Cultura que transciende fronteras: Reflexiones de Olvera Street y Boyle Heights (por Tasfia)

Los Ángeles tiene una historia rica y culturalmente diversa. Exploramos una parte de esta historia en clase, a través de nuestra excursión a la calle Olvera.  Olvera Street es considerada el mercado mexicano más popular de la ciudad.

Este mercado mexicano recrea un romántico “Viejo Los Angeles” con su calle larga y estrecha, sombreada con arboles. Mientras caminábamos por el camino de Olvera, vimos muchos vendedores, tiendas, cafeterías, y restaurantes. Las tiendas y los puestos vendían arte tradicional mexicano, cerámicas coloridas, instrumentos musicales, disfraces, artículos de cuero, sombreros y baratijas. Era una calle llena de color.

También hay múltiples opciones para comer. Cuando visité la calle Olvera por primera vez, comí en la Casa la Golondrina Café. En este restaurante, mi pedido de mole de pollo se combinó con entretenimiento de Mariachi. Con mi clase, fui a un pequeño lugar se llama El Cielito Lindo hace unas semanas. Ellos especializan en taquitos fritos de carne desmenuzada con salsa de aguacate – son consideradas una “must-try”. El menú de El Cielito Lindo también incluye burritos y chile rellenos. Aunque la comida era deliciosa, no era la mejor comida mexicana que yo había probado. Los taquitos fritos estaban crujientes, pero aún tenían un poco de suavidad por dentro. La carne estaba un poco seca, pero la salsa de aguacate era cremosa y agregaba humedad a cada bocado. Sin la salsa, los taquitos se habría sentido incompleta, y demasiado secos para comer. La Dra. Portnoy también afirma esto en su libro, Food, Health, and Culture in Latino Los Angeles:

I always find that they taste as if they have been cooked ahead of time and quickly reheated, a suspicion substantied by an NPR interview in which current co-owner Diana Guerrero Robertson says that the taquitos “start at our warehouse in Lincoln Heights, where we make our tortillas fresh.

Cielito Lindo en Olvera Street

Durante mis viajes a Olvera Street, se hizo evidente que este camino era un lugar comercializado para turistas. Según Dra. Portnoy, la calle Olvera fue desarrollada principalmente para visitantes Anglos. Actualmente, estoy tomando una otra clase sobre la historia mexicoamericana, donde habíamos leído mucho sobre Olvera Street. Según un artículo de Phoebe Kropp en Radical History Review, los anglos describieron Olvera Street como, “A Mexican Street of Yesterday in a City of Today.” Kropp argumenta que “a street of yesterday” se refería a la comunidad mexicana en un sentido histórico, mientras que “a city of today” se refería a una ciudad que era la propiedad de anglos. Una mujer rica y anglo que se llamó Christine Sterling desarolló esta calle “auténtica” para reflejar una sensación de nostalgia y una fantasía romántica española que existió en el pasado. Para mí, parece que los anglos intentaban implicar que el único lugar para la cultura mexicana en la ciudad moderna de Los Ángeles era en este espacio limitado, y en el pasado. Pero, según Dra. Portnoy, la calle Olvera se transformó en el epicentro de la cultura mexicana en la ciudad. Los mexicanos y los mexicanoamericanos usan la calle Olvera, y no solo como empleados en disfraces. De hecho, utilizaron la memoria Anglo y el espacio para empezar negocios. El Día de los Muertos y el Día de la Independencia de México se celebran en Olvera Street todos los años. En otros días, la música mexicana da vida a la plaza y mantiene la “autenticidad” de la calle.

¿Pero podemos llamar a la calle Olvera auténtica? Aunque la calle Olvera representa hoy las adaptaciones culturales de la comunidad mexicoamericana, también refleja una historia de “white washing”. La calle es una colorida fantasía española construida originalmente para los anglos, por los anglos. Según el historiador Deverrell:

“Even in its expressions of institutional and infrastructural growth, [Los Angeles] adhered to patterns of racial privilege and ethnocentrism.”

Sin embargo, mis observaciones de la calle Olvera recientemente también me demostrado que ambos las comunidades de anglos y mexicanas utilizan este romántico fantasía española para sus propios objetivos.

La calle Olvera todavía tiene un papel en la vida de muchas comunidades hoy en día, y también cuenta una historia importante de la marginación de una comunidad que no debemos olvidar. Por lo tanto, es difícil describir el lugar como “no auténtico”. La fusión y convergencia de culturas entre el colonizador y el colonizado (llamada transculturación en las lecturas) representa una parte importante de la historia mexicana que transcienda las fronteras de hoy. Refleja la idea de un “Gran México”, como se discute en el artículo de Dra. Portnoy, “Good Food and the Problematic Search for Authenticity.”

‘Greater Mexico’: the idea that Mexico and its culture doesn’t stop at the border.

Según Dra Portnoy, la idea de autenticidad se construye socialmente y personalmente. Además, creo que descartar este “auténtico” representación de “white washing” en Olvera Street nos hará descartar la historia de la comunidad mexicana que esta calle impactó.

Olvera Street

Otros lugares que visité, como Mercadito y Mariscos Jalisco, pueden parecer más “auténticos” en las primeras impresiones. Eso es porque estos lugares parecen ser mexicanos en su esencia. El Mercadito es similar a los mercados comunitarios que visité en Oaxaca. El barrio donde reside este mercado ha sido principalmente latino. Algunas partes de Boyle Heights están gentrificadas, pero los precios y la estética del Mercadito reflejan que la “influencia de hípsters” que caracteriza una gran parte de Los Ángeles no había llegado al mercadito. El mercado es animado y ruidoso, y sus sonidos y olores provocan una sensación familiar de México. Disfruté caminando e ir a las tiendas muy diversas que venden ropa, artículos de cocina, bocadillos y limones de coco rellenos. Parece que podría satisfacer todas de las necesidades de las familias.

En Boyle Heights, también probé los mejores tacos que he comido en mi vida. Los tacos de camarones es una sabrosa mezcla de camarones en una tortilla de maíz blanco, bajo una salsa de tomate y repollo, con aguacate en rodajas. Son una excelente yuxtaposición: el crujido de la tortilla complementa la suavidad del relleno de puré de papa. La riqueza de todo taco el taco contrasta con el ácido de la salsa. El umami de los camarones funciona bien con la frescura de las verduras de salsa. También comí unos bocados del aguachile, que consistía en camarones limpios en un sabroso líquido parecido al ceviche, en una tortilla crujiente. La salsa del aguachile es muy picante – ¡es importante tener cuidado! Disfruté especialmente el sabor picante de la salsa porque me recordó el sabor picante y cítrico del marisco bengalí de mi país natal. Aunque no estoy familiarizado con los mariscos mexicanos, era evidente que esta lonchera trae la frescura del mar a las calles de Boyle Heights. Es difícil reclamar Mariscos Jaliscos como “no auténtico” porque es icónico en sí mismo.

Parece que Mariscos Jalisco recibe algunos de los beneficios económicos de la gentrificación de Boyle Heights. La atracción e el respeto que ha obtenido a través de su reconocimiento y premios, debido a los críticos, y los “influencers” y “hípsters” de Los Ángeles, ayudaron Mariscos Jalisco a expandir su audiencia y obtener ganancias. Sin embargo, no podemos hacer este reclamo para todo del gente y empresas locales en Boyle Heights. Cuándo más y más personas ocupan un área, es importante recordar las comunidades que definen este espacio. La gentrificación y la genteficación pueden ser similares al “white-washing” si desplazan a las comunidades y borra la cultura que prosperó en estas áreas.  Por lo tanto, aprendí que Olvera Street, Mercadito, y Mariscos Jalisco son auténticos a sus propios maneras – todos representan diferentes piezas de la cultura e historia latinoamericano.  

Tread Softly, for You Tread on My Culture: Navigating the Food Scene of Los Angeles with Cultural Competence (By Alexandra Demetriou)

Diversity is unequivocally a cornerstone of the culture of Los Angeles, and one of the easiest ways to experience the dynamic ethnic interplay that makes this city unique is by exploring with one’s taste buds. It is a great privilege that we as Angelenos have countless opportunities to venture out and try foods from around the globe all while staying in our own backyard, but with that privilege comes the responsibility to tread lightly when crossing cultural boundaries.

There is a fine line between admiring another’s culture and appropriating it, and perhaps no one in the world of Hispanic food exemplifies toeing—or arguably crossing—this line as well as Rick Bayless. An Oklahoma native, Bayless ventured south to Mexico for six years to study and master the art of preparing Mexican cuisine, and has since gone on to open multiple restaurants and receive numerous awards for his cooking. However, he has faced opposition, particularly from members of the Hispanic community, for what some consider an attitude toward Mexican cuisine that borders on appropriation. Bayless himself has remarked that this criticism is a form of reverse racism against him as a white male, while writer Gustavo Arellano argues that it is not Bayless’s ethnicity but rather his privileged attitude that has fueled the controversy. In a case like this, with opinions polarized and strong, it is necessary to ask ourselves what constitutes appropriation, and how we may explore diverse cuisines in a respectful manner.

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Chef Rick Bayless http://www.AdamAlexanderPhoto.com ©Adam Alexander Photography 2016

In my opinion, the defining difference between embracing and appropriating another culture is whether or not one approaches the culture with respect. There is nothing wrong with Rick Bayless studying and falling in love with Mexican cooking, and he seems to at least have attempted to come from the right place in doing so; he can be quoted as saying that his passion for Mexican cooking “doesn’t come from a shallow understanding; it comes from a deep understanding. I’ve done everything I can to make it my own.” Appropriation often comes from a lack of respect, which clearly is not the case for Bayless. However, Bayless may have inadvertently committed an act of “columbusing” when he rashly made the statement that he was exited for the opening of the restaurant Red O to see “how the true flavors of Mexico, from central and southern Mexico, would play in Southern California.” Columbusing, according to food blogger Lucas Peterson, refers to “the act of reckless and thoughtless appropriation (typically by rich white people) of a thing that has been around for years or decades (a thing that usually belongs to non-white people).” While it seems evident that Bayless did not intend to make a disrespectful comment, his statement nonetheless implies that he, as an Anglo chef who adopted Mexican culture, will be able to introduce some form of “true flavor” that the millions of Mexicans living and cooking in Los Angeles have somehow overlooked.

Peterson himself was accused of columbusing in 2015 in a controversy dubbed “Elotegate,” in which he was criticized for a blog he wrote about a street corn vendor, though food writers like Arellano and Bill Esparza quickly came to his defense. Cases like that of Bayless or Peterson raise the question of the role that race plays when experiencing and discussing food, and force us to question the way cuisine often gets swept up into cultural controversy.

Personally, I believe that while it is absolutely acceptable to discover, cook, and write about food from another culture, it is important to do so in a way that respects the autonomy and integrity of the culture in question. One can get excited over the discovery of a cultural food that is new to oneself while still respecting the centuries of history and the people who continue to live out and uphold the traditions of said “novel” culture. I agree with Arellano and Francis Lam in the assertion that the phenomenon of Anglos experiencing and embracing ethnically different foods plays a key role in ensuring a lasting spot for those ethnic foods in American culture, rather than relegating them to esoteric traditions upheld only within immigrant communities. Ultimately, taste buds do not recognize ethnic divides, so I believe that all people should feel comfortable experiencing foods from diverse cultural origins and embracing the fact that our ethnically rich community enables delicious recipes to spread and adapt with our ever-globalizing society.

In my opinion, the case of the Oberlin College “food fight” represents a more severe form of cultural appropriation through food, because such appropriation went beyond poorly chosen words and instead took on a physical manifestation through the production and marketing of food that was inauthentic to its cultural heritage. This story is one of countless examples of ethnicities being turned into brand names and the word “authentic” losing its meaning as an adjective in favor of its use as a marketing line. If one is to knowingly produce food that does not hold true to the cultural traditions of a given ethnic community, then one must market it as such. For example, calling a food “fusion” or “inspired” by a certain culture is not misleading, but attempting to sell fraudulent food as “authentic” is essentially an affront against the culinary history of the given culture.

To draw upon my own experience with eating Greek food in Los Angeles, I can say that some of the best Greek food I have purchased has been prepared by Hispanic cooks using traditional Greek recipes. Does that make it any less Greek to me? Absolutely not. Personally, I love introducing my non-Greek friends to Greek foods and I appreciate the fact that even though the recipes are ancient history to me, they can take on a new light and be experienced differently by a stranger to the culture who appreciates even the flavors I might take for granted. Just one thing: don’t try to sell me food that is vaguely Mediterranean-inspired but marketed as Greek—then, we might have a problem.

Apreciando la comida fusión de Los Ángeles (por Alexandra Demetriou)

Una de mis cosas favoritas sobre la ciudad de Los Ángeles es la escena gastronómica que constantemente está evolucionando.  Los Ángeles atrae a inmigrantes de todo el mundo, y cuando se mudan aquí traen culturas culinarias únicas e interesantes. Como Bill Esparza explica en una entrevista con KCET, “Immigration has shaped our cuisine. Los Angeles does have its own cuisine that really is defined by all the people who have come here.”

El término “fusión” se usa para referirse a la comida que integran elementos de diferentes culturas para crear un tipo de comida nuevo e interesante que difiere de las cocinas que la influenciaron. Un pionero famoso de la comida fusión es Roy Choi, el creador de Kogi BBQ, quien según el sitio web de Kogi “dio a luz al movimiento taco mexicano-coreano.”  Los tacos de Kogi combinan sabores e ingredientes de inspiración coreana con el taco mexicano tradicional, creando una nueva experiencia culinaria que los Angelinos han llegado a amar y anhelar. Este alimento no es coreano ni mexicano, sino que se lo puede considerar comida única a Los Angeles, porque refleja la globalización y la mezcla de las culturas que comprometen la cultura de Los Ángeles. Kogi es uno de los mejores ejemplos de fusión cultural que crea comida deliciosa y novedosa que enriquece el paisaje culinario de Los Ángeles, y es un testimonio de la forma en que los inmigrantes pueden dejar su huella en Estados Unidos a través de nuestros estómagos.

Además de la brillantez de determinar la mejor manera de combinar ingredientes y sabores coreanos y mexicanos, Roy Choi y otros cocineros de fusión exitosos hacen otra cosa bien: crean un modelo de negocios que atrae a la población diversa y globalizada de Los Ángeles.  Como escribe Sarah Portnoy, “Roy Choi’s Kogi taco trucks illustrate both the cross-cultural influence of Latin American cuisine and the importance of culinary infrastructure in achieving success even for street food.” Además de crear un producto delicioso, cocina de fusión exitosa debe ser comercializado de una manera que atrae a clientes de diversos orígenes para probar la nueva cocina de fusión.  Por ejemplo, considere Guerrilla Tacos de Wes Avila, otro ejemplo de cocina de fusión de Los Ángeles muy exitoso: Avila usa técnicas aprendidas de escuelas culinarias de California y Francia, las integra con la cocina mexicana de su herencia, y crea tacos que combinan alta cocina y comida de la calle, que todas las personas pueden disfrutar.  Los establecimientos como Kogi y Guerrilla Tacos han elevado la comida de la calle a ser algo de moda, y han utilizado influencias de otras culturas para atraer clientes que normalmente no visitan las loncheras de tacos tradicionales.  De esta manera, la comida de fusión es una herramienta que crea convergencia cultural y une a personas de diferentes orígenes y de diferentes esferas de Los Angeles, basado en una apreciación universal para la comida sabrosa.  Sarah Portnoy explica que “culinary encounters have historically helped to forge relationships that crossed lines of race, class, ethnicity and nationality through the sharing of ingredients, techniques, and dishes,” algo que ha sido cierto a través de la historia y se puede ver en Los Ángeles hoy.

Después de probar Guerrilla Tacos, mi amiga Rachel y yo estábamos emocionadas de explorar más la escena de fusión de comida de Los Ángeles. Visitamos Revolucionario North African Tacos en Jefferson Boulevard, que según su sitio web es “el primer y único restaurante de tacos del norte de África en el mundo.” Mi taco favorito fue el merguez taco: merguez es una salchicha de cordero y ternera del norte de África, que es un poco picante, y se sirvió con papas dentro de una tortilla para crear un taco muy delicioso.  Era diferente de cualquier cosa que haya probado en mi vida, y fue un ejemplo excelente de la manera en que la comida de fusión puede crear alimentos nuevos y maravillosos que son únicos a la comunidad diversa de Los Ángeles.  Cuando yo, una griega-americana, me senté y comí un taco norteafricano y leí en las paredes del restaurante las inscripciones de los clientes multiétnicos que habían visitado antes, me sentí muy agradecida de vivir en una ciudad que sabe cómo aprovecharse de nuestra diversidad para crear una cultura rica que no se puede encontrar en ningún otro lugar del mundo.

La relación entre arte y comida – por Natalie S.

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Metate con cabeza de pájaro

Los aztecas se usa un metate para moler el chocolate. Este metate es de Costa Rica pero representa un paso del proceso en que los aztecas refinaban el chocolate. Empieza con el grano de cacao. Tostaban los granos, molían los y añadían otros sabores como vainilla o chile. En el museo probé un grano de chocolate poco refinado y sin azúcar y el sabor no era tan amargo que yo esperaba. El chocolate es muy importante en la cultura mexicana porque tenía importancia religiosa. El árbol de cacao era un puente entre el cielo y la tierra. Por siglos el chocolate no era comida pero era una bebida para los ricos. Bebían el chocolate durante ceremonias como bodas y ceremonias de mayoría de edad. También, se usaban como monedas.

Este metate tiene un cabeza de pájaro. Este es interesante porque indica que el metate no es solo una herramienta para preparar chocolate sino que una decoración para la casa también.

Hombre en la apariencia de Xipe Totec

IMG_6817El nombre “Xipe Totec” es el nombre del dios de la agricultura, la vegetación, la estación y la enfermedad. La escultura representa un costumbre para celebrar y representar todo el ciclo de maíz, el cambio de las estaciones y la venida de la nueva vegetación. Este costumbre es muy importante en la sociedad. La escultura es de roca volcánica y es un hombre llevando la piel de la ofrenda. Primero recorta el corazón de la ofrenda para ofrecerlo a los dioses. El hombre en la escultura tiene cuatro labios (dos de él y dos de la ofrenda), cuatro manos (dos de él y dos de la ofrenda), y un hoyo en su pecho donde se lleva el corazón de la ofrenda. También tiene puntos donde el piel fue cosido. Por lo general, el cura lleva este piel durante 20 días. Al fin, quita este piel que representa la chala de maíz y la venida de la nueva cosecha.

Comparación entre Vertumnus y Xipe TotecScreen Shot 2017-04-21 at 12.15.00 AM

Vertumnus es un cuadro por Guissepe Arcimboldo. Es un retrato pero el hombre es hecho de verduras, frutas y flores. El hombre en el cuadro es el emperador romano Rudolf II reimaginado como Vertumnus. Vertumnus es el dios de metamorfosis de la naturaleza y vida. Las frutas y los vegetales representan la abundancia de la edad de oro durante el reinado de Rudolf II. Es similar que el Xipe Totec porque el costumbre de sacrificio representa la abundancia de la venida de la nueva vegetación. Las dos celebran la comida. Otra semejanza es que estas obras representan un homenaje a un dios. Una diferencia es que la conexión con comida en Vertumnus es muy obvia pero la conexión entre el Xipe Totec y la comida no es evidente hasta que se entiende la historia

Blog 5: Apropiación cultural

El tema del blog esta semana, la apropiación cultural, es el tema más interesante y relevante que hemos discutido en clase hasta ahora. No tuvimos que visitar un lugar específico esta semana, sino reflexionar sobre todos los lugares que hemos visitado, ya que los niveles de apropiación cultural se pueden encontrar en muchos de los lugares que hemos visitado, y se relacionan con temas anteriores como la comida de la fusión y “white washing.”

La apropiación cultural, explicada simplemente por un estudiante en el articulo sobre Colegio Oberlin, ocurre cuando personas afuera de una cultura toman un aspecto de tal cultura (en este caso la comida), la modifican y usan y luego sirven como su propio artículo auténtico.

Esta tendencia se puede ver en toda la cultura pop estadounidense no sólo a través de la comida, sino en la música, el arte, la danza, los deportes y sobre todo en la moda.

 

Cuando por primera vez aprendí sobre la apropiación cultural, fue para una clase sobre la historia de la música africana en los Estados Unidos. Como se menciona en uno de los artículos de esta semana, muchas personas a menudo no entienden las implicaciones de la apropiación cultural. Este video me ayudó a entender y apreciar la importancia del tema: Video. Después de ver el video, todo, desde el estilo de Kylie Jenner hasta los videos musicales de Katy Perry, se volvió muy transparente para mí. Pero nunca había pensado en la apropiación cultural en el contexto de la comida.

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Cuando empecé a pensar en este tema, sentí que las líneas estaban demasiado borrosas entre ingredientes y culturas para ser consideradas como apropiación. Y lo que es más importante, cuestioné cuán importante sería la apropiación cultural y la traducción culinaria a las generaciones futuras, que se están volviendo cada vez más bizarras. Si el arroz era originario de Asia, pero ahora es un alimento básico en muchos platos latinos, ¿es esa apropiación? ¿Está creando la apropiación de alimentos de fusión? ¿Y es posible o beneficioso no ser apropiado? . Al igual que en el artículo de The Atlantic, estaba de acuerdo en que las mezclas y el intercambio de culturas es lo que hizo a América grande.

 

Un artículo de NPR resumió estas preguntas personales conmovedoramente al preguntar,

“¿Quién tiene el derecho a ser un embajador de una cocina?”

El artículo se centra principalmente en Rick Bayless, un nativo de Oklahoma que ha pasado un tiempo extenso estudiando y creando comida mexicana. Los artículos más convincentes que respondieron a este fenómeno indicaron que el problema con Bayless no es que quisiera tomar parte en la cultura que estudió tan bien, sino que se comercializó a sí mismo y su comida como auténtica y superior.

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Esto es cuando comprendí plenamente los efectos negativos de la apropiación cultural culinaria. Como cubano-americano de primera generación, empecé a simpatizar con los estudiantes de Oberlin College en mi reacción a Bayless. Yo personalmente no me importaría si un forastero bien educado y bien viajado trató de hacer comida cubana – por supuesto los forasteros deben querer participar, es delicioso! Sin embargo, si un forastero afirmó ser un experto en la comida, y tener una experiencia auténtica sería declarar que entienden los años de la historia y el alma detrás de la comida, decir que conocen la sensación de una comida de su propio abuela, y decir que comparten esa misma identidad cultural. Este es el tema de la apropiación cultural culinaria en su núcleo. Me pareció que el mayor problema con la apropiación cultural es similar a “white washing” – sólo tomando los fragmentos de la cultura que son beneficiosos sin dar el debido reconocimiento a los demás.

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En general, parece que evitar la apropiación cultural es bastante simple. Sólo un reconocimiento y respeto de otra cultura puede evitar situaciones como la de Rick Bayless. Un gran ejemplo es el del mercado en la estación Grand Central, que a pesar de contar con propietarios de Michoacán, anunció que es un establecimiento “traducido” como sólo semi-auténtico. Del mismo modo, un artículo citado el ejemplo de “White Guy Pad Thai” camión en Los Angeles Smorgasborg. Aquí, el propietario evita las cuestiones de apropiación cultural mediante la comercialización claramente y el respeto apropiado a la cultura tailandesa. Personalmente, creo que esta comercialización honesta y socialmente consciente indica un establecimiento más bien informado y confiable.

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Aunque es importante que este fenómeno pone la responsabilidad adecuada y la presión sobre los chefs, creo que hay algo que decir acerca de la responsabilidad como un consumidor, también. Aquellos que se enorgullecen de su cultura o buscan una experiencia más “auténtica” deben apoyar a los establecimientos que lo hacen. Por ejemplo, no sólo debemos considerar las recetas publicitadas, sino considerar a las personas que la cocinan. Por ejemplo, los dining halls de USC están llenos de personales de las cocina latinos, pero las noches de comida mexicana aún no son auténticas. En general, creo que el intercambio cultural en Los Ángeles es inevitable y beneficioso para la comida. Sin embargo, las implicaciones de la apropiación cultural y la colonización son claras. Al final, no estoy totalmente de acuerdo con ninguna de las dos visiones extremas. Simplemente tiene que haber una conversación que es menos acerca de la raza y más sobre el reconocimiento,sensibilización, y educación tanto en el productor como en los consumidores.

Aventura 2: Cielito Lindo

El tema del blog de esta semana es la autenticidad. En consecuencia, viajé a la Calle Olvera, en el corazón de LA para visitar al restaurante Cielito Lindo.

Cielito Lindo se encuentra en la esquina de la calle Olvera, donde han estado sirviendo sus famosos taquitos y salsa de aguacate desde 1934. Al llegar a la calle Olvera hay una escena fascinante que refleja un mercado Mexicano, pero extrañamente no parece totalmente Mexicana . Cada de los vendedores se parecen Mexicano — muchos hablando español. Sin embargo, se venden los dulces Mexicanos y pan dulce al lado de camisetas turísticas y restaurantes con un mariachi happy hour especial – la calle entero parece como México sirviendo a las necesidades Estadounidenses. Cielito Lindo no es una excepción a esta tendencia.

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A su llegada, el restaurante es aparentemente Mexicano. Personas de todas razas alineadas demuestra la popularidad del lugar. La letra de “Cielito Lindo”, posiblemente la canción Mexicana más conocida, está pintada en el brillante edificio del pequeño cabina. En el interior, los trabajadores Mexicanos preparan taquitos y toman órdenes rápidamente, proporcionando un servicio agradable. En general, el “foodscape” es muy estereotipada Mexicano.

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Quizás el elemento más auténtico sobre el restaurante es su menú, que es sin disculpas. Cada uno de los artículos, ya sea tamales y taquitos, no tienen ninguna descripción o opciones para sus rellenos. Mientras tanto, en su página web, el restaurante ofrece las recetas de la carne Machaca, tortillas frescas, y salsa de aguacate que han utilizado desde que el restaurante fue fundado. Es claro que auténtico o no, están seguros y orgullosos de lo que hacen.IMG_3849.JPG

En su sitio web, se me informa que el fundador se mudó a Los Ángeles en la década de 1920 de un pueblo rural de montaña de Huanusco, Zacatecas, México. Sin embargo, no hay indicación de comida regional. Yo opté por el # 2 especial que incluye taquitos y un tamal. La comida era servido rápidamente arriba de frijoles refrendado, sofocada en lo que parecía ser queso cheddar. Los taquitos eran crujientes, pero no tenía mucho rellenos. Su famosa salsa de aguacate era muy suave y no agregó mucho sabor, ya que se sirve en encima de los frijoles y queso. El tamal se cubrió de forma similar, haciendo difícil distinguir los perfiles de sabor separados. Sin la típica estilo de un tamal en una hoja de plátano, el tamal estaba seco y grueso y era difícil decir qué tipo de rellenos contenía. El horchata era el elemento más agradable, ya que ofrecía un perfil de sabor completamente diferente, y dulce complemento a la comida.

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En general, Cielito Lindo personifica la idea de una “vida dual,” en “Las Naciones Alimentarias” como en “La Autenticidad de las Cocinas”, que significa como los “restauradores Mexicanos que ajustan sus prácticas culinarias y la imagen de sí mismos según las expectativas de comensales no-Mexicanos.” En mi opinión, al no ser Mexicano totalmente auténtico, ni totalmente Mexi-Cali ni Estadounidense, me dejó queriendo más. Con ingredientes más auténticos y los porciones, como menos queso, los platos podrían haber sido mucho más satisfactorio y fiel a sus raíces.

Un almuerzo yucateco de Chichen Itzá

Fue un día de mucha lluvia en Los Ángeles, una rareza por causo de la sequía. Otra rareza de este día fue la oportunidad de probar la comida yucateca. Viajé al restaurante Chichen Itzá ubicado en el Mercado Paloma en la calle Gran Sur para una experiencia única con algunos amigos que quisieron ayudarme con mi tarea.

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Imagen 1.  Chichen Itzá en el Mercado Paloma, un domingo ajetreado

El Mercado Paloma es un mercado de restaurantes y tiendas diversos poseídos por emprendedores locales del sur de Los Ángeles. Además del restaurante Chichen Itzá hay Azla, un restaurante etíope vegano, Thai Corner, un restaurante tailandés, una tienda de artesanías oaxacenas, y la Sastrería de Sra. Gloria. El diseño del menú y las paredes de Chichen Itzá fue vibrante y se invita a tomar una experiencia auténtica y humilde pero memorable. A diferencia de los restaurantes mexicanos de los principios del siglo XX, Chichen Itzá sirve con orgullo la comida yucateca. Según al libro de Sarah J. Portnoy se llama Food, Health, and Culture in Latino Los Angeles, el estatus élite de las cocinas europea, particularmente francés, resultado en muy pocos auténticos restaurantes mexicanos en Los Ángeles.

La cola para ordenar comida en Chichen Itzá fue muy larga a pesar del aguacero. Había aproximadamente doce personas en frente de mí y esperé quince minutos para mi plata, pero después del primer bocado, yo sabía que valía la pena. Tenía ganas de ordenar los panuchos, las tortillas rellenas de frijoles, pavo, y verduras, después de leer un blog de Bill Esparza, pero me salté el desayuno y la imagen del bistec a la yucateca me llamó atención.

El bistec a la yucateca es un filete de bistec de seis onzas, cebollas caramelizadas, arroz, puré de frijoles negros, plátanos fritos, una salsa de tomate y chiles, y tortillas de maíz. El bistec apetecible fue conocido perfectamente. El puré negro y las cebollas blandas y los plátanos fritos crujientes se compensan mutuamente. La salsa de tomate y chiles ligera complementó el bistec suculento. El plátano es un ingrediente típico de México y los sabores yucatecos fueron inspirados por las culturas maya, española, y libanés.

Imágenes 2-4.  La Grace feliz con su plato de bistec al yucateco compuesto de un filete de bistec de seis onzas, cebollas caramelizadas, arroz, puré de frijoles negros, plátanos fritos, una salsa de tomate y chiles, y tortillas de maíz.

No pude comer toda mi comida, aunque los ojos quedaron con hambre. Pedí un cartón de Fabiola, nuestra mesera amorosa, y me empaqué el resto para una cena más tarde. Salí Chichen Itzá muy satisfecha, contenta, y con un deseo para regresar muy, muy pronto.