La fruta mejor de mi vida: vendedores ambulantes en Santa Monica y LA

Por Molly Solem

Esta semana, visité a Santa Monica. Cerca de Ocean Avenue, la calle que corre paralelo a la playa, hay un paseo donde se encuentran muchos vendedores ambulantes. La mayoría de ellos son fruteros con carritos sombreados por sombrillas de colores brillantes. Encontré un carrito con fruta fresca que parecía especialmente delicioso y pedí una taza de fruta. Había tantas opciones de frutas que fue difícil decidir qué quería, pero por último pedí una taza con mango, sandía, naranja, y pepino.

Foto: El carrito de Mari en Ocean Avenue en Santa Monica

Mientras Mari, la dueña del carrito, cortaba y preparaba la fruta, hablé con ella sobre su negocio y su vida este año pasado. Ella me dijo que originalmente es del centro de Oaxaca y que mudó a Los Ángeles para trabajar como esteticista. Ella tuvo mucho éxito hasta que empezó la pandemia y perdió su trabajo. Sin un ingreso estable, tuvo que empezar a hacer algo completamente diferente y nuevo: vender fruta en la calle. Mari me explicó que quiere ahorrar suficiente dinero para visitar a su novio en Puerto Escondido, pero los negocios no han sido muy buenos recientemente.

Como todos los vendedores ambulantes en Los Ángeles, Mari ha tenido que adaptar a las nuevas circunstancias. Además de llevar una máscara mientras trabaja y lavar los manos mucho, Mari ha implementado otras maneras de promover su negocio. Por ejemplo, Mari acepta Venmo como una forma de pago, que hace que sea muy fácil pagar sin contacto. Después de expresar nuestras esperanzas de que la pandemia desaparezca pronto, Mari me dio mi taza de fruta, completa con tajin y chamoy encima. Lo traje a la playa para comerlo. El proceso entero fue muy fácil, interesante, y agradable. La próxima vez que estoy en Santa Monica, definitivamente voy a regresar al carrito de Mari para comprar más fruta (es decir, si ella no ha regresado a su trabajo de esteticista).

Foto: Mi taza de fruta en la playa

Mari es solamente una de los miles de vendedores ambulantes en Los Ángeles. Vender comida en la calle es parte de la historia de esta ciudad. Los Ángeles siempre ha sido el hogar de muchos inmigrantes, y vender en la calle es un trabajo relativamente fácil de conseguir. Como John Short dice en su artículo de The Conversation, “La venta callejera era un primer trabajo de bajo costo para los inmigrantes recién llegados. Sirvió como vital primer peldaño de una escalera al éxito y aun juega ese papel en muchas ciudades de los Estados Unidos” (Short).

Ser un vendedor ambulante ofrece una oportunidad buena para inmigrantes nuevos para varias razones. Primero, no hay que hablar inglés muy bien, en contraste con muchos trabajos corporativas. También, aunque hay que pagar para ciertos permisos para operar legalmente, no hay costos como el alquiler que son involucrados con las tiendas de la economía formal. Finalmente, la venta callejera no sólo beneficia a los vendedores. Como dice Sarah Portnoy en su artículo de Los Angeles Times, “sidewalk vending [is] a form of entrepreneurship and a way to improve access to healthful food in low-income Latino communities” (Portnoy). La venta callejera no solamente da trabajos a muchas personas sino que también mejora las comunidades donde hay muchos vendedores ambulantes.

Pero a pesar de la importancia de los vendedores ambulantes a la economía y la cultura de Los Ángeles, parece que su trabajo siempre está en peligro. Hasta 2017, fue ilegal vender en las calles, y la policía cerraba carritos operando ilegalmente. Aunque vender en la calle ahora es legal, todavía hay muchos obstáculos que hay que vencer. En particular, los códigos de salud son muy estrictos en Los Ángeles. Como dicen Janette Villafana y Jack Ross en su artículo de LA Taco, “For prepared-food vendors to receive permits, their carts must include a handwashing sink, a three-compartment sink for kitchen wares, and substantial refrigeration and storage space” (Villafana and Ross). Y hay sanciones muy grandes (desde multas hasta penas de cárcel) si alguien no cumple con los requisitos.

Los vendedores ambulantes son esenciales a la ciudad de Los Ángeles y a todos sus residentes. Pero para asegurar que ellos puedan operar sin dificultades, hay que luchar contra las leyes que presentan obstáculos para ellos. Y, durante la pandemia, una época difícil para todos pero especialmente para la economía informal, es más importante que nunca apoyar a los vendedores ambulantes.

Fuentes:

John, Short Rennie. “La Venta Callejera Hace Más Vivas, Seguras y Justas Las Ciudades, Por Eso Pertenece a La Escena Urbana Post-COVID-19.” The Conversation, 26 Jan. 2021, theconversation.com/la-venta-callejera-hace-mas-vivas-seguras-y-justas-las-ciudades-por-eso-pertenece-a-la-escena-urbana-post-covid-19-143869.

Portnoy, Sarah. “She Used to Dodge Police. Now She Can Make Puebla-Style Food and Run a Business While Speaking up for Other Vendors.” Los Angeles Times, Los Angeles Times, 15 June 2018, www.latimes.com/food/dailydish/la-fo-re-merced-sanchez-20180615-story.html.

Villafana, Janette, and Jack Ross. “Fines and Confiscation: Explaining L.A.s Arbitrary Street Food Cart Law the County Uses to Criminalize Street Vendors ~ L.A. TACO.” L.A. TACO, 17 Mar. 2021, www.lataco.com/carts-street-food/.

El racismo institucional y el sistema alimentario: ¿cómo están relacionados?

Por Molly Solem

Cuando la gente piensa en los problemas del sistema alimentario de hoy, suelen a pensar en las disparidades en el nivel de ingreso que existen en nuestra sociedad. Tiene sentido que las personas que ganan menos dinero muchas veces tienen más dificultades encontrando comida saludable y asequible. Pero la raza también tiene mucho que ver con estos problemas, y el racismo estructural es algo muy integrado en nuestro sistema alimentario. Es importante reconocer este hecho para luchar contra la inseguridad alimentaria.

Ana Galvis explica este fenómeno muy bien en su artículo de Food First. Dice, “El sistema alimentario es injusto e insostenible, pero no está roto—funciona precisamente como el sistema alimentario capitalista siempre ha funcionado; concentrando el poder en manos de una minoría privilegiada y distribuyendo desproporcionadamente las “externalidades” sociales y ambientales a grupos raciales estigmatizados” (Galvis). Con el capitalismo, la comida no está distribuido justamente. Por ejemplo, en clase hemos hablado de la falta de supermercados en regiones que tienen poblaciones principalmente de razas marginalizadas. Esta falta hace que sea muy difícil que las personas negras y latinas, por ejemplo, consigan comida buena, saludable, y culturalmente apropiada.

La disparidad de acceso a comida ha intensificado con la pandemia de COVID-19. Con muchas personas perdiendo su trabajo, especialmente personas de razas marginalizadas, ha sido más y más difícil conseguir comida para sus familias. El artículo de La vanguardia dice, “La pandemia de covid-19 ha hecho que 26 millones de personas tengan dificultades diarias para comer en Estados Unidos” (“Millones En EEUU”). Hay colas muy largas en bancos de alimentos porque hay demasiada demanda de comida y no hay suficiente comida para esta demanda. Y, con escuelas cerradas, hay menos oportunidades para que niños participen en programas que proveen comida gratis o a bajo precio. La gente ahora tiene que confiar en programas como World Central Kitchen, la organización de José Andrés que provee comida gratis a comunidades que la necesita.

También, muchas personas de comunidades marginalizadas son las mismas personas que trabajan en funciones “esenciales.” Es decir, es más difícil que trabajen desde la casa, pues están expuestas a niveles más altos de riesgo al virus cuando van a trabajar cada día. El aumento de riesgo a su salud, combinado con todos los otros factores mencionados, hace que la pandemia ha afectado a las comunidades marginalizadas desproporcionadamente.

Foto: Una huelga en el capitolio contra el racismo. Foto gracias a The Sentencing Project

El sistema alimentario no es el único sistema donde existe el racismo estructural y la inequidad. Estos dos conceptos existen en todos aspectos de la vida en los Estados Unidos. En particular, este verano, el movimiento de Black Lives Matter destacó la inequidad en nuestro sistema policial. Según The Sentencing Project, una organización que trata de reducir niveles de encarcelamiento, casi la mitad de las personas matadas por la policía son negras o latinas. Su sitio de web dice, “Officers involved in these killings are rarely indicted, much less convicted, for excessive use of force” (Ghandnoosh). El hecho que personas negras y latinas son tratados tan injustamente, combinado con el hecho que las personas blancas muchas veces no son castigadas por sus acciones, es algo muy descorazonadora. Esto solamente es un ejemplo de cómo el racismo afecta la vida de personas estadounidenses diariamente, pero hay muchos otros ejemplos también.

Es importante reconocer el impacto que tiene el racismo institucional en la vida de americanos, y particularmente americanos de color. Es difícil pensar en una solución al racismo institucional porque es algo tan grande y tan integrado a la historia de nuestra sociedad. Pero podemos luchar contra el racismo en un nivel individual. Educar a si mismo, tener conversaciones sobre el racismo, y buscar activamente a recursos educativos son unas maneras de empezar la lucha contra el racismo institucional.

Fuentes

Galvis, Ana. “Desmantelando El Racismo Del Sistema Alimentario.” Food First, foodfirst.org/desmantelando-el-racismo-del-sistema-alimentario/.

Ghandnoosh, Nazgol, and Kevin Muhitch and Nazgol Ghandnoosh. “Black Lives Matter: Eliminating Racial Inequity in the Criminal Justice System.” The Sentencing Project, 4 Apr. 2016, www.sentencingproject.org/publications/black-lives-matter-eliminating-racial-inequity-in-the-criminal-justice-system/.

“Millones En EEUU Abocados a La Caridad Para Llenar Su Despensa En La Pandemia.” La Vanguardia, La Vanguardia, 2 Dec. 2020, www.lavanguardia.com/vida/20201202/49852986513/millones-en-eeuu-abocados-a-la-caridad-para-llenar-su-despensa-en-la-pandemia.html.

Kogi: un genio gastronómico sobre ruedas

Por Molly Solem

Cuando vi el programa “Ugly Delicious” en Netflix, aprendí que el camión de tacos Kogi es una parada imprescindible en la escena de comida en Los Ángeles. Después de oír la descripción de sus tacos como “portable vessels of love” (Ugly Delicious), supe que tenía que irme. Manejé con mi amiga Lena a Palms, donde está situada la taquería. Como era un día bellísimo, manejamos a la playa en Manhattan Beach y comimos nuestra comida en estilo picnic.

Compartimos la quesadilla de kimchi además de tacos de tofu, pollo, cerdo picante, y pequeña costilla. Aunque todo sabía muy rico, la quesadilla de kimchi fue mi favorito. El ácido del kimchi junto con la blandura del queso fue una combinación muy única. No esperaba el nivel de sabor envuelto en esta tortilla—los vegetales del kimchi fueron cocinados perfectamente, con especias que los hicieron un poco amargos y agrios.

Nunca había probado nada similar. Pero probablemente es por una buena razón: Kogi es un pionero de la comida creolizada. En su sitio de web hay una descripción de sus orígenes que dice “Kogi set off a flavor bomb that would shake up the foundations of the industry so that Street food would never be looked at the same way again” (“About Kogi”). Kogi innovó un tipo de comida completamente nuevo, un menú que combina las partes mejores de dos culturas para hacer algo magnífico. Como dice el chef y fundador del camión Roy Choi en el programa “Ugly Delicious,” “when you eat it, it doesn’t taste Korean or Mexican. It just tastes good” (Ugly Delicious).

Kogi puede existir gracias a la cultura de globalización que existe en Los Ángeles. LA es una ciudad de inmigrantes, y Choi no es una excepción. Nacido en Seoul, Choi innovó con la comida cuando mudó a Los Ángeles (“About Kogi”). Kogi fue su manera de compartir la cultura coreana, específicamente la barbacoa coreana, en una manera familiar y accesible a los angelinos: los tacos. Kogi es una fusión de las tradiciones de Korea y México que adaptó a la identidad y los gustos de la gente de Los Ángeles. Es un ejemplo perfecto de la globalización – la extensión de diferentes culturas entre si mismos.

Como Kogi ha convertido en una destinación muy popular con todo tipo de gente –especialmente con los gringos—es posible considerarlo como un contribuidor a la gentrificación. Como dice Mikki Kendall en un tuit, “Cuando hablamos de #gentrificaciónalimentaria estamos hablando de las consecuencias que tiene el hecho de que la comida característica de comunidades pobres se ponga de moda” (Peñas). Cuando un forestero trae comida nueva a un lugar con tradiciones alimentarias profundas, la comunidad local no siempre lo recibe muy bien. Hay mucho miedo de ser desplazado y de perder la cultura local.

Si Kogi era un restaurante normal y no un camión, yo podría pensar la misma cosa. Pero Kogi está en un lugar diferente cada día. No está subiendo los precios de alquiler, ni sacando trabajos de la gente que vive cerca, ni haciendo un impacto a largo plazo en las culturas de los barrios donde opera. Un artículo sobre la gentrificación urbana dice que “food becomes both a marker of to whom the neighborhood now belongs, while also ironically acknowledging to whom it used to belong” (Sbicca, Alkon, and Kato). Yo creo que la moda de operación de Kogi hace que la comida fusión mexicana-coreana pertenezca a varias comunidades tras la ciudad de LA. A la misma vez, su presencia siempre es temporal, pues no saca la cultura ni la identidad de las comunidades que visita.

En mi opinión, Kogi contribuye más a la genteficación, o la revitalización de una comunidad por alguien “adentro” de esta comunidad. Aunque Roy Choi no nació en LA, todavía es un angelino. Está usando su creatividad y sus habilidades para estimular la escena gastronómica tras toda la ciudad de Los Ángeles.

Para mi, Kogi fue una experiencia divertido e interesante. Ojalá que mi visita reciente no sea mi última excursión ahí. Como Kogi opera en tantas regiones diferentes de la ciudad, ofrece una experiencia compartida por muchos angelinos. Es un ejemplo de cómo la fusión de la comida puede contribuir a la unificación de la gente. Hoy en día, eso es algo muy necesario.

Fuentes

“About Kogi.” Kogi BBQ Taco Truck & Catering. 23 June 2020. Web. 25 Feb. 2021.

Peñas, Esther. “La ‘gourmetización’ De Las Ciudades.” Ethic. 11 Feb. 2019. Web. 25 Feb. 2021.

Sbicca, Joshua, Alison Alkon, and Yuki Kato. “In Changing Urban Neighborhoods, New Food Offerings Can Set the Table for Gentrification.” The Conversation. 05 Jan. 2021. Web. 25 Feb. 2021.

Ugly Delicious. Netflix. Web. 24 Feb. 2021.

De Wisconsin a El Salvador: Cultura, autenticidad, e identidad

Por Molly Solem

Yo crecí en Chicago, pero toda mi familia es de Wisconsin. Por eso, aunque me encanta la comida de Chicago (pizza de plato hondo es una de mis comidas favoritas), crecí comiendo comida popular de la lechería de nuestro país: bratwurst, cuajada de queso, Kringle, y pescado frito los viernes. En mi opinión, se puede considerar el bratwurst como el tamal de Wisconsin. Los dos no se parecen visualmente, pero tienen mucho en común. El puerco del bratwurst es similar a la carne adentro del tamal, mientras el pan del bratwurst es similar a la masa del tamal.  También, los dos son alimentos reconfortantes y se puede comerlos en cualquier ocasión. El gusto y el olor del bratwurst me recuerda de noches en mi casa comiendo con mi familia, días en la feria estatal, y tardes mirando partidos de los Green Bay Packers o los Milwaukee Brewers.

Bratwurst de Wisconsin. Imagen de Clark.

El bratwurst viene originalmente de Alemania. Como 43% de los residentes de Wisconsin tienen ascendencia alemana (Curd), siempre ha sido una gran parte de la cultura de comida en Wisconsin. Es un buen ejemplo de la influencia internacional en la comida diaria de muchos americanos – el bratwurst nos recuerda de los contribuciones de inmigrantes alemanas desde el principio del siglo XIX hasta hoy (Curd).

En su libro, Heldke dice “The culinary traveler will taste the dish differently from the diner who has grown up eating it” (Heldke). Es decir, el sabor es algo que cambia basado en la identidad y las experiencias de la persona comiendo. Para mi, el bratwurst es algo muy cómodo y familiar, pues sabe a casa. Pero para alguien que nunca ha comido bratwurst tradicional o que nunca ha visitado a un restaurante alemán en Wisconsin, es posible que el bratwurst sepa desagradable. Por lo menos, sería una experiencia nueva. Recientemente, yo tuve una experiencia nueva con la comida – pero fue con las pupusas.

Yo comí unas pupusas del restaurante salvadoreño La Flor Blanca en Los Ángeles. Debido a COVID, no pude comer en el restaurante pues traje la comida a mi casa. Fue una pena, porque el restaurante es muy encantador, con sillas azules y un ambiente acogedor. Pero aún así, los empleados fueron muy amables y fue una oportunidad para practicar mi español. Aunque la apariencia de la comida no fue nada especial (las pupusas vinieron en cajas desechables y la salsa vino en una bolsa de plástico), la comida fue aromático y apetitoso. Mis amigas y yo compartimos pupusas de chicharrón, pollo, y frijol, pero mi favorita fue la pupusa de loroco. El loroco es una planta con flores comestibles que crece en El Salvador, y es una opción popular para rellenar las pupusas (WorldCrops). Hizo la pupusa un poco más ácida que las otras, pero fue balanceado por la grasa en la que se cocinó. Para todas las pupusas, la dulzura y textura suave de la masa combinado con la salsa crujiente y picante creó una combinación perfecta.

Loroco. Imagen de WorldCrops.

Muchas personas consideran la comida de La Flor Blanca como algo muy auténtico – y deseable—porque las pupusas están hechas en una manera muy tradicional de El Salvador. Como dice Heldke, “we desire encounters with truly authentic Others, not mediated hybridized Others who are already influenced by the likes of us” (Heldke). Quiere decir que a mucha gente le gusta probar comida “extranjera” – que ha sido influenciado por la cultura estadounidense lo menos posible—como las pupusas de La Flor Blanca.

Yo creo que esta actitud no necesariamente es algo mal. Aunque es difícil encontrar comida sin influencias globales – “There is no such thing as a cuisine untouched by ‘outside influences’,” (Heldke)—el deseo de probar comida desconocida demuestra un deseo de aprender de la cultura de esa comida. Como dice Peña, “Todo lo que tuvo que suceder para que ese plato -cargado de historia- llegara a tu mesa, es para mí el valor más importante” (Peña). La comida es una oportunidad para que alguien comparta su cultura, su historia, y sus tradiciones con alguien nuevo. La persona cocinando la comida y la persona comiéndola pueden tener experiencias culinarias completamente diferentes debido a sus vidas diferentes hasta este momento. Aún así, las dos personas están compartiendo un momento especial de apreciación.

Fuentes

Clark, Debra. “Lambeau Leap Beer Brats.” Lambeau Leap Beer Brat Recipe, 27 Aug. 2020, bowl-me-over.com/lambeau-leap-beer-brats/.

Curd, Dan. “Wisconsin’s History of Brats, Beer and Beyond.” Channel3000.Com, 23 Dec. 2019, http://www.channel3000.com/wisconsins-history-of-brats-beer-and-beyond/.

Heldke, Lisa. But Is It Authentic? Culinary Travel and the Search for the “Genuine Article”. Berg Publishers.

Peña, Israel de J. “¿La Autenticidad Está Sobrevalorada En La Comida?” BRIKI MAG, brikimagazine.com/2020/03/28/que-significa-lo-autentico-cuando-hablamos-de-comida/.

WorldCrops. “Loroco.” WorldCrops for Northern United States, worldcrops.org/crops/loroco.

Introducción – Molly Solem

¡Hola a todos! Me llamo Molly y soy una estudiante en USC con una especialidad en ingeniería biomédica. También estudio español. Originalmente soy de Chicago pero ahora vivo en Los Ángeles. Me encanta aprender sobre la comida, la cultura, y la justicia. Por eso estoy muy emocionada para la clase de español este semestre.