoría de los clientes eran hombres salvadoreños disfrutando pupusas y bebiendo cervezas mientras miraba fútbol. 

A pesar de que éramos los forasteros, Jessica, Marlena y todos los clientes nos hicieron sentir bienvenidos. ¡Sin duda volveremos! 

La Flor Blanca con La Mesa Azul

by Mia Yanez

Por mi primer blog, yo probé las pupusas a La Flor Blanca, un restaurante salvadoreño. El restaurante se ubica en Jefferson Boulevard, al lado de una lavandería, una tienda, una barbería, y un lugar para comida india. A las siete y medio, el letrero de neón brilló en la noche oscura y me invitó a cenar.

La pupusa es un plato tradicional de la cocina de El Salvador, un país centroamericano. La pupusa representa los ingredientes principales: la harina de maíz o arroz y carne. Otros platos tradicionales incluyen tamales, muchas sopas (de pata, de siete mares, de res, etc.), panes rellenos, y se bebe la ensalada afrutada con uno de los platos. 

Después miré el menú, yo decidí en dos pupusas revueltas, que incluía los frijoles, el queso, y los chicharrones, en la harina de maíz. Yo traté de pedir los plátanos fritos, un plato favorito mío, pero el mesero me informó que los plátanos no estuvieron maduros y me demostró un plátano verde para evidencia. Yo le pregunté porque no se puede cocinar con los plátanos verdes, y me explicó que solo plátanos maduros me darían el sabor dulce—plátanos verdes me traicionaría con un sabor almidón. Yo acepté esto hecho como la primera señal de que necesito regresar a La Flor Blanca en el futuro. 

Las cocineras prepararon las pupusas a mano, entonces mi amiga y yo observamos el restaurante durante este tiempo. Sonaba más lleno de lo que parecía a causa de los sonidos de las familias riendo y las telenovelas con actores y actrices dramáticas. Los sonidos contrastaban—las familias felices comían y disfrutan mientras los actores lloraban y gritaban sobre su amor. La presencia de las familias y los olores de frituras me tranquilizó, porque me recordó a las fiestas mexicanas en la casa de mi tía Delia cuando yo era niña.

Había fotos del mar y mujeres en vestido tradicional que cubrían las paredes; cuando se combina con las mesas azules, creaban un paraíso artificial. Se podrían pensar que la comida sería artificial también, pero esto no era el caso. La masa suave complementó los trozos crujientes de queso quemado. Como la masa abrazó el chicharrón marinado, los frijoles, y el queso derretido en una pupusa, los sabores me abrazaron. En este abrazo, los frijoles y la carne intercambiaban en un baile con el queso, como solo noté el sabor de la carne tierno y el queso fuerte. En la mesa, había dos envases con lados tradicionales: el curtido y la salsa tomata. El curtido tenía col, cebollas, y zanahorias. En una manera, el curtido limpiaba mi paladar porque el sabor agrio contrastó con la pupusa sabrosa. También, el curtido me hizo sentir bien después la pupusa frita porque comí mis verduras por el día. Finalmente, la salsa tomata era un puré no muy picante, con rojos y marrones solo se encuentra en rocas del río—las rocas reales, no en la pared.

Ahora, yo pregunté: ¿esto plato era auténtico? Los ingredientes parecen realistas, ingredientes que el restaurante usaría en El Salvador. Mi amiga salvadoreña mencionaba que casi todos restaurantes salvadoreños en los Estado Unidos se llaman “La Flor Blanca.” El restaurante solo aceptó el efectivo, una señal en Los Ángeles que esto es un establecimiento sin tonarías. Después más investigación, descubrí que una pupusa en El Salvador podría tener loroco (una planta con brotes y flores comestibles) en vez de frijoles—pero en los Estado Unidos, los frijoles probablemente están más disponibles tan que esta flor. Sin embargo, pienso que recibí una experiencia auténtica porque los cocineros me dieron su representación de la comida en El Salvador. Ellas creaban los platos buenos dentro de su control que conectaban su patrimonio a los Estados Unidos. Cuando se negaron a venderme verdes plátano, sabía ellas solo querían presentar lo mejor de lo mejor de su país. Por eso, yo recomiendo La Flor Blanca por su cena próxima.

#3 – La Matriarca y la Comida

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Hay una pupuseria cerca de mi casa, a casi cinco manzanas de mi casa. Muchas veces he pasado enfrente del pequeño restaurante con un exterior de amarillo vibrante, pero nunca he probado la comida. Supongo que es salvadoreño porque su especialidad es la pupusa—un plato común del Salvador. El restaurante se llama Mely’s Pupuseria porque Mely es la matriarca del establecimiento; saluda a toda su clientela y organiza a sus empleados en la cocina. Me recuerda a mi propia madre, quien crió a mi hermano y yo sin esposo ni compañero—la matriarca de mi casa y la inspiración de mis esfuerzos.

Al final de su introducción, Pilcher nota la importancia de las mujeres en la formación de una cultura culinaria. Cuando pienso en mi identidad, pienso en mi madre y como crecí en casa con solo ella como mi fuente de apoyo y amor incondicional. Me identifico como italiana-americana e irlandesa-americana; los padres de mi madre inmigraron a California desde estos países. Sin embargo vinieron durante un tiempo muy prejuicio para los italianos e irlandesas, y no preservaron muchas costumbres de sus culturas. En términos de la comida italiana, tengo algunas recetas originales—para unas galletas y risotto por ejemplo. Mi madre cocina todo. Anderson averigua el origen de la comida italiana minuciosamente, y la comida de mi madre es una interpretación nueva que extiende el desarrollado de la comida; todavía es comida auténtica de mi herencia y mi vida.

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Un panorama de una pequeña sección del restaurante, incluyendo mi madre y yo 

He vivido toda mi vida en mi casa en Altadena, pero Mely’s Pupuseria apareció en mi vecindario solo hace seis u ocho meses. Me siento orgullosa de mi vecindario en Altadena. Es muy cerca de Pasadena que tiene una reputación de ser muy anglo, pero Altadena es muy diversa. Está situada en la periferia del condenado de Los Ángeles, y la comida refleja esta estatus como Anderson describe. Dice, <<Typically, the core has the most elaborate foodways; sophistication and elaboration diminish as one moves toward the periphery.>> Considero esta declaración neutral. No pienso que las pupusas de Mely’s Pupuseria sea muy elaboradas; son muy simples, pero son deliciosas. El restaurante tiene muy poco espacio sin mucho aire acondicionado, pero las puertas siempre están abiertas; no es un problema. El lugar no es complicado, y las pupusas también no son; es parte del encanto.

Comer en Mely’s Pupuseria me parece una experiencia muy auténtica. Mely habla con todos muy sinceramente y sirve sus pupusas con entusiasmo. Cuando vi que el restaurante estaba lleno de personas latinas-americanas, hablando español, tenía más confianza en la autenticidad de la comida como salvadoreña. No debo hacer generalizaciones sobre la comida de una nación basadas en la clientela o el uso de español, pero a pesar de todo, confía en la comida porque la jefa Mely me parecía muy genuina, y aprecio una mujer fuerte y dedicada—como mi madre.

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Muy feliz después de mi comida simple y sabrosa 

#1 La Primera Aventura: La Flor Blanca

Mi primera excursión culinaria ocurrió durante un día perfecto. Hacía buen tiempo sin nubes oscuras; un clima muy típico de California. Por esta ocasión, decidí visitar una pupusería en un lugar muy cerca de USC. El restaurante se llama La Flor Blanca y está al lado de varias tiendas en Trojan Square. Antes de entrar el restaurante, tuve impresiones buenas sobre La Flor Blanca porque los deliciosos olores me dieron hambre. Los olores fueron una señal de bienvenida al estómago.

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Desde la entrada, vi paredes azules con imágenes diferentes como palmeras, un lago, y ruinas antiguas de El Salvador. El lugar era ruidoso con muchos sonidos: el tintineo del tenedor, las conversaciones entre los comensales, la televisión, y la música en el fondo.  La música en el ambiente fue interesante porque oí canciones en diferentes géneros. Fue una mezcla única de la música pop, baladas, y canciones de Juanes.

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Como su lista de reproducción, el restaurante tuvo muchas opciones en el menú. Por eso, fue muy difícil para elegir sólo un plato. Después de mucho pensamiento, compré una pupusa de chicharrón con queso y un tamal de gallina. Los sabores de la pupusa y tamal fueron maravillosos. ¡La pupusa fue enorme! Su tamaño fue como la cabeza de un bebé. La superficie de la pupusa fue lisa y el primer bocado fue bueno. Comí la pupusa con los curtidos picantes. La pupusa y los curtidos fueron una buena combinación. Además, el tamal de gallina fue delicioso también. Dentro de la masa, el cocinero escondió  trozos de pollo y rebanadas de patata. Juntos los ingredientes cocidos produjeron un tamal esponjoso y suave. O en otras palabras, un tamal perfecto para probar.

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La pupusa con curtidos

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El tamal de gallina

Aunque La Flor Blanca es muy cerca de la universidad, nunca he visitado este restaurante en el pasado. Para mí, es una lástima que los estudiantes de USC no exploran los restaurantes en los alrededores (y soy culpable de esto también). Cuando visité La Flor Blanca, no había nadie de USC. En vez de estudiantes fue familias del vecindario. Después de esta experiencia, espero que más personas de USC probaren la cocina local. Sin embargo, quizás los estudiantes no quieren ir a lugares como La Flor Blanca debido al estigma que rodea la comida latinoamericana. Por ejemplo, con demasiada frecuencia, algunas personas en los Estados Unidos creen que la comida latinoamericana es mal para la salud. No obstante, la socióloga, Airín Martínez, ha dicho que las familias latinoamericanas saben el concepto de “comiendo bien”.  Y a pesar de todo, para una estudiante con un presupuesto limitado, sea más práctico y asequible para comer en restaurantes locales como La Flor Blanca. No necesita ir a un restaurante elegante y caro para comer bien.

Aquí es una lista corta para resumir mis observaciones sobre La Flor Blanca:

  • Ambiente: Casual y cómodo
  • El precio: Muy barato (pagué $5.19 por una pupusa y un tamal)
  • El servicio: Rápido y atento
  • Otras notas: El interior del restaurante es pequeño y hay 10 mesas. También no hay mucho espacio para aparcar el coche. Lo que es más importante, ¡traiga efectivo porque no puede pagar con tarjeta!