Inseguridad Alimentaria y Unos Desiertos Alimentarios (Olivia Ontjes)

Pienso que hay problemas con nuestro sistema alimento – especialmente con la perspectiva de una estudiante universitaria y como una residente de South LA.

Una broma común sobre estudiantes universitarios es “Lo siento, soy un estudiante universitario y estoy pelado”. Pero como una estudiante a USC – uno de las universidades más ricas – y yo mismo teniendo seguridad financiera – es fácil olvidar que muchas personas luchan con poner comida en la mesa. En USC especialmente, la riqueza es muy aparente entre estudiantes – con sus ropas, coches, y pasatiempos. Por eso me sorprendí cuando leí sobre el programa “Virtual Food Pantry” en USC y la necesidad del programa para estudiantes aquí. Tengo unos amigos que luchan con pagando para cenas en restaurantes – pero no conozco a nadie que lucha para pagar por una semana de comestibles. Estoy contenta saber que hay una programa en campus para estos estudiantes que necesitan ayuda. Pienso que este programa, “Virtual Food Pantry”, es un bueno ejemplo de una solución. Pero, si USC tiene un problema con su sistema alimento para unos estudiantes, entonces este problema probablemente existe en una escala nacional. En el video de USG – ellos dicen que la mitad de estudiantes universitarios luchan a poner comida en la mesa. Este es un hecho alarmante. No sé totalmente como resolver este problema – pero lo va a empezar con las universidades haciendo un esfuerzo mejor ayudar sus estudiantes con programas como “Virtual Food Pantry”.

Estoy muy agradecida para mi situación personal en relación a la seguridad comida. Cuando crecía en mi casa, mi madre siempre cocinaba una buena cena cada noche y no tenía hambre. Vivía en un área (en la Carolina del Norte) con muchas opciones para comida y lugares a comprar comestibles saludables. Pero, después de mudarme a South LA – aprendí que no es el caso para todos lugares o familias en los Estados Unidos. Antes del “USC Village” fue construido – no había muchas opciones para comestibles saludables cerca de mi casa. Durante mis primeros años en USC, necesitaba conducir 30 minutos lejos de mi casa para comprar comestibles a unos buenos precios – lo cual fue muy difícil durante una semana ocupada. La apertura de Trader Joe’s en el “USC Village” me ha ayudado mucho con ahorrando tiempo y dinero. También, antes que existiera Trader Joe’s, necesitaría comprar mucho en Ralph’s. Pero, no me gusta el Ralph’s cerca de mi casa. El Ralph’s en South L.A. no tiene frutas y verduras buenas y he tenido algunas experiencias negativas allí con personas sin hogar. Un ejemplo de una experiencia negativa en este Ralph’s fue cuando una mujer tomó mi recibo para robar productos. Además de no haber muchos supermercados, no hay muchas opciones para restaurantes saludables y baratos. Hay muchos restaurantes en mi área, pero las opciones son baratos y pocos saludables o caros y saludables. Por suerte, soy capaz de pagar para los restaurantes saludables y caros, pero no es el caso para la mayoría de personas en mi barrio. He aprendido que “Everyday Table” es una buena opción para comida saludable y barata – pero es la única opción. También, me gusta como USC tiene un mercado de alimentos en el campus cada miércoles con comida fresca – pero los precios son muy caros. En adición, no hay otros mercados de alimentos están cerca de South L.A.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Estoy muy agradecida que puedo pagar para comida saludable en mi área y puedo comer a restaurantes con comida saludable, aunque los precios son muy altos. Lo sabía que mi barrio era muy pobre y la mayoría de personas en South L.A. no pueden pagar para comida saludable – pero no sabía cuantos estudiantes estaban luchando con la inseguridad de comida. Si estuviera en su lugar, necesitaría apoyo del gobierno y de mi universidad. Usaría programas como “CalFresh” y “Virtual Food Pantry” para ayudarme. Pero como lo he dicho, estoy muy agradecida para mi seguridad de comida y espero que podamos resolver este problema.

 

Should “cooking rights” exist? Appropriation and translation of cultural dishes – Olivia Ontjes

The topic of cultural appropriation and translation through food is a complex issue with valid arguments for either side in my opinion.  The questions surrounding the “rights” to cook certain food extend beyond the kitchen and into political conversations. This class has not only exposed me to a new culinary world, of Hispanic and Mexican food in L.A., but also exposed me to the political power and nature that food serves – something I never fully appreciated before.

Growing up in North Carolina, I never questioned where diverse food – like Mexican food, Chinese food, Japanese food, or Mediterranean food – came from. I never considered how the food on my plate compares to the food being served and prepared in its country of origin. I never considered who does the cooking and how the modification of traditional recipes has a larger implication than just swapping out ingredients – but instead can represent cultural appropriation and social-injustice to those minority groups.

The topic itself is still one that I do not feel I have much authority to speak about – since I am not of a minority nor do I feel a strong connection to a certain culinary practice. Of course coming from the South I feel a connection to BBQ and other “southern comfort food”. But I cannot fully identify with a specific culinary practice or kitchen. Thus, it is hard for me to completely relate to or understand the arguments that certain chefs, due to their race, do not have the authority to cook other cultures’ food – like the critics against Chef Bayless for being a white male cooking Mexican food. Nor do I fully understand how the modification of traditional cultural dishes is a form of social-injustice or oppression of said cultures – as argued by students at Oberlin College. However, I still appreciate these arguments and the perspectives of these critics. As quoted in the article concerning the Oberlin College students’ formal complaint against their dining hall venders (for for inappropriately modifying traditional, and cultural dishes):

“This uninformed representation of cultural dishes has been noted by a multitude of students, many of who have expressed concern over the gross manipulation of traditional recipes.”

I understand how the dining hall’s actions can be viewed as a lack of respect for these cultures, and thus a form of social-injustice. Through the students’ activism, attention is being placed on the importance food serves as a “cultural vessel” – especially within the melting pot of the United States. Students at Oberlin College have voiced how food serves not only as a representation of one’s culture, but also a mechanism in which minority cultures can be unfairly manipulated and appropriated. However, I think these students must also acknowledge the potential restraints their school faces for funding for their dining halls and how the acquisition of ingredients for some dishes is difficult.

In the end, I understand the basis of the majority of arguments made surrounding the “rights” to who can cook certain cultural dishes and how these dishes should be cooked outside of their nation of origin. I do believe that food is a form of cultural identity and thus should be respected the same way people respect others’ religious practices – like the type of clothing worn. However I believe if the intention is pure and just, then anyone should be able to prepare and appreciate another culture’s food. Food is a way to communicate and celebrate something unfamiliar – through tastes, smells, and experiences. I believe if the chef has pure and respectful intentions for the culture he/she is representing in their cooking – then I don’t think it should matter who is in the kitchen making the food or how they share their dishes with others to enjoy.

 

El problema de la Inseguridad Alimentaria en Los Ángeles (por Alexandra Demetriou)

Comer es uno de los procesos más importantes para mantenerse vivo, por lo que lógicamente parecería algo que todas las personas deberían poder hacer. Sin embargo, los datos de un estudio de 2017 del Departamento de Salud Pública de Los Ángeles mostraron que el Condado de Los Ángeles tiene más ciudadanos considerados “inseguros de alimentos” que en cualquier otro lugar en los Estados Unidos. La inseguridad alimentaria afecta desproporcionadamente a los vecindarios de bajos ingresos y, para empeorar las cosas, como escribe Sarah Portnoy en su libro Food, Health and Culture in Latino Los Angeles, “a menudo los alimentos saludables en los vecindarios de bajos ingresos son más caros que en las tiendas ubicadas en los barrios más ricos.” Esta es una triste disparidad que afecta a la ciudad de Los Ángeles, y se trata de algo más que alimentos: la inseguridad alimentaria es a menudo un problema más grave para las comunidades minoritarias y, por lo tanto, puede considerarse un síntoma de racismo estructural. Lamentablemente, la inseguridad alimentaria, los bajos ingresos y el estado de minoría coinciden y refuerzan el racismo estructural, por lo que es difícil resolver un problema sin abordar las otras preocupaciones relacionadas.

Por ejemplo, considere a la familia González entrevistada en la película Food, Inc. Son una familia hispana de bajos ingresos, y es difícil para ellos comprar medicamentos para el Sr. González y comprar alimentos saludables. Su inseguridad alimentaria es el resultado de sus bajos ingresos, lo que probablemente esté relacionado con su estatus de minoría. En el artículo “Líderes de color debaten sobre el racismo estructural y el privilegio blanco en el sistema alimentario,” Erika Allen explica, “El aumento económico y la inversión en agricultura urbana y sostenible sin la facilitación del trabajo antirracista a nivel académico…es una desconexión real.” Para abordar adecuadamente los problemas de la justicia alimentaria, debemos seguir siendo conscientes de los problemas raciales y socioeconómicos que van mano a mano con la falta de acceso a los alimentos sanos.

Creo que el racismo estructural ciertamente existe en muchos sistemas de la sociedad como resultado de prácticas y prejuicios históricamente arraigados, aunque estamos progresando para desmantelarlo lentamente. En el campus de USC, personalmente no he observado el racismo en acción, pero he escuchado historias de amigos, lo que demuestra que aunque estamos progresando, queda mucho más para hacer. La nueva iniciativa de USC, Virtual Food Pantry, es un paso en la dirección correcta para aliviar las preocupaciones de los estudiantes sobre la seguridad alimentaria para que puedan enfocarse en la escuela sin la molesta preocupación de si podrán pagar su próxima comida o no. Aunque esta iniciativa todavía está en sus primeras etapas, es un testimonio del hecho de que la administración de USC se ha dado cuenta de que la inseguridad alimentaria es un problema en nuestro campus, y la universidad está activamente involucrado en implementando soluciones para este problema.

Imaginemos que soy residente de South L.A. y necesito comprar comida para mi familia y yo. Tengo opciones muy limitadas para comprar alimentos saludables cerca de mi casa. Hay un Ralph’s en Adams and Hoover, que está un poco fuera de mi presupuesto para ciertos artículos, pero al final del día, uno de los pocos lugares donde puedo comprar productos frescos. El nuevo University Village reemplazó el mercado que muchos miembros de nuestra comunidad solían visitar para comprar ingredientes baratos para preparar comidas hispanas clásicas; ahora es más difícil encontrar alimentos saludables a un precio barato. Sin embargo, hay muchas opciones de comida rápida: solo un tramo corto de Figueroa tiene un Fatburger, un Carl’s Jr., un McDonald’s y un Five Guys, junto con una variedad de otras comidas rápidas como Popeye’s o Panda Express. Hay algunos otros lugares para obtener alimentos frescos, como el Exposition Fish & Poultry Market, el Young’s Market y el Central Avenue Farmer’s Market, pero estos están un poco más lejos que las comidas rápidas disponibles. Afortunadamente, CSU tiene un puesto de productos agrícolas los jueves por la tarde en el campus de la USC, que ha sido útil para obtener frutas y verduras baratas y accesibles. Es muy difícil encontrar alimentos frescos a precios asequibles, por lo que siempre es tentador ir a un restaurante de comida rápida y obtener comidas que son más baratas y ya están cocinadas.

Tal vez mi forma favorita de obtener vegetales para mi familia es cultivarlos nosotros mismos, en nuestro jardín comunitario local. Este jardín se encuentra a poca distancia de mi casa, y podemos cultivar las hierbas y verduras que necesitamos para preparar la comida latina. Es mucho más barato que comprar productos caros del mercado, y la jardinería es una actividad divertida que mi familia puede hacer juntos. Es maravilloso que la comunidad tome medidas para ayudar a que todas las familias tengan acceso a los alimentos saludables que necesitan y merecen comer.

 

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

 

El racismo estructural de la comida y la lucha para comer sano y con un presupuesto (por Lypheng Kim)

main-qimg-a613101d3b69bdee4be29bae35ca397c-c

Me llamo Estella. Yo tengo cuarenta y cinco años. Tengo dos hijas y están en la escuela primaria. Mi esposo trabaja en la fabrica de acero y me quedo en casa para cuidar de los niños. Yo emigré a Estados Unidos desde Michoacán durante mis años de adolescencia. Nunca he aprendido a cocinar ni tuve nunca tienen una formación completa sobre la nutrición.

0107_NWS_LDN-L-VENDORS-MB
La comida chatarra
Screen Shot 2018-04-18 at 11.28.28 PM
Mi vecindario

Actualmente vivimos en el sur de Los Ángeles. Era todo lo que podíamos permitirnos. La zona no es tan seguro como me gustaría pero no teníamos opción. Estoy preocupado por mi familia. Como mi esposo es el único que trabaja, nuestros ingresos son bajos. A veces tengo que viajar unos pocos kilómetros en el autobús para conseguir comestibles en la supermercado. Intento mi mejor para aprender a cocinar de mi esposo pero él puede solamente hacer mucho. A veces, no siempre se puede conseguir comestibles frescos, así que recurrir a pedir pizza o dar a mis hijas para comprar el almuerzo en las tiendas de la esquina. Puedo decir que no hacen opciones saludables y sólo conseguir comida chatarra. Mi esposo sufre de la diabetes y una condición cardíaca. Mi hija mayor es una poca gordita y sus maestros han expresado su preocupación al respecto.

Mi ruta para llegar a Ralph
Mi ruta para llegar a Ralph

Empecé a asistir a un grupo de consejería para padres que quieren aprender más sobre nutrición. He aprendido mucho y he tratado de encontrar alternativas más saludables, pero a veces tengo que elegir el establecimiento de más dinero a un lado para los medicamentos de mi esposo. Los fines de semana he instado a mi esposo y mis hijas para ir a los parques, pero estamos limitados. Tenemos que viajar mucho para visitar un bonito parque para hacer ejercicio. El que está a nuestro alrededor está lleno de agujas de jeringa. También es sucio y huele mal. A veces hay adolescentes fumando y yo tampoco quiero a mis hijas alrededor de eso. Es una transición difícil, pero tengo que hacer lo necesario para mantener a mi familia saludable.

Mi ruta para llegar a Grand Park
Mi ruta para llegar a Grand Park

Desde que vi el documental en el octavo grado, empecé a pensar de manera más crítica de las políticas que afectan nuestro sistema agrícola. Siempre tenía una idea que había una correlación con racismo estructural y política de la comida, pero no visité de nuevo esta idea hasta que tomé una clase con Profesora Portnoy en la inseguridad de la comida.

La Universidad del Sur California produjo un video para concienciar sobre la inseguridad alimentaria que los estudiantes experimentan mientras en la universidad. Había una parte notable en el video donde un estudiante dijo, “How can you get A’s and internships when it is a struggle to survive?” Pienso que el problema de la inseguridad alimentaria existe más allá de los reinos de una universidad. Este problema afecta a muchas personas, específicamente a los que viven en la pobreza y en los vecindarios donde están etiquetados como desiertos alimentos. Yo crecí en Filadelfia, donde muchos vecindarios están desiertos alimentos. Por suerte, donde viví, fue llamado el Pueblo de Camboya y había muchas tiendas de comestibles. Sin embargo, todavía había tiendas de esquina y aparte de mi pequeña calle de tiendas camboyanas de comestibles, todavía tuvimos que viajar más de una milla para llegar a los supermercados si queríamos comida fresca.

82055766_wide-d6c94e6eb75948daa34f98e2dd6b8ba4d862fdb6-s900-c85

Al igual que Carmen Noyola, crecí con vales de comida. Era la única manera en que mis padres podían comprar comida fresca en ese momento porque éramos inmigrantes recientes. Pero no éramos los únicos. Casi todos tenían vales de comida. En una comunidad de inmigrantes y refugiados, esa era la única manera de sobrevivir. En el articulo sobre la despensa de comida virtual, Noyola dijo que:

“The food pantry really came in handy because [this fall] I got cut off from my food stamps two times…They don’t really tell you; they just do it. Then suddenly you realize, ‘Oh no, I can’t purchase food.’”

C82fJcjUAAAbddT

Similar a Noyola, el gobierno cortaría a veces nuestros vales de comida y eso puso mucha presión sobre la familia.

Cuando vine a USC, estaba en una beca y no sabía nada sobre California o la universidad. Yo estaba aquí solo sin cualquier dirección y miembros de familia. Durante mi primer año, estaba en un plan de comidas, que me permitía comer en los comedores. Sin embargo, después de que me mudé fuera del campus, el dinero distribuido de mi beca nunca fue suficiente para pagar mis gastos de comida. Como resultado, yo apenas había algún dinero restante para usar en comestibles.

En general, hay una conexión entre la inseguridad alimentaria y el racismo estructural. Conduje un estudio en mi año del estudiante de segundo año de la escuela secundaria, donde observé mis alrededores durante mi paseo del autobús de Filadelfia del Sur a Germantown. Germantown era una parte de Filadelfia donde muchas personas ricas vivieron. Se llamaba el “paseo en autobús 23”. Durante mi viaje, pude ver un gran cambio en la demografía, la calidad de las casas, la cantidad de pasto, anuncios, y los restaurantes y tiendas. Había muchos anuncios sobre restaurantes de comida rápida. También hubo anuncios de servicio público sobre sexo seguro, abuso de sustancias y violencia doméstica. Mientras que progresamos a través de a Germantown, el aspecto de nuestros alrededores cambió. Los edificios eran más agradables y más limpios. Había menos de la publicidad que antes vimos. Último pero no sólo, había más restaurantes de alta cocina y los datos demográficos cambiados de minorías, sobre todo afroamericanos, a la gente blanca. Esto es similar a la USC y Los Ángeles. Hay más restaurantes de comida rápida y menos supermercados. La congestión es un problema constante, ya que estamos próximos a las autopistas. Si fuéramos a viajar a Westwood y visitar UCLA, la apariencia de sus alrededores y los hogares son notablemente mejor y hay más espacios verdes.

 

 

 

 

Un Desierto Alimentario en Nuestro Propio Vecindario

Hola, me llamo Maria. Mi familia y yo hemos vivido en Los Ángeles desde que era una niña, cuando inmigró a los Estados Unidos de El Salvador. Mi marido trabaja horas largas en el distrito textil, y yo trabajo como costurera en mi vecindario. Él tiene cardiopatía a causa de su obesidad, pero no tenemos el dinero para recibir el mejor medicina porque es demasiado cara sin seguro. Nuestros tres niños todos tienen menos de diez años, y ya tienen problemas con sobrepeso también. Porque mi marido y yo estamos trabajando, es difícil a encontrar tiempo a escuchar a nuestro médico de familia y hacer ejercicio. A fuera de escuela, mis niños no tienen espacio seguro para jugar y correr en nuestro vecindario. También, no hay un supermercado barato muy cerca de mi casa,  y por eso es más fácil a simplemente comprar comida rápida que es cerca de mi casa y alimentar mi familia por menos de quince dólares. Esta solución no es sostenible, y tengo miedo de la salud de mis niños y calidad de vida cuando desarrollan cardiopatía o diabetes eventualmente.

shrineIMG_6121

Por eso, recientemente yo ha tratando a encontrar opciones alternativos saludable y a buen precio. Mis opciones a salvar la salud de mi familia, como un jardín comunitario y el restaurante “Everytable”, demandan un camino de veinte minutos ir y volver, y por eso no puedo trabajar tanto. Nuestro presupuesto ya es tenso, pero es necesario a redistribuir fondos a enfocar en salud como prioridad último. El restaurante Everytable es un buen opción para mejorar las vidas de mis amores, porque a pesar de que las comidas son casi cinco dólares, los beneficios saludables son más importante para mi ahora. Los sacrificios necesito hacer para la salud de mi familia son difícil, pero con suerte encontraré una manera en que puedo cocinar mis recetas de familia por un precio razonable con ingredientes saludable.everytable-e1523985523465.jpg

 

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Racismo estructural hoy existe en muchos sectores, y las diferencias en experiencias entre las razas afectan la sistema alimentaria y la salud de las poblaciones. Por ejemplo, las minorías como latinoamericanos y afroamericanos reciben menos sueldo en promedio, que afectan sus presupuestos domésticos, y por eso sus salud también. Central del sur de Los Ángeles es un desierto alimentario, que es un barrio sin acceso a comida saludable o económica para los residentes. Problemas del población de bajo ingresos afectan barrios de minorías desproporcionadamente, un afecto de racismo estructural en que no hay oportunidad igual a tener éxito en su situación y ser saludable en vida.

wagegap

Con el estrés de pruebas, tarea, y trabaja en campus, no puedo entender la dificultad de miedo de inseguridad alimentaria encima de todo. Racismo estructural de mi punto de vista ocurre más obviamente en mi propio campus, con la problema de inseguridad alimentaria. Casi la mitad de estudiantes en una investigación declarado inseguridad alimentaria en el mes pasado, y las poblaciones más afectados son estudiantes de color. La universidad está tratando a combatir estas problemas con intervenciones de programas nuevas, como una despensa virtual que da tarjetas de regalos a estudiantes que las necesitan. Estoy orgullosa de mi universidad y los movimientos en la dirección cambiar la problema de inseguridad alimentaria, pero programas como CAL fresh y despensa virtual solo da fondos mínimos, por ejemplo solo puede recibir tres $25 tarjetas de regalo a Ralph’s cada semestre. En mi opinión es importante para la universidad a redistribuir fondos a ampliar las programas en contra de inseguridad alimentaria, y enfoque más en por qué estas problemas ocurren más con estudiantes de color. Ahora, las opciones a comer en campus más baratas también son las menos saludables, y por eso la salud de estudiantes con inseguridad alimentaria es peor en todo. Una idea a mejorar vidas de estudiantes  es para implementar una programa similar a Everytable, en que estudiantes solo necesitan pagar proporcionalmente que puede pagar para comida en campus, y finalmente tendrán acceso a comida saludable y económico.

 

La vida en un desierto alimentario (por Katie Donovan)

El año pasado en SPAN 316, una de mis compañeros de clase describió su trabajo en USC como una empleado de un banco de alimentos. En su posición, ayudó a los estudiantes de bajos ingresos a obtener acceso a alimentos con una tarjeta de regalo de Ralph’s o dólares discrecionales para los restaurantes del campus, sin preguntas.  Yo nunca había oído hablar de este recurso antes, un hecho desafortunado ya que conocía a muchos amigos que eran de bajos ingresos y con dificultades para pagar por sus alimentos saludables.

Esta memoria mía me recuerda de la lucha silenciosa que muchos residentes de bajos ingresos de Los Ángeles se enfrentan.  South LA es un desierto alimentario, que significa que no hay alimentos saludables o económicos cerca de las casas de los residentes.  Especialmente en el área de USC, el racismo estructural es visible en los precios de frutas y verduras y el acceso a los supermercados.  Los centros de las ciudades son a menudo los hogares de gran poblaciones de minorías mientras las familias blancas viven en suburbios más ricos.  Los supermercados como Trader Joe’s y Whole Foods tienen más ubicaciones en los suburbios donde hay más dinero para gastar.  Antes de la apertura del Village, Ralph’s era el único supermercado en el área y, en consecuencia, se infló sus precios debida a la falta de competencia.    Además de viajar una distancia más a Ralph’s, las familias pobres en University Park tuvo que pagar más por los alimentos que se vendían a un precio más bajo en los barrios de familias afluentes.  Este ejemplo de racismo estructural no es el único.  Es fácil ver este racismo en las universidades, especialmente USC.  Aunque muchos estudiantes provienen de familias ricas que se pueden pagar la matrícula empinada, muchos estudiantes son de bajos ingresos y dependen de becas para obtener sus diplomas.  Hay un par de recursos como la despensa de la comida virtual mencionada en el artículo de USC Dornsife.  Sin embargo, estos recursos no son bien conocidos que muestra la falta de apoya a estos estudiantes.  Una solución fácil a este problema sería dar a conocer el banco de alimentos màs alrededor del campus para mostrar a los estudiantes que existen oportunidades para ellos.

Hay otras soluciones por la comunidad alrededor de USC.  Programas como Garden School Foundation son buenos recursos para las familias pobres en LA porque aumentan el acceso a verduras y frutas en sus vidas.  También, la apertura de Trader Joe’s ha dado a las familias de bajos ingresos otro lugar para encontrar comestibles asequibles.  Aunque la mayoría de los clientes son estudiantes de USC, he visto a los residentes locales en la tienda también.  Una solución más sería la fundación de más tiendas como Everytable, que valora sus comidas prefabricadas en base a la situación de ingresos de la vecindad. En esta manera, familias de University Park tienen acceso a comida sana y económica.

Si fuera una residente permanente de South LA, mis opciones de comida asequible y saludable serían limitadas.  Vivo muy cerca a Ralph’s – un camino de siete minutos – pero sus precios no son baratos muchas veces.  Creo que los precios en Trader Joe’s pueden ser un poco más barato y de mayor calidad, pero yo tendría que caminar doble la distancia a Ralph’s.  Los restaurantes en el Village son muy caros y por eso, Everytable sería mi mejor opción para la comida sana y asequible.  Everytable está 0.4 millas de mi casa.  Es muy fácil comer la comida rápida en la calle Figueroa que ofrece demasiados cadenas de comida chatarra.  Como un residente pobre del área, es mucho más económico gastar mi dinero en estos restaurantes con precios extremadamente bajos. El jardín comunitario más cerca de mi casa requeriría un paseo de 30 minutes, que es muy lejos especialmente en South LA.  Aunque hay opciones baratas cerca de mi casa, no son muchas y por eso, es más fácil comprar comida barata de una cadena.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Salud o precio-El desierto alimentario (Por Leah Rubin)

Racismo es una fuerza que ha existido por la sociedad de los estados unidos en cada generación. Ahora, las raíces del racismo son tan profundas que controlan todas las partes de la sociedad. Especialmente en la ciudad de Los Ángeles donde las diferencias en niveles sociales y económicos son obvias y separadas por etnia. Los grupos de minorías como los africanos americanos y los latinos están atrapados en ciclos porque el gobierno creó las reglas y sistemas que prohíben estos grupos de tener éxito.

En Los Ángeles, hay muchas reglas pasadas como “redlining” que evitaron las posibilidades de un barrio hermoso y rico. Redlining paró los negocios fuertes, empleos con bien pagados, y las renovaciones de las comunidades de las minorías. Cuando se vive en la pobreza sin la esperanza a mejorar sus vidas y sus posiciones en la sociedad se crea un ciclo horrible. Esta injusticia es directa por el racismo y causó muchos problemas para la gente incluye los desiertos alimentarios. Un desierto alimentario describe una área donde es difícil para encontrar comida saludable y económica. La mayoría de Los Ángeles es un desierto alimentario a causa del racismo estructural y las reglas como redlining. También, la historia de la “white flight” creó más comunidades segregados. Cuando los anglos salieron las áreas de la ciudad, tomaron sus recursos, respeto y dinero con ellos.

los angeles redlining

Después de los barrios de Los Ángeles tuvieron una mayoría de las minorías, las carreteras fueron construidas por la ciudad. Estas carreteras crearon una necesidad para más restaurantes de “fast food” y tiendas del licor para llamar la atención de los conductores. Por eso, las opciones para la comida saludable y económica desaparecen para los Angelinos latinos y africano americanos. Hoy, todavía es la realidad. Las opciones para comida buena usualmente son lejos o muy caro.

Signs of fast food restaurants are seen along a busy street in Los Angeles

Para USC, es el mismo. No había mercados con frutas y verduras frescas o orgánicas disponibles cerca excepto Ralph’s y Smart n Final. Los dos de las mercados no tienen buenas selecciones y los precios son horribles. Afortunadamente para el resto de los estudiantes no gradúan este año, tienen Trader Joe’s. Esta mercado puede ayudar a romper el ciclo del desierto alimentario en la ciudad, necesitamos más como esta. Pero, aunque Trader Joe’s es económica usualmente, creo que necesitamos un tienda de un dólar como el 99 Cents Store o Dollar Tree donde hay frutas y verduras frescas y otras necesidades para un dólar. Todos de los estudiantes tienen mucho dinero o apoyo, por eso, necesitamos sacar el máximo de nuestro dinero.

 

 

Pero, la mayoría de mi experiencia a USC, luché para comer bien. Trabajé de medio tiempo y no tuve dinero extra. Mis padres solamente me dieron 50 dólares cada dos semanas para comestibles. No es mucho con los precios altos en los mercados como Ralph’s. Fui una estudiante con poquito tiempo para cocinar y comprar comestibles. Solamente tuve treinta minutos entre clases y trabajo, y cuando regresé a casa al fin del día, no tuve tiempo o la energía para preparar comida llenada y saludable.

Gané veinte libras en mi año tercer porque cuando estaba en campus con tiempo limitado, tenía que elegir entre una ensalada que se cuesta $10 o un Cup-o-noodles para $1, o una hamburguesa para $2 o un trozo de pez para $13. Fue muy difícil, USC no da muchas opciones o variedades para los estudiantes que no son ricos. Es similar para los individuos de la comunidad porque hay restaurantes de comida rápida en cada calle y están obligados a decidir entre salud o hambre.