¿Fusión or No Fusión? Esa es la Pregunta… – Angelina Girgis

X’tiosu Kitchen, un restaurante que sirve comida fusión, representa una mezcla de las culturas libanesa y oaxacana. Los cocineros brillantes de X’tiosu Kitchen combinan elementos icónicos de ambas cocinas: el pan de pita, chicken shawarma, y arroz en combinación con hummus de frijoles negros y mole rojo hace un plato con sabores muy únicos. Este fusión de comida se representa la globalización de Los Ángeles y las varias comunidades inmigrantes que viven en esta ciudad. Hay muchas comidas y culturas que regularmente usaban los ingredientes de otras culturas todo el tiempo y nosotros no darnos cuenta. Según de Bill Esparza, “Los Angeles has its own cuisine that is defined by the people that come here…They use the foods of their childhood with new ingredients…By doing that they’re contributing to the economy and the dynamic experiences that we have in Los Angeles. Our economy has always been an immigration economy. It’s globalization–it’s designed to work like that. The people that are coming here are going to be the new leaders of cuisine, not just in L.A., but across the US.”

Según de Portnoy y Pilcher, el proceso de la globalización que incluye la migración y el comercio involucran un intercambio de culturas y personas de lugares y fronteras diferentes. Por ejemplo, “the culinary transformations of the ‘Columbian exchange,’ which spread through the Atlantic world after 1492” incluye la participación de las personas y culturas de las Américas, Europa, Africa, y Asia (2). “Colonial trade in food stuffs between Latin America and Asia was generally mediated by European merchants…Prolific and nutritious Latin American staples such as maize, sweet potatoes, cassava, and peanuts contributed to early-modern population growth in Asia, while chile peppers, tropical fruits, and other American condiments also became indispensable in the cuisines of India, Southeast Asia, and parts of China” (5). El proceso de globalización que empezó con Cristóbal Colón refleja que ningún región o país en el mundo tiene su “propios” ingredientes o platos porque todo el mundo ha influido mutuamente.

Ejemplos del proceso de “constant influence and borrowing” que Anderson describe en Foods and Borders incluye las influencias entre los Estados Unidos y México, y las entre Francia y la Alemania. Aunque estos países “have not fused their cuisines…there is constant influence and borrowing—perhaps especially in areas that have changed hands, such as the U.S.-Mexico borderland, regions with fluid boundaries, frequent conquests, and constant trade, such as the Arab world, are particularly hard to bound” (186). En cuanto a la cuestión de la autenticidad, quizás se pueda decir que no hay comida mexicana ni comida libanesa “auténtica” porque su definición ha cambiado a lo largo de los siglos con los cambios de las fronteras y la migración entre los dos países.

Anderson explique cómo el comercio exterior influye la cocina nacional con el concepto de “world systems” que es “a collection of polities that trade and interact enough to form a single network. There is a core—the rich cluster of polities that dominate trade—and a periphery, consisting of the various areas that are economically deprived or marginalized; often they are dependent or politically weak.” Sin embargo, “core and periphery regularly change places” y entonces, para Anderson, la comida es algo que definitivamente cambia a causa de los cambios de poder de un país o región a otro: las relaciones entre dos países o dos regiones siempre están fluidos.

Por supuesto, la comida de X’tiosu Kitchen refleja las influencias de globalización. Creo que hicieron algo innovadora con su estilo de cocina por mezclando ingredientes de dos culturas muy diferentes. Cuando le pregunté al cocinero si el dueño del restaurante era libanés, respondió: “No. Trabajábamos en un restaurante libanés e hicimos una mezcla de los dos.” Como resultado, hicieron una comida fusión. En mis ojos, comida fusión es una combinación de cocinas de dos países o culturas diferentes que inicialmente parecen que no están relacionados. Pero, después de analizarlo, casi cualquier comida puede ser considerado como comida fusión.   

El GCM es una reflexión de la globalización de comida en Los Ángeles también. Según de Portnoy en su libro Food, Health, and Culture in Latino Los Angeles, “As the demographics of downtown became heavily Latino by the 1960s and 1970s, stalls opened in the market selling a variety of moles, dried chilies, medicinal herbs, and Mexican traditional candies…One of the older “legacy” stalls where Latinos have shopped for decades is Chiles Secos. They opened in 1975…Since 2013, the market has undergone a major transformation and ensuing gentrification. In a very short time, the market has become a crowded, foodie mecca as new, artisanal vendors…moved in.” Aunque el objetivo de Shuldiner, un director de Grand Central Market, era mantener la autenticidad de los puestos más antiguos y al mismo tiempo incorporar nuevos para atraer la atención de una base de clientes más amplia, “The owner of Chiles Secos…told me that she has not benefited from the changes to the market. She said that now fewer Latinos come to shop…” Es muy fácil para distinguir entre los puestos viejos y los nuevos. Por ejemplo, los clientes de puestos como Chiles Secos y Tacos Tumbras a Tomas son por la mayoridad latinos (los “legacy tenants”), mientras los clientes de puestos como La Tostadería y Sarita’s Pupuseria son una mezcla de anglos, asianos, y latinos.

Ahora, más que nunca, somos ciudadanos de un mundo globalizado. Como podemos ver, la comida no es solo algo para satisfacer nuestro apetito, sino una herramienta por la cual podemos ver las complejidades de nuestro mundo. Los sabores que probamos (y tal vez damos por sentado) son productos de cientos de años de comercio, de varios cambios políticos y económicos, de migración, de cultura. La comida siempre tiene una historia que contar, nos demos cuenta o no.

Referencias

Anderson, E. (2014). Everyone Eats: Understanding Food and Culture, Second Edition. New York University Press.

Portnoy, S. (2017). Food, Health, and Culture in Latino Los Angeles. Rowman & Littlefield.

Portnoy, S., & Pilcher, J. Roy Choi, Ricardo Zárate, and Pacific Fusion Cuisine in Los Angeles.

Tartas y tamales: comida, identidad, y fronteras

Por Danielle Collins

Nació en Raleigh, North Carolina, pero crecía mayormente en los suburbios de Chicago, Illinois. Mi familia es cristiana, pero casi nunca vamos a la iglesia, así es algo más espiritual, y yo no soy religiosa. De verdad, mi familia no tiene raíces fuertes en ninguna cultura. Mis padres son del sur de los EEUU, pero nosotros nunca vivían allá. 

La única cosa en que puedo pensar es la tarta de calabaza de mi abuela. No es un plato principal sino que un postre. Tampoco comemos frecuentemente— es más para ocasiones especiales como el Día de Gracias, cumpleaños, navidad, etcétera. Otra diferencia de nuestra tarta de calabaza es que no es necesariamente “nuestra.” Mi abuela sí tiene una receta muy rica, pero solo ella la hace. Cuando mi familia inmediata la comemos, muchas veces no la hacemos, más bien la compramos del supermercado. No es lo mismo de preparar la receta de mi abuela, pero tiene que ver más con el sentimiento de comer la torta que la acción de hacerla.

Fui a una panadería cerca de USC que se llama Celaya Bakery. Identifica como “especialistas en Pan Mexicano y Salvadoreño,” de acuerdo con el letrero en la puerta. Porque representa los dos países, no pienso que representa una región específica de México. Pienso que es interesante que representa los dos países, porque junta a la gente y muestra que las fronteras de la comida no son tan fuertes que las fronteras de los países. También, combina comida mexicana y salvadoreña con las tendencias de comida popular en los EEUU y LA, así es una mezcla de tres fronteras diferentes.

Aunque sí es una panadería, ellos también venden comida caliente como tamales, burritos, tostadas, taquitos, y más. Probé un tamal de queso que era nada especial pero bastante bueno. Lo interesante es que sí venden panes y pasteles que probablemente son salvadoreños, no venden comida caliente salvadoreña como pupusas. La comida caliente es más mexicana, y todavía más mexicana-americana.

Pienso que representa la “core” de la comida que es popular en los EEUU, porque son las comidas mexicanas más populares aquí. Pero, la empresa es una panadería, no una restaurante, así los panes representa más el “periphery” de comidas más únicas y menos conocidas. Como he dicho, no me gusta la palabra “auténtica,” así voy a usar las palabras “performativa” y “genuina” otra vez. Pienso que Celaya Bakery es muy genuino, pero tiene aspectos performativos como arte en las paredes. También pienso que la comida caliente es menos genuino porque no es el propósito de la panadería: es algo extra para los clientes, así tampoco pienso que es performativo porque completa su propósito. 

Inmigración, Whitewashing y Gentrificación: El Cuento de Los Ángeles – Angelina Girgis

Los Ángeles es una ciudad magnífica: es el producto de interacciones sociales y culturales que ocurrieron solo en los últimos doscientos años. En este corto período de tiempo, los angelenos han transformado Los Ángeles “from a sleepy Spanish-California pueblo to one of the mightiest communities of a continent” (Deverell). Sin embargo, “that transformation—political, social, cultural, demographic, architectural—as well as the mere assumptions behind convictions of such transformation, relied upon whitewashing” y otras formas de manipulación como la gentrificación (Deverell). Esto fue evidente en nuestra excursión a Calle Olvera y Boyle Heights.

En el 28 de enero, visitamos Calle Olvera, un lugar con una historia muy fascinante. Antes de la colonización de España, los nativos americanos de la tribu Tongva se establecieron en la zona que está Los Ángeles ahora. Olvera Street es conocida como el “lugar de nacimiento” de Los Ángeles porque está ubicada en la parte más antigua del centro de la ciudad. Primero se llamó Wine Street, pero cambió su nombre en 1877 en honor del primer juez del condado, Agustín Olvera, que vivía en la calle. Al comienzo del siglo XX, las malas condiciones de trabajo y de vida de los inmigrantes que vivían la ciudad resultó en una revuelta. La parte más antigua de la ciudad se convirtió en un foco de la política radical. Esto cambió en 1926 cuando Christine Sterling, una socialité rica del norte de California, se sorprendió al ver estas condiciones. Sterling, “La Madre de Calle Olvera”, comenzó una campaña para salvar estas estructuras y transformar el área en un mercado mexicano animado.

Mientras estábamos en Calle Olvera, visitamos Cielito Lindo. Al igual que Calle Olvera, este restaurante mexicano pequeño también tiene una historia larga. La familia Guerrero dejó su pueblo de Huanusco en Zacatecas, México, y encontró trabajo en Calle Olvera a principios de la década de 1930. Después de recibir el permiso de Sterling, la familia abrió su propio negocio varios años después.  

Después de investigar a fondo el menú, decidí pedir el combo # 2: dos taquitos de carne de res y un tamal relleno con una selección de carne de res, pollo o espinacas y queso. Se colocaron sobre una capa de frijoles refritos y se cubrieron con una salsa roja picante, queso rallado cheddar y mozzarella, y su famosa salsa de guacamole. Cuando comí los taquitos, noté que estaban crujientes en algunas partes, pero empapados en otras. Esto fue muy probablemente debido a la salsa, pero más tarde supe que fue porque ellos prepararon los taquitos de antemano y los volvieron a freír rápidamente antes de que los clientes vinieran a ordenar. También noté que usaban queso rallado en lugar del queso fresco tradicional. Entonces, quizás la comida no es tan “auténtica” como alguna gente dice. Algo interesante es, aunque Cielito Lindo fue establecido por una familia de Zacatecas, una región con interesantes influencias culinarias, los platos que preparan y los ingredientes que usan son más “convencionales” o “estereotípicos” de la comida mexicana. En resumen, la comida que sirve Cielito Lindo es lo que los turistas y los no latinos esperan que sea la comida mexicana—una forma de “whitewashing.”

Cuando pedí mi comida, noté que había una mezcla de clientes: algunos eran turistas, otros eran anglos, pero algunos también eran hispanohablantes locales, un reflejo de la demografía de Los Ángeles en total. Aunque Calle Olvera se representa a sí misma como una representación “auténtica” de la cultura mexicana, parece que esta plaza pintoresca realmente está destinada a las fotos de Instagram de los turistas. Su historia muestra que originalmente era un lugar de mexicanos, para mexicanos, pero con el tiempo, se convirtió en un modelo de negocio lucrativo que prometiendo a los turistas un sabor verdadero de la comida y cultura mexicana.

En Calle Olvera también hay evidencia de una forma literal de whitewashing: América Tropical de David Siqueiros que muestra la historia cruel de la colonialización y el imperialismo de las Américas. Era una pieza controvertida que estaba cubierta con pintura blanca, pero con el tiempo la pintura blanca se desvaneció, revelando esta obra histórica.

El 11 de febrero, hicimos un viaje a Mariscos Jalisco, una lonchera en Olympic Boulevard, que es famoso por sus crujientes tacos de camarón. El propietario, Raúl Ortega, ha estado utilizando una receta secreta de su natal Jalisco, México. Se puede decir que su comida es “authentic”, pero ¿qué significa “authentic” exactamente? Según de Merriam-Webster, “authentic” significa “made or done the same way as an original.” Se puede decir que Ortega tiene su propia versión de autenticidad. En general, esta afirmación de autenticidad es bueno para los mexicanos. Ferrero dice que “immigrants transform Mexican food into a device that shifts power relations in the American ethnic food industry…since they are strongly advantaged by their closeness to immigrant customers.”

It is in the claim for authenticity by immigrants that Mexican food shows its potential as a foodscape. Thus, Mexican food allows the social and cultural empowerment of new immigrants and fosters traditional social links with the homeland.

Sylvia Ferrero

Luego fuimos a El Mercadito. Fundada en 1968, se muestra la identidad cultural mexicana tradicional del este de Los Ángeles. Me sorprendió la variedad de productos que se venden en el mercado. Entre estos productos había hierbas medicinales, juguetes para niños, parafernalia religiosa, frutas secas, topos, trajes tradicionales y mucho más. Lo que más me sorprendió fueron las pequeñas estatuas del niño Jesús vestido con diferentes atuendos. Aunque me sentía como una extranjera en el mercado, todos los vendedores fueron muy amables y me preguntaron si necesitaba ayuda. El Mercadito se sintió menos como un lugar turístico y más como un lugar de latinos, para latinos. Aunque no soy latina, siento que El Mercadito está más cerca de la tradición mexicana que Calle Olvera. Las vistas y los olores no son lo que un turista o Anglo están acostumbrados. Entonces, no es una representación “mainstream” de la cultura latina.

Finalmente, visitamos Milpa Grille, un restaurante en Boyle Heights que “is devoted to a pre-Columbian version of Mexican food before rice was introduced by the Spaniards from Asia” (The Eastsider). El motivo del propietario de este restaurante es doble: regresar a las raíces indígenas mexicanas o “descolonizar” la comida mexicana, y promover una imagen más saludable de la comida mexicana. Ella desea que “more [Mexican] restaurants move away from that stereotype.” Pero para definir este estereotipo, en realidad lo está confirmando. Además, los precios en el menú no son muy amigables para los clientes de bajo ingreso, especialmente para los nativos de Boyle Heights. Este es un ejemplo de “gentefication”, cuando un latino educado regresa a su vecindario y abre un negocio que atraería a una clientela más diversa que las tiendas de inmigrantes que los rodean.

También vimos Weird Wave Coffee Shop, un ejemplo muy obvio de gentrificación. La historia del propietario no fue feliz porque tuvo conflictos con los residentes locales. Pensé en el impacto que las empresas como la suya tendrán en Boyle Heights. Como dice una protester en contra de la gentrificación en Boyle Heights, “Gentrification is a process – it’s not a single person” (LA Weekly).

Aprendí mucho después de visitar estos lugares. Lo más importante que aprendí fue que la autenticidad no es lo que parece. Cada persona tiene su propia definición de originalidad, incluidos los que participan en la gentrificación; por lo tanto, la autenticidad no es objetiva.

¿Genuino o performativo? Autenticidad en comida, restaurantes, y comunidades

Por Danielle Collins

A mi no me gusta la palabra “auténtica.” Es demasiado vago y personas la usan en maneras problemáticas, de lo que hablaré. Entonces, voy a usar palabras que tienen más sentido para mi. Pienso que podemos decidir si una cosa— una comida, restaurante, etc.— es “performativa” o “genuina.” Cuando digo “performativo,” estoy hablando del concepto de “staged authenticity” de Sylvia Ferrero en que organizaciones crean una fachada de que son algo que en realidad no lo son. Cuando digo “genuino” no significa puro— significa que es una experiencia real porque no está fingiendo de ser algo que no lo es. Solo es lo que es, así es genuino.

Un ejemplo perfecto de un restaurante performativo es El Cholo. Es una cadena “mexicana” y si tiene comida mexicana-americana. El problema con El Cholo no es la comida; de verdad, pienso que la conversación sobre “autenticidad” de la comida no es tan importante que la conversación sobre otros aspectos de una experiencia culinaria. Todas las decoraciones de El Cholo son para crear un sentimiento auténtico mexicana, pero porque esa es el propósito resulta en el opuesto: todo siente muy falso y fingido. 

Se puede ver una representación de los aspectos performativos de El Cholo en los menús. Todos los títulos están en español pero los descripciones de la comida y los ingredientes están en inglés (mirar el foto debajo). Con los títulos en español, quieren crear el sentimiento de algo genuino, pero en realidad saben que los clientes no hablan español. Para mi, esto no significa que El Cholo no es “auténtico,” porque comida mexicana-americana es muy popular para personas que sí hablan español y que no hablan español. Pero, significa que El Cholo no es genuino. He ido a restaurantes que tienen menús en inglés y español para clientes que hablan cualquier lengua. Pero, cuando hay una sección llamada “Sopas and Ensaladas” y ellos no pueden traducir la palabra “and” a “y,” eso es algo performativo.

La lonchera Mariscos Jalisco es un ejemplo de algo más genuino. La descripción de la lonchera en Google dice que es “no-frills” y es la verdad porque MJ no tiene aspectos performativos. No necesita decoraciones para parecer genuino porque es genuino. Las solas decoraciones son los premios en la pared que no son performativos porque son parte de la identidad real de la lonchera. MJ sí tiene mercancía con su logo, pero pienso que eso tampoco es performativo porque es parte de su marca para ganar más clientes y crecer su negocio, no para crear un imagen falso. Con respeto a la comida, la receta original de MJ es de un amigo, pero todavía alguien puede decir que no es “auténtico” porque el dueño ha cambiado la receta un poquito para sus propios gustos. Pero nadie puede decir que no es genuino. 

El Mercadito tiene muchas tiendas, pero voy a enfocar en el piso con la comida. A diferencia de El Cholo, todos los menús y anuncios están en español. También, todos los vendedores nos hablaban en español, mientras que los camareros de El Cholo nos hablaban en inglés. La lengua no es necesariamente un marcador de algo genuino, pero es otra indicación de que los vendedores en El Mercadito no están fingiendo nada. Además, la comida de El Mercadito viene de México y Latinoamérica e incluye cosas que posiblemente no son reconocibles a personas no latinas. Es otro marcador de que El Mercadito es genuino: no quitan cosas que pueden parecer “raras” o cambian su identidad para clientes sin conocimiento de cultura latina.

Milpa Grille es un restaurante e idea única, y es genuino porque mantiene fiel a su identidad culinaria. Se importa la autenticidad histórica y solo usa ingredientes precolombinos. Se puede decir que es lo más “auténtico” por esa razón, pero eso significaría que todos los restaurantes que usan ingredientes colombianos son inauténticos, que no es verdad. La herencia culinaria de Milpa Grille forma parte de su identidad genuina. Tiene decoraciones para la estética que son representativos de los valores e inspiraciones para el restaurante.

La historia y herencia son importantes para conversaciones sobre autenticidad. En el artículo de LA Weekly sobre gentrificación en Boyle Heights, Carlos Montes dice “There’s a lot of history here” como parte de la identidad de la comunidad, y hay mucho historia latina en Boyle Heights. Pero la vista de historia también es importante, y alguien puede decir que originalmente Boyle Heights tenía una población judea y era, “home to large numbers of Japanese, Russian and Serbian residents” (LA Weekly). Entonces la historia solo es un parte de la autenticidad, y la autenticidad tiene que cambiar con la historia moderna— no puede ser algo fijo. Como la profesora dice en su artículo de KCET, “affixing the label of authenticity to a cuisine is problematic because it suggests that cultural purity is the norm.” Nada de la cultura es completamente puro, así la autenticidad no puede ser puro tampoco. 

Come he dicho, no me gusta la palabra “autenticidad” en respeto a la comida. Además, en mi opinión es muy problemático llamar una comunidad o barrio “auténtico” porque ellos no están tratando de ser “auténticos”— sólo están viviendo sus vidas, y probablemente son personas blancas usando la palabra “auténtico” como una forma de turismo cultural. Pero, es importante que las personas en un barrio tienen una comunidad que es de ellos, y siente como casa para ellos. No tiene que ver con “autenticidad” porque comunidades siempre están cambiando. El cambio es natural, pero la gentrificación no es solo un cambio: es una manera de romper una comunidad. He hablado sobre restaurantes genuinos, y son genuinos porque tienen identidades fuertes. Un aspecto grande de la identidad es tu comunidad, y si tu comunidad se rompe es difícil mantener su identidad genuino.

Chocolate y Chiles de Agua: Las Gemas de Oaxaca – Angelina Girgis

El viernes el pasado, visité al restaurante Gish Bac con dos de mis amigas. Al igual que muchos restaurantes latinos en Los Ángeles, Gish Bac tiene una historia larga y rica. En 1992, esposos David Padilla y María Ramos emigraron de Oaxaca a California en busca de una vida mejor. “Oaxacan immigrants came to the Central Valley and Los Angeles during the 1990s in search of economic opportunity after the passage of the North American Free Trade Agreement (NAFTA). Oaxaca is one of the poorest states in Mexico and it has the largest indigenous population. Historically, other Mexicans have discriminated against Oaxacans for centuries for being indigenous and speaking native languages” (Portnoy 31).
Dado que las oportunidades para los inmigrantes eran muy limitadas en ese tiempo, María y David decidieron continuar con lo que su familia hizo en Oaxaca para ganarse la vida: cocinar barbacoa, una carne triturada de oveja, cabra o vaca. Durante el mismo período, miles de oaxaqueños emigraron a Los Ángeles (Portnoy 27). En 1993, comenzaron a cocinar para fiestas pequeñas y su popularidad creció. Establecieron un negocio de catering que serviría barbacoa, mole y otros platos oaxaqueños básicos en fiestas en toda el área de Los Ángeles. Según de Portnoy, “The southern state of Oaxaca is one of Mexico’s…culturally richest with sixteen different cultural and linguistic groups that have their own distinct cuisines. The large populations of Zapotecs, Mixtecs, and other indigenous groups have shaped the cuisine over thousands of years” (30).
Cuando los clientes expresaron interés en comer la barbacoa de María regularmente, la pareja decidió abrir un restaurante. Gish Bac abrió oficialmente en enero de 2010 a clientes entusiasmos por probar la cocina de la pareja y el legado de la receta familiar que se remonta a dos generaciones que todavía existen hoy en día. Su restaurante ahora es más conocido que nunca antes y ha disfrutado de la publicidad en los periódicos y en la televisión. Los Ángeles es el hogar de aproximadamente 70,000 oaxaqueños, pero otros informes estiman que la población de la ciudad puede llegar a 200,000. Ahora es el tercer centro de cocina oaxaqueña más importante del mundo, después de la ciudad de Oaxaca y la ciudad de México (Portnoy 31).

Cuando mis amigos y yo llegamos al restaurante a las 7 pm, éramos las únicas personas allí. 20 minutos después, más clientes vinieron a cenar. Después de leer el menú, pedí “tlayuda Gish Bac”. Una tlayuda “is a large, thin, crunchy tortilla covered with refried beans, Oaxacan cheese, lettuce, avocado and other toppings” (Portnoy 31). El mío estaba cubierto con una pieza cada de chorizo, tasajo, cecina, y pollo con tomates y aguas de chile también.

Incluso si no tienes hambre, después de ver este plato colorido y oler el aroma de la carne carbonizada seguramente te dará apetito. Es obvio que todos los ingredientes son saludables y frescos. Con solo mirar esto, puedes anticipar cuán deliciosos serán todos los sabores: Un hermoso plato con los chiles de agua dispuestos como los rayos del sol, lleno de sabor. Al principio, intenté comer con el tenedor, pero me di cuenta de que comer con las manos era la mejor manera de disfrutar esta obra maestra culinaria. El queso oaxaqueño era diferente a cualquier otro queso que he comido. Desgarrar la tlayuda hizo un “cheese pull” muy satisfactorio. La tortilla tenía una textura crujiente y todas las carnes y verduras estaban bien sazonadas. El queso derretido, lechuga, frijoles y varias carnes era una combinación “to die for.” Un plato satisfactorio y versátil que se puede comer como desayuno, almuerzo o cena. De hecho, había suficientes sobras para el desayuno al día siguiente:

También pedí champurrado, una bebida espesa de chocolate caliente oaxaqueño preparada con masa harina. Su fuerte aroma de cacao y su sabor dulce y reconfortante fue una excelente manera de concluir mi cena.

Uno de mis amigos ordenó mole negro con un lado de chocolate caliente. El mole es un plato que contiene ingredientes con raíces medievales españolas y precolombinas. Los moles oaxaqueños incluyen el mole negro, el más conocido en los Estados Unidos y, según se dice, el más complejo, una salsa hecha con chocolate negro, canela, clavo, comino, cilantro y hierbas (Portnoy 31).

Mi otro amigo pidió dos tacos: uno de asada y el otro de lengua. También ordenó una tlayuda pero se llevó la mayor parte a casa.

La comida oaxaqueña es muy única y diferente del resto de la cocina mexicana, ya que está fuertemente influenciada por las culturas indígenas. Como se puede observar, los moles y las tlayudas, que son platos típicos de Oaxaca, son muy diferentes en sabor y apariencia de los “mainstream” tacos y burritos. Por ejemplo, los chiles de agua, que son conocidos como el “tesoro” de Oaxaca, no son muy conocidos aparte de la cocina oaxaqueña. Se pueden preparar de docenas de formas, desde salsas hasta asados. También es evidente que el uso del chocolate como un ingrediente en los platos oaxaqueños es omnipresente, desde platos salados, como el mole negro, hasta postres, como el champurrado. El papel integral del chocolate en las costumbres sociales y religiosas de Oaxaca lo convierte en un ingrediente esencial. Según de Portnoy: “Three thousand years ago, during the time of the Olmec civilization, women first began to grind cacao beans into a paste and mix them with water. Much later, during the Aztec civilization of the twelfth through the fifteenth centuries, xocolatl—the Nahuatl word for cacao nibs—was reserved as a drink only for the nobles, priests, and warriors and was served in ornate clay drinking vessels. In fact, cacao nibs were so valuable they were used as a form of currency” (30).

Mi viaje a Gish Bac fue satisfactorio por todas partes. No solo tuve la oportunidad de comer platos ricos amigos, sino que también tuve la oportunidad de profundizar en la rica cultura e historia que Oaxaca tiene para ofrecer. Dicho esto, definitivamente visitaré otra vez para probar el mole.

Cielito Lindo, Una Muestra del Cielo – Angelina Girgis

En el 28 de enero, visitamos a Calle Olvera, un lugar con una historia muy rica y fascinante. Antes de la colonización de España, los nativos americanos de la tribu Tongva se establecieron en la zona que está Los Ángeles ahora. Olvera Street es conocida como el “lugar de nacimiento” de Los Ángeles porque está ubicada en la parte más antigua del centro de la ciudad. Primero se llamó Wine Street, pero cambió su nombre en 1877 en honor del primer juez del condado, Agustín Olvera, que vivía en la calle. Al comienzo del siglo XX, las malas condiciones de trabajo y de vida de los inmigrantes que vivían la ciudad les ha causado a una revuelta. La parte más antigua de la ciudad se convirtió en un foco de la política radical. Esto cambió en 1926 cuando Christine Sterling, una socialité adinerada del norte de California, se sorprendió al ver estas condiciones. Veintisiete estructuras, incluido el Avila Adobe, fueron marcadas para su demolición. Sterling comenzó una campaña para salvar estas estructuras y transformar el área en un animado mercado mexicano. Debido a sus esfuerzos, Sterling es conocida como “La Madre de Calle Olvera”. Olvera Street tiene la primera iglesia, estación de bomberos y teatro de la ciudad, además del Avila Adobe y otros sitios y residencias históricas. En el lado sur de la Plaza está la Casa Pico. Pio Pico fue el último gobernador mexicano de California y su casa fue el primer hotel de la ciudad. En su centro se encuentra la antigua plaza, el corazón simbólico de Los Ángeles.

Mientras estábamos en Calle Olvera, visitamos Cielito Lindo. Al igual que Calle Olvera, el pequeño restaurante mexicano también tiene una larga historia. La familia Guerrero dejó su pueblo de Huanusco en Zacatecas, México, y encontró trabajo en Calle Olvera a principios de la década de 1930. Después de recibir el permiso de Sterling, la familia abrió su propio negocio varios años después. Durante casi 80 años, Cielito Lindo ha estado vendiendo sus taquitos caseros con su icónica salsa de guacamole.

Después de investigar a fondo el menú, decidí pedir el combo # 2: dos taquitos de carne de res y un tamal relleno con una selección de carne de res, pollo o espinacas y queso. Se colocaron sobre una capa de frijoles refritos y se cubrieron con una salsa roja picante, queso cheddar rallado y queso mozzarella y su famosa salsa de guacamole.

Como puede ver, el plato tuvo una presentación vibrante y colorida y es claramente muy atractivo y apetitoso. Sabía que comer esto sería un proceso complicado, pero no estaba preparado para lo que vendría después…
También tenía un olor muy agradable que me entusiasmó comerlo. Podía oler la comida de la cocina incluso antes de que estuviera en mi plato.
Rápidamente metí mi tenedor en el tamal y un gran trozo de salsa cayó sobre mi ropa…

¡Ay, no!

Después de este incidente, me di cuenta de que sería una mejor opción comer mientras estaba sentado en una mesa en lugar de un banco. (Aunque tuve que lavar mi ropa varias veces, la mancha terca finalmente salió). El tamal estaba caliente y cocinado a la perfección. Era dulce por fuera y salado por dentro, como deberían ser todos los buenos tamales. Luego comí los taquitos que estaban cubiertos de frijoles refritos y salsa de guacamole. Intenté comerlos con un tenedor y cuchillo de plástico, pero fue muy difícil. Me rendí y usé mis manos en su lugar. Cuando comí los taquitos, noté que estaban crujientes en algunas partes pero empapados en otras. Esto fue muy probablemente debido a la salsa. Aunque se vino abajo, la carne adentro estaba deliciosa. En general, estuve contento con la comida (aunque mi ropa estaba arruinada). Fue picante, cálido y muy abundante.

Para el postre, pedí una taza de champurrado, que es una bebida mexicana espesa y tibia que contiene chocolate, canela, nueces molidas y harina de maíz. Es una versión mucho más sabrosa del típico chocolate caliente americano. Incluso después de esperar quince minutos, la bebida todavía estaba muy caliente. Aunque me quemé la lengua, valió la pena. El champurrado fue un contraste agradable y dulce a mi almuerzo picante.

Después de investigar un poco en casa, descubrí que la región de México de donde proviene la familia Guerrero tiene una interesante perfil culinaria. Zacatecas es más conocido por su asado de boda, un mole regional con sabor a naranja, y su birria de chivo (porque Zacatecas está ubicado en una región montañosa con muchas cabras). También tiene su propia versión de los alimentos mexicanos clásicos como las empanadas (se conocen como gorditas, que son empanadas circulares de harina de maíz rellenas). Los alimentos que se consideran alimentos mexicanos “convencionales” generalmente contienen carne de res, pollo o cerdo, pero no carne de cabra. Aunque Cielito Lindo fue establecido por una familia de Zacatecas, los platos que preparan y los ingredientes que usan son más “convencionales”.

Mi primera expedición con SPAN 385 fue feliz. Me alegró ver que una pequeña empresa que comenzó hace 80 años ahora está prosperando y todavía sirve auténtica cocina mexicana. La primera vez que visite definitivamente no será la última.

Chichén Itzá: Una Exploración de Comida Yucateca— Yesenia

Ubicado al lado del DMV de Los Ángeles en Grand Avenue en California, el edificio del Mercado La Paloma emula la vibrante cultura que se puede encontrar en esta ciudad animada. Al ingresar al edificio expresivo y vitalizado por murales elaborados de colores, te encuentras con gente multilingües hablando entre varias familias y los aromas de varios restaurantes culturales: tailandés, etíope, mexicano. Para reforzar este ambiente cultural y acogedor, hay carteles bilingües en inglés y español colgadas en las columnas de cuadros al lado de las mesas. Este centro (Mercado la Paloma) concurrido permite a cada restaurante dar vida a su cultura con exhibiciones coloridas y platos “auténticos”.


Un sábado por la tarde, mi amigo y yo decidimos comer en Chichén Itzá en el Mercado la Paloma. Este restaurante ha recibido varios reconocimientos por su comida y ha estado en varias publicaciones recomendando su comida, por ejemplo, ha estado reconocido como uno de los 99 mejores restaurantes en Los Ángeles elegido por L.A. Weekly.


Queríamos probar la comida mexicana de la región de Yucatán, ya que ninguno de nosotros la había probado antes y Chichén Itzá parecía buena para esta excursión. Chichén Itzá es un restaurante mexicano que sirve comida de la región de Yucatán desde 2001. Esta región de México se encuentra entre el Mar Caribe y el Golfo de México, en el sureste de México.

Yucatán

Luchando por tener una atmósfera “auténtica” para acompañar sus platos tradicionales, este restaurante colorido y adornado da vida a su cultura vibrante. Incluso su menú intenta agregar una capa de autenticidad al representar un templo maya. Esta representación también da contexto al nombre del restaurante: “Chichén Itzá”. Chichén Itzá, un sitio arqueológico en la región de Yucatán, es conocido por sus templos mayas e incluso ha sido reconocido como una de las Nuevas Siete Maravillas del Mundo.


La comida en esta región de México también es muy interesante y difiere de la mayoría del país. La cocina yucateca está influenciada fuertemente por la comida maya y europea, debido a las poblaciones nativas de la región y al comercio europeo en los puertos cercanos. Esta mezcla de culturas ha creado una cocina única con sabores fuertes que ahora son considerados característicos de la región. Su cocina es conocida por su paté de achiote, las naranjas de Sevilla, los platos envueltos en hojas de plátano y el uso de pimientos habaneros.


Inspirados en los platos típicos de la región, mi amigo y yo pedimos una torta de pac chuc y un plato fuerte de pollo asado después de ser recibidos por empleados agradables. La torta de pac chuc consistía en “paletilla de cerdo a la parrilla de madera, marinada en jugo de limón y ajo y servido con aguacate en rodajas, cebolla asada, salsa de tomate “Chiltomate”, chorizo longaniza y puré de frijoles negros”. El pollo asado consistía en “muslos de pollo deshuesados a la parrilla de madera, marinados con achiote y servido con arroz, frijoles negros, plátano frito y tortillas de maíz”. Decidimos acompañar estos platos con las bebidas, agua de jamaica y horchata.


Unos quince minutos después de ordenar, nuestra comida humeante fue entregada a nuestra mesa de madera. El aroma apetitoso de las especias llevado por el aire de nuestros platos junto con el ambiente animado creó una atmósfera muy agradable y hogareña. ¡Desde el sabor del agua de jamaica que fue suficientemente dulce hasta la combinación dulce y picante del plátano frito y el pollo achiote, todo estaba delicioso! También disfruté el sabor suave del arroz blanco con los frijoles negros perfectamente salados. ¡Solo pensar en la comida nuevamente me da hambre!


Los sabores picantes y audaces y las tortillas calientes de maíz se mantuvieron fieles a las raíces nativas de la cocina yucateca. Dudo en llamar a la comida puramente “auténtica” ya que el punto de referencia de la autenticidad es subjetivo y siempre cambiante; Sin embargo, creo que la comida en Chichén Itzá es fiel a las recetas que son características de la región yucateca según mi investigación.


Con un precio decente para las grandes porciones de comida ordenada, Chichén Itzá ofrece una exploración cultural que es asequible y sabrosa cerca del centro de Los Ángeles y la USC. ¡Si te gusta la comida fresca y picante, te recomiendo Chichén Itzá!

Sencillo: una experiencia en Chichen Itzá

Por Victoria Friend

Por mi primera expedición a la comida en Los Ángeles, sabía que necesitaba ir a Chichen Itzá. Este restaurante es muy cerca de USC en el Mercado de Paloma, a menos de quince minutos a pie del campus. Adicionalmente, Chichen Itzá fue reconocido por Jonathan Gold en su articulo sobre “99 Restaurantes Esenciales” en 2011 y más reciente en un artículo del LA Times, “101 Restaurantes Mejores 2019”. La especialidad del Chichen Itzá es en comida yucateca, definido por sus influencia española y maya. De hecho, incluso el nombre Chichen Itzá refiere a la ruina maya en México. Con la recomendación de Jonathan Gold y muchos amigos que han visitado Chichen Itzá en años pasados, parecía el lugar ideal para comenzar.

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Cuando fui a la Mercado de Paloma para visitar Chichen Itzá, me di cuenta inmediatamente que el escenario fue muy sencillo. Las paredes fueron pintadas en colores brillantes, pero no había mucha decoración. Lo único en las paredes eran carteles que explicaban la misión del mercado, en español y ingles. Las mesas y las sillas eran igualmente sencillas y cómodas, configurado para parecerse casi a una mesa familiar en una casa. En el día que visité, yo fue el único alumno allí – todos los otros fueron familias. Pensé que era interestante que muchas de las familias fuero intergeneracionales – había abuelos, padres, y niños en la misma mesa. Creo que esta es una nota cultural interesante, pero también podría ser porque estuve allí muy temprano – eran pasadas las cuatro de la tarde.

Decidí ordenar los tacos de cochinita pibil y también una horchata. Elegí la cochinita pibil porque la cochinita pibil es una carne tradicional del Yucatán y quería probar algo mas tradicional. También, fue recomendado por la camarera. Mirando hacia atrás, creo que estaba buscando por una experiencia autentica de comida yucateca – pero como hemos leído en el artículo “Three World Cuisines” por Ken Albala, la autenticidad es muy difícil definir. Él dice que la autenticidad es “food as it is prepared and eaten in its original form”, pero como hemos discutido en clase, es completamente imposible decidir definitivamente que es auténtica y que inauténtica. En algunos casos unas personas pueden decir que los tacos de Chichen Itzá son más autentica que los de Taco Bell, mientras que algunas pueden decir los dos son auténticas. El termino “autentico” en este caso, depende de su perspectivo. Por eso, no puedo decir que la comida de Chichen Itzá es auténtica o no, pero puedo decir una cosa: fue delicioso.

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Los tacos

Los tacos de cochinita pibil fueron sencillo y elegante, con solo tres ingredientes: tortillas de maíz, cebollas en vinagre, y la carne del cerdo. Puede parecer básico, pero fue la perfección absoluta. Las cebollas eran brillantes y agrias, casi como el sabor de limón, pero con un poco mas de la picadura. La carne del cerdo era suave y sabroso, la oscuridad a la luz de las cebollas. Y la tortilla – el recipiente perfecto para combinar los dos ingredientes. Fue una tortilla de maíz – como nota Pilcher en su artículo “Coming Home to Salsa,” esta es un símbolo de autenticidad a la comida mexicana en comparación con la tortilla de harina, que es mas asociado con comida americana. También hay una salsa picante de habaneros que era muy fuerte, pero una adición bienvenida. La horchata era fantástica también – dulce como canela, y un poco arenoso. No he probado cochinita pibil antes, pero he probado muchas horchatas durante mi tiempo en USC. Puedo decir, sin reservaciones, que esto fue lo mejor que he tenido.

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Horchata y salsa

Una frase que sigue llegando a la mente sobre mi experiencia en Chichen Itzá es eso: sencillo. En términos de la cultura de comida que existe entre Chichen Itzá y el Mercado de Paloma, creo que eso es lo mas honesta y verdadero. En mi opinión, Chichen Itzá no está realizando algo falso – no hay una experiencia del sueño española cuando visite. Creo que Chichen Itzá actúa muy parecido a un espacio de la comunidad, así como un restaurante. Su cultura de comido no tiene adornos ni pretensión – solo tiene comida buena en un ambiente buena y cómoda. Y creo que eso es lo máximo que puedes esperar en un restaurante como eso. Espero volver a Chichen Itzá muchas veces.

Turismo Culinario en Tulum (Noma) y Madrid + Reflexión del Semestre

por Natalie Redington

Turismo Culinario

Basado en la discusión en clase, pienso que el turismo culinario es algo positivo, porque produce más razones para personas de visitar un lugar que quizás no tenía ganas de visitar. Por la comida, la gente visitan lugares diferentes y se pueden conocer mejor el mundo; la falta de hacer eso es un problema que existe y que cree mentes cerradas.

Para mí, la comida puede actuar como una forma de enseñar sobre una cultura diferente. Por ejemplo, cuando era muy joven en la escuela segundaria, estaba en la coche con una madre de una amiga que no me gustaba mucho. Estaban hablando de cómo mi “amiga” iba a estudiar en Salamanca para el verano, y su madre dijo que tenía miedo del hecho que su hija iba a estar con una familia anfitriona, particularmente relacionada a la comida. La madre dijo (palabra por palabra, me lo recuerdo muy bien) que, “The food they eat in Spain is just weird.” Era muy afortunada en mi vida de conocer otras culturas y comidas muy temprano, pero en este caso, me sentía primera sorprendida y después sentía triste para la madre y mi amiga, ¿porque como se lo podría decir eso sobre la cultura de otros? Y esto es una razón porque el turismo culinario es importante.

En relación al sujeto de Noma México, hay pros y contras. Primero, para dar el contexto a la historia, René Redzepi es un chef danés, que no tiene ninguna relación con la comida mexicana, aparte de venir a Tulum y conocerla para un periodo breve. No es su primero pop up tampoco – según un artículo en Eater.com, también hizo uno en Tokyo, otro en Sydney y otro en Londres. Pero en mi opinión, es diferente aquí en Tulum dónde, según el artículo del NYT, “the average income is in the bottom third [of the country, and] about half of [Quintana Roo’s] residents live in moderate to extreme poverty.” En un lado, un “pop up,” particularmente en Tulum, que es un poco más remoto que los otros lugares de los “pop ups” antes, recibe mucha gente, gracias a este turismo culinario; las personas no solo han pagados para la comida en Noma, pero también “for flights to the Yucatán, a car rental or taxi to Tulum, and at least one night in a hotel” (NYT). Mi suposición también es que la gente que viene a Tulum, si pueden permitirse a comer a Noma para $350 a cada persona, también tiene el dinero para quedarse más de un día en Tulum, y probablemente lo harían un viaje más largo, y todo esto contribuye a la economía de Tulum. Lo que añade también este influjo a Tulum es la exploración y comprensión de la comida/cultura nativa, que incluye no solo la cultura moderna de México, pero también una cultura anciana de la gente maya y la cultura específica del Yucatán que desarrollaba solo por los siglos, causado por mucho aislamiento y la separación del bosque.

El turismo culinario puede ser una buena cosa, particularmente si la gente que viene apoya los negocios locales. Y yo pienso que generalmente el turismo culinario es una cosa positiva, particularmente en mis experiencias (que voy a discutir más tarde), pero pienso que esta idea de un “pop up” como Noma presenta muchos problemas. Primero, representa la idea de la apropiación culinaria como hemos discutido hace unas semanas. Redzepi viene a un lugar como Tulum, toma la comida local, lo re-hace en una manera “mejor” (o lo que él piensa que es mejor) y se despide después de algunas semanas. Redzepi dijo a CN Traveler que, “We cannot cook as well as the people here who have been doing it forever, but we will be inspired from it” (Eater.com). El problema que existe aquí es que Redzepi toma la cultura/tradición culinaria de la gente local y lo re-vende para un precio muy alto, mientras que las personas que viven acerca, que cocinan las mismas cosas, no se pueden permitirse a comprar su próxima comida porque no tienen bastante dinero. Pero si “Noma” es la cosa que comienza el gran influjo turístico a Tulum, que apoyará los negocios para los años que vienen, a la larga, quizás ha tenido un buen efecto.

Yo era una turista culinaria en España unas veces. Primero, cuando era en Sevilla con mi familia hace muchos años, fuimos al museo de Jamón Ibérico porque a mi padre le encanta el jamón español, y además tiene una obsesión con la comida española. Aprendí en el museo sobre como los cerdos comen solo bellotas para crear un sabor muy rico y único en la carne. Ahora, cada año mi padre compra una pierna de jamón ibérico y toda mi familia disfruta de comerla.

Después, regresé a Madrid hace dos veranos para hacer prácticas en un negocio de noticias, y sabía que la comida iba a ser una gran parte de mi experiencia. No podía esperar a comer jamón, croquetas, pan con tomate, y más. Mi amiga había sido a Madrid el verano antes, y me dijo que conocía los mejores lugares para comer. Fui a restaurantes como Bar Tomate, Ten con Ten y otros. Estaba discutiendo la comida española a mi trabajo, y mi jefa dijo que todos los lugares donde fui eran “postureos,” que significa como lugares para “posers.” Me sorprendí, solo porque pensé que mi amiga era experta de la ciudad. Este día al trabajo, mi jefa tomó todo el equipo a tomar una copa en un restaurante “auténtico,” donde probé la “ensaladilla” para la primera vez. Es un plato que normalmente se hace en la casa, y no lo había visto mucho antes en las cartas diferentes de los restaurantes en que comí en Madrid. Pero fue interesante de descubrir algo nuevo, y además de pegar onda con mis compañeros de trabajo en el negocio de noticias. Comer juntos es más que solo la comida; es la conversación que tiene, es la esfuerza de estar juntos y las memorias que crean mientras comiendo comida deliciosa.

Esta excursión en particular a probar ensaladilla también fue significante porque me hice amigos con el otro joven que hacía prácticas también, Javier, y él me mostró toda la comida de Madrid. Cada día después del trabajo, fuimos juntos a almorzar. Me mostró toda la comida que no era “posturea” pero lo que comían los verdaderos madrileños. Probé croquetas de rabo de buey, el pulpo, huevos horneados, y más. Fue muy especial para mí de tener un guía personal y además, un amigo con quién podía conocer mejor cada día por almuerzos o cenas: mientras comiendo había un gran intercambio de cultura, lenguaje, jerga, chistes y más. Mi tiempo allí fue muy influido por la comida, o por tiempo que pasé comiendo con otros. Finalmente, como he dicho en clase, la comida y el acto de sentarse juntos para comer es un gran parte no solo de las vacaciones pero de la vida entera. Muchas de las memorias cariñosas que tengo de vacaciones de familia son de cuando estábamos comiendo buena comida (entre otros).

Reflexión del semestre

¡Me gustaba mucho mi tiempo en esta clase! Probé mucha comida diferente y quizás nunca iba a tener la oportunidad de descubrir todo sin esta clase. También aprendí mucho sobre los vendedores ambulantes, la cultura que muchas personas encuentran cuando vienen aquí en Los Ángeles, y también como estos problemas afectas nuestra comunidad hoy, como se lo puede ver en la ciudad de Boyle Heights y todos sus problemas con la gentrificación. Algo importante que también aprendí es que los regiones diferentes de México verdaderamente tienen tipos de comida totalmente diferentes. Lo sabía antes, pero no tan profundamente que lo se ahora. Lo que comen en Oaxaca es diferente que en Michoacán, o en la región Jalisco. Ahora me inspiré, y quiero hacer un tour de comida en México – ¡turismo culinario!

Esta clase me hizo explorar, que me gustaba. Para mí, Boyle Heights siempre parecía muy lejos, pero cuando fui a Tacos y Birria La Única para uno de los blogs, me sorprendí mucho de descubrir que verdaderamente era solo dos minutos más por coche del “Arts District” donde voy frecuentemente. Fue muy divertido también de hacer la presentación juntos con Josh y Arianna; fuimos a Mex Perú Gipsy en Downtown LA (otra vez, en un lugar desconocido para mí) para probar comida y hacer entrevistas con los dueños. ¡Fue muy especial y algo que nunca haría para otra clase de español!

Pienso que mi memoria favorita fue cuando probamos Mariscos Jalisco, y también fue mi comida favorita de todo el semestre. El taco de camarones con aguacate y la salsa especial era, quizás, el mejor taco que he comido en mi vida – y como soy nativa a LA, he comido muchos tacos en mi vida. También fue interesante descubrir Guerrilla Tacos (aunque fui antes de cuando fuimos con la clase) y de probar este taco de camote y los sabores que jugaban juntos para crear algo sorprendido. Me gustaba como Wes Ávila explicó su historia única y también como tenía mucho orgullo en lo que hacía en su vida. Me gustaba la idea de la fusión de su herencia mexicana con su entrenamiento formal bajo chefs como Alain Ducasse. Y la cena final que hicimos ayer, ¡me encantó! Fue muy interesante de aprender de chefs como Lorena Garcia & Jaime.

Y lo que me encantaba el mejor de esta clase era la mezcla del español y también el periodismo, porque quiero ser periodista después de mi programa de Master’s en Annenberg el año próximo. Me gustaba entender las historias de Javier Cabral, de Lucas Peterson y también de Merced y otros. Para mí, esta clase fue la mezcla perfecta de todas mis cosas favoritas: la lengua español, la comida y el periodismo. ¡Muchas gracias para un semestre increíble!

Culinary Appropriation: Rick Bayless vs. Kogi Food Trucks

By Natalie Redington (featured image is Yellowtail Aguachile from Rick Bayless’ Restaurant, Topolobampo)

On my way to a quiet study space to write this blog, I was speaking casually to my best friend about the idea of culinary appropriation, which can often be a touchy subject. My friend (who preferred to remain anonymous for this blog) is from Hong Kong, and I was curious to hear her thoughts. She stated,

“It really frustrates me when the reason [Asian food] is brought to light or made cool is from someone who doesn’t know my culture and is using it to gain popularity. Dumplings aren’t cool because white people discovered it. It’s been there for centuries. If I brought it to school [for lunch], people would’ve laughed. It’s like that for so many people where they get made fun of [for the food they eat], but some celebrity chef makes it popular and then people around me are talking like they know what [Asian food] is because they’ve had it once. It’s fucked up that people not of my culture pick and choose the parts of it they want to appreciate, and they appreciate it until they don’t. My culture is not a fad.”

As someone also of Asian heritage, I can relate to these sentiments, and I’ll touch upon them more in depth towards the end of my blog. However, Asian food culture is not the only food group that is being appropriated or popularized by the white majority. As evidenced both by popular controversies and the readings of this week, white chefs – particularly Rick Bayless – cooking food from Latino cultures have received a lot of backlash. This idea of “culinary appropriation” comes with its pros and cons – think Bayless’ elevation of Mexican food beyond burritos and combo plates vs. his monetary gain off tradition/ideas from another culture. In the end the cons outweigh the pros, as what’s most problematic is the unwarranted borrowing, or moreover, stealing, of culture through culinary practice.

Yes, America is a melting pot, and the idea that there is a “mixing” of cultures that occurs is undeniable. But the line often gets blurred. Bayless speaks about how mole is a combination of ingredients from all over the world – with different “elements from Southeast Asia, Europe blended together seamlessly with ingredients from the new world” (Sporkful). The people of Mexico took that and created a signature dish that is unique and specific to their culture. In turn, Rick Bayless takes that specific set of food and recreates/copies it and profits from that. For example, on his dinner menu at his restaurant Topolobampo (a favorite of Obama’s), you can find dishes that are very specific to Mexican culture, such as carne asada, aguachile, tacos, and elote. While he may put his own spin on it by adding Yellowtail or “foie gras crema,” he takes a cuisine away from its roots because he implements higher-priced items such as those just listed. Then the food becomes tailored to a different audience – one that is often white, and of a higher socioeconomic background, and that is how the food becomes more popular. The street vendors down in the Piñata district or out in Boyle Heights might not be able to afford such ingredients, and the food they make is just as tasty; however, they’re discriminated against, and their food still continues to be considered low-class because they don’t tailor to a certain group of high-paying or influential customers. Professor Portnoy, in her book, Food, Health and Culture in Latino Los Angeles, expands on the racial discrimination against street vendors, quoting first from Lorena Muñoz: “‘the space in which these immigrant vendors practice their trade is ‘racialized,’ meaning ethnic or racial identities are ascribed to a minority group by the dominant one’…[For example,] in Los Angeles, Latino street vendors are typically regarded as undocumented regardless of their actual citizenship status…these stereotypical representations place vendors into a larger discourse of national and state immigration policies and attitudes that are informed by race. As the early history shows, vendors have been racialized since they first sold tamales on the streets of downtown Los Angeles over a century ago” (105). This is in great contrast to Rick Bayless, who does not have to worry about many of these issues.

Rick Bayless, owner of Topolobampo & other high-end Mexican restaurants — The Daily Beast

Bayless states, “I know that there have been a number of people out there that criticized me only – only – because of my race. Because I’m white, I can’t do anything with Mexican food. But we have to stop and say, ‘Oh wait, is that plain racism then?’” (Sporkful 22:55). No, it’s not racism. While it’s admirable that Bayless has spent a long time living in Mexico, conducting research and getting to know the background information of traditional Mexican food, the problem lies in the fact that he’s not of Latino/Mexican descent. Because of this, he actually DOESN’T experience racism like most Mexicans/Mexican-Americans/Latinos do, even as often as on a daily basis from the general public, especially towards their food which has, for a long while, been considered to be low-class. As my friend stated in regards to her Asian culture, Bayless simply gets to choose what he deems to be the best part of Mexican culture – the food – and experience and recreate that, while becoming famous and wealthy off the traditions, recipes and preparation techniques that he stole from another culture. He also does this, most importantly, without also experiencing the other facets (meaning, the bad parts like racism and discrimination as well) of what it’s like to be a minority. The fact that he states, “I just don’t even understand where they’re coming from” in regards to his Mexican naysayers, exemplifies exactly this concept – he is so far removed from what it’s like to be a minority that he can’t even fathom the idea of why he could even potentially be in the wrong (23:55 Sporkful). I was pretty taken aback by the insensitivity of this comment. Rick Bayless knows Mexican cuisine very well, and instead of being an ambassador for the culture and teaching others about the history of Mexican food, continues to cater to only a certain group of people.

On the other hand, writing about a certain food culture is NOT appropriation. Both Peterson and Professor Portnoy do not steal from Latino culture but instead aid it immensely by popularizing it, without going so far as to steal from the culture (meaning, trying to recreate it/put their own spin on it and then profit from it). Their popularization through writing in turn helps support businesses and makes a larger population aware of the different types of food available; they expose the general public to a delicious type of food that may have been unknown before in a helpful way. In the case of food writing, it is not so much appropriation as it is a sharing or overlapping of cultures. Some critics may argue that Peterson, a food writer “columbused,” when he wrote about Timoteo, a street vendor selling corn. Peterson defines this term as “the act of reckless and thoughtless appropriation (typically by rich white people) of a thing that has been around for years or decades (a thing that usually belongs to non-white people)…[it] conjures up centuries of white upper-class appropriation of Latino culture” (106). While he received some backlash on exposing Timoteo for reasons related to potential “police harassment and fines,” gentrification and other issues (which means this type of publicity is not meant for every single street vendor out there, and permission must be granted), I agreed with his defense where he stated that the vendor “gave permission to Peterson to write the story… [and responded, saying] ‘Yeah, great. I get to go home earlier. We sold out.’ Clearly, the vendor benefited from his outing with the media” (107, 106). While some may view this as gentrification of a type of food that existed for a long time before white people discovered it, this, in my opinion, is different than appropriating food culture. Peterson, through publishing this article, supported Timoteo’s business, and encouraged others to try foods that may be out of their comfort zone or far from what they would normally eat. This opposes Rick Bayless’ method, where he profits immensely from taking a food, recreating it and “adapting it” or tailoring it to white standards and then making it popular.

This semester as part of the SPAN 385 class, I experienced “fusion” food a few times – whether that was at Guerrilla Tacos or X’tiosu Kitchen, and I’ve eaten at Kogi food truck before. Professor Portnoy’s article in conjunction with Pilcher, titled, Roy Choi, Ricardo Zárate, and Pacific Fusion Cuisine in Los Angeles, gave a brief history of the origins of the Kogi food truck and its owner, Roy Choi; this story is what fascinated me most from the reading. Portnoy and Pilcher describe how, “Kogi fusion grew from Choi’s childhood in the culinary and social borderlands of Los Angeles…particularly Boyle Heights was a gathering place for diverse migrants, including Mexicans, Italians and Jews, as well as Koreans, Japanese, Chinese and Filipinos” (10). He grew up experiencing the collective group identity of all these cultures coming together, in unity against those who discriminated against the Boyle Heights community. In my opinion, the creation of the Kogi food truck was an authentic and warranted borrowing of cultures, because “Choi’s taste buds were informed by these years of walking the streets of Los Angeles, where Mexican food blends seamlessly with American fare through cross-cultural marketing and intermarriage…Kogi’s fusion cuisine was not just a mixture of cultures, it also reflected the cross-class encounters of the Los Angeles streets, as Choi combined a tattooed, hip hop street cred with the professionalism of a CIA training” (10, 12). Choi implemented into his food truck all of what he knew from his childhood, and because he grew up as a part of this marginalized community, he isn’t picking and choosing only the parts of a culture he wants to profit from – as a minority and having grown up in this community in Boyle Heights, he’s already experienced it all. Most importantly, Choi’s food “brought people from different walks of life together” (12). Kogi’s food trucks not only mix cultures through its creations like “short rib tacos, kimchi quesadillas, and Kogi sliders,” but it also creates a positive environment for bonding over food.

Roy Choi, owner of the popular Los Angeles-based Kogi food trucks — The Daily Beast

In relation to my own Asian heritage, I’ve spoken a lot about my noodle parties – and I apologize for the repetition, this is just the only real comparison I can make. With Thai food generally comes a certain amount of culinary appropriation as well, but I’d like to focus specifically on the noodle soup my mom makes (a family recipe). For the longest time, I didn’t know the English name of the dish, until my mom sent me a post by Chrissy Teigen (who is half-Thai) on Instagram of her daughter eating what she called “Thai boat noodles.” I had never realized there was an English name for it, because my mom referred to it as “kuay tiew,” (pronounced quih-TYOW, ก๋วยเตี๋ยวเรือ). I then googled it awhile back and found a white woman recreating this dish (I searched again on YouTube and couldn’t find it…). I didn’t find myself as angry as my best friend from Hong Kong is/was, but it was more of a question of “How would you even know?” How would you know how to make this? How would you know the history behind these noodles? How would you know what little things to add to the soup (like a dash of fish sauce and vinegar, a sprinkle of brown sugar and a spoonful Sambal Oelek) that make all the difference? I’m not so much angry that this person is “appropriating” my food culture as I am worried that they’re advertising it in a way that doesn’t showcase its full potential! Let me make it for you instead and it will taste much better!!

If you want a little background/context about these noodles I keep going on about, here’s Chrissy Teigen customizing a bowl in Bangkok (I’m aware that, yes, this could be an example of a famous person making this type of food “cool,” but in my opinion, she is showcasing her heritage).

In conclusion, culinary (and furthermore, cultural) appropriation is a subject that doesn’t have a simple answer. If we didn’t mix and take from other cultures, there would be no sense of evolution or progress as cultures come together, especially in the “melting pot” that has almost come to define America. However, it’s still important to realize that some cultures pride themselves on their food, music, traditions, language, and other facets as uniting factors in face of other issues like racism, discrimination, or lack of acceptance from others because they’re different. And it becomes frustrating when the white majority thinks they can simply take one of those factors, like food, without experiencing the other repercussions of being a minority, especially at a time like this in America, with unprecedented divisiveness and political turmoil/unrest. Sometimes culinary mixes work, like in the example of the Kogi food truck, but others, like Rick Bayless’ restaurants do not. Culinary exchange must be first, carefully done, and also taken into account/interpreted on a case-by-case basis.