Cultura que transciende fronteras: Reflexiones de Olvera Street y Boyle Heights (por Tasfia)

Los Ángeles tiene una historia rica y culturalmente diversa. Exploramos una parte de esta historia en clase, a través de nuestra excursión a la calle Olvera.  Olvera Street es considerada el mercado mexicano más popular de la ciudad.

Este mercado mexicano recrea un romántico “Viejo Los Angeles” con su calle larga y estrecha, sombreada con arboles. Mientras caminábamos por el camino de Olvera, vimos muchos vendedores, tiendas, cafeterías, y restaurantes. Las tiendas y los puestos vendían arte tradicional mexicano, cerámicas coloridas, instrumentos musicales, disfraces, artículos de cuero, sombreros y baratijas. Era una calle llena de color.

También hay múltiples opciones para comer. Cuando visité la calle Olvera por primera vez, comí en la Casa la Golondrina Café. En este restaurante, mi pedido de mole de pollo se combinó con entretenimiento de Mariachi. Con mi clase, fui a un pequeño lugar se llama El Cielito Lindo hace unas semanas. Ellos especializan en taquitos fritos de carne desmenuzada con salsa de aguacate – son consideradas una “must-try”. El menú de El Cielito Lindo también incluye burritos y chile rellenos. Aunque la comida era deliciosa, no era la mejor comida mexicana que yo había probado. Los taquitos fritos estaban crujientes, pero aún tenían un poco de suavidad por dentro. La carne estaba un poco seca, pero la salsa de aguacate era cremosa y agregaba humedad a cada bocado. Sin la salsa, los taquitos se habría sentido incompleta, y demasiado secos para comer. La Dra. Portnoy también afirma esto en su libro, Food, Health, and Culture in Latino Los Angeles:

I always find that they taste as if they have been cooked ahead of time and quickly reheated, a suspicion substantied by an NPR interview in which current co-owner Diana Guerrero Robertson says that the taquitos “start at our warehouse in Lincoln Heights, where we make our tortillas fresh.

Cielito Lindo en Olvera Street

Durante mis viajes a Olvera Street, se hizo evidente que este camino era un lugar comercializado para turistas. Según Dra. Portnoy, la calle Olvera fue desarrollada principalmente para visitantes Anglos. Actualmente, estoy tomando una otra clase sobre la historia mexicoamericana, donde habíamos leído mucho sobre Olvera Street. Según un artículo de Phoebe Kropp en Radical History Review, los anglos describieron Olvera Street como, “A Mexican Street of Yesterday in a City of Today.” Kropp argumenta que “a street of yesterday” se refería a la comunidad mexicana en un sentido histórico, mientras que “a city of today” se refería a una ciudad que era la propiedad de anglos. Una mujer rica y anglo que se llamó Christine Sterling desarolló esta calle “auténtica” para reflejar una sensación de nostalgia y una fantasía romántica española que existió en el pasado. Para mí, parece que los anglos intentaban implicar que el único lugar para la cultura mexicana en la ciudad moderna de Los Ángeles era en este espacio limitado, y en el pasado. Pero, según Dra. Portnoy, la calle Olvera se transformó en el epicentro de la cultura mexicana en la ciudad. Los mexicanos y los mexicanoamericanos usan la calle Olvera, y no solo como empleados en disfraces. De hecho, utilizaron la memoria Anglo y el espacio para empezar negocios. El Día de los Muertos y el Día de la Independencia de México se celebran en Olvera Street todos los años. En otros días, la música mexicana da vida a la plaza y mantiene la “autenticidad” de la calle.

¿Pero podemos llamar a la calle Olvera auténtica? Aunque la calle Olvera representa hoy las adaptaciones culturales de la comunidad mexicoamericana, también refleja una historia de “white washing”. La calle es una colorida fantasía española construida originalmente para los anglos, por los anglos. Según el historiador Deverrell:

“Even in its expressions of institutional and infrastructural growth, [Los Angeles] adhered to patterns of racial privilege and ethnocentrism.”

Sin embargo, mis observaciones de la calle Olvera recientemente también me demostrado que ambos las comunidades de anglos y mexicanas utilizan este romántico fantasía española para sus propios objetivos.

La calle Olvera todavía tiene un papel en la vida de muchas comunidades hoy en día, y también cuenta una historia importante de la marginación de una comunidad que no debemos olvidar. Por lo tanto, es difícil describir el lugar como “no auténtico”. La fusión y convergencia de culturas entre el colonizador y el colonizado (llamada transculturación en las lecturas) representa una parte importante de la historia mexicana que transcienda las fronteras de hoy. Refleja la idea de un “Gran México”, como se discute en el artículo de Dra. Portnoy, “Good Food and the Problematic Search for Authenticity.”

‘Greater Mexico’: the idea that Mexico and its culture doesn’t stop at the border.

Según Dra Portnoy, la idea de autenticidad se construye socialmente y personalmente. Además, creo que descartar este “auténtico” representación de “white washing” en Olvera Street nos hará descartar la historia de la comunidad mexicana que esta calle impactó.

Olvera Street

Otros lugares que visité, como Mercadito y Mariscos Jalisco, pueden parecer más “auténticos” en las primeras impresiones. Eso es porque estos lugares parecen ser mexicanos en su esencia. El Mercadito es similar a los mercados comunitarios que visité en Oaxaca. El barrio donde reside este mercado ha sido principalmente latino. Algunas partes de Boyle Heights están gentrificadas, pero los precios y la estética del Mercadito reflejan que la “influencia de hípsters” que caracteriza una gran parte de Los Ángeles no había llegado al mercadito. El mercado es animado y ruidoso, y sus sonidos y olores provocan una sensación familiar de México. Disfruté caminando e ir a las tiendas muy diversas que venden ropa, artículos de cocina, bocadillos y limones de coco rellenos. Parece que podría satisfacer todas de las necesidades de las familias.

En Boyle Heights, también probé los mejores tacos que he comido en mi vida. Los tacos de camarones es una sabrosa mezcla de camarones en una tortilla de maíz blanco, bajo una salsa de tomate y repollo, con aguacate en rodajas. Son una excelente yuxtaposición: el crujido de la tortilla complementa la suavidad del relleno de puré de papa. La riqueza de todo taco el taco contrasta con el ácido de la salsa. El umami de los camarones funciona bien con la frescura de las verduras de salsa. También comí unos bocados del aguachile, que consistía en camarones limpios en un sabroso líquido parecido al ceviche, en una tortilla crujiente. La salsa del aguachile es muy picante – ¡es importante tener cuidado! Disfruté especialmente el sabor picante de la salsa porque me recordó el sabor picante y cítrico del marisco bengalí de mi país natal. Aunque no estoy familiarizado con los mariscos mexicanos, era evidente que esta lonchera trae la frescura del mar a las calles de Boyle Heights. Es difícil reclamar Mariscos Jaliscos como “no auténtico” porque es icónico en sí mismo.

Parece que Mariscos Jalisco recibe algunos de los beneficios económicos de la gentrificación de Boyle Heights. La atracción e el respeto que ha obtenido a través de su reconocimiento y premios, debido a los críticos, y los “influencers” y “hípsters” de Los Ángeles, ayudaron Mariscos Jalisco a expandir su audiencia y obtener ganancias. Sin embargo, no podemos hacer este reclamo para todo del gente y empresas locales en Boyle Heights. Cuándo más y más personas ocupan un área, es importante recordar las comunidades que definen este espacio. La gentrificación y la genteficación pueden ser similares al “white-washing” si desplazan a las comunidades y borra la cultura que prosperó en estas áreas.  Por lo tanto, aprendí que Olvera Street, Mercadito, y Mariscos Jalisco son auténticos a sus propios maneras – todos representan diferentes piezas de la cultura e historia latinoamericano.  

Los Angeles – la ciudad del tercero mundo

Por: Camille Stafford

La globalización es un proceso cuando influencias internacionales empiezan a interactuar. Se refleja en practicas culturales como vestidos, idiomas, y la comida.  Los Angeles se define por la inmigración y se considera como el capital del tercero mundo.  Como Los Angeles tiene tantos inmigrantes, la economía depende en su labor.  Un buen ejemplo de la globalización en Los Angeles es Grand Central Market.  Hay puestos de comida de todos partes del mundo.  Para clase visite a Sarita’s Pupuseria, Valeria’s, y Villa Moreliana.  También hay puestos de helado, barbacoa, pollo frito, y bocadillos de mantequilla de cacahuete y mermelada. 

Un letrero en Grand Central Market

En contraste, el ambiente en Boyle Heights fue totalmente hispano.  Todos hablaron español y vendieron productos asociados con la cultura latina.  Las personas en los dos mercados eran muy diferentes.  En Boyle Heights el Mercadito era llena de personas y cosas latinas, pero en Grand Central Market había puestos más global y los consumidores latinos fueron la minoría.  Los letreros en Boyle Heights están pintados en la pared contra los letreros electrónicos con colores fluorescentes del Mercado Grand Central.  El Mercado de Grand Central sirvió una audiencia multicultural como el demográfico diverso de DTLA.  El Mercadito de Boyle Heights es menos conocido al publico afuera de la comunidad latina. 

Letrero afuera del Mercadito

Según el articulo de Portnoy-Pilcher, la comida fusión es el movimiento de influencias culinarias entre circuitos de cocinas.  En países que comparten una frontera la difusión de la cultura ocurre a través de los nuevos inmigrantes.  Específicamente en Los Angeles, la comida fusión tiene éxito porque ocurre en una comunidad del mundo.  Los coreanos, mexicanos, y salvadoreños viven cerca de uno a otro durante un tiempo de crisis económica.  Consumidores querían una alternativa a la comida caro.  El estatus de Los Angeles como una ciudad global es integrado en un circuito de migración, el mercado para restaurantes transnacionales y vecindarios con diferentes modos de cocinar. 

El martes pasado, visite el taco truck de Kogi en el campus de USC con nuestra compañera de clase, Lucy. Es un ejemplo de la comida fusión en Los Angeles.  Dueño y cocinero, Roy Choi reconoció la oportunidad para mezclar dos culturas a través de la comida.  La comida mexicana es comida cómoda para Angelinos creyó una fusión increíble con sus sabores nativos de coreano.  Yo probé un taco de short rib y un taco de tofu con kimchi.  Los tacos eran una explosión de sabores – picante y amargo envuelto en una tortilla de maíz.

“The tortilla was our stage and our canvas. We filled it with our own voice and our own perspective.”

– Roy Choi

Solo está en frente del USC Village a las horas de 10 de la noche hasta las once.  En la primera vista se veía un poco sospechoso porque fue un truco completamente blanca sin nombre.  Los trabajadores hablaron español y hicieron la comida muy rápido. Mezcla lo exótico y orígenes diferentes con la inspiración de comida de la calle.  Usa los alimentos básicos de la comida mexicana como un vehículo para apoya a  la comida coreana.  Es similar a la cultura de Los Angeles que fue construido encima de una cultura mexicana.  Con los años, y la inmigración de otras personas a Los Angeles ha cambiado a un lugar global.  El ambiente de los taco trucks, una demanda de los consumidores, y un movimiento económico apoyaron a Choi y su sueño para una oportunidad segunda en la vida. 

Tread Softly, for You Tread on My Culture: Navigating the Food Scene of Los Angeles with Cultural Competence (By Alexandra Demetriou)

Diversity is unequivocally a cornerstone of the culture of Los Angeles, and one of the easiest ways to experience the dynamic ethnic interplay that makes this city unique is by exploring with one’s taste buds. It is a great privilege that we as Angelenos have countless opportunities to venture out and try foods from around the globe all while staying in our own backyard, but with that privilege comes the responsibility to tread lightly when crossing cultural boundaries.

There is a fine line between admiring another’s culture and appropriating it, and perhaps no one in the world of Hispanic food exemplifies toeing—or arguably crossing—this line as well as Rick Bayless. An Oklahoma native, Bayless ventured south to Mexico for six years to study and master the art of preparing Mexican cuisine, and has since gone on to open multiple restaurants and receive numerous awards for his cooking. However, he has faced opposition, particularly from members of the Hispanic community, for what some consider an attitude toward Mexican cuisine that borders on appropriation. Bayless himself has remarked that this criticism is a form of reverse racism against him as a white male, while writer Gustavo Arellano argues that it is not Bayless’s ethnicity but rather his privileged attitude that has fueled the controversy. In a case like this, with opinions polarized and strong, it is necessary to ask ourselves what constitutes appropriation, and how we may explore diverse cuisines in a respectful manner.

rick bayless fish
Chef Rick Bayless http://www.AdamAlexanderPhoto.com ©Adam Alexander Photography 2016

In my opinion, the defining difference between embracing and appropriating another culture is whether or not one approaches the culture with respect. There is nothing wrong with Rick Bayless studying and falling in love with Mexican cooking, and he seems to at least have attempted to come from the right place in doing so; he can be quoted as saying that his passion for Mexican cooking “doesn’t come from a shallow understanding; it comes from a deep understanding. I’ve done everything I can to make it my own.” Appropriation often comes from a lack of respect, which clearly is not the case for Bayless. However, Bayless may have inadvertently committed an act of “columbusing” when he rashly made the statement that he was exited for the opening of the restaurant Red O to see “how the true flavors of Mexico, from central and southern Mexico, would play in Southern California.” Columbusing, according to food blogger Lucas Peterson, refers to “the act of reckless and thoughtless appropriation (typically by rich white people) of a thing that has been around for years or decades (a thing that usually belongs to non-white people).” While it seems evident that Bayless did not intend to make a disrespectful comment, his statement nonetheless implies that he, as an Anglo chef who adopted Mexican culture, will be able to introduce some form of “true flavor” that the millions of Mexicans living and cooking in Los Angeles have somehow overlooked.

Peterson himself was accused of columbusing in 2015 in a controversy dubbed “Elotegate,” in which he was criticized for a blog he wrote about a street corn vendor, though food writers like Arellano and Bill Esparza quickly came to his defense. Cases like that of Bayless or Peterson raise the question of the role that race plays when experiencing and discussing food, and force us to question the way cuisine often gets swept up into cultural controversy.

Personally, I believe that while it is absolutely acceptable to discover, cook, and write about food from another culture, it is important to do so in a way that respects the autonomy and integrity of the culture in question. One can get excited over the discovery of a cultural food that is new to oneself while still respecting the centuries of history and the people who continue to live out and uphold the traditions of said “novel” culture. I agree with Arellano and Francis Lam in the assertion that the phenomenon of Anglos experiencing and embracing ethnically different foods plays a key role in ensuring a lasting spot for those ethnic foods in American culture, rather than relegating them to esoteric traditions upheld only within immigrant communities. Ultimately, taste buds do not recognize ethnic divides, so I believe that all people should feel comfortable experiencing foods from diverse cultural origins and embracing the fact that our ethnically rich community enables delicious recipes to spread and adapt with our ever-globalizing society.

In my opinion, the case of the Oberlin College “food fight” represents a more severe form of cultural appropriation through food, because such appropriation went beyond poorly chosen words and instead took on a physical manifestation through the production and marketing of food that was inauthentic to its cultural heritage. This story is one of countless examples of ethnicities being turned into brand names and the word “authentic” losing its meaning as an adjective in favor of its use as a marketing line. If one is to knowingly produce food that does not hold true to the cultural traditions of a given ethnic community, then one must market it as such. For example, calling a food “fusion” or “inspired” by a certain culture is not misleading, but attempting to sell fraudulent food as “authentic” is essentially an affront against the culinary history of the given culture.

To draw upon my own experience with eating Greek food in Los Angeles, I can say that some of the best Greek food I have purchased has been prepared by Hispanic cooks using traditional Greek recipes. Does that make it any less Greek to me? Absolutely not. Personally, I love introducing my non-Greek friends to Greek foods and I appreciate the fact that even though the recipes are ancient history to me, they can take on a new light and be experienced differently by a stranger to the culture who appreciates even the flavors I might take for granted. Just one thing: don’t try to sell me food that is vaguely Mediterranean-inspired but marketed as Greek—then, we might have a problem.

Explorando la Historia y la Autenticidad de la Cultura Mexicana en Los Ángeles (por Alexandra Demetriou)

No creo que haya pasado un día de mi vida en Los Ángeles en el que no haya experimentado alguna forma de cultura mexicana. Crecí en un suburbio de Los Ángeles llamado Palos Verdes, donde todas las calles tienen no

mbres en español y el estilo arquitectónico estándar para las casas y edificios es español colonial. Cuando era niña de escuela primaria, escribí un informe sobre los pueblos indígenas, hice un proyecto en las misiones de California y visité la Calle Olvera para una excursión de clase. Con toda mi experiencia con la comida, el idioma, la arquitectura, y lo que creía que era una historia completa, pensé que era experta en la cultura hispana y tradicional mexicana en California. Sin embargo, hace poco gané un verdadero respeto por la interacción dinámica entre las culturas mexicana, española y moderna de Estados Unidos que han dado forma a la cultura mexicana en Los Ángeles para que sea lo que es hoy en día.

Visitar la exhibición “Encontrado en la Traducción” de LACMA me envió a un viaje por la Fantasía Española del Pasado, rastreando la historia de los mexicanos en California y brindando un contexto en el que pude entender la evolución de la cultura moderna mexicano-estadounidense que existe hoy día en Los Ángeles. La representación de la exhibición de la arquitectura y cómo evolucionó a través del colonialismo español y cambió en respuesta a Hollywood y un renacimiento tradicional mexicano fue una herramienta muy útil para ayudar a los espectadores a entender el lugar que ocupa la cultura mexicana en los Estados Unidos. Al estudiar las paredes físicas de los edificios históricos, uno puede percibir mejor las paredes culturales que han dividido a los grupos étnicos que cohabitan en Los Ángeles. Me di cuenta de que el estilo arquitectónico colonial español, al que me había acostumbrado durante mi juventud en Palos Verdes, en muchos sentidos representa una cooptación del estilo y la cultura mexicanos por parte de los colonos anglos. José Vasconcelos, Secretario de Educación Pública de México, explica simplemente que, “La gente [en California] no menciona a México cuando admira fachadas barrocas o misiones en ruinas. Llaman a todo ‘español.’” Como explica la exhibición, las celebridades de Hollywood fueron en muchos sentidos algunos de los culpables más conspicuos que utilizaron el estilo mexicano y luego lo hicieron parte de una alta sociedad anglosajona a la que muchos mexicanos nunca pertenecieron. Sin embargo, a pesar de la tendencia anglosajona de blanquear la cultura y el estilo mexicano, los mexicanos siempre se apresuraron a revivir y proteger su cultura; la existencia del estilo neocolonial mexicano es representativo de la resiliencia mexicana y el orgullo de su historia. El movimiento estilístico, que incluyó elementos de inspiración prehispánica, es un testimonio al hecho de que los mexicanos estaban decididos a conservar su identidad cultural frente a una jerarquía social dominada por los anglos.

Las pinturas Casta de la exhibición agregan otra capa de complejidad a la interacción de raza y cultura en el histórico Los Ángeles, y la obra de arte actúa como un portal a través del cual se puede ver la mezcla y separación de los españoles, indígenas y africanos de California. Quizás lo más interesante es el hecho de que, aunque los españoles parecen retratar su nueva tierra de manera optimista, enfatizando los alimentos y el paisaje nuevos y exóticos en sus pinturas, al mismo tiempo parecen obsesionados con la delineación de personas por sus razas. Los españoles apreciaron la tierra en la que se establecieron, pero aún despreciaban a los otros humanos con los que compartían esa hermosa tierra. Incluso el hecho de que la gente no anglosajones no se les permite usar el mismo tipo de ropa como las personals españolas, las escenas representadas en los cuadros de castas envían un mensaje claro que aunque los anglosajones tenían ningún problema utilizando los recursos que pertenecían a los mexicanos y los pueblos indígenas, todavía insistían en distinguirse como socialmente superiores.

Ver clips de películas viejas como “Ramona” fue una parte particularmente interesante de la exposición para mí, porque sentí que la película era en cierto modo un ejemplo de mexicanos que se dejaban someter a la apropiación instigada por los colonos anglosajones. Tales películas están hechas por cines de Hollywood dominados por hombres blancos, y retratan la cultura mexicana de una manera tan simplista y estereotipada que se siente casi irrespetuosa. Las escenas de la vida tradicional mexicana son esencialmente valoradas y utilizadas porque parecen exóticas, y porque pueden atraer a las audiencias anglo que desean emprender un viaje voyerista y experimentar otra cultura de la que de otra manera se separarían en la sociedad. Además, se ve a los actores mexicanos tomando parte en tales películas. Esta “commodification of the self,” como lo llama Sylvia Ferrero, es un tema recurrente en la historia de la cultura mexicana en Los Ángeles, que todavía se ve a menudo hoy en día. Esta interacción interesante entre la apropiación española de la cultura mexicana, los resurgimientos del orgullo indígena, y los momentos de “commodification of the self” le dan a la cultura mexicana en Los Ángeles una historia complicada, y un presente y futuro muy complejos.

Mi experiencia en la exhibición “Encontrado en Traducción” cambió la manera en que veo la cultura mexicana en Los Ángeles y mi perspectiva como una persona no mexicana que participa en la cultura, o al menos la versión apropiada de la cultura que muchas personas que no son mexicanas han llegado a creer es auténtico. Por ejemplo, pensando en la tarde gastado en la calle Olvera, con su representación algo teatral de la cultura mexicana, me pregunto cómo auténtico esto parece a alguien que es mexicano-americano o alguien de México. Sé que como griega-americana me he burlado de las apropiaciones estadounidenses de mi cultura, y mi herencia ha sido menos mercantilizada en Estados Unidos que la cultura mexicana.

Al visitar un restaurante “español” como El Cholo que claramente ha sido diseñado para parecer mexicano para muchos clientes no mexicanos, pienso en el concepto de Ferrero de una “vida dual” de la cocina mexicana en la que algunos restaurantes atienden a mexicanos y otros atienden a las personas no mexicanas que desean una experiencia mexicana. Siento como si hubiera participado inadvertidamente en ese voyeurismo culinario, y como muchas personas no mexicanas llegaron a esperar esa “autenticidad escenificada” cada vez que visitan un restaurante mexicano. Existe un problema en esta dinámica, porque muchos restaurantes mexicanos sienten la necesidad de escenificar su cultura para atraer a los anglos, y luego los anglos se acostumbran tanto a esta imagen cultural apropiada que a menudo buscamos o nos sentimos más cómodos en restaurantes mexicanos que dan tal presentación.

Sin embargo, ese fenómeno plantea la pregunta: si esta versión de la cultura mexicana se ha vuelto tan común que muchos dueños de restaurantes mexicanos la utilizan como una forma de calificar sus negocios e identificarse como mexicanos, ¿puede considerarse auténtica en una manera? Como explica Sarah Portnoy en el SAGE Encyclopedia of Food Issues, la autenticidad y la globalización se entremezclan entre sí y deben tenerse en cuenta juntas; a medida que las culturas se globalizan, también sus costumbres y alimentos deben adaptarse a los nuevos entornos en los que se encuentran, pero estos cambios no necesariamente dañan la autenticidad de la cultura. Como dice Portnoy, “The debate over authenticity provides an excellent example of hybridization in the face of globalization since generations of migrants have taken their culinary traditions with them into geographical areas where they could not acquire familiar ingredients, thus making some adaptability necessary.”

De nuevo, recuerdo volver a visitar la Calle Olvera, esta vez comparándolo con los festivales griegos a los que he asistido desde que era una niña pequeña. Después de todo, nosotros, como estadounidenses de origen griego, a menudo retratamos nuestra cultura como “griego extra,” de la misma manera en que Olvera Street es retratada como “mexicana extra.” Me doy cuenta de que aunque parte de esta representación proviene de la necesidad de comercializar una cultura extranjera para una audiencia anglosajona, como alguien de la cultura, también es una forma de aferrarse a las tradiciones con las que podemos identificarnos. Puede aparecer escenificado, pero también es auténtico en el sentido de que es otra forma de expresar lealtad a una identidad cultural. Por lo tanto, a pesar de que la cultura mexicana ha sufrido muchos cambios y apropiaciones desde que los españoles se asentaron y hasta hoy, creo que todas las representaciones de la cultura mexicana son auténticas en su época y representan la capacidad de una cultura para adaptarse y mantenerse una identidad frente al cambio.

Aventura 1: Chichen Itza

Para mi primera excursión de blog, visité al restaurante Chichen Itza. Un pequeño restaurante cerca de USC, me intrigó que estaba clasificado en la lista “101 mejores restaurantes de Jonathan Golds”

Situado como uno de los restaurantes en el Mercado de la Paloma, el lugar  inmediatamente sugiere autenticidad – la música española toca sutilmente en el fondo mientras tocan videos de alguien cocinando a tortillas. Ubicado junto a una sala de reuniones de la comunidad, la cocina del restaurante y la zona de comer estaban llenos de gente que parecían ser de ascendencia Mexicana. La zona de comer está abierta y cómoda, con tonos de pared coloridos que contrastan a las piñatas y decoraciones brillantes que son puestos en los otros restaurantes. El mostrador de pedidos se encuentra frente a la pequeña cocina, que está abierta u revela el personal rápido en su trabajo.

Uno de los temas más interesantes temas de las lecturas de esta semana fue la autenticidad. Una lectura, escrito por Ken Albala, sugiere que la autenticidad es arbitraria: los países han estado usando especias internacionales para sus comidas tradicionales por cientos de años. Cuando Bill Esparza vino a hablar al clase, dijo que tenía autoridad para declarar lo que era auténticamente Mexicano, porque había viajado y estudiado los alimentos de casi todas las regiones de México. En cambio, al ir a Chichén Itzá, busqué el conocimiento de una región y un estilo específico. Definitivamente esto tenía esto. En el mostrador vende una salsa picante de la casa-marca junto con un libro de cocina de estilo Yucatec escrito por el chef y propietario, Giberto Cetina.

Después de hablar con uno de los camareros, confirmó que el restaurante crea recetas Yucatecas que le pasaron de la abuela del chef. La región de Yucatán combina recetas Españolas, Mayas y Libanesas, creando un rico aroma de especias en el aire. El menú es amplio, con bebidas tradicionales, aperitivos, tamales, tacos, y entrantes. El camarero me informó que una característica especial del menú es chaya, una planta similar a espinaca, que se utiliza en su jugo y la masa los tamales.

Sin margaritas en el menú, optó por una jugo de guanabana. La fruta, que nunca había probado antes, tuvo un sabor tropical y suave, casi como un melón. Esto fue complementado por una textura cremosa y gruesa para un poco de sabor amargo. Aunque no me gustaba la bebida al principio, me pareció que era mucho más agradable como un complemento a las diferentes especias y sabores de la comida. Ademas, mi amiga pidió un horchata. Mientras sabía fresco, y dulce pero no abrumadora, la textura era un poco granulada.

Para mi cena, pedí un pollo pibil, que venía con frijoles negros, arroz blanco, plátanos, ensalada de col, y tortillas vaporosas. Al ser cocinado en hojas de plátano, la carne era tierna y cayó fácilmente fuera del hueso con mi tenedor. La piel estaba cubierta de especias de achiote, con un agradable sabor a tierra y nuez, que no era demasiado picante. La especie estaba bien compensado por un lado de la acidez crujiente de las cebollas en escabeche y la ensalada de col. El arroz blanco era pegajoso y cálido, lo cual sirvió como un buen complemento a la textura más dura de los frijoles. Los plátanos eran mi parte favorita de la comida. Como una hija de padres cubanos, he probado muchos plátanos en mi vida. Estos eran particularmente suave, perfectamente dulce, y se derretía en mi boca.

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Mis otros amigos ordenaron los tacos de pollo asado, cochinita de pibil, y el tamale brazo de reina. Los tacos de pollo asado eran agradables, ya que el pollo tenía un sabor mucho más ahumado y satisfactorio comparado a mi pollo. El tamale brazo de reina era quizás el plato más interesante de todos. Relleno de huevos y semillas de calabaza, proporciona una textura abundante, que fue muy bien complementada por la frescura de la chaya tamale.

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En promedio, pasamos alrededor de $ 10 por plato, que nos proporcionó una porción generosa y precisa de sabrosa comida. Con un ambiente cómodo y un estilo de cocina muy claro y consistente, Chichén Itzá fue una primera visita muy agradable. Al estar en el rango de Uber gratis de la USC, me sorprende que más estudiantes no sepan de este lugar.

Blog 1: Mariscos Jalisco Ceviche y Taco Dorado

Maneje a Los Ángeles a comer los tacos dorados de la lonchera Mariscos Jalisco. Pero cuando llegue había como tres personas haciendo cola para ordenar y me dio tiempo de ver la selección de comida que tienen. Cuando vi la foto de la tostada de ceviche de camarón supe que la tenía que ordenar.

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Escogí este lugar porque ambos de mis padres son de Jalisco así que toda la comida que yo crecí comiendo son comidas típicas de Jalisco. Unos de mis platos favoritos es el ceviche. Me encante el ceviche de mi madre y fue unos de los primeros platillos que aprendí a cocinar. Por eso aunque fui por los tacos dorados que recomendó Bill Esparza no me pude ir sin comprar ceviche también.
Cuando llegue el ambiente era muy apresurado. Había mucha gente desde mexicanos a güeros a afro americano. Cuando era mi turno de ordenar la mujer que tomo mi orden estaba hablando rápido y yo sentí que tenía que hablar rápido también para reflexionar el ambiente. Mientras esperaba el olor que abrazaba la lonchera era maravilloso me recordaba del olor de una plaza que visite en Guadalajara que vendía Mariscos.

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Lamentablemente no pude comer allí y tuve que pedir para llevar e ir a clase. Esto fue un error porque el olor estaba capturando mi coche y me torturaba no poder comérmelo porque estaba manejando. Primero me comí el ceviche. Estaba crujiente por la tostada y suavecito por el camarón y tomates. El ceviche viene con una salsa roja que parece ser bastantemente enchilosa pero en verdad no estuvo tan picante y tenía un sabor que complementaba el ceviche perfectamente.

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Luego me comí por lo que fui, el taco dorado de camarón. Primero se me hizo raro porque cuando mi mama hace tacos dorados siempre son de carne, pollo, papas o frijoles pero nunca de camarones. El taco dorado viene con una salsa roja de tomate que viene con muchas cosas como col y cebolla. Luego tiene aguacate y la misma salsa roja que me encanto del ceviche. Con mi primer mordida, me enamore. Todos los sabores se mezclan bellamente y puedes probar el camarón y papas y el aguacate y la salsa todos bailando juntos para excitar tus cinco sentidos. Definitivamente regresare con mi familia y espero que todos también vayan a probar Mariscos Jalisco.

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