Turismo Culinario en Tulum (Noma) y Madrid + Reflexión del Semestre

por Natalie Redington

Turismo Culinario

Basado en la discusión en clase, pienso que el turismo culinario es algo positivo, porque produce más razones para personas de visitar un lugar que quizás no tenía ganas de visitar. Por la comida, la gente visitan lugares diferentes y se pueden conocer mejor el mundo; la falta de hacer eso es un problema que existe y que cree mentes cerradas.

Para mí, la comida puede actuar como una forma de enseñar sobre una cultura diferente. Por ejemplo, cuando era muy joven en la escuela segundaria, estaba en la coche con una madre de una amiga que no me gustaba mucho. Estaban hablando de cómo mi “amiga” iba a estudiar en Salamanca para el verano, y su madre dijo que tenía miedo del hecho que su hija iba a estar con una familia anfitriona, particularmente relacionada a la comida. La madre dijo (palabra por palabra, me lo recuerdo muy bien) que, “The food they eat in Spain is just weird.” Era muy afortunada en mi vida de conocer otras culturas y comidas muy temprano, pero en este caso, me sentía primera sorprendida y después sentía triste para la madre y mi amiga, ¿porque como se lo podría decir eso sobre la cultura de otros? Y esto es una razón porque el turismo culinario es importante.

En relación al sujeto de Noma México, hay pros y contras. Primero, para dar el contexto a la historia, René Redzepi es un chef danés, que no tiene ninguna relación con la comida mexicana, aparte de venir a Tulum y conocerla para un periodo breve. No es su primero pop up tampoco – según un artículo en Eater.com, también hizo uno en Tokyo, otro en Sydney y otro en Londres. Pero en mi opinión, es diferente aquí en Tulum dónde, según el artículo del NYT, “the average income is in the bottom third [of the country, and] about half of [Quintana Roo’s] residents live in moderate to extreme poverty.” En un lado, un “pop up,” particularmente en Tulum, que es un poco más remoto que los otros lugares de los “pop ups” antes, recibe mucha gente, gracias a este turismo culinario; las personas no solo han pagados para la comida en Noma, pero también “for flights to the Yucatán, a car rental or taxi to Tulum, and at least one night in a hotel” (NYT). Mi suposición también es que la gente que viene a Tulum, si pueden permitirse a comer a Noma para $350 a cada persona, también tiene el dinero para quedarse más de un día en Tulum, y probablemente lo harían un viaje más largo, y todo esto contribuye a la economía de Tulum. Lo que añade también este influjo a Tulum es la exploración y comprensión de la comida/cultura nativa, que incluye no solo la cultura moderna de México, pero también una cultura anciana de la gente maya y la cultura específica del Yucatán que desarrollaba solo por los siglos, causado por mucho aislamiento y la separación del bosque.

El turismo culinario puede ser una buena cosa, particularmente si la gente que viene apoya los negocios locales. Y yo pienso que generalmente el turismo culinario es una cosa positiva, particularmente en mis experiencias (que voy a discutir más tarde), pero pienso que esta idea de un “pop up” como Noma presenta muchos problemas. Primero, representa la idea de la apropiación culinaria como hemos discutido hace unas semanas. Redzepi viene a un lugar como Tulum, toma la comida local, lo re-hace en una manera “mejor” (o lo que él piensa que es mejor) y se despide después de algunas semanas. Redzepi dijo a CN Traveler que, “We cannot cook as well as the people here who have been doing it forever, but we will be inspired from it” (Eater.com). El problema que existe aquí es que Redzepi toma la cultura/tradición culinaria de la gente local y lo re-vende para un precio muy alto, mientras que las personas que viven acerca, que cocinan las mismas cosas, no se pueden permitirse a comprar su próxima comida porque no tienen bastante dinero. Pero si “Noma” es la cosa que comienza el gran influjo turístico a Tulum, que apoyará los negocios para los años que vienen, a la larga, quizás ha tenido un buen efecto.

Yo era una turista culinaria en España unas veces. Primero, cuando era en Sevilla con mi familia hace muchos años, fuimos al museo de Jamón Ibérico porque a mi padre le encanta el jamón español, y además tiene una obsesión con la comida española. Aprendí en el museo sobre como los cerdos comen solo bellotas para crear un sabor muy rico y único en la carne. Ahora, cada año mi padre compra una pierna de jamón ibérico y toda mi familia disfruta de comerla.

Después, regresé a Madrid hace dos veranos para hacer prácticas en un negocio de noticias, y sabía que la comida iba a ser una gran parte de mi experiencia. No podía esperar a comer jamón, croquetas, pan con tomate, y más. Mi amiga había sido a Madrid el verano antes, y me dijo que conocía los mejores lugares para comer. Fui a restaurantes como Bar Tomate, Ten con Ten y otros. Estaba discutiendo la comida española a mi trabajo, y mi jefa dijo que todos los lugares donde fui eran “postureos,” que significa como lugares para “posers.” Me sorprendí, solo porque pensé que mi amiga era experta de la ciudad. Este día al trabajo, mi jefa tomó todo el equipo a tomar una copa en un restaurante “auténtico,” donde probé la “ensaladilla” para la primera vez. Es un plato que normalmente se hace en la casa, y no lo había visto mucho antes en las cartas diferentes de los restaurantes en que comí en Madrid. Pero fue interesante de descubrir algo nuevo, y además de pegar onda con mis compañeros de trabajo en el negocio de noticias. Comer juntos es más que solo la comida; es la conversación que tiene, es la esfuerza de estar juntos y las memorias que crean mientras comiendo comida deliciosa.

Esta excursión en particular a probar ensaladilla también fue significante porque me hice amigos con el otro joven que hacía prácticas también, Javier, y él me mostró toda la comida de Madrid. Cada día después del trabajo, fuimos juntos a almorzar. Me mostró toda la comida que no era “posturea” pero lo que comían los verdaderos madrileños. Probé croquetas de rabo de buey, el pulpo, huevos horneados, y más. Fue muy especial para mí de tener un guía personal y además, un amigo con quién podía conocer mejor cada día por almuerzos o cenas: mientras comiendo había un gran intercambio de cultura, lenguaje, jerga, chistes y más. Mi tiempo allí fue muy influido por la comida, o por tiempo que pasé comiendo con otros. Finalmente, como he dicho en clase, la comida y el acto de sentarse juntos para comer es un gran parte no solo de las vacaciones pero de la vida entera. Muchas de las memorias cariñosas que tengo de vacaciones de familia son de cuando estábamos comiendo buena comida (entre otros).

Reflexión del semestre

¡Me gustaba mucho mi tiempo en esta clase! Probé mucha comida diferente y quizás nunca iba a tener la oportunidad de descubrir todo sin esta clase. También aprendí mucho sobre los vendedores ambulantes, la cultura que muchas personas encuentran cuando vienen aquí en Los Ángeles, y también como estos problemas afectas nuestra comunidad hoy, como se lo puede ver en la ciudad de Boyle Heights y todos sus problemas con la gentrificación. Algo importante que también aprendí es que los regiones diferentes de México verdaderamente tienen tipos de comida totalmente diferentes. Lo sabía antes, pero no tan profundamente que lo se ahora. Lo que comen en Oaxaca es diferente que en Michoacán, o en la región Jalisco. Ahora me inspiré, y quiero hacer un tour de comida en México – ¡turismo culinario!

Esta clase me hizo explorar, que me gustaba. Para mí, Boyle Heights siempre parecía muy lejos, pero cuando fui a Tacos y Birria La Única para uno de los blogs, me sorprendí mucho de descubrir que verdaderamente era solo dos minutos más por coche del “Arts District” donde voy frecuentemente. Fue muy divertido también de hacer la presentación juntos con Josh y Arianna; fuimos a Mex Perú Gipsy en Downtown LA (otra vez, en un lugar desconocido para mí) para probar comida y hacer entrevistas con los dueños. ¡Fue muy especial y algo que nunca haría para otra clase de español!

Pienso que mi memoria favorita fue cuando probamos Mariscos Jalisco, y también fue mi comida favorita de todo el semestre. El taco de camarones con aguacate y la salsa especial era, quizás, el mejor taco que he comido en mi vida – y como soy nativa a LA, he comido muchos tacos en mi vida. También fue interesante descubrir Guerrilla Tacos (aunque fui antes de cuando fuimos con la clase) y de probar este taco de camote y los sabores que jugaban juntos para crear algo sorprendido. Me gustaba como Wes Ávila explicó su historia única y también como tenía mucho orgullo en lo que hacía en su vida. Me gustaba la idea de la fusión de su herencia mexicana con su entrenamiento formal bajo chefs como Alain Ducasse. Y la cena final que hicimos ayer, ¡me encantó! Fue muy interesante de aprender de chefs como Lorena Garcia & Jaime.

Y lo que me encantaba el mejor de esta clase era la mezcla del español y también el periodismo, porque quiero ser periodista después de mi programa de Master’s en Annenberg el año próximo. Me gustaba entender las historias de Javier Cabral, de Lucas Peterson y también de Merced y otros. Para mí, esta clase fue la mezcla perfecta de todas mis cosas favoritas: la lengua español, la comida y el periodismo. ¡Muchas gracias para un semestre increíble!

Culinary Appropriation: Rick Bayless vs. Kogi Food Trucks

By Natalie Redington (featured image is Yellowtail Aguachile from Rick Bayless’ Restaurant, Topolobampo)

On my way to a quiet study space to write this blog, I was speaking casually to my best friend about the idea of culinary appropriation, which can often be a touchy subject. My friend (who preferred to remain anonymous for this blog) is from Hong Kong, and I was curious to hear her thoughts. She stated,

“It really frustrates me when the reason [Asian food] is brought to light or made cool is from someone who doesn’t know my culture and is using it to gain popularity. Dumplings aren’t cool because white people discovered it. It’s been there for centuries. If I brought it to school [for lunch], people would’ve laughed. It’s like that for so many people where they get made fun of [for the food they eat], but some celebrity chef makes it popular and then people around me are talking like they know what [Asian food] is because they’ve had it once. It’s fucked up that people not of my culture pick and choose the parts of it they want to appreciate, and they appreciate it until they don’t. My culture is not a fad.”

As someone also of Asian heritage, I can relate to these sentiments, and I’ll touch upon them more in depth towards the end of my blog. However, Asian food culture is not the only food group that is being appropriated or popularized by the white majority. As evidenced both by popular controversies and the readings of this week, white chefs – particularly Rick Bayless – cooking food from Latino cultures have received a lot of backlash. This idea of “culinary appropriation” comes with its pros and cons – think Bayless’ elevation of Mexican food beyond burritos and combo plates vs. his monetary gain off tradition/ideas from another culture. In the end the cons outweigh the pros, as what’s most problematic is the unwarranted borrowing, or moreover, stealing, of culture through culinary practice.

Yes, America is a melting pot, and the idea that there is a “mixing” of cultures that occurs is undeniable. But the line often gets blurred. Bayless speaks about how mole is a combination of ingredients from all over the world – with different “elements from Southeast Asia, Europe blended together seamlessly with ingredients from the new world” (Sporkful). The people of Mexico took that and created a signature dish that is unique and specific to their culture. In turn, Rick Bayless takes that specific set of food and recreates/copies it and profits from that. For example, on his dinner menu at his restaurant Topolobampo (a favorite of Obama’s), you can find dishes that are very specific to Mexican culture, such as carne asada, aguachile, tacos, and elote. While he may put his own spin on it by adding Yellowtail or “foie gras crema,” he takes a cuisine away from its roots because he implements higher-priced items such as those just listed. Then the food becomes tailored to a different audience – one that is often white, and of a higher socioeconomic background, and that is how the food becomes more popular. The street vendors down in the Piñata district or out in Boyle Heights might not be able to afford such ingredients, and the food they make is just as tasty; however, they’re discriminated against, and their food still continues to be considered low-class because they don’t tailor to a certain group of high-paying or influential customers. Professor Portnoy, in her book, Food, Health and Culture in Latino Los Angeles, expands on the racial discrimination against street vendors, quoting first from Lorena Muñoz: “‘the space in which these immigrant vendors practice their trade is ‘racialized,’ meaning ethnic or racial identities are ascribed to a minority group by the dominant one’…[For example,] in Los Angeles, Latino street vendors are typically regarded as undocumented regardless of their actual citizenship status…these stereotypical representations place vendors into a larger discourse of national and state immigration policies and attitudes that are informed by race. As the early history shows, vendors have been racialized since they first sold tamales on the streets of downtown Los Angeles over a century ago” (105). This is in great contrast to Rick Bayless, who does not have to worry about many of these issues.

Rick Bayless, owner of Topolobampo & other high-end Mexican restaurants — The Daily Beast

Bayless states, “I know that there have been a number of people out there that criticized me only – only – because of my race. Because I’m white, I can’t do anything with Mexican food. But we have to stop and say, ‘Oh wait, is that plain racism then?’” (Sporkful 22:55). No, it’s not racism. While it’s admirable that Bayless has spent a long time living in Mexico, conducting research and getting to know the background information of traditional Mexican food, the problem lies in the fact that he’s not of Latino/Mexican descent. Because of this, he actually DOESN’T experience racism like most Mexicans/Mexican-Americans/Latinos do, even as often as on a daily basis from the general public, especially towards their food which has, for a long while, been considered to be low-class. As my friend stated in regards to her Asian culture, Bayless simply gets to choose what he deems to be the best part of Mexican culture – the food – and experience and recreate that, while becoming famous and wealthy off the traditions, recipes and preparation techniques that he stole from another culture. He also does this, most importantly, without also experiencing the other facets (meaning, the bad parts like racism and discrimination as well) of what it’s like to be a minority. The fact that he states, “I just don’t even understand where they’re coming from” in regards to his Mexican naysayers, exemplifies exactly this concept – he is so far removed from what it’s like to be a minority that he can’t even fathom the idea of why he could even potentially be in the wrong (23:55 Sporkful). I was pretty taken aback by the insensitivity of this comment. Rick Bayless knows Mexican cuisine very well, and instead of being an ambassador for the culture and teaching others about the history of Mexican food, continues to cater to only a certain group of people.

On the other hand, writing about a certain food culture is NOT appropriation. Both Peterson and Professor Portnoy do not steal from Latino culture but instead aid it immensely by popularizing it, without going so far as to steal from the culture (meaning, trying to recreate it/put their own spin on it and then profit from it). Their popularization through writing in turn helps support businesses and makes a larger population aware of the different types of food available; they expose the general public to a delicious type of food that may have been unknown before in a helpful way. In the case of food writing, it is not so much appropriation as it is a sharing or overlapping of cultures. Some critics may argue that Peterson, a food writer “columbused,” when he wrote about Timoteo, a street vendor selling corn. Peterson defines this term as “the act of reckless and thoughtless appropriation (typically by rich white people) of a thing that has been around for years or decades (a thing that usually belongs to non-white people)…[it] conjures up centuries of white upper-class appropriation of Latino culture” (106). While he received some backlash on exposing Timoteo for reasons related to potential “police harassment and fines,” gentrification and other issues (which means this type of publicity is not meant for every single street vendor out there, and permission must be granted), I agreed with his defense where he stated that the vendor “gave permission to Peterson to write the story… [and responded, saying] ‘Yeah, great. I get to go home earlier. We sold out.’ Clearly, the vendor benefited from his outing with the media” (107, 106). While some may view this as gentrification of a type of food that existed for a long time before white people discovered it, this, in my opinion, is different than appropriating food culture. Peterson, through publishing this article, supported Timoteo’s business, and encouraged others to try foods that may be out of their comfort zone or far from what they would normally eat. This opposes Rick Bayless’ method, where he profits immensely from taking a food, recreating it and “adapting it” or tailoring it to white standards and then making it popular.

This semester as part of the SPAN 385 class, I experienced “fusion” food a few times – whether that was at Guerrilla Tacos or X’tiosu Kitchen, and I’ve eaten at Kogi food truck before. Professor Portnoy’s article in conjunction with Pilcher, titled, Roy Choi, Ricardo Zárate, and Pacific Fusion Cuisine in Los Angeles, gave a brief history of the origins of the Kogi food truck and its owner, Roy Choi; this story is what fascinated me most from the reading. Portnoy and Pilcher describe how, “Kogi fusion grew from Choi’s childhood in the culinary and social borderlands of Los Angeles…particularly Boyle Heights was a gathering place for diverse migrants, including Mexicans, Italians and Jews, as well as Koreans, Japanese, Chinese and Filipinos” (10). He grew up experiencing the collective group identity of all these cultures coming together, in unity against those who discriminated against the Boyle Heights community. In my opinion, the creation of the Kogi food truck was an authentic and warranted borrowing of cultures, because “Choi’s taste buds were informed by these years of walking the streets of Los Angeles, where Mexican food blends seamlessly with American fare through cross-cultural marketing and intermarriage…Kogi’s fusion cuisine was not just a mixture of cultures, it also reflected the cross-class encounters of the Los Angeles streets, as Choi combined a tattooed, hip hop street cred with the professionalism of a CIA training” (10, 12). Choi implemented into his food truck all of what he knew from his childhood, and because he grew up as a part of this marginalized community, he isn’t picking and choosing only the parts of a culture he wants to profit from – as a minority and having grown up in this community in Boyle Heights, he’s already experienced it all. Most importantly, Choi’s food “brought people from different walks of life together” (12). Kogi’s food trucks not only mix cultures through its creations like “short rib tacos, kimchi quesadillas, and Kogi sliders,” but it also creates a positive environment for bonding over food.

Roy Choi, owner of the popular Los Angeles-based Kogi food trucks — The Daily Beast

In relation to my own Asian heritage, I’ve spoken a lot about my noodle parties – and I apologize for the repetition, this is just the only real comparison I can make. With Thai food generally comes a certain amount of culinary appropriation as well, but I’d like to focus specifically on the noodle soup my mom makes (a family recipe). For the longest time, I didn’t know the English name of the dish, until my mom sent me a post by Chrissy Teigen (who is half-Thai) on Instagram of her daughter eating what she called “Thai boat noodles.” I had never realized there was an English name for it, because my mom referred to it as “kuay tiew,” (pronounced quih-TYOW, ก๋วยเตี๋ยวเรือ). I then googled it awhile back and found a white woman recreating this dish (I searched again on YouTube and couldn’t find it…). I didn’t find myself as angry as my best friend from Hong Kong is/was, but it was more of a question of “How would you even know?” How would you know how to make this? How would you know the history behind these noodles? How would you know what little things to add to the soup (like a dash of fish sauce and vinegar, a sprinkle of brown sugar and a spoonful Sambal Oelek) that make all the difference? I’m not so much angry that this person is “appropriating” my food culture as I am worried that they’re advertising it in a way that doesn’t showcase its full potential! Let me make it for you instead and it will taste much better!!

If you want a little background/context about these noodles I keep going on about, here’s Chrissy Teigen customizing a bowl in Bangkok (I’m aware that, yes, this could be an example of a famous person making this type of food “cool,” but in my opinion, she is showcasing her heritage).

In conclusion, culinary (and furthermore, cultural) appropriation is a subject that doesn’t have a simple answer. If we didn’t mix and take from other cultures, there would be no sense of evolution or progress as cultures come together, especially in the “melting pot” that has almost come to define America. However, it’s still important to realize that some cultures pride themselves on their food, music, traditions, language, and other facets as uniting factors in face of other issues like racism, discrimination, or lack of acceptance from others because they’re different. And it becomes frustrating when the white majority thinks they can simply take one of those factors, like food, without experiencing the other repercussions of being a minority, especially at a time like this in America, with unprecedented divisiveness and political turmoil/unrest. Sometimes culinary mixes work, like in the example of the Kogi food truck, but others, like Rick Bayless’ restaurants do not. Culinary exchange must be first, carefully done, and also taken into account/interpreted on a case-by-case basis.

Cultural Appropriation: A Complicated Issue by Brandon Towers

The idea that the United States is a “melting pot” of cultures and peoples is something that I, and many others, were taught as kids. The melting pot is a result of many different types of people coming together, mixing, becoming, and adding to the culture of the United States. While this sounds great in theory, I learned a few years ago that this actually is not a great metaphor for how immigrants have assimilated into the U.S. It was brought to my attention that the cultures in the U.S. combine more like a salad rather than a melting pot. Salads have many distinct pieces that form the whole dish. It is not a homogenous soup like a melting pot, and I believe this is a better reflection of the U.S. as a whole. The different groups of people all contribute to the whole in different ways. If the melting pot metaphor was correct, I’m not sure cultural appropriation would exist because we’d all be just further contributing to the same larger culture that we make up. In a theoretical melting pot, any American could represent the food or culture of another group because that group would have contributed to the larger American culture. Would that not give them the right to speak about another groups culture?

As far as who has the right to represent the food and culture of a country, I think the right to decide who gets to belongs to those people. This doesn’t mean only those people do represent their country/culture in that way, just that they also get to decide whether or not those who are from the outside can also do so. For example, my opinion on who should or should not be able to cook Korean food should not really matter. However, if it were about a cuisine that was more closely linked to my family history then my opinion should hold more weight. Of course it is still possible for a chef to cook food from a culinary background that is not their own, it just has to be done in the right way. This sentiment is shared by Han Ly Hwang, a Korean chef who said in an interview with Vice “Realmente no me interesa si preparas comida coreana sin ser coreano, pero hazlo con respeto y que sepa bien. Conozco chefs que hacen comida coreana maravillosa y no son coreanos. Pero se distinguen por haber realizado investigaciones sobre esta gastronomía, respetan los sabores y saben lo que están haciendo.” A chef has to treat the food with respect, and spend time really getting to know flavors and ingredients and different pieces of the cuisine that make up the larger culture. And it’s not always easy to know when someone does that. It’s much easier and faster to look at someone and say “what could this white dude know about Korean food?” than to look up someone’s backstory and figure out why they are cooking that type of food.

I don’t think that a chef cooking food from a different ethnic background is necessarily cultural appropriation, but I also don’t fully agree with the alternate given in the article from the Atlantic. Someone commented on the Oberlin college controversy by saying “Mixing and matching and intermingling and borrowing and stealing and creating new traditions out of whole cloth is what America does, and in my view, it is the encapsulation of what is best about this country …” I agree that mixing and borrowing and stealing is what America does, but I don’t think it necessarily is what makes this country great (in this case). Of course the mixing of the many unique cultures in America has given rise to fantastic fusion food as well as many other great things. But it’s not like these people had the right or duty to take things from other cultures and “improve” on them. And only a few of the people that do sort of co-opt food from outside of their background do actually impact the greater culture. We all would have been just fine without the newest take on pho or whatever dish is the next “big thing.”


Some chips and salsa from my meal at Frontera Grill in Chicago

I’m huge a fan of Rick Bayless’s food. His restaurants in Chicago are some of my favorites to go to. There is a Frontera Grill in the Chicago O’Hare airport, and it is legitimately my favorite part about traveling. I haven’t eaten anywhere else in O’Hare in years. I wasn’t previously aware of some of his insensitive comments. It seems like saying dumb things must run in the family, because his brother, sportscaster Skip Bayless, has made a living uttering some of the most ridiculous and inflammatory sports takes on national television (I could write a whole different blog on him). That point aside, I do think Rick Bayless has the right to cook mexican food. Going back to what I mentioned earlier, I know he truly and deeply appreciates Mexican culture and food. It’s not like he saw some emerging trend in Mexican food and decided to capitalize on it. He lived in Mexico, he speaks Spanish. He’s not pretending to be Mexican or fronting as if the culture is his own, and he’s taken the time to learn about it and learn from it.

I do agree that Bayless is translating this food for an American audience, but I do also believe that “all translation is a loss.” It is impossible to take food from a different part of the world and bring it someone far away and still preserve the exact same flavors and sentiments. For one part, you are literally losing the terroir of that region when transporting the food (either through preserving it while it is shipped or cultivating it somewhere else). You can translate some dishes really well, but it won’t ever come across the exact same way. I more or less agree with everything in Professor Portnoy’s book about Bayless as well. He has made some dumb and insensitive comments, but he has contributed a lot to mexican food and culture status in America and his food is amazing in my opinion. I don’t believe that some of the criticism against him is a form of racism. I think it is more due to his privileged attitude and the insensitive and unaware comments he makes. The fact that he had not previously thought about how being white could have given him some advantages in his career (from the podcast) is telling about the kind of person he is.  For me, the background of the chef cooking my food is not that important. So while I don’t agree with some of the stuff Rick Bayless has said, I will probably continue to eat at Frontera Grill every time I am at the Chicago airport.

One of the three Frontera Grill restaurants in Chicago O’Hare airport

To quote an article from NPR, “ Columbusing is when you “discover” something that’s existed forever. Just that it’s existed outside your own culture, nationality, race or even, say, your neighborhood.” I couldn’t think of a better way to say it myself. I wish I had more context for Petersen’s article, but it did not seem like columbusing to me. I absolutely think it is possible for a non-latino to write about latino food. They just have to do it in the right way. It is very similar to what was mentioned earlier about how chefs have to approach food from outside of their background. The writer should not frame the food as some “new trend” or use different terms for the foods instead of the original ones (translating or using new and traditional terms together is fine). Just pay homage to the culture that creates the food, and don’t sensationalize it.

I can relate to the banh mi situation, but from the reverse perspective. The first time I tried banh mi was in the Cafe 84 dining hall. It was soggy bread with a gross vegetable slaw. It was not good, and I did not like it at all. A couple years later I visited Vietnam during my semester abroad. I was apprehensive to try banh mi, but it only took one bite for me to realize what I had at USC was not banh mi at all. I had one or two a day for the remainder of my trip there. I do agree with the student from Oberlin. It is wrong to take modified heritage food and label it as authentic. I don’t have any issue with modifying the food, but presenting it as authentic is disingenuous and wrong. It goes back to how the chefs have to treat the food and culture with respect, and in that case they did not do that.

At least in my experience, the fusion food I have encountered does not seem like a product of racism but it might be a form of cultural appropriation. I haven’t done the necessary background research on the chefs or owners to determine if they are culturally appropriating, but my gut feeling is probably a few of them are just exploiting the current popular food trends for a quick buck. They might not be as invested in the culture and history of the food and just want to profit off of it. On the other hand, Taco Bell seems like a better example of cultural appropriation. I don’t think it’s a product of racism, but after learning the founder’s story in this class I definitely think it’s borderline appropriating. To me, Glen Bell’s story seems similar to that of the girls from Kooks Burritos. He got some Mexican chefs to show him how they made their tortillas, and then he took that idea and started his own restaurant in a predominantly white area of Los Angeles. According to Professor Portnoy’s book he then “constructed his restaurants with a Mexican “theme park image using faux adobe walls” and a “mission-style bell tower” that gave its customers a sense of the restaurant’s authenticity.” So he took the tortilla, added his own fillings, and then passed it off to consumers as authentic Mexican food. It seems like cultural appropriation to me, and the food has only been further altered as time has gone on. And I’m sure his restaurants inspired a whole new generation who believed they “columbused” tacos as well. This doesn’t mean I don’t eat at Taco Bell, or that I’ll never go there again. But going forward I’ll probably be more conscious of where I’m eating and the culinary history of the food and chefs as well.

La importancia de la tradición

Por: Camille Stafford

Yo nací en los Estados Unidos, pero mis antepasados son de Europa. Yo soy de Italia, Inglaterra, Irlanda, Polonia, Alemania, y España. De los seis países, culturas y cocinas mi familia identifica más como italiana. La comida de Nápoles es más importante para mi familia porque celebra la memoria de mi abuela.  Mi abuela vino a los Estados Unidos cuando tenía ocho años y antes de falleció compartir sus recetes con mi mamá. 

El gnocchi  con una salsa de tomates

Su gnocchi distintivo es un alimento básico en la cocina de Nápoles.  Es un tipo de pasta ha hecho con trigo, patatas, y huevos.   Cuando su familia vino a los Estados Unidos trató a asimilar en una familia “Americano.”  Pero en la cocina, su familia mantuvo tradiciones que viven hasta hoy. Sirvió el gnocchi para cena durante la semana o como un primer curso durante las festividades.  Cada año, las mujeres de mi familia – mi mama, mi hermana y yo hacemos el gnocchi con la recete de mi abuela.

En las palabras de autor Jeffery M. Plicher, un tamal es un “cornhuck-wrapped dumpling.”  Se describo como “una comida para la masa” y parte de la identidad cultural de México. Los tamales de maíz sobrevivieron contra la influencia de los Españoles y su trigo.  El gnocchi y el tamal se representa la misma cosa – la importancia de tradición en la cocina.  Ha hecho los dos platos con ingredientes simples con un significado complejo.  La comida representa de quien y donde es.  Para los mexicanos, los tamales de maíz son una conexión a los antepasados y sus tradiciones.  En el misma manera el gnocchi es una conexión a mi abuela y su herencia italiana.

La izquierda es un tamal de El Valle Oaxaqueño y la derecha es un tamal de un puesto en Smorgasboard LA

También, la comida enfoque en la importancia de la mujer.  Las mujeres fueron responsables para la comida. Como un producto secundario, ellas creyeron una identidad nacional.  Las mujeres indígenas establecieron la importancia de maíz en la cocina mexicano.  Mi abuela continuó sus tradiciones italianos con mi mamá. Anderson dijo que la comida es un “living fossil” para los que han desaparecido. 

La comida es una manera de preservar “fossils” de la tradición.  Un ejemplo de una tradición es Poncho’s Tlayudas en el sur de Los Ángeles.  Poncho, el dueño y cocinero principal vino a los Estados Unidos y trajo la recete de su abuela para una tlayuda.  La tlayuda es una tortilla de maíz llena de frijoles negros, repollo, queso y diferentes carnes nativos a Oaxaca, México.

Yo he visitado a Poncho’s una vez en Smorgasboard LA y hablé con el cocinero sobre la historia de sus tlayudas.  Después de probar una tlayuda de moronga, una morcilla famosa en Oaxaca, él me dio una de sus tarjetas de presentación con una nota sobre el “Viernes de Tlayuda.” Yo visite el evento este fin de semana. 

Pienso que fue una experiencia muy auténtica.  El evento fue debajo de una carpa en el patio del fondo de una casa en Los Ángeles.  El cocinero me reconoció como “Nueva York” y hablemos por algunos minutos.  La atmósfera fue muy amable y enfoque en la comunidad. Había una pared de madera con diseños geométricos y arte de cucharas plásticos.  En el área designado para los comedores, las personas hablaron y disfrutaron la compañía. Yo probé la tlayuda de chorizo.  El chorizo no se originó en Oaxaca como la moronga, pero quería probar algo nueva. 

Una tlayuda de chorizo

Los Españoles trajeron el chorizo a México.  Los mexicanos se adaptaron el chorizo con sus especias nativos, pero el concepto es algo española.  El movimiento de personas motivaron las difusiones de culturas y ingredientes.  Autor, E.N. Anderson habló sobre la influencia entre los países y sus vecinos. Están intercambiando y usando ideas constantemente de los vecinos.  Por ejemplo, Anderson escribió, “the first tomato-sauce recipe surviving from Italy is in fact a Mexican salsa recipe – so it appears that Mexico’s indigenous people inspired modern Italian cuisine, via Spanish intermediaries.”  Tres culturas, personas, y cocinas de diferentes lugares son responsable para solo una comida.   

También,  Anderson habló sobre el concepto del “core” y “periphery” en relación de un lugar y su comida.  Por ejemplo, en Italia las ciudades como Florence, Venice, y Roma son conocidas por sus cocinas.  Anderson’s definición de “core” es “typically the most elaborate foodways with sophistication and elaboration.  It can also be a land of corruption, hypocrisy, and degeneration.”  El “periphery” es definido como el “land that guards the age-old virtues of courage, loyalty, equality, and fairness.”  El punto principal es que el “core” representa el lugar donde la comida es un espectáculo para los comedores.  El “periphery” representa la comida en el forma más cera a la comida y lugar de donde se originó.   

Poncho’s Tlayudas en Smorgasboard cada domingo es el “core” y Tlayuda Viernes representa el concepto de “periphery.”  Tlayuda Viernes existe antes de Poncho’s puesto en Smorgasboard. Cuando visité este viernes, yo podría sentir el orgullo y la pasión para la comida y la tradición. La experiencia de Smorgasboard es impersonal porque las personas son interesadas en la fotografía de la comida más que la historia.  En Smorgasboard LA, Poncho’s tenía un póster con la descripción de una tlayuda y las carnes.  Pero en Tlayuda Viernes no había un menú, los regulares ya sabían que van a pedir.  En relación a mi experiencia con Poncho’s Tlayudas en

L.A. Birria: una tradición de Tacos de Jalisco por Evan

Yo realmente no tengo una identidad culinaria muy concreta ni especial.  Cuando crecía, realmente no teníamos tradiciones o costumbres muy importantes o fuertes.  ¡No sé aun de donde es mi familia originalmente!  Supongo que yo tenga que hacer “23andme” o algo así para descubrir mis raíces genéticas, pero no hay nada para descubrir mi pasado culturalmente.  Diría que tenía una experiencia muy diversa con la comida en mi familia.  Aunque no tenemos platos especiales ni costumbres fuera de lo normal, como una cena para navidad, día de acción de gracias, etc., probamos todas las comidas diferentes que nuestra área nos ofrecía.  Crecía comiendo comida asiática, mexicana, y estadounidense, por lo general.  Por eso, he sido expuesto a muchas culturas diferentes y ahora siempre las tengo en cuenta cuando pruebo una comida nueva.

No tengo ninguna comida en mi vida como el tamal sobre que habla Pilcher: algo que ha existido por mucho tiempo sin perturbación.  Toda mi vida culinaria está influida por intercambio cultural, globalización, y un mundo que, aunque tiene fronteras para la gente, no son totalmente efectivas con respeto a la cultura.

Una comida muy interesante de que quería aprender más es Birria.  Birria es un plato que viene del estado de Jalisco en el sur de México y es muy típico de esta región.  Leí un articulo nuevo de LA Taco que decía que había un sitio nuevo para comprar Birria en South LA.  LA Birria está ubicado en Adams y Crencha, unas 2 millas de USC.  Cuando llegué allí, me dijeron que solo sirven una cosa y nada más: Birria.

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Birria de Res es un estofado tradicionalmente hecho con chivo, pero muchas veces está hecho de vaca. La birria que se sirve allí es de vaca y es el carne más jugoso y apetitoso del mundo, en mi experiencia. Tienes la opción de tacos, burritos o quesadillas, pero los tacos son los mejores en mi opinión.  Solo requieren tres ingredientes: queso de Monterrey, una tortilla de maíz, y la Birria.  Ellos los cocinan en una plancha sin usar aceite o grasa; en vez de esto, usan el liquido del estofado, se llama consomé, para fritarlos.  También, cuando pides tus tacos, te dan una copa pequeña de consomé para tomar para preparar el paladar para su experiencia culinaria.  Al final, los tacos tienen una tortilla un poco crujiente y bien frito con carne muy tierno y jugoso adentro.

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LA Birria solo ha estado abierto por un poco más de un mes, y espero que van a crecer más.  Dicen que ya se venden hasta unos mil tacos cada día.  Cuando yo fui, era el único gringo allí; los demás parecían ser de México o aún Jalisco, de donde viene el plato de Birria.  Es un lugar muy especial culturalmente.  Podía sentir la alegría de unos de los clientes mexicanos comiendo un plato que les da recuerdos de su hogar y su propio país.  Anderson, en la lectura, dice que las comunidades mexicanas siempre se quedan fuertes cuando migran a otro país.  En LA Birria, y Los Ángeles por lo general, he visto que la comida puede crear y recrear relaciones.

No van a cambiar nada sobre su comida, según Anderson, porque su comunidad siempre tienen gente nueva inmigrando aquí, y porque sus raíces de la cultura son tan fuertes.  También, es porque su comida es tan atractiva y a todo el mundo le gusta, incluyo yo.  Espero que LA Birria sirve el propósito de traer la cultura culinaria desde Jalisco a LA para la gente de Jalisco y también para los demás de Los Ángeles que quieren aprender sobre y probar comi

Una mezcla de comida, sabores y culturas – por Brandon Towers

Siempre estaba fascinado sobre la historia de mi familia.  Tres de cuatro de mis abuelos son inmigrantes y creo que es importante para conocer tus raíces. Mis antepasados vienen de Inglaterra, Italia y México. Unos pocos meses antes de que yo naciera, un primo de mi padre escribió un libro llamado “Descending the Towers” (hay un juego de palabras sobre mi apellido).  ¡El libro contiene toda la historia de la familia de mi padre desde el año 1600! He leído el libro muchas veces y tiene documentos como certificados de nacimiento, boletas de calificaciones, registros de inmigración y más. Estoy muy agradecido de que mi familia tenga este libro.

El libro tiene la cimera de mi familia en el forro

Ahora, la mayoría de mi familia extendida viven en California. Crecí en Huntington Beach, California pero cuando tenía diez años mis padres y yo (no tengo hermanos) nos mudamos a Wisconsin.  Y ocho años después volví a California para asistir a USC. La cultura y el estilo de vida es muy diferente en California suburbana comparado con un pequeño pueblo rural en Wisconsin.

Creo que la comida más impactante durante mi vida es, por supuesto, el tamal.  Cada año mi familia se reúne unas pocas veces para preparar tamales para una fiesta, un cumpleaños, o Navidad.  Es una tradición muy importante en mi familia. Tengo muchos recuerdos felices sobre los días que pasaba preparando tamales con mi abuelita, mis tíos y mis primos.  Mi parte favorita del proceso es que la familia cotillea sobre los miembros de la familia que no están allí. Ellos hablaban sobre muchos buenos secretos.

Yo con mi abuelita (derecho), mi madre (izquierda) y nuestra amiga de El Salvador (más izquierda). En las manos tenemos hojas de maíz con masa.

Cuando era niño mi abuelita y su hermana mayor decidieron que ellas ya no querían preparar la masa a mano.  Ahora ellas compran masa en Los Cincos Puntos, una cocina mexicana en Los Ángeles. Todavía ellas cocinan la carne y el chile para los tamales.  Mi abuelita me dijo que ella usa chile seco de norte y chile seco de Nueva México. Después de la preparación de los chiles, ella combine la mixtura con harina, grasa y el aceite de la carne cocida.  Ella hierve la mezcla a fuego lento y añade sal, ajo y comino. Por la carne ella usa una mezcla de cerdo y carne de res cocinada con cebolla, zanahoria y apio.

Normalmente, mi papel en el proceso es durante el montaje de los tamales. Unto la masa en las hojas de maíz y agrego el chile, la carne y una oliva para la buena suerte.  Después doblo y envuelvo el tamal y lo pongo en la olla para cocer al vapor. Me gusta mucho el proceso de cocinar los tamales y es una tradición importante en mi familia.

En ¡Que vivan los tamales! el autor Pilcher dice que “The study of national cuisines, in Mexico and elsewhere, offers new perspectives on the roles of gender, class, and geography in forging nations.”  Esta cita me interesa porque puedo ver los papeles de género en el proceso de preparación de los tamales en mi familia. Los trabajos de las mujeres y los hombres son distintos.  Normalmente soy el único hombre que trabaja con las mujeres porque mi abuelita no tiene nietas para enseñar. Las mujeres preparan y ensamblan los tamales y los hombres limpian la casa, ponen la mesa y compran bebidas y otras cosas a la tienda.    

Chichen Itza

Para este blog fui a Chichen Itza, un restaurante yucateco en el Mercado La Paloma cerca de USC.  Chichen Itza tiene muchos platos tradicionales de Yucatán. E.N. Anderson dice que en el mundo de comida hay dos grupos: “core” y “periphery.” El “core” es las culturas más fuertes que dominan y influyen el resto del mundo.  Y el “periphery” es “the various areas that are economically deprived or marginalized; often they are dependent or politically weak.” Creo que Yucatán es una parte de los dos grupos. México es considerado una parte de “the core” pero la comida de Yucatán es muy distinto del centro de la cultura de comida mexicana en la Ciudad de México.  Porque Yucatán está lejos de la Ciudad de México, no tiene la misma influencia de España. Muchos de los platos yucatecos todavía están basados en raíces mayas. En Yucatán parte de la cultura maya sobrevivió la conquista de España. También Yucatán tiene influencia de los inmigrantes libaneses (como al pastor). Anderson dice que “a vanished world-system geography is preserved in a modern culinary one.” Creo que esta cita aplica a Yucatán. Los mayas no controlan México ahora pero su influencia vive en la comida de Yucatán. Es posible que Yucatán sea en el “periphery” del “core” de la cultura de comida en México.

En Chichen Itza probé dos tacos de poc chuc, un tamal colado y un agua de jamaica.  Los tacos de poc chuc son una preparación de cerdo que es común en Yucatán. Los tacos tuvieron cebolla, aguacate y una salsa de tomate.  Me gusta los sabores cítricos en el cerdo y la combinación del aguacate cremoso con la salsa era delicioso. Las tortillas de maíz eran grandes y suaves.  El tamal colado fue llenado con pollo achiote con mucha salsa. El tamal venía envuelto en una hoja de plátano. En mi opinion, la masa era demasiado suave.  Prefiero un tamal más duro. Pero el pollo tuvo un sabor maduro que me gustó mucho. El origen de mi familia latina es más cerca del “core” de México que Yucatan. Esto podría ser una razón para las diferencias entre el tamal de mi familia y el tamal típico de Chichen Itza. También bebí un agua de Jamaica.  He probado este tipo de agua antes y me gusta mucho el sabor agrio que trabaja en combinación con el sabor dulce. Según mis investigaciones, creo que Chichen Itza es una representación auténtica de la comida de Yucatán. Su menú tiene muchos platos que son de Yucatán como huevos motuleños, cochinita pibil, poc chuc y más. Definitivamente voy a volver a Chichen Itza y al Mercado La Paloma para probar otra comida.   

Mis tacos mezclados

por Arianna Proul

Mi identidad es mexicana-americana. Mi papa es de Montana, los EEUU y mi mama es de Tijuana, Mexico. Mi identidad es mezclada y tiene influencia de todas partes. Yo he vivido en Los Angeles toda mi vida y siento que esto también afecta parte de mi identidad. Yo estoy de acuerdo mucho con Wes Avila cuando él explicó que sus tacos son únicos a Angelinos, porque Los Angeles es una cultura en sí mismo. La comida mexicana en Los Angeles es muy diferente de la comida en cada parte de Mexico. Mi mama siempre me enseñó cocinar ceviche, tacos, enchiladas y paella. Pero también, crecí cocinando pastel de calabaza y hamburguesas con mi papa. Estos dos lados han influido el otro, mi mama aprendió cocinar hamburguesas, y mi papa aprendió cocinar enchiladas. Yo clasifico la comida de mi Mama como comida mexicana, porque no puedes confinar su comida a solamente una parte de Mexico. La familia de mi mama viene de Jalisco, Michoacán y Aguascalientes, por eso, ella aprendió a cocinar de muchas diferentes partes de Mexico, y esta mezcla de comida es única a ella. Yo aprendí a cocinar esta mezcla de comida mexicana, pero también con la influencia americana por mi papa, y la influencia de Los Angeles.  

“The United States and Mexico have not fused their cuisines … there is constant influence and borrowing”

Everyone Eats pg 186
Las ciudades de mi Mama

Una comida muy central a mi identidad es los tacos. A veces, cocinamos tacos de carne asada, pero también yo crecí poniendo cualquier carne que cocinamos en una tortilla, no importa si era salmón, pollo, carne, o camarón. En Everyone Eats por Anderson, él escribe, “The United States and Mexico have not fused their cuisines … there is constant influence and borrowing” (186). Yo estoy cien porcientos de acuerdo con esta cita, porque lo veo en mi propia casa cada día. Mi mama transformó su moda de cocinar a lo que es disponible en Los Angeles.

La comida que comí era un taco de carne asada de Tacos Tumbras a Tomas en Grand Central Market. Este lugar está situado en medio de un lugar de hamburguesas, y otro de pasta. Este lugar no se identifica como una ciudad en Mexico específico, sirve toda la básica comida que piensas cuando piensas en comida mexicana. Estaba sorprendida a la variedad de carnes que puedes escoger, como trompita, que es menos común. El precio es un poco alto a 4 dólares por un taco, pero tiene sentido porque es en un lugar muy turístico. Aunque este precio siente alto por un taco, comparado a todos los otros lugares al lado este es una opción muy buena para almorzar en vez de un café por seis dólares. Llegó a la ventana después de esperar por como dos minutos, y el señor me habló en español. Ordené uno taco y lo pido con todo y salsa caliente. El taco llegó con la salsa, tres limas, cilantro, cebolla, sal, y dos más tortillas al lado. Un hecho que me de cuento es que no llegó con todos los aderezos americanos como queso o lechuga. Venía con demasiada carne con que podía hacer dos tacos por el precio de uno, que es bueno. La carne era muy sabrosa y no tenia mucho gruesa. Las tortillas eran calientes y no quebraron. La salsa era muy picante, pero suena bien. Este taco era simple pero muy bueno.

Taco de Tacos Tumbras
Tacos de mi casa

El taco de Tacos Tumbras tiene similitudes y diferencias de las de mi casa. Siento como los tacos que cocina mi mama es una representación que muestra mi casa mexicana-americana. Este fin de semana mi mama cocinó tacos con sobrante filet mignon de la cena de la noche anterior. Este no es autentico a Mexico, pero es autentico a mi casa. La noche anterior comimos carne, con una papa horneada y frijoles verdes, una cena muy americana y un favorito de mi papa. Además que la carne puso la salsa casera maravillosa de mi mama, cebolla, cilantro, aguacate y queso. Algunos de estos no son auténticos a tacos de Mexico, pero lo es que crecí comiendo. Mi paleta ha cambiado para acomodar los dos lados de mi identidad, incluyendo la salsa mas picante, pero también favoreciendo queso en mis tacos.

“we debated in Denver about whether Mexicans ever assimilate. I maintained that we do”

Taco USA pg 5

Los tacos han sobrevivido el paso de tiempo porque son clásicos. Puedes acomodarlo a cualquier persona con los ingredientes, como demuestra Guerrilla Tacos. No importa si pongas batata, carne, o pescado, tacos son deliciosos.