La venta callejera y el lucho para legalización

Por Jared Zhao

Esta semana pasada, la vendedora ambulante Merced Sánchez visitó nuestra clase para demostrar como hacer tortillas, dar de comer tacos deliciosos y contar su historia como la venta callejera y el proceso de ganar el derecho de vender legalmente. Habló sobre sus orígenes como una vendedora ambulante en Los Ángeles. Para ella, y muchos inmigrantes como ella, no había muchas perspectivas del trabajo sin la habilidad de hablar inglés o un permiso de trabajo. Estas dificultades de ganar empleo fueron amplificadas por la presión de mantener económicamente a su familia aquí y en casa, especialmente después del nacimiento de su nieta—que es “toda su vida.” La venta callejera proveyó una cuerda de salvamento, una oportunidad para tomar el control de su futuro económico mientras hacer algo que le encanta, cocinar comida de su tierra natal. Y así, Sánchez empezó a vender elotes, tacos, taquitos y más. Con la ayuda de LURN (Leadership for Urban Renewal Network), Sánchez obtuvo el capital y habilidades empresariales para tener éxito como una vendedora ambulante (Portnoy, 2018). Y como Profesora Portnoy escribió en su artículo del Los Angeles Times, “Most important, LURN instilled in her the idea that she is not a criminal and that she should stand up and defend her rights as a sidewalk vendor” (Portnoy, 2018). Como una empresaria, Sánchez contribuye a la economía y comunidad. También paga sus impuestos y tasas de permiso, después de la legalización de la venta callejera. Pero en los muchos años previos a la legalización, Sánchez tenía que luchar por el reconocimiento como una empresaria y miembro estimada de la comunidad por la municipalidad de Los Ángeles.

Fui impresionado por la resistencia de Sánchez durante toda su experiencia en Los Ángeles ante mucha adversidad y especialmente su habilidad de relacionar con muchos otros vendedores ambulantes en una comunidad y convertirse en un líder de esta comunidad. Sus relaciones con la comunidad de vendedores ambulantes me hicieron pensar en las redes sociales y el “ethnic cage” que Rocío Rosales describe en Fruteros. El “ethnic cage” es una red social de migrantes de la misma etnia que recibir otros migrantes, pero también puede atraparlos en la explotación. En el contexto de las campañas contra los vendedores ambulantes por la policía en Los Ángeles, especialmente antes de 2014, los fruteros sobrevivían por “a heavy reliance on the paisano network” (Rosales, pg. 11). Pero también los fruteros fueron explotados “with the expectation that they can, at least initially, be made to [work] for little to no pay” (Rosales, pg. 12). Con la legalización de la venta callejera, espero que estas prácticas explotadores desaparezcan.

Durante toda la historia de Sánchez, su nieta se sentaba al lado de ella grabando todo en su teléfono. “Ella es mi cómplice,” dijo Sánchez, “siempre está grabando todo.” Toda de la clase podía ver el amor entre Sánchez y su nieta, pero también en su comida. A Sánchez le encanta cocinar. Se puede ver en la manera de que ella preparar la masa y en los sabores de su comida y bebidas. Pude ver que el cocinar no solamente era trabajo a ella. Sonrió mientras enseñando como prensar tortillas y se rio cuando mi tortilla se rompió. Sin embargo, estaba muy emocionado para comer una tortilla lo que hice con mis propias manos. La tortilla era muy fresca y rica, especialmente con los sabores del queso y la mezcla de nopales con otras verduras. Antes de este día, nunca he probado nopales. Toda la comida era única y rica. También, me encanta el agua fresca con lima y las semillas de chía. Tenía todos los sabores mejores de la limonada sin demasiado azúcar y la textura de las semillas de chía. ¡Espero verla en el Mercado Olympic un día y probar toda su comida!

Las citas:

Portnoy, Sarah. “She used to dodge police. Now she can make Puebla style food and run a business while speaking up for other vendors.” Los Angeles Times, June 14, 2018.

Rosales, Rocío. Fruteros: Street Vending, Illegality, and Ethnic Communities in Los Angeles. University of California Press, 2020, pp. 1–19.

La Lucha de Vendedores Ambulantes en Los Ángeles y Una Charla Con José

por zachary yawata

Los vendedores ambulantes son un parte esencial de Los Angeles y la cultura latina. En cada calle, los pueden ver, anunciando sus productos y precios baratos. Por mucho tiempo, los vendedores han tenido problemas con el gobierno y todavía están luchando por su derecho a vender para apoyar sus familias. Para mantener su trabajo y carrito, “Vendors must also pay $746 for a one-time cart inspection. Annual city permits are priced at $291 ($541 after July 1), while county permits cost $772 yearly” (Villafana). En adición al costo de los productos, los vendedores ambulantes tienen dificultades con pagar para los permisos. Por esto, hay casos donde los vendedores no pueden pagar y existe la posibilidad de ser victimo de “confiscation of products and pushcarts, the issuing of fines and citations, and at times, arrests” (Rosales 8). Con esta amenaza constante, los vendedores buscan ayuda de la comunidad “paisano”. Esta comunidad sirve como una oportunidad de aprender los trucos de los negocios y conocer otros vendedores también. Sin embargo, hay la idea de un “ethnic cage [and how] crackdowns contribute and perpetuate poverty and marginalization among fruteros” (Rosales 11). El ethnic cage trae a los inmigrantes juntos para que ellos tienen la capacidad de empezar su negocio con los carritos. Pero con el riesgo de detenciones, citaciones, y problemas con el Los Angeles County Department of Public Health (LACDPH), los vendedores tienen miedo y tratan de explotar otros paisanos, los mismos que ayudaron con empezar sus vidas en los Estados Unidos. Vemos paga desigual o sin pago en absoluto. Hay una limitación de la movilidad económica tambien donde los vendedores tienen que “recognize their low status not only in the new destination country but also within a newly constituded hierarchy of hometown associates” (Rosales 13). Esta cita habla con la idea de un ethnic cage también donde hay la comodidad de estar con personas familiares pero con la posibilidad de hostilidad y explotación. En este momento, ellos tienen que elegir entre individualismo asociado con aislamiento o una comunidad atrapado por el ethnic cage

Aunque el trabajo tiene mucho riesgo con las leyes y no paga mucho dinero, un parte grande de inmigrantes lo persiguen porque es considerado un trabajo honesto. Por ejemplo, José, el vendedor que me conocí para este blog, me explico porque él tiene este trabajo. Una cosa para notar, me tomé como una hora para encontrar un vendedor con fruta, monté mi monopatín en S. Vermont y Normandie por mucho tiempo hasta que me encontré José en Grand Ave. No hay muchas opciones cerca de campus, y es necesario salir de la burbuja de USC.

Cuando lo conocí, él estaba un poco nervioso y no quería contestar mis preguntas. Después de una conversación pequeña y una explanación sobre la clase y nuestro blog, él estaba dispuesto a ayudarme. José es un inmigrante de México quien ha tenido el trabajo de vendedor por treinta años. Él nunca ha mudado su ubicación de carrito y empieza a las seis de la mañana. Normalmente, cuando son casi cinco de la tarde, él cierra su carrito y regresa a casa. En un día típico, él hablará con casi cuarenta clientes, muchos vienen de una clínica cercas, cuando pasan en coches, o el departamento de servicios sociales. José vende una variedad de productos, tamales, café, agua, frutas frescas, Gatorade, y tortas también. Me dijo que aunque no recibe mucho dinero, él puede conocer gente nueva todos los días. Él solo usa un carrito de compras porque su original se lo llevaron por el LACDPH. Desde entonces, él nunca ha tenido suficiente dinero para comprar un carrito nuevo y prefiere tomar el riesgo de citaciones. Muy similar a Juana Dominguez, quien “prepares breakfast for neighbors who have come to depend on her for most of their meals each week” (Bautista), José queda en el mismo lugar todos los días porque hay personas quien siempre vienen en la mañana para comer el desayuno. Finalmente, durante la pandemia, él no tuvo que cambiar mucho afuera del requisito de llevar una máscara. Yo compré una taza de frutas con tamarindo y le deseó suerte con su trabajo. Las frutas eran un poco cálido, pero dulces y frescas, sin embargo. Aunque él ha tenido muchos problemas con su negocio, él mantiene su buena actitud y todavía ofrece buena calidad en sus productos e increíble servicio al cliente. ¡Recomiendo pasar tiempo con él!

Fuentes:

1. Portnoy, Sarah, “L.A.’s Street Vendors Aren’t Giving Up the Fight for Food Cart 

Legalization.” LA Weekly, 25 Jan. 2017, L.A.’s Street Vendors Aren’t Giving Up the Fight

for Food Cart Legalization

2. Portnoy, Sarah, “She used to dodge police. Now she can make Puebla style food and run a business while speaking up for other vendors,” She used to dodge police. Now she can make Puebla-style food and run a business while speaking up for other vendors

3. “La venta callejera hace más vivas, seguras y justas las ciudades y por eso pertenece a la escena urbana post Covid 19,” La venta callejera hace más vivas, seguras y justas las ciudades, por eso pertenece a la escena urbana post-COVID-19

4. Nidia Bautista, “Los Angeles Street Vendors Already Had It Tough. Then the Pandemic Hit,” Food and Wine, https://www.foodandwine.com/news/la-street-vendors-on-the-toll-of-the-pandemic

5. Fines and Confiscation: Explaining L.A.’s Arbitrary Street Food Cart Law the County 

Uses to Criminalize Street Vendors ~ L.A. TACO

6. Rocío Rosales, “Chapter 1,” Fruteros: Street Vending, Illegality, and Ethnic Communities in Los Angeles. (BB bajo CONTENT, Lecturas para Semana 12)

La jaula étnica: los desafíos y lo bueno de la venta ambulante

Por Maddie House

Cuando juntamos para este blog, no sabíamos donde debíamos empezar. No se puede buscar en el Internet “¿dónde está fruteros o dónde está vendedores ambulantes?” porque una parte de su trabajo es quedarse informal y un poco escondido (aunque trabajan en la acera/sidewalk). Conducíamos hacia Vermont y afuera de Ralph’s, encontramos Gloria con un paragua con los colores del arcoíris, una parrilla, y dos mesas con comidas y condimentos diferentes. Gloria ha sido vendedor ambulante desde mayo de 2021, pero su madre ha sido una vendedora ambulante en Torrance por muchos años y por eso tiene mucha experiencia con el negocio difícil. Siempre vende en el mismo lugar, en Vermont afuera de Ralph’s, en los sábados y los domingos. Dijo que, a causa de COVID, ha sido mucho más desafiante porque la gente tiene miedo de comprar comida y no tiene confianza en los vendedores. Lo difícil con esto también es que los vendedores ambulantes no recibían dinero del gobierno para ayudarles con sus negocios (Bautista). Esto significa que estas personas no tenían ninguna protección financiera durante la pandemia. 

Gloria vende “snacks” como esquite, elote, frutas, chicharrón, aguachile, y bebidas. También tiene una parrilla para los perritos calientes con tocino, cebolla, y condimentos (los “victory dogs”). Su plato favorito, y el mejor en su opinión, es el maíz. El esquite clásico, que pedimos nosotras, era muy rico con queso, crema, y polvo de chile encima. Me encantó la mezcla de queso y maíz, con algo un poco picante. Gloria hablaba del divertido de hacer cambios y innovaciones con el elote y el esquite tradicionales. Ella le gusta experimentar y probar combinaciones nuevas, como Hot Cheetos encima del esquite. También Claire comió un perrito caliente que era grande y delicioso, con olores fuertes–especialmente de la cebolla. 

El jueves, hablamos con Merced Sanchez, una vendedora ambulante y activista de Puebla que ha participado mucho en los movimientos de la legalización de vender comidas en la calle. Ella hablaba de las dificultades que ha experimentado con tantos negocios diferentes. Quería compartir su amor de la cocina mexicana y crear su propio negocio. Antes de la descriminalización de la venta ambulante, la policía podría coger todas las cosas de los vendedores, como las parrillas, la comida, y los utensilios de cocina. Juana Dominguez, una vendedora ambulante en Los Ángeles, dijo que “it’s devastating seeing your things taken away—so much effort, so much of what you fought for” (Food and Wine). Los inmigrantes en Los Ángeles a veces no pueden encontrar otros trabajos a causa de barreras idiomáticas y/o estado de inmigración. Y obtener vehículos para loncheras o edificios para restaurantes cuesta mucho dinero. Sanchez dijo que una lonchera puede costar como $50,000, dinero que mucha gente no tiene y no lo puede arriesgar. Con los recursos que tienen, vender comida en la acera es una manera más accesible de hacer su propio negocio, como un emprendedor. La ilegalidad de la venta ambulante creía una barrera que limitaba la participación de inmigrantes en la economía. Es injusto que no pueden participar en la economía formal pero también es ilegal participar en la economía informal. Ahora, los vendedores ambulantes pueden tener licencias (permits) para vender la comida, aunque son caras. Sanchez dijo a nosotros que ahora tiene seguridad en su negocio y cuando la policía viene, puede mostrar su licencia para que la deje en paz. 

Los fruteros y otros vendedores ambulantes muchas veces tienen una comunidad. Sanchez dijo que ella conocía a tantas personas y usaba esa red para hacer su activismo. Estos sistemas que conectan una comunidad de personas pueden ser buenos y malos al mismo tiempo, según Rocío Rosales. Rosales dice que “[social networks] offer different individuals within the network uneven benefits, and they can be simultaneously helpful and exploitative. The ethnic cage concept is meant to capture this complexity. Although cages evoke a negative connotation, it is important to remember how, in a hostile context, such a cage can serve as a protective barrier” (12). Las jaulas étnicas pueden atrapar a las personas y también pueden protegerlas. En el caso de Sanchez, las conexiones con otras personas le ayudaban en su activismo porque tenía un grupo de personas que resultaba en más poder. (Los límites de este poder son el estado de inmigración de estas personas y también su estatus en la sociedad. Aunque tenían muchas personas, el gobierno ha ignorado sus problemas por muchos años.) Por otro lado, a causa de las dificultades que experimentan los inmigrantes en los EEUU, muchas veces faltan recursos y por eso, no pueden ayudar a las otras personas en su red. Los vendedores ambulantes han encontrado muchos desafíos, aunque solo tratan de participar en la economía estadounidense.

Las tortillas que preparamos con Merced Sanchez

Fuentes

Bautista, Nidia. “Los Angeles Street Vendors Already Had It Tough. Then the Pandemic Hit.” Food & Wine, 2020. https://www.foodandwine.com/news/la-street-vendors-on-the-toll-of-the-pandemic.

Portnoy, Sarah. “She used to dodge the police. Now she can make Puebla-style food and run a business while speaking up for other vendors.” Los Angeles Times, 2018. https://www.latimes.com/food/dailydish/la-fo-re-merced-sanchez-20180615-story.html.

Rosales, Rocío. “Introduction.” Fruteros: Street Vending, Illegality, and Ethnic Communities in Los Angeles.

Addressing the «Jaula de Oro»

por Jonah Vroegop

Working as a frutero in Los Angeles is anything but sweet – these workers endure the beating sun and heat to serve a constantly changing, unpredictable public. Fruteros and other street vendors often lack permits and the bureaucratic paperwork required by the city to serve their products and until 2017, this was a criminal offense. These stands are iconic in Los Angeles – after sporting events at the Coliseum or Dodger Stadium, on the corners near Metro stops or bus stations, and even just in regular neighborhoods and on city streets. They are happy to serve the public and are often happy to chat and joke with those who visit their stands. Most commonly, these “vendedores ambulantes” serve fruit with chile or tajin, hot dogs, aguas frescas like horchata, or flowers either single or in bouquets. Many of these vendors work as street vendors because they lack documentation and lack fluency with English, therefore not only limiting their ability to belong to a regulated workplace with benefits but also forcing them to work, accepting the risk of interaction with the police, which could mean arrest or deportation for many. These threats, in my opinion, are undeserved. In our class chat with Merced Sanchez, she said “Those of us who come to the United States are just like you but we don’t know the language – we are good people, we have good intentions, we also love good food and cervezas, and we are not all dangerous like you hear.”

The city of Los Angeles makes it extremely difficult for vendors to sell their goods, requiring high-performing new grills and materials to suffice the health code, requiring annual permits for about 300$ (500+ after July 1), and cart inspection for over 700$ (LA Taco). This makes it so that almost none (about 1%) of the street vendors in Los Angeles can afford to do business with proper permits and paperwork. This makes them easy to harass, prohibit, and prevent from selling first because of their lack of permits and also due to immigration and mistrust of government officials. “We work to get by day to day, to raise our children, feed them, pay rent, for the clothes on our backs because it’s our job. According to the article from Nidia Bautista about the Cortez family – a citation for vending on the street wouldn’t just hurt her savings – because of the low earnings of this type of job, a citation would cause her family to go without. Not only do these workers do anything they can to support their families, they are often unappreciated and harassed by the people they aim to serve as well as the government that should be helping them. The barriers to receiving justice in this regard are many, including cultural appreciation of these vendors, bureaucratic processes like licensing, lack of documentation for many, and fostering a culture of appreciation and respect for hard workers who earn little. 

Fruta fresca con Tajin del frutero

In my conversation with a frutero near USC named Humberto, the sales and ability to attract people to buy fruit have been extremely low since the outbreak of the pandemic. Not only are people confined to indoor or socially distanced places, but there are also fewer students to buy his fruit and more people looking to cause trouble. According to Humberto, getting robbed or harassed by locals and homeless individuals is not uncommon to see or hear about. Unfortunately, the robberies aren’t always committed by individuals. The California Department of Public Health (DPH) has been “confiscating” and withholding the carts seized from street vendors throughout the pandemic, even in cases where citations were not issued (LA Taco). This blatant thievery of a hard-worker’s way of life has further increased distrust and tension between the people and the City of Los Angeles. According to Merced Sanchez, there are often “no vending zones” that pop-up on a moment’s notice in some of the busiest areas of the city including Hollywood, Culver City, and other popular tourist/high traffic areas. There is no reason for the city’s harassment beyond a means to control the vulnerable populations and the street vendors in Los Angeles contribute a vital piece of Southern California culture. Street vending has been a part of Latino culture since the time of Cortez’ conquest of Mesoamerica in the early 1500’s (Portnoy). 

By allowing the persecution of fruteros and other street vendors in Los Angeles, we’re furthering the idea of living in an “ethnic cage” for many and alienating those willing to work hard serving the rest of us for low wages and in poor conditions. Really, we should be praising the hard work of these vendors and fostering avenues for entrepreneurial endeavors in this arena. To allow street vendors (decriminalization in 2017 was a step in the right direction) to sell without citation, overpriced permits, or unrealistic expectations for equipment and sanitation would be to recognize the hard work and dedication it takes to feed a family in Los Angeles as an immigrant. In this way we can address the “jaula de oro” situation and more so focus on fostering community and addressing the other disparities within our communities. 

Bautista, Nidia. “Los Angeles Street Vendors Already Had It Tough. Then the Pandemic Hit.” Food & Wine, 24 July 2020, http://www.foodandwine.com/news/la-street-vendors-on-the-toll-of-the-pandemic.

Villafana, Janette, and Jack Ross. “Fines and Confiscation: Explaining L.A.s Arbitrary Street Food Cart Law the County Uses to Criminalize Street Vendors ~ L.A. TACO.” L.A. TACO, 17 Mar. 2021, www.lataco.com/carts-street-food/.

Portnoy, Sarah. “L.A.’s Street Vendors Aren’t Giving Up the Fight for Food Cart Legalization.” LA Weekly, 25 Jan. 2017, http://www.laweekly.com/l-a-s-street-vendors-arent-giving-up-the-fight-for-food-cart-legalization/. 

Portnoy, Sarah. “She Used to Dodge Police. Now She Can Make Puebla-Style Food and Run a Business While Speaking up for Other Vendors.” Los Angeles Times, Los Angeles Times, 14 June 2018, http://www.latimes.com/food/dailydish/la-fo-re-merced-sanchez-20180615-story.html.