La justicia alimentaria y mis experiencias de la clase

Samantha Zhang

El racismo y el sistema alimentario 

El racismo juega un papel importante en las desigualdades del sistema alimentario en los Estados Unidos. Según el artículo “Desmantelando el racismo del sistema alimentario,” hay cifras desproporcionadamente altas entre las personas de color que sufren hambre, inseguridad alimentaria, y enfermedades relacionadas con la dieta. Estas estadísticas son una prueba de la relación entre la raza, el estatus socioeconómico y el acceso a los alimentos en Estados Unidos. Por ejemplo, barrios afroamericanos y latinos generalmente tienen menos supermercados que los barrios donde viven mayormente personas blancas. Como menciona Ron Finley en su Ted Talk, las personas que no tienen acceso a los supermercados tienen que comprar comida de las gasolineras o tiendas de barrio, que muchas veces solo venden comida empacada y no tienen frutas y verduras. Para mejorar el acceso a la comida saludable y asequible para todos, hay que reconocer la presencia del racismo estructural, que tiene una larga historia en nuestro sistema alimentario. Este racismo empieza con el sistema de esclavitud que era crucial en el desarollo del sistema agrícola que existe en los Estados Unidos hoy en día. 

Además, la pandemia empeoró el problema de inseguridad alimentaria en los Estados Unidos – según el video de 60 Minutes, el país no ha tenido tantas personas que experimentan la inseguridad alimentaria hasta la Gran Depresión durante los años 1930. Como resultado de la pandemia, muchas personas perdieron sus empleos, especialmente las personas que trabajaban en los restaurantes o en otros empleos de servicios. La inseguridad alimentaria afectó a 34% de los hogares del condado de Los Ángeles durante la pandemia, y los latinos eran el grupo más afectado (Video de Noticias Telemundo). 

Varias organizaciones, como el el banco de comida Faro de la Luz del video, reconocen la gravedad de la situación y tratan de ayudar con comida gratis para miembros de la comunidad.  Pero el proceso de mejorar el acceso a la comida saludable para todos no es tan sencillo – también hay que reconocer la importancia de la propiedad en el sistema alimentaria. Como escribe Karen Washington, “In order to change the structure of a charity-based, subsidized food system, people have to understand the language of financial literacy, economic development, and entrepreneurship so that the money that we make in our community stays in our community.” Washington dice que la agricultura urbana es una manera en que podemos usar la idea de la propiedad para empezar a cambiar los sistemas alimentarios, que hoy en día están primariamente controlados por los hombres blancos. Los jardines comunitarios, como el jardín de 24th St Elementary en Los Ángeles, son una manera en que podemos embellecer a los barrios y dar una oportunidad para hacer ejercicio y aprender sobre la nutrición a los miembros de la comunidad. 

Por otro lado, también hay que reconocer que los jardines comunitarios no están disponibles para todos. En las ciudades grandes, espacios así son difíciles de encontrar. Además, tener un jardín comunitario requiere la cooperación del gobierno local, varias herramientas y provisiones, y muchas horas de trabajo de los miembros de la comunidad que tal vez tienen trabajo u otras obligaciones. El trabajo de organizaciones como Garden School Foundation es admirable y representa un paso correcto en el proceso largo y duro de mejorar las injusticias de nuestro sistema alimentario. 

Reflexión del semestre

This class has been a wonderful way to finish off my last semester in college, as well as my last few months living in Los Angeles (at least for the short term future!). I have gained such an appreciation for what makes this city unique, culturally, historically, and demographically – I remember visiting el Corredor Salvadoreño to eat pupusas with Claire and Max for our final project. Where else in the US can you find dozens of pupuserías in the middle of Koreatown? I can honestly say that the access to the food from so many different cultures is something I will miss most about living in LA. 

It’s easy to spend every moment of our lives absorbed in college life – I am definitely guilty of spending many weekends never stepping foot off campus. Through the readings, class outings, and blog assignments for this class, I feel that we have received a much-needed introduction to the area that surrounds USC. As students who attend university in a food desert, in a gentrified space, it’s our responsibility to learn about the history of the area that we’ve called home for the past few years. I’m grateful for everything that I have learned and for the opportunity to drag friends to local restaurants in the name of “homework” – I will certainly remember the experiences I’ve had in this class for many years to come.

Bibliografía

Victorias y obstáculos en la venta callejera de Los Ángeles

La primera vez que probé mango y sandía con Tajín y Chamoy de un frutero después de llegar a Los Ángeles para asistir a la universidad fue una experiencia inolvidable. La explosión de sabores dulces, agrios y picantes me sorprendió y encantó. Ahora, después de varios años viviendo aquí, todavía tengo que parar cada vez que paso por un frutero.

Por suerte, no hay que viajar lejos de mi casa para encontrarlos – al frente del museo California Science Center en Expo Park, hay varios vendedores ambulantes, incluyendo los fruteros con sus reconocibles paraguas multicolores. El miércoles por la tarde, los visité para comprar una taza de mango y sandía y tener una breve conversación con la vendedora. Además de la fruta, vende nieves, elotes, y chicharrones. Me dijo que ha sido vendedora ambulante por 5 años, y que siempre ha vendido en Expo Park para atraer a los clientes del museo. También dijo que no pudo vender durante la pandemia – no tuvo manera de ganar dinero y vivió con su hijo. Sin embargo, dijo que ahora ha vuelto a tener el mismo volumen de clientes que antes de la pandemia. Como prueba de ello, tuvimos que hacer varias pausas durante nuestra conversación para que pudiera atender a nuevos clientes. 

Los vendedores ambulantes son una parte indispensable de la cultura de Los Ángeles, y tienen una historia de varios siglos que empieza en Mesoamérica durante la época precolombina. Sin embargo, hasta el año 2018, Los Ángeles era la única ciudad principal de los Estados Unidos que no había despenalizado la venta ambulante (Portnoy). Los vendedores ambulantes típicamente son inmigrantes (y para algunos, sin documentos) y miembros de la economía informal – es decir, son una población vulnerable sin la protección de las leyes laborales, y a veces la venta callejera es la única fuente de ingresos para su familia. En sus vidas diarias, además que los estereotipos racistas que los asociaban con el alcoholismo y las prácticas insalubres, tenían que enfrentar la posibilidad de multas, confiscación de sus mercancías, y acoso policial (Portnoy). 

Hoy en día, como resultado de los esfuerzos de los vendedores y organizaciones comunitarias, la venta ambulante ha sido despenalizada en Los Ángeles. Como nos dijo Mercéd Sanchez, una vendedora ambulante y activista, ha sido una experiencia larga y difícil, y la despenalización solo es el primer paso. Todavía existen varios obstáculos legales, sociales, y económicos. Por ejemplo, durante la pandemia, los vendedores ambulantes perdieron la mayoría de su clientela, y no tenían acceso a los mismos préstamos federales que los restaurantes (Bautista). Los permisos municipales necesarios para los vendedores ambulantes pueden costar cientos de dólares, y hay normas rigurosas para los puestos y la preparación de la comida – ahora, solo 1% de los vendedores callejeros en Los Ángeles están permitidos, y la mayoría venden la comida envasada (Villafana y Ross). 

Estos obstáculos la hacen más difícil la venta callejera, cuando es una carrera que contribuye a la economía local de la ciudad y también promueve la salud de la comunidad. La comida de Merced Sanchez es completamente orgánica y está llena de ingredientes saludables, como nopales, tomates, y calabacitas. Según el artículo de Portnoy, 25% de los puestos callejeros venden frutas y verduras, y varias veces son la única forma de acceso a la comida saludable en los desiertos alimentarios. 

Como residente de esta ciudad, siempre me emociona ver a los vendedores ambulantes. Además de los beneficios económicos de la venta callejera, forman una parte importante de la cultura única de Los Ángeles. Para continuar a disfrutar de la comida deliciosa de la venta callejera, es necesario tener un entendimiento más profundo de los obstáculos y las victorias de su larga historia en nuestra ciudad.

  • Portnoy, Sarah “L.A.’s Street Vendors Aren’t Giving Up the Fight for Food Cart Legalization.” LA Weekly, 25 Jan. 2017.
  • Bautista, Nidia. “Los Angeles Street Vendors Already Had It Tough. Then the Pandemic Hit,” Food and Wine. 24 July 2020. 
  • Villafana, Janette and Jack Ross. “Fines and Confiscation: Explaining LA’s Arbitrary Street Food Cart Law the County Uses to Criminalize Street Vendors.” L.A. Taco. 15 March 2021. 

La comida y el poder

Samantha Zhang

La comida no sólo tiene que ver con la alimentación y el sabor, sino también con la cultura y la identidad. Quizá por eso, el debate sobre la apropiación cultural culinaria siempre ha evocado sentimientos muy fuertes – ¿quién puede cocinar la comida de otra cultura? ¿Está bien si Rick Bayless, un chef famoso por cocinar comida mexicana, no es mexicano? 

En mi opinión, el debate es menos sobre la comida que sobre el poder. Rick Bayless, un chef con 7 restaurantes mexicanos en los Estados Unidos, dice que tiene la responsabilidad de “traducir” la comida mexicana para el público estadounidense. A través de su proceso de traducción, hace pequeños cambios en la comida para hacerla más familiar y accesible a sus clientes. 

No hay problema con la idea de que Rick Bayless quiere hacer comida mexicana con una toca que refleja su propia identidad estadounidense. Sin embargo, hay que entender la realidad sobre sus privilegios en la industria de restaurantes. No se puede separar el éxito de sus restaurantes de su identidad como un hombre blanco.

En una entrevista con Bayless en el podcast “The Sporkful,” Dan Pashman le pregunta si cree que ser blanco le ha dado alguna vez una ventaja en su carrera. Sorprendido por la pregunta, Bayless responde que nunca la había pensado antes. La idea que Bayless ha pasado varias décadas cocinando la comida mexicana y hablando con gente mexicana, pero nunca ha pensado sobre el impacto de su raza en su carrera como chef mexicano exitoso, refleja la importancia del concepto de poder en la apropiación cultural culinaria. 

Es claro que Bayless ha tenido ciertos privilegios como que chefs que son latinos o inmigrantes no han tenido. En el episodio de “The Sporkful,” Bayless dice que al principio, la gente no quería probar platos desconocidos como el mole, pero hizo pequeños cambios al menú– por ejemplo, cambiar el nombre de un plato de “mole” a “mole rojo oaxaqueño de la costa” para que la gente se interesara más en la historia del plato, o añadir ingredientes familiares como ajo asado y cebollas caramelizadas a la descripción del plato. El entendimiento de estos matices léxicos y culturales está relacionado con el estatus de Bayless como estadounidense. Además, inmigrantes que quieren abrir su propio restaurante frecuentemente no tienen acceso a los mismos recursos que Bayless, como un historial de crédito para obtener un préstamo. Es decir, aunque Bayless ha viajado por todos las regiones de México y tiene un conocimiento profunda de la cocina mexicana, el hecho de que no haya reflexionado sobre sus propios privilegios demuestra que falta un entendimiento cultural de los obstáculos de las comunidades inmigrantes mexicanos en los Estados Unidos. 

Esta falta de entendimiento cultural tiene que ver con la dinámica de poder entre las diferentes comunidades y juega un gran papel en la idea de la apropiación cultural culinaria. En el ejemplo de Kook’s Burritos, dos mujeres estadounidenses trataban de aprender sobre la técnica tradicional de hacer tortillas de mujeres mexicanas. Cuando no les decían mucho sobre la manera de hacerlos, las mujeres las espiaban por las ventanas de la cocina para aprender recetas, y entonces las utilizaban para abrir su propio negocio. El problema no es necesariamente la idea de abrir un restaurante que vende burritos como dos mujeres blancas, pero la falta de respeto cultural relacionado con el acto de espiar a estas mujeres mexicanas y conseguir sus recetas sin su permisión, y entonces sacar provecho de sus técnicas tradicionales.

Cuando pienso en la apropiación cultural culinaria, recuerdo una controversia de hace dos años con el restaurante Lucky Lee’s en la ciudad de Nueva York, donde vive mi familia. La dueña del restaurante, una mujer blanca, usaba Instagram para anunciar la comida de su restaurante como una versión de comida china más “limpia” y “saludable”, porque la comida china tradicional puede hacerles a las personas sentirse “hinchadas y asquerosas.” Para mí, este restaurante representa un ejemplo perfecto de la apropiación cultural culinaria – los dueños se están aprovechando de su poder sobre las comunidades inmigrantes para sacar provecho de su cocina, mientras refuerzan estereotipos negativos y falsos de la comida y cultura china al público. 

La globalización es un fenómeno inevitable y por lo general, no hay problema con la creación de nuevas formas de cocina que involucran una mezcla de culturas. Pero, las personas que tienen poder en la sociedad también tienen una responsabilidad en la cocina de diferentes partes del mundo, especialmente la cocina de comunidades históricamente oprimidas. La falta de esta responsabilidad delinea la diferencia entre la apreciación y la apropiación cultural. 

Japhe, Brad. “Algunos chefs hablan sobre la apropiación cultural en medio del caso Kooks Burritos.” Munchies: Food by Vice. Traducido por Elvira Rosales. 29 May 2017. https://www.vice.com/es/article/59mxvn/portland-chefs-discuss-cultural-appropriation-amid-burrito-stand-closure 

Otterman, Sharon. “A White Restaurateur Advertised ‘Clean’ Chinese Food. Chinese-Americans Had Something to Say About it.” The New York Times. 12 April 2019. https://www.nytimes.com/2019/04/12/nyregion/lucky-lees-nyc-chinese-food.html 

Pashman, Dan. Other People’s Food Pt. 1: White Chef, Mexican Food. The Sporkful. Stitcher Productions. 21 March 2016. http://www.sporkful.com/other-peoples-food-part-1-rick-bayless-white-chef-mexican-food/ 

Música, mole, y mezcal: Guelaguetza y la autenticidad

Samantha Zhang

El miércoles a las 9 de la noche, Guelaguetza sigue llena de gente. Una banda toca música animada mientras grupos de todas las razas y edades comen en este restaurante oaxaqueño situado en el Barrio Coreano de Los Ángeles. 

Después de 4 años como estudiante de USC, me avergüenza admitir que era la primera vez que visitaba Guelaguetza. Pedimos algunos de sus platos más famosos: el mole amarillo, la tlayuda Guelaguetza, el taco de barbacoa, la horchata, y la michelada de mango. 

No es sorprendente que el mole era mi plato favorito. Según el menú, el mole amarillo contiene chiles, clavos, y comino; sin embargo, cuando lo probé, lo que más me llamó la atención no fueron los sabores individuales, sino la sensación que evocaban al cocinarse juntos. A pesar de que las especias del mole no podían ser más diferentes de los sabores con los que crecí, de alguna manera tenía un sabor reconfortante. El taco de barbacoa también era deliciosa – según la dueña del restaurante, la forma correcta de comer el taco es mojándolo en el consomé, un caldo de cabra, que se sirve aparte. La combinación de la carne tierna, el caldo picante, y las cebollas crujientes forman un sabor muy complejo y completamente único. 

A lo largo de la noche, la música en directo creó un ambiente animado y desenfadado. Varias veces durante la cena, hicimos una pausa para cantar el “Cumpleaños Feliz” junto con la banda. Me sorprendió la cantidad de gente que se había reunido en el restaurante en una noche entre semana para celebrar un cumpleaños o simplemente para disfrutar de una cena con amigos. 

La semana pasada escuché un podcast en el que David Chang entrevistaba a Bricia López, la copropietaria de Guelaguetza. En el episodio, David Chang le pregunta sobre sus pensamientos sobre la reciente popularidad del mezcal y la cocina oaxaqueña en los Estados Unidos. Chang le pregunta a López cómo se siente que ahora hay gente que no puede identificar Oaxaca en un mapa, pero que considera aficionada al mezcal. Utiliza el término “double-edged sword” – aunque están promoviendo la cocina oaxaqueña, también les falta una conexión personal con la cultura. 

López dice que aunque mezcal es un parte de la cultura oaxaqueña, solo representa una parte pequeña. Afirma que los aficionados al mezcal deberían viajar a Oaxaca sin opinión, consumir de los vendedores locales y disfrutar de las otras partes de la cultura oaxaqueña antes de considerarse expertos. Este tiene que ver con la diferencia que menciona Lisa Heldke entre nuestra idea de la autenticidad como extranjeros y la idea de las personas de dentro: “We mistake our interest in this [new food] for the discovery and appreciation of a truly authentic cuisine. What we identify as authentic in that culture is often simply what is new to us — which may or may not represent what insiders to that culture would identify as significant, traditional, or genuine elements of it.” (p. 388) Aunque el mezcal ahora está de moda en los Estados Unidos, para los oaxaqueños puede o no representar un reflejo exacto o completo de su cultura.

La discusión de la autenticidad es compleja – cada persona tiene su propia idea sobre la comida de su propia cultura y la manera en que las otras personas pueden disfrutarlo y cocinarlo. Para mí, la frase de David Chang en el episodio de Ugly Delicious me llamó la atención: “If people can’t own the story, it loses its power.” La comida representa una experiencia profundamente personal. Compartir la comida con otra persona es compartir una parte de uno mismo. Entonces, aunque es difícil hacer una distinción entre la manera “correcta” e “incorrecta” de cocinar y comer (¿Es Taco Bell comida mexicana? ¿Está bien para los hombres blancos de Hattie B’s vender Nashville Hot Chicken?), la conexión personal con la comida puede ser un elemento tan importante como el sabor, el olor, o la textura. Sin esta conexión, este ingrediente importante, es imposible que la comida sea de la misma calidad.

  • Chang, David, host. “Bringing Oaxaca to L.A. | Best of the Best.” The Dave Chang Show. The Ringer. 13 Jan 2022.
  • “Fried Chicken.” Ugly Delicious, directed by Morgan Neville, Netflix, 2018. 
  • Heldke, Lisa. “But Is It Authentic: Culinary Travel and the Search for the ‘Genuine Article.’” The Taste Culture Reader, Berg, 2005, pp. 385–394.
  • Portnoy, Sarah. “Good Food and the Problematic Search for Authenticity.” KCET, 11 Jan. 2022, https://www.kcet.org/shows/the-migrant-kitchen/good-food-and-the-problematic-search-for-authenticity. 

Mi identidad culinaria & una visita a Chichén Itzá

Samantha Zhang

Parte I: Mi identidad culinaria

La comida siempre ha sido un componente fundamental en mi conocimiento de mi propia identidad. Mis padres emigraron a este país hace 30 años – mi padre vino de Henan, una provincia del centro de China, y mi madre vino de Guangzhou en el sur. Cuando hacíamos viajes de verano para visitar a la familia de mi padre, veía a mi abuela preparar hui mian, un tipo de fideos anchos con caldo, y compraba baozi gordos en puestos callejeros. Cuando visitábamos la familia de mi madre, me sentaba durante horas a comer dim sum; las albóndigas de gambas fritas eran mis favoritas. Estos sabores forman una parte grande de las memorias de mi niñez.

La comida china también la comíamos en casa. Fui criado en un pueblo más o menos homogéneo en Virginia. Aunque éramos una de las pocas familias chinas, mis padres utilizaban la comida para enseñarme la idea de la identidad cultural. Como escribe Jeffrey Pilcher: “la cocina y otros aspectos aparentemente mundanos de la vida cotidiana representan parte importante de las culturas que vinculan a la gente…” (p. 14). Los domingos, mi madre y yo siempre íbamos al supermercado koreano en un pueblo vecino, porque era el lugar más cercano para comprar alimentos asiáticos. Como muchos inmigrantes estadounidenses, mi madre tenía que improvisar cuando no podía encontrar los ingredientes chinos – usaba espagueti italiana para hacer fideos salteados, o mantequilla de maní en vez de pasta de sésamo.

Mi madre no sabía cocinar cuando emigró a los Estados Unidos, pero a través de los años, ha desarrollado su propia forma de cocina que incorpora la comida tradicional de su propia familia, la familia de mi padre, y las influencias estadounidenses. Su manera de hacer el arroz frito es un ejemplo del “intercambio culinario global” (p. 14) que describe Pilcher. Utiliza ingredientes tradicionales, como la salchicha, la cebolleta, y la salsa de soya, pero también usa ingredientes que no conoció hasta que llegó a los Estados Unidos, como piña. A diferencia de los tamales que describe Pilcher, el arroz frito no es para celebraciones o festivales; es una comida humilde que se come cuando no tienes bastante tiempo para hacer algo más elaborado. Sin embargo, es una de mis comidas favoritas y siempre me acuerda a casa. 

Parte II: Una visita a Chichén Itzá

Tomando en cuenta el consejo de Gustavo Arellano de ir a los lugares donde no conoces palabras en el menú, escogí Chichén Itzá en el Mercado la Paloma para taquear. Como escribe Sarah Portnoy, “Chef Cetina is not afraid to sprinkle his menu with Maya words such as tikin-xic (fish fillets marinated in achiote and lime juice), and cochinita pibil (a traditional, slow-roasted pork dish of Maya origin)” (p. 73). Fui al restaurante con dos amigas para cenar el domingo – era mi primer vez regresar al Mercado la Paloma después de la pandemia, y me sorprendió que con la excepción de Chichén Itzá, Holbox, del mismo chef, y Thai Corner, que se especializa en cocina tailandesa, todos los puestos estaban cerrados. El medioambiente tranquilo del mercado sirve de recordatorio de la importancia de apoyar a los restaurantes locales durante COVID-19. 

Juntas, ordenamos una abundancia de comida: huevos motuleños, panuchos, queso napolitano, plátano con crema, y tacos de poc chuc, cochinita pibil, y pescado (¡teníamos mucha hambre!). Chichén Itzá se especializa en la comida yucateca – ordené los panuchos y los tacos de cochinita pibil para probar las especialidades regionales. Los tacos de cochinita pibil eran muy simples – sólo constaban de la tortilla, la carne y un poco de cebolla encurtida. Para hacer la cochinita pibil, cocinan la carne de cerdo durante más de 10 horas, lo que da como resultado una textura extremadamente tierna y un suave sabor a naranja. Las diferentes texturas de la carne y la tortilla crujiente eran perfectas, y mientras comía, la grasa de la carne goteaba en mis manos, lo que completó la experiencia. Una gota de salsa de habanero (no añadas demasiado, ¡es muy picante!) que se hace en el restaurante completa el bocado perfecto.

Bibliografía: 

Pilcher, Jeffrey M. “Introducción.” ¡Vivan Los Tamales!: La Comida y La construcción de la Identidad Mexicana, Consejo Nacional Para La Cultura y Las Artes, México, 2001, pp. 13–20. 

Portnoy, Sarah J. “From Border Grill to Broken Spanish: The Evolution of Latino Cuisine in Los Angeles.” Food, Health, and Culture in Latino Los Angeles, Rowman & Littlefield, Lanham, MD, 2017, pp. 55–117.

Sobre mí

¡Hola! Me llamo Sam (she/her) y soy estudiante de relaciones internacionales y matemáticas. Soy originalmente de Williamsburg, un pueblo pequeño en Virginia, pero también he vivido en Beijing y la ciudad de Nueva York. Durante mi tiempo libre, me gusta cocinar con amigos, leer, y ir de excursión. Me encanta probar comidas diferentes – soy hija de inmigrantes chinos y tengo una apreciación para el fuerte lazo entre la comida y la identidad cultural. Es mi último semestre aquí en USC, y estoy muy emocionante para aprender más sobre la ciudad de Los Ángeles y las culturas diferentes aquí a través de esta clase.

Una visita al Grand Central Market cuando mi hermana vino de visita el verano pasado