De Wisconsin a El Salvador: Cultura, autenticidad, e identidad

Por Molly Solem

Yo crecí en Chicago, pero toda mi familia es de Wisconsin. Por eso, aunque me encanta la comida de Chicago (pizza de plato hondo es una de mis comidas favoritas), crecí comiendo comida popular de la lechería de nuestro país: bratwurst, cuajada de queso, Kringle, y pescado frito los viernes. En mi opinión, se puede considerar el bratwurst como el tamal de Wisconsin. Los dos no se parecen visualmente, pero tienen mucho en común. El puerco del bratwurst es similar a la carne adentro del tamal, mientras el pan del bratwurst es similar a la masa del tamal.  También, los dos son alimentos reconfortantes y se puede comerlos en cualquier ocasión. El gusto y el olor del bratwurst me recuerda de noches en mi casa comiendo con mi familia, días en la feria estatal, y tardes mirando partidos de los Green Bay Packers o los Milwaukee Brewers.

Bratwurst de Wisconsin. Imagen de Clark.

El bratwurst viene originalmente de Alemania. Como 43% de los residentes de Wisconsin tienen ascendencia alemana (Curd), siempre ha sido una gran parte de la cultura de comida en Wisconsin. Es un buen ejemplo de la influencia internacional en la comida diaria de muchos americanos – el bratwurst nos recuerda de los contribuciones de inmigrantes alemanas desde el principio del siglo XIX hasta hoy (Curd).

En su libro, Heldke dice “The culinary traveler will taste the dish differently from the diner who has grown up eating it” (Heldke). Es decir, el sabor es algo que cambia basado en la identidad y las experiencias de la persona comiendo. Para mi, el bratwurst es algo muy cómodo y familiar, pues sabe a casa. Pero para alguien que nunca ha comido bratwurst tradicional o que nunca ha visitado a un restaurante alemán en Wisconsin, es posible que el bratwurst sepa desagradable. Por lo menos, sería una experiencia nueva. Recientemente, yo tuve una experiencia nueva con la comida – pero fue con las pupusas.

Yo comí unas pupusas del restaurante salvadoreño La Flor Blanca en Los Ángeles. Debido a COVID, no pude comer en el restaurante pues traje la comida a mi casa. Fue una pena, porque el restaurante es muy encantador, con sillas azules y un ambiente acogedor. Pero aún así, los empleados fueron muy amables y fue una oportunidad para practicar mi español. Aunque la apariencia de la comida no fue nada especial (las pupusas vinieron en cajas desechables y la salsa vino en una bolsa de plástico), la comida fue aromático y apetitoso. Mis amigas y yo compartimos pupusas de chicharrón, pollo, y frijol, pero mi favorita fue la pupusa de loroco. El loroco es una planta con flores comestibles que crece en El Salvador, y es una opción popular para rellenar las pupusas (WorldCrops). Hizo la pupusa un poco más ácida que las otras, pero fue balanceado por la grasa en la que se cocinó. Para todas las pupusas, la dulzura y textura suave de la masa combinado con la salsa crujiente y picante creó una combinación perfecta.

Loroco. Imagen de WorldCrops.

Muchas personas consideran la comida de La Flor Blanca como algo muy auténtico – y deseable—porque las pupusas están hechas en una manera muy tradicional de El Salvador. Como dice Heldke, “we desire encounters with truly authentic Others, not mediated hybridized Others who are already influenced by the likes of us” (Heldke). Quiere decir que a mucha gente le gusta probar comida “extranjera” – que ha sido influenciado por la cultura estadounidense lo menos posible—como las pupusas de La Flor Blanca.

Yo creo que esta actitud no necesariamente es algo mal. Aunque es difícil encontrar comida sin influencias globales – “There is no such thing as a cuisine untouched by ‘outside influences’,” (Heldke)—el deseo de probar comida desconocida demuestra un deseo de aprender de la cultura de esa comida. Como dice Peña, “Todo lo que tuvo que suceder para que ese plato -cargado de historia- llegara a tu mesa, es para mí el valor más importante” (Peña). La comida es una oportunidad para que alguien comparta su cultura, su historia, y sus tradiciones con alguien nuevo. La persona cocinando la comida y la persona comiéndola pueden tener experiencias culinarias completamente diferentes debido a sus vidas diferentes hasta este momento. Aún así, las dos personas están compartiendo un momento especial de apreciación.

Fuentes

Clark, Debra. “Lambeau Leap Beer Brats.” Lambeau Leap Beer Brat Recipe, 27 Aug. 2020, bowl-me-over.com/lambeau-leap-beer-brats/.

Curd, Dan. “Wisconsin’s History of Brats, Beer and Beyond.” Channel3000.Com, 23 Dec. 2019, http://www.channel3000.com/wisconsins-history-of-brats-beer-and-beyond/.

Heldke, Lisa. But Is It Authentic? Culinary Travel and the Search for the “Genuine Article”. Berg Publishers.

Peña, Israel de J. “¿La Autenticidad Está Sobrevalorada En La Comida?” BRIKI MAG, brikimagazine.com/2020/03/28/que-significa-lo-autentico-cuando-hablamos-de-comida/.

WorldCrops. “Loroco.” WorldCrops for Northern United States, worldcrops.org/crops/loroco.

¡Que ricas las pupusas! Una exploración de autenticidad y identidad por Lilah Mehri

He vivido en dos lugares que son discutibles como las ciudades más internacionales en los Estados Unidos: Washington DC y Los Ángeles. Crecer en nuestra capital fue una experiencia intrínsecamente multicultural, y mi propia casa no fue una excepción. Mi madre es de Carolina del Sur y mientras se mudó de allí cuando ella tenía dieciocho años, la mantequilla, el quimbombó frito, y la col berza goteando en la grasa todavía corren en nuestras venas.  Mi padre, al otro lado, es Iraní. Sus padres vinieron a los EE UU hace muchas décadas de Irán. Mientras él y sus hermanos son bien americanizados, los sabores de zumaque y abesón, pistacho y granada, también todavía existen en nuestras dietas.  Mi madre nunca ha disfrutado mucho de cocinar pero la mujer que crió a mi hermano y yo al lado de mi madre, una mujer hondureña, María, es una cocinera increíble y apasionada. María ha introducido un montón de platos en mi vida de su cultura hondureña pero también de otros países de la región centroamericana. Por ejemplo, con María he cocinado tostones, plátanos dulces, tamales, pupusas, y mucho más. Un recuerdo bien distinto con María es cuando estábamos en su pueblo en Honduras, Sartenejas, para la boda de su hija Lilian.  Para alimentar a todos los invitados, María y su familia sacrificaron un toro un día antes de la celebración.  Prepararon cada parte de ese toro para alimentar a toda la gente. Ella también tiene una plantación en su país natal para cultivar café, y tenía la oportunidad de visitarla con ella.  Ahora, tengo una influencia culinaria nueva en mi vida: mi madrastra nepalí.  Ella, como María, es una cocinera talentosa. Con su conocimiento vasto de especias y hierbas, siempre hay una creación exquisita para la cena. 

Por causa de tener esta gran mezcla de influencias culinarias en ambos mi casa y ciudad, siempre he sido una comensal y cocinera aventurera.  Por causa de mi espiritualidad soy vegetariana, pero eso no limita a mi deseo para siempre explorar nuevos platos.  Hoy en día, por causa de la globalización, es difícil descifrar lo que es original de lo que es auténtico.  Pero, quiero proponer la pregunta, ¿es necesario descifrar lo que es auténtico? La cultura y la comida siempre se están transformando, siempre están en flujo con nuevas influencias y también interpretaciones de lo tradicional. Por eso, un lugar como Los Ángeles sirve como la síntesis de este proceso y uno tiene que explorarla con la mente abierta y el conocimiento de que “authenticity is not a quality inherent to food: it is one that is socially and personally constructed” (Portnoy).  Con este sentimiento en mente, y la conciencia de mi propia mirada blanca, quiero explorar más el concepto del sabor.  En su capítulo, “But is it Authentic?” Lisa Heldke destaca el riesgo que algunas personas sienten cuando están probando un plato o sabor nuevo de otra cultura. Heldke discute el poder que obtienen los sabores para influenciar nuestras identidades, y cuando tenemos miedo sobre probar un sabor, es por causa de nuestras inseguridades sobre la identidad (Heldke).  Pero creo que los sabores no tienen que ser una amenaza, pueden ser una manera en que expandimos nuestra conciencia.

Para honrar esta expansión en mi propia experiencia por causa de tener personas como María en mi vida, voy a probar una pupuseria local, La Flor Blanca. La pupusa es el plato nacional de Honduras y El Salvador y por eso, uno puede considerarla como un plato bien auténtico. Mientras este restaurante es específicamente Salvadoreño, todavía es un restaurante angelino. En su sitio web asegura que es “lo mejor de comida salvadoreña en todo Los Ángeles.” Un toldo azul que da la bienvenida, asientos como una cafetería clásica que también tiene ese azul salvadoreño, y un mural del paisaje; el exterior y interior del restaurante pequeño situado en la plaza comercial cruzando la calle de mi casa es tan vibrante y tan azul como la bandera salvadoreña. Para compartir con mis compañeros de hogar, pide tres tipos de pupusas: con frijol, con queso y frijol, y con queso y calabaza.  Como estaba anticipando, las pupusas fueron gruesas pero no pesadas, con un centro ambos satisfactorio pero que no domina la experiencia. Pude notar el sabor de la masa de maíz en la capa exterior y la combinación del calor y grasa para hacerlo bien crujiente.  Estas pupusas estaban deliciosas, con mucho queso y rellenos jugosos que se escapaban los bordes de la masa en cada bocada. Era muy interesante comparar los sabores en los tres tipos; la de frijol era congruente, la de frijol y queso era la más satisfactoria, y la de calabaza y queso nos ofreció una combinación inesperada. Era evidente que las tres hermanas de mesoamérica existían en una pupusa. Mi parte favorita de mi experiencia en La Flor Blanca fue como los condimentos, la ensalada de repollo y las salsas, vinieron en bolsos en lugar de un contenedor.  Nunca he comido pupusas así y estoy segura de que regresaré a La Flor Blanca para comer más. 

El exterior vibrante de La Flor Blanca. Foto ℅ The Daily Trojan.  

Fuentes 

Heldke , Lisa. “But Is It Authentic? Culinary Travel and the Search for the ‘Genuine Article.’” The Taste Culture Reader: Experiencing Food and Drink, edited by Carolyn Korsmeyer, Bloomsbury Academic, an Imprint of Bloomsbury Publishing PIc, 2017, pp. 385–394. 

Portnoy, Sarah. Good Food and the Problematic Search for Authenticity. 6 Nov. 2017, http://www.kcet.org/shows/the-migrant-kitchen/good-food-and-the-problematic-search-for-authenticity. 

La Flor Blanca con La Mesa Azul

by Mia Yanez

Por mi primer blog, yo probé las pupusas a La Flor Blanca, un restaurante salvadoreño. El restaurante se ubica en Jefferson Boulevard, al lado de una lavandería, una tienda, una barbería, y un lugar para comida india. A las siete y medio, el letrero de neón brilló en la noche oscura y me invitó a cenar.

La pupusa es un plato tradicional de la cocina de El Salvador, un país centroamericano. La pupusa representa los ingredientes principales: la harina de maíz o arroz y carne. Otros platos tradicionales incluyen tamales, muchas sopas (de pata, de siete mares, de res, etc.), panes rellenos, y se bebe la ensalada afrutada con uno de los platos. 

Después miré el menú, yo decidí en dos pupusas revueltas, que incluía los frijoles, el queso, y los chicharrones, en la harina de maíz. Yo traté de pedir los plátanos fritos, un plato favorito mío, pero el mesero me informó que los plátanos no estuvieron maduros y me demostró un plátano verde para evidencia. Yo le pregunté porque no se puede cocinar con los plátanos verdes, y me explicó que solo plátanos maduros me darían el sabor dulce—plátanos verdes me traicionaría con un sabor almidón. Yo acepté esto hecho como la primera señal de que necesito regresar a La Flor Blanca en el futuro. 

Las cocineras prepararon las pupusas a mano, entonces mi amiga y yo observamos el restaurante durante este tiempo. Sonaba más lleno de lo que parecía a causa de los sonidos de las familias riendo y las telenovelas con actores y actrices dramáticas. Los sonidos contrastaban—las familias felices comían y disfrutan mientras los actores lloraban y gritaban sobre su amor. La presencia de las familias y los olores de frituras me tranquilizó, porque me recordó a las fiestas mexicanas en la casa de mi tía Delia cuando yo era niña.

Había fotos del mar y mujeres en vestido tradicional que cubrían las paredes; cuando se combina con las mesas azules, creaban un paraíso artificial. Se podrían pensar que la comida sería artificial también, pero esto no era el caso. La masa suave complementó los trozos crujientes de queso quemado. Como la masa abrazó el chicharrón marinado, los frijoles, y el queso derretido en una pupusa, los sabores me abrazaron. En este abrazo, los frijoles y la carne intercambiaban en un baile con el queso, como solo noté el sabor de la carne tierno y el queso fuerte. En la mesa, había dos envases con lados tradicionales: el curtido y la salsa tomata. El curtido tenía col, cebollas, y zanahorias. En una manera, el curtido limpiaba mi paladar porque el sabor agrio contrastó con la pupusa sabrosa. También, el curtido me hizo sentir bien después la pupusa frita porque comí mis verduras por el día. Finalmente, la salsa tomata era un puré no muy picante, con rojos y marrones solo se encuentra en rocas del río—las rocas reales, no en la pared.

Ahora, yo pregunté: ¿esto plato era auténtico? Los ingredientes parecen realistas, ingredientes que el restaurante usaría en El Salvador. Mi amiga salvadoreña mencionaba que casi todos restaurantes salvadoreños en los Estado Unidos se llaman “La Flor Blanca.” El restaurante solo aceptó el efectivo, una señal en Los Ángeles que esto es un establecimiento sin tonarías. Después más investigación, descubrí que una pupusa en El Salvador podría tener loroco (una planta con brotes y flores comestibles) en vez de frijoles—pero en los Estado Unidos, los frijoles probablemente están más disponibles tan que esta flor. Sin embargo, pienso que recibí una experiencia auténtica porque los cocineros me dieron su representación de la comida en El Salvador. Ellas creaban los platos buenos dentro de su control que conectaban su patrimonio a los Estados Unidos. Cuando se negaron a venderme verdes plátano, sabía ellas solo querían presentar lo mejor de lo mejor de su país. Por eso, yo recomiendo La Flor Blanca por su cena próxima.

#1 La Primera Aventura: La Flor Blanca

Mi primera excursión culinaria ocurrió durante un día perfecto. Hacía buen tiempo sin nubes oscuras; un clima muy típico de California. Por esta ocasión, decidí visitar una pupusería en un lugar muy cerca de USC. El restaurante se llama La Flor Blanca y está al lado de varias tiendas en Trojan Square. Antes de entrar el restaurante, tuve impresiones buenas sobre La Flor Blanca porque los deliciosos olores me dieron hambre. Los olores fueron una señal de bienvenida al estómago.

La Flor Blanca (1)La Flor Blanca (2)

Desde la entrada, vi paredes azules con imágenes diferentes como palmeras, un lago, y ruinas antiguas de El Salvador. El lugar era ruidoso con muchos sonidos: el tintineo del tenedor, las conversaciones entre los comensales, la televisión, y la música en el fondo.  La música en el ambiente fue interesante porque oí canciones en diferentes géneros. Fue una mezcla única de la música pop, baladas, y canciones de Juanes.

La Flor Blanca (5)

Como su lista de reproducción, el restaurante tuvo muchas opciones en el menú. Por eso, fue muy difícil para elegir sólo un plato. Después de mucho pensamiento, compré una pupusa de chicharrón con queso y un tamal de gallina. Los sabores de la pupusa y tamal fueron maravillosos. ¡La pupusa fue enorme! Su tamaño fue como la cabeza de un bebé. La superficie de la pupusa fue lisa y el primer bocado fue bueno. Comí la pupusa con los curtidos picantes. La pupusa y los curtidos fueron una buena combinación. Además, el tamal de gallina fue delicioso también. Dentro de la masa, el cocinero escondió  trozos de pollo y rebanadas de patata. Juntos los ingredientes cocidos produjeron un tamal esponjoso y suave. O en otras palabras, un tamal perfecto para probar.

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La pupusa con curtidos

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El tamal de gallina

Aunque La Flor Blanca es muy cerca de la universidad, nunca he visitado este restaurante en el pasado. Para mí, es una lástima que los estudiantes de USC no exploran los restaurantes en los alrededores (y soy culpable de esto también). Cuando visité La Flor Blanca, no había nadie de USC. En vez de estudiantes fue familias del vecindario. Después de esta experiencia, espero que más personas de USC probaren la cocina local. Sin embargo, quizás los estudiantes no quieren ir a lugares como La Flor Blanca debido al estigma que rodea la comida latinoamericana. Por ejemplo, con demasiada frecuencia, algunas personas en los Estados Unidos creen que la comida latinoamericana es mal para la salud. No obstante, la socióloga, Airín Martínez, ha dicho que las familias latinoamericanas saben el concepto de “comiendo bien”.  Y a pesar de todo, para una estudiante con un presupuesto limitado, sea más práctico y asequible para comer en restaurantes locales como La Flor Blanca. No necesita ir a un restaurante elegante y caro para comer bien.

Aquí es una lista corta para resumir mis observaciones sobre La Flor Blanca:

  • Ambiente: Casual y cómodo
  • El precio: Muy barato (pagué $5.19 por una pupusa y un tamal)
  • El servicio: Rápido y atento
  • Otras notas: El interior del restaurante es pequeño y hay 10 mesas. También no hay mucho espacio para aparcar el coche. Lo que es más importante, ¡traiga efectivo porque no puede pagar con tarjeta!