X’tiosu Kitchen – Comida Fusión en Boyle Heights

Por Natalie Redington

No fui a Grand Central Market este día con la clase, pero sí he ido antes y he comido pupusas muchas veces. No me recuerdo donde lo leí, pero había un fuente/artículo que decía que la mejor cosa sobre Grand Central Market es la desaparición de las fronteras entre las comidas diferentes, que no existirían juntos en ningún otra parte. Por ejemplo, generalmente no podrías encontrar un a ningún sitio donde habrían pupusas, comida tailandesa, bocadillos PB&J, ramen y más, todo juntos y en la vecindad inmediata. Aunque ahora sí lo puedes encontrar, como en Smorgasburg, pero cuando el GCM fue fundado, era un concepto muy diferente y nuevo. La visita a Grand Central Market representa una continuación de las culturas y comidas diferentes; se pueden disfrutar a ellos mismos y en la mayor parte hay una coexistencia agradable entre todos. Pero había un problema con los “Legacy Tenants” de Grand Central Market – que significa los arrendatarios que eran allá desde el comienzo y casi tenía un derecho sobreentendido a su espacio/puesto en GCM. Con el aumento de popularidad de GCM, nuevos arrendatarios “lujosos” (upscale) vinieron, pidiendo espacio en GCM, y eran dispuestos a pagar más para alquilar (LA Mag). Y para que los “legacy tenants” salgan, GCM hizo un cambio que dijo que los “legacy tenants” deberían “pagar un porcentaje de sus ventas, además de su renta normal” (LA Mag). Muchos de los “legacy tenants” no pudieron permitirse a quedarse y tuvieron que salir; era muy triste. Es como una gentrificación del GCM y los “legacy tenants” presentaron una demanda contra GCM.  

La visita del Mercadito de Boyle Heights era muy diferente del ambiente de GCM. Lo más importante que notaba de diferencia era que encontré puestos diferentes al Mercadito, pero cada uno tenía las mismas cosas en venta: cubetas de mole, frutas secas, dulces, etc. Casi en la totalidad eran lo mismo; el tipo de comida, la manera en que fue hecho. Por ejemplo, si no podías encontrar elote por este parte, lo podrías encontrar en otro piso o en otro lado de la tienda grande. era muy diferente del GCM, donde se puede encontrar, como he dicho, ramen, pupusas y bocadillos de huevos en el mismo lugar.

La comida fusión según el artículo Portnoy-Pilcher es la combinación de culturas, ingredientes, recetas, y maneras específicas de cocinar un plato o una comida. Generalmente esta combinación deriva de las mezclas que los chefs ven en sus infancias, por ejemplo con Wes Ávila y Roy Choi; por sus comidas, se quedan leales a sus herencias pero también se incorporan la esencia de Los Ángeles como se lo comprenden a ellos mismos. La globalización ha tenido mucha influencia sobre la comida diversa en Los Ángeles: en una entrevista con KCET, Bill Esparza (periodista y escritor) explica que, “Immigration has shaped our cuisine…Los Angeles has its own cuisine that really is defined by all the people that come here…As the generations become chefs, we’re seeing this emergence of a new type of cuisine, taking local LA products and California cuisine and they’re using the food from their childhood with new ingredients” (KCET). Esta cita también relaciona a la historia de Roy Choi y su crianza, “in the culinary and social borderlands of Los Angeles,” donde “Mexican food blended seamlessly with American fare through cross-cultural marketing and intermarriage” (10). Un buen ejemplo de esta idea era el restaurante que servía “Kosher Burritos…opened by a Jewish man married to a Sonoran woman.” Por esos tipos de mezclas, Choi encontró su inspiración de tomar su propia herencia coreana con la comida de Los Ángeles para fundar su ahora-conocido lonchera, Kogi. En el menú, había “short rib tacos, kimchi quesadillas, and Kogi sliders…Kogi’s fusión cuisine was not just a mixture of cultures but it also reflected the cross-class encounters of the Los Angeles streets…[it] brought people from different walks of life together (12).

Según la recomendación de Profe Portnoy, fui a X’tiosu Kitchen, un restaurante en Boyle Heights que combina la comida mexicana con comida de Oriente Medio. X’tiosu (shto-su) significa “Gracias” en Zapoteco, una lengua de Oaxaca. En el menú de X’tiosu, se puede encontrar platos como Tabouleh Oaxaca Salad (que tiene nopales), Pita Burritos, hummus normal o hummus oaxacan (con frijoles negros en vez de garbanzos), y la cosa más popular, el taco shawarma. La shawarma es un plato de Oriente Medio que está preparado en un espetón y rallado – puede ser de tipos diferentes de carne pero en X’tiosu la shawarma eran de pollo. Decidí probar el “Combo Plate,” que tenía tres pinchos (kabobs) de res, pollo y chorizo, y arroz, hummus y ensalada “libanesa.” Era muy delicioso, pero lo que prefería era el taco shawarma. este plato representa muy bien la idea de “globalización” de comida porque, como Wes Ávila también hizo, usó el taco como “vehículo” para hacer su propia creación. El primer bocado de mi taco tenía tanto sabor, y descubrí después de hablar con el dueño que añadió una salsa que era una mezcla de salsa verde y tahini, que representa también muy bien de esta mezcla de culturas. Me gustaba muy bien la experiencia de comer a X’tiosu; el dueño sentaba conmigo porque era muy vacío y recomendó que baño mi taco en la salsa roja. Reí después porque nunca en mi vida he bañado un taco, o además, una tortilla de maíz (llena de shawarma y salsa tahini) primero en hummus y después en salsa roja. Era una combinación divina; cambió totalmente el sabor. Aunque prefería el taco, también me gustaba el “Combo plate” y la ensalada libanesa que tenía un aderezo ligero de limón. Esta ensalada es algo que quizás generalmente no encontraría en un “combo plate” típico mexicano, y añade un elemento sano al plato. Aunque es más sano, el solo problema es que el “combo plate” es un poco caro: $15.50, pero viene con mucha comida. De otra manera, los tacos de shawarma son baratos, como $1.50 para cada uno, y $0.25 para salsa roja.

Tengo una relación personal con esta idea de mezclar comida y cultura diferente. Como he dicho en un blog antes, tengo nuestros “noodle parties” en mi casa, y no solo es una mezcla de comida, pero además es una combinación de culturas, que no es siempre fácil a hacer. Mis abuelos ingleses (que son casi envarados) son muy diferentes de mi grande familia asiática (un poco loca). Sí, quizás hay tensión, pero es como describió Portnoy-Pilcher en su artículo sobre Kogi: “it brings people from different walks of life together” (12). No creo que mis abuelos ingleses jamás hayan pensado que iban a estar unidos con gente de Bangkok; y además quizás nunca pensaba que iban a llamarlos familia. Ambos de mis padres son inmigrantes y lo que como es una mezcla de lo que cocinan (comida tailandesa) y lo que conocen (“Christmas pudding”), pero también es de la comida local (aún tan simple como el restaurante mexicano cerca de nuestra casa “El Gringo”). Por ejemplo, como he dicho en mi otro blog, siempre tenemos el “noodle soup” que cocina mi madre, pero también comenzamos siempre con charcutería, queso, aceitunas y comida más que le gustan a mi padre. Por esta razón estoy muy abierta a la idea de comida fusión, y me gustaba mucho X’tiosu – ¡lo recomendaría a todos!

La Autenticidad — La Calle Olvera v. Mariscos Jalisco y el Mercado de Boyle Heights

Natalie Redington

La excursión que hicimos a Calle Olvera fue muy interesante, y un poco necesario, considerando que nunca había ido en mi vida, aunque soy nativo de Los Ángeles, y también vivo tan cerca del sitio, como estudiante de USC. Con las lecturas que leí como tarea antes de la clase, fui sorprendida a descubrir que la Calle Olvera que conocemos hoy, aunque tiene mucha historia como el raíz de Los Ángeles, fue recreado por una mujer, Christine Sterling, en los años 1920s/30s. Este hecho cambió un poco la manera en que la Calle Olvera me parecía. Antes de la renovación de Christine Sterling, fue una región pobre y un poco abandonada, con inmigrantes de clase trabajadora. La ciudad fue en una “dilapidated condition.”

Pero ahora la Calle Olvera tiene vitalidad – con puestos de barajitas como calaveras pintadas, ropa estereotípica mexicana, y restaurantes. No había muchas personas alrededor porque fuimos en un martes por la tarde, pero en los restaurantes pude ver muchas personas comiendo y terminando sus almuerzos. La Calle Olvera, en mi opinión, se representa por esta idea de “staged authenticity.”

La idea de que toda la Calle Olvera fue creado por Christine Sterling me previene de aceptar totalmente su “autenticidad.” Aunque se dejaba a la población mexicana un lugar a expresarse y totalmente dedicada a ellos (donde se ocurren eventos como Día de los Muertos, etc.), me parece que es demasiado similar a esta idea de “staged authenticity.” Profesora Portnoy en su libro, “Food, Health and Culture in Latino Los Angeles” explica esta idea en una descripción del restaurante El Cholo, diciendo que “The El Cholo restaurants are designed with an haute hacienda look…[with] stucco and adobe that remind diners of the Spanish Fantasy Past, which the image of Mexico presented s one that is highly stylized and theatrical…[another example of this is] the waitresses wearing stereotypical flowered Mexican dresses” (19). Profesora Portnoy viene a la idea que todas estas decoraciones y visuales dan un “idealized version of rural Mexico,” que es lo que se puede ver también en la Calle Olvera. (19).

Creo que la necesidad de añadir toda esta banalidad (fluff) en realidad desmerece de la experiencia; las decoraciones y todos los souvenirs dan la sensación de que no es auténtica y que tratan a vender una experiencia excesiva que no refleja la realidad. No siempre llevan en México los vestidos ornamentados que se venden en la Calle Olvera. Y como dijo la amiga de Ferrero en su artículo, no siempre comen en México la comida que ofrece en la carta. Ella dijo “The food that you generally find at Mexican restaurants in many areas of Los Angeles, as a matter of fact, is not the food that we usually eat at home. That one is too rich and fat and we usually only eat it during our festivities. If we ate all that kind of food everyday we would be absolutely fat by now!” (202). Para mí, me pregunté por qué muchos restaurantes sienten la necesidad de vender este tipo de comida y por qué quisieron promocionarlos de esta manera, y Ferrero tenía mi respuesta: “customers are considered tourist diners…Mexican food becomes a device to transform Anglos’ experiences of going to Mexican restaurants into a ‘foreign’ experience…[they] go through the same sense of estrangement that in general any tourists experience when they are in a foreign land” (202). Los restaurantes como El Cholo, o otros en La Calle Olvera atienden a los clientes que quieren una experiencia que los llevan afuera del normal/de la rutina aburrido de su comida (o además, sus vidas) cotidiana; pero quieren una experiencia todavía “confortable” y no demasiado extranjero, y es lo que se encuentran en estos sitios de “staged authenticity” como El Cholo.

Con la comida de La Calle Olvera, no fui muy impresionada. Primera, comí los taquitos sin la salsa de aguacate (porque soy alérgico a los aguacates) y saboreaban como taquitos normales – y si me atrevo a decirlo – como taquitos congelados/aptos para microondas. Pero probé un taquito con un poco de la salsa y pude comprender el bombo publicitario. Pero estoy de acuerdo con la opinión de Profesora Portnoy que dice que, “I always find that [Cielito Lindo’s taquitos] taste as if they have been cooked ahead of time and quickly reheated” (20).

Mientras que La Calle Olvera se excede en las decoraciones y presentación pero falta en la comida, por el contrario en Boyle Heights, se toma esta idea hasta el opuesto extremo, donde no decoraban ni enfocaban en la presentación del espacio, pero la comida compensa para eso.

Primero, en Mariscos Jalisco, todavía se venden tacos en su lonchera, aunque ahora tienen un espacio al dentro. La falta de decoración fue evidente a Mariscos Jaliscos (que se puede ver en mi foto de la lonchera y la acera alrededor) pero no fue un problema porque la comida fue excepcional. En el cuarto grande al dentro, había sillas de plástica y mesas simples. No había mucha decoración por las muras, con la excepción de muchos premios/elogios de la comida que fueron colgados. Pero no importa la decoración cuando tiene comida tan sabrosa. Comí un taco de camarones y fue el mejor taco que he tenido en mi vida entera (y como nativo de Los Ángeles, he comido muchos tacos). La salsa, la aguacate, los pequeños trozos de lechuga, las camarones y el crujido de la tortilla frita combinaron para hacer un taco increíble. Las personas que frecuentaban Mariscos Jalisco eran del barrio o eran como nosotros, que han entendido del lugar por su fama y han hecho la caminata para probarlo.

También en El Mercado de Boyle Heights,se podía sentir esta falta de exceso, o falsificación. Sí, había decoraciones por todo, pero todavía faltaba este tipo de presentación falsa que existe en restaurantes como El Cholo. Por ejemplo, al dentro del Mercado, se venden las salsas de mole en baldes, que es muy poco apetecible para los clientes. No fui inclinado a comprarlo. También se vendían chapulines, que demuestra la autenticidad del lugar — ¡jamás ofrecería chapulines en un restaurante como El Cholo! No tenía el valor de probarlo — este realmente va afuera de mi elemento, ¡aunque normalmente soy aventurera cuando se trata de probando nuevas comidas!

Sentía más auténtica porque las personas en el Mercado solo hablaban español y se alinea con la idea original de autenticidad que se trata de comida o cultura más cerca del versión o lugar original. Pude probar (y he comprado) mango deshidratado con chile, que fue delicioso. También probé elote y churros que me gustaban.

Creo en esta idea de la autenticidad, que se defina, según Profesora Portnoy y otras opiniones, como construido por la sociedad y tiene significancia diferente a personas diferentes. Pero creo que hay una diferencia entre a) vendiendo una representación falsa de una cultura para ganar dinero/para que las turistas puedan sentir un sentido falsificado del “exotismo” sin alejándose tan lejos de sus propios elemento y b) de tomar una idea o una receta renombrada de la familia y cambiándola o adaptándola a los ingredientes locales o mejorándola basado en la innovación personal. Y entre estos dos puntos diferentes es lo que radica entre la idea de “staged authenticity” (lugares como El Cholo o la Calle Olvera) y la autenticidad adaptada que caracteriza lugares asombrosos como Mariscos Jalisco y El Mercado.

Guerrilla Tacos – Tacos Actualizados y Modernos

por Natalie Redington

Hoy fui a Guerrilla Tacos en el Arts District. He aprendido de este lugar de una amiga en nuestra clase que lo sugirió. Estaba sorprendida cuando he llegado porque lo había visto antes y había querido visitarlo, pero no sabía que era.

Para un lugar en el Arts District, yo había anticipado que iba a encontrar un restaurante muy caro. De cómo se parece de afuera, y por la decoración que hay en el restaurante, pienso que muchos de los clientes probablemente son sorprendidas de descubrir que muchas de los tacos son solamente $4 o $5. En el artículo de LA Taco que se trata de los $5 tacos, el autor menciona como el taco de $5 en realidad es caro en comparación con los tacos que se puede encontrar en las calles para $1. Sí, también hay el quesadilla del momento, que tiene langosta, que cuesta $20, pero la mayoría de los platos no son bastante caros.

Yo tenía la oportunidad de hablar con una de las mujeres que trabaja allí, y ella estaba con Guerrilla Tacos desde los días de cuando fue un “food truck.” El restaurante fue creado por Wes Avila, un chef que fue preparado clásicamente. Según su sitio web, ha estudiado bajo Alain Ducasse, un chef quien creó el restaurante bien conocido en la Torre Eiffel, el “Jules Verne,” y más. Su negocio ha comenzado con solamente un “cart” (que la camarera la llamó “just la plancha”), y después se convirtió en una lonchera, o un “food truck.” Y finalmente, abrió el restaurante Guerrilla Tacos, que se puede encontrar en la esquina de 7th y Mateo en el Arts District. Según la camarera, Wes fue diferente con sus creaciones porque no hacía tacos normales como cerdo, carne asada o pollo, pero sacaba también de sus estudios en otras cocinas, y “usa el taco como el vehículo.” Él estaba haciendo creaciones como bife y foie gras, o uni (erizo de mar) en tacos. Y esta cita de la camarera también va paralelo con en artículo de LA Taco que dice que “ambitious young chefs treat tortillas as a canvas instead of a staple ingredient.” En relación con la idea de autenticidad, y si los tacos de Guerrilla Tacos son “auténticos,” Profesora Portnoy, en su artículo titulado Good Food and the Problematic Search for Authenticity, states that “authenticity is not a quality inherent to food: it is one that is socially and personally constructed.” También Profesora Portnoy cita Avila en este artículo, que dice que, “People will say, ‘that’s not authentic.”… [but] It’s authentic to me.” Las dos citas son muy evidentes en la propia cocina de Wes Avila, que usa lo que conoce de sus estudios culinarios pero también de su propia cultura para formar tacos que son diferentes del normal pero sabrosos.

Wes es de linaje mexicano, pero fue nacido en Los Ángeles y vive en un área de Glendale donde hay una población muy grande de Medio Oriente, armenios y mediterráneos – entonces tiene mucha inspiración de estas poblaciones y culturas. También le gusta bien la comida japonesa, y lo que comió mi amiga con quien fui (el “Ahi Tuna Tostada”) tenía características japonesas, como el crudo de atún, y la cubierta del furikake, según nuestra camarera.

El restaurante está en un área del Arts District que tiene otros restaurantes y focos a la moda que recientemente han aparecidos. Guerrilla Tacos afuera tiene muros grises que son rústicos pero también modernos, con plantas colgadas del techo. Tiene también arte en algunos muros afuera que dice “LA” en azul y amarillo. Cuando se entra al restaurante, hay un ambiente ligero y placentero, con muros de piedra y ladrillo; mesas de madera; sillas simples pero en dos colores brillantes, rosa y anaranjado. También tiene un bar muy bonito. El ambiente generalmente del restaurante es moderno, brillante, de moda, abierta y encantador, pero no es arrollador; es confortable: por ejemplo, muchos de los otros clientes eran solos; vinieron con un libro o sentía confortable comiendo solo.

Yo comí el “Sweet Potato Taco” y el “Hanger Steak Taco.” La presentación del “Sweet Potato Taco” fue muy agradable: los camotes eran soasados; chamuscados y crujientes por fuera, pero dulces y mullidos en el centro. Y la cubierta de salsa, queso feta, cebolletas y maíz frito creaban una bonita combinación de colores que no pude esperar a comer. La presentación era hermosa pero también desordenada, como los cebolletas caían del taco al plato y eran estiradas por todas partes. El sabor del taco fue ahumado y sabroso. El taco fue un poco largo y comencé a comerlo con un tenedor, donde lo me gustaba bien. Pero fue cuando comí el taco con mis manos y con la tortilla que recibí la experiencia total. Se nota totalmente diferente: la tortilla cuadra el sabor del camote que quizás fue un poco arrollador antes. El queso feta añade un sabor ligero que distrae al peso del camote. También había un poco tanto camote; hacia al final he sacado mucho del camote al lado de mi plancha. La salsa fue muy ahumada y mientras que comí el taco, la salsa comenzó a mezclar con el queso feta y se volvió en una salsa increíble. El sabor delicado del queso con el sabor ahumado del salsa mezclaban bien. Todo este taco fue sobre un equilibrio – entre la tortilla y el camote; entre el queso y la salsa; y finalmente entre la textura mullido del camote y el maíz crujiente. Fue mi taco favorito de los dos que comí a Guerrilla Tacos.

Después comí el “Hanger Steak Taco” que tenía queso jack, salsa de chiles, salsa de aguacate y bife. Los colores y la presentación también eran muy bonitos en este taco. No tomé una foto porque tenía tanto hambre y me olvidé. La tortilla con la blanca del queso, el marrón del bife y el verde de la salsa se juntaban para formar una bonita presentación también con el otro taco. Pero no tenía la satisfacción que había anticipado antes según la presentación de la comida. Fue difícil para comer el taco porque el bife no era bastante tierno, entonces no pude tener un bocado fácil o rápido, y este desmereció de la experiencia. Pero todo el resto del taco era sabroso – particularmente la combinación de la tortilla, el queso y la salsa de aguacate. En mi opinión, el taco sería mejor sin el bife, como un tipo de combinación solo de queso, salsa y tortilla; para mí, el bife arruinó la experiencia y terminé con mucho bife al lado de mi plato, como la había hecho con el camote. Pero, me gustaba el concepto y la mayoría de los ingredientes en el “Hanger Steak Taco.”

Me interesa mucho esa idea de autenticidad; lo he mencionado antes con la introducción de Wes Avila y Guerrilla Tacos. Profesora Portnoy descubre ese sujeto en su mismo artículo cuando menciona una entrevista con Jonathan Gold, escritor de comida legendario. Él fue preguntado sobre su opinión de la autenticidad de los restaurantes mexicano-americanos como Tito’s Tacos; él respondió que, “he did not consider these restaurants to be inauthentic. Instead, he argues that they are authentic represntations of what Mexican food has evolved into over centuries of Mexican presence in Southern California” (Portnoy). Este es verdad a Guerrilla Tacos, donde Wes Avila, un hombre nacido en Los Ángeles pero de linaje mexicano, usa su propia cultura y la mezcla con las culturas y influencias de la gente con quien vive en su comunidad y sus estudios de comida en otros países y bajo expertos. Tenía una buena experiencia a Guerrilla Tacos – ¡es un gran éxito y decididamente regresaré con mis amigas y familia pronto!

Chichen Itzá: Descubriendo La Comida Yucatán

Por Anouska Choraria

Chichen Itzá es un restaurante yucateco situado muy cerca de USC, en el Mercado de la Paloma en el sur de Los Ángeles. El restaurante es de propiedad familiar y ha estado en el negocio durante 18 años.

Chichen Itzá, restaurante yucateco situado en el Mercado de La Paloma.

La comida yucateca se origina de Yucatán, el sudeste de México. Yucatán es el hogar de los mayas, una de las culturas indígenas más avanzadas de las antiguas Américas. Los mayas construyeron muchas ciudades, y uno de lo más increíbles es Chichen Itzá. Recientemente, Chichen Itzá fue nombrada una de las Siete Maravillas del mundo. Entonces, el restaurante da homenaje a esta ciudad y su cultura antigua y rica a través de su cocina.

La comida yucateca es muy diferente a la comida mexicana. Ya que Yucatán está situado en la península, muchos europeos trajeron productos comerciales así que la comida ha tenido una influencia global. También, muchos libaneses migraron a Yucatán, por eso la fusión entre la comida árabe y mexicana ha influido mucho en la cocina yucateca. Unos de los ingredientes más tradicionales de la comida yucateca son la naranja agria, el annatto y el habanero. Estos ingredientes yucatecos desempeñan un papel especial. La naranja agria añade un sabor amargo; el annatto tiene un calor de rojo intenso y ha referido al azafrán de Yucatán, y el habanero es esencial para traer el calor. 

Fui a Chichen Itzá por la noche, así que el ambiente fue muy tranquilo. En el exterior del Mercado de la Paloma, no hubo nadie en la calle, y la calle también fue abandonada.  Cuando entré, Chichen Itzá fue lo único restaurante y negocio ya abierto en el mercado. El Mercado de la Paloma es un lugar para la comunidad local donde se puede ir de compras o ir a comer, entonces el restaurante atrae la comunidad local. Chichen Itzá es un restaurante donde se pide a la caja registradora y después se siente en las mesas coloridas. No hubo mucha gente a dentro del mercado, pero hubo una familia latina, algunos policías locales y dos estudiantes comiendo en Chichen Itzá. Así que el restaurante más probable sirve los que viven cerca y saben sobre el restaurante. ¿Sin embargo, el menú fue en inglés y Chichen Itzá tuve una tienda de regalos así que este me hizo pensar si es un restaurante turístico? Si fuera a comer durante el día pienso que descubriría quienes son que vienen a comer aquí y el ambiente a dentro probable sería más vibrante y lleno.

He visitado la península Yucatán el ano pasado cuando fui a Tulum, sin embargo, los platos en el menú me parecieron completamente nuevos. Hablé con la mesera y me ayudó a pedir. El menú consistió en muchos platos típicos de Yucatán como el plato nacional Cochinita Pibil, que es el cerdo marinado en naranja agria y annatto; Kibi que es un plato inspirado a libanés, y Sopa de Lima que es una sopa de pavo con una variedad de cítrico yucateco. Sin embargo, ya que soy vegetariana tomé otras opciones tradicionales sin carne y pescado. 

Ensalada de Jícama y Naranja.

Primero,comí Ensalada de Jícama y Naranja.Esta ensalada consistió en naranja, mandarina y jícama cortado en dados, mezclado con cilantro, zumo de lima, y pimienta de cayena triturado sobre ensalada mixta. La ensalada fue muy refrescante y tuvo una variedad de texturas. El sabor agrio de las naranjas preparó el paladar para los platos siguientes, y la combinación de la jícama añadió un crujido a la textura jugosa. También, el aderezo cítrico y picante sacó todos los aromas de las frutas y unió a todos los ingredientes. Normalmente, hace la ensalada con naranja agria, sin embargo, este tipo de naranja es difícil a encontrar en los Estados Unidos, entonces el zumo de lima substituye el sabor ácido. Pues, algunos pueden decir que esta ensalada no es ‘auténtica’ ya que no usa la naranja agria, sin embargo, en mi opinión ya es auténtico, pero tiene una adaptación. Ya que un restaurante hace adaptaciones no significa que ‘no es auténtico’ y pienso que es un punto muy importante a subrayar.

Panuchos.

Después de comer la ensalada refrescante, mi paladar fue preparado para un mundo de sabores para venir. Empecé con Panuchos.Panuchos son los antojitos más populares de Yucatán que consisten en tortillas de maíz frito llenado con frijoles, cubierto con lechuga, cebolleta en vinagre, tomate y aguacate. Los panuchos llegaron directamente de la cocina y el primer olorcillo me hizo la boca agua. Me encanta comida picante, por eso inundé mis panuchos con el habanero famoso de Chichen Itzá que vende en su tienda de regalos. El primero bocado fue muy, muy rico. Los frijoles incrustados en la tortilla frita fueron muy intensos y pesados, y el habanero les hizo aún más intenso. Mi boca estaba en llamas y cada bocado próximo se volvió más fuerte. Las verduras ayudaron a neutralizar los sabores vivos. El crujido de la lechuga triturada añadió una textura más ligera y ayudó a reducir los sabores dominantes de los frijoles negros, el habanero y la tortilla frita. 

Salbutes.

Siguiente, tuvimos Salbutes.Salbutes son un plato muy similar a Panuchos. Sin embargo, no hay frijoles y la tortilla de maíz frito es más esponjosa porque se infla un poco al freírse. Las coberturas también son lechuga, cebolleta en vinagre, tomate y aguacate. Este antojito yucateco también está reconocido como tipo de comida rápida y sirve perfectamente para una botana rica y sustanciosa. Los salbutes tuvieron muchos sabores, pero no fueron sofocantes. Me gustó la textura gomosa de la tortilla y con la combinación de las verduras frescas y el habanero ofrecieron una botana deliciosa. De hecho, encontré la base, la tortilla frita, muy similar a un plato indio que se llama ‘poori’, que es pan frito.

Plátano con crema – deliciosa!

Para de postre, me di un banquete de Plátano con crema. Plátano con crema es una dulce delicia yucateca. Los plátanos fritos fueron calientes y suaves y cuando se sumerge en crema, se vuelven un postre delicado. Tuvieron la combinación perfecta de una profunda caramelización y un interior de natillas. 

Las bebidas en el menú también fueron muy únicas para mi. Probé Jamaica que es una bebida hecho de la flor hibisco. Jamaica aparece roja en color y tuve un sabor muy, muy refrescante con una combinación de dulce y agrio. También probé Guanábana que es una fruta tropical y dulce con pulpa blanca. La bebida Guanábana aparece lechosa pero la textura fue más intensa y viscosa. La mesera me dijo a mezclar las dos bebidas y el resulto fue una bebida rosa que fue abundante y refrescante con sabores dulces y toques de agrio. Las bebidas ayudaron a sacar todos los sabores ricos de los panuchos y los salbutes y me ayudaron a aliviar el caliente del habanero.  

Fue genial a probar estos platos yucatecos en un lugar escondido. Todo que comí fue rica y lleno de sabor. Las bebidas también fueron únicas y me encantó a descubrir sobre las tradiciones de la cocina yucateca y su historia. Yo definitivamente regresaré a comer en Chichen Itzá, y le recomiendo a alguien aventurero buscando para sabores, colores y olores nuevos. Si eres bastante atrevido, se asegura que toma el habanero famoso de Chichen Itzá. 

Chichén Itzá y los Sabores de la Península de Yucatán (Por Alexandra Demetriou)

Cuando era una niña creciendo en Los Ángeles, solía poner pondría mi cara en la ventana del asiento trasero del automóvil de mi madre y mirar el mundo por el que conducíamos, admirando las vistas y los puntos de referencia que he llegado a conocer tan bien durante más de dos décadas. Así es como aprendí el paisaje de Los Ángeles, construyendo mapas de autopistas y calles concurridas, no por nombre, sino por cualquier punto de referencia junto a la carretera que fue más memorable. Sabía cuando pasaba USC, el alma mater de mi madre, porque esa parte de la autopista era “la parte cerca del bonito mural azul” del Mercado la Paloma. Cada vez que bajábamos por la 110 y nos acercábamos al tramo cerca de la USC, miraba con entusiasmo la ventana y esperar para echar un vistazo al mural, tratando de ver una nueva característica de él cada vez. De las familias mexicanas en el primer plano de la pintura, a los pilares de piedra que se alzaban hacia un cielo tan azul que rivalizaba con la atmósfera real del centro de Los Ángeles, era un parche de color vibrante en un mar de gris que trajo vida a su vecindario circundante. Estaba encantado con la escena que se muestra en el mural y quería saber más sobre la cultura a la que pertenecía. Poco sabía que muchos años más tarde sería un estudiante en USC, estudiando español y finalmente echando un vistazo para ver qué se ocultaba detrás de ese gran mural azul.

El Mercado la Paloma es un patio de comidas sin pretensiones, ubicado entre edificios industriales en Grand Avenue. Desde el exterior, es un edificio simple, de amarillo y rojo, en el que los restaurantes hispanos y la artesanía oaxaqueña comparten espacio con una compañía de seguros, una tienda de suministros informáticos y una costurera. Al entrar, el mercado me parece humilde, con un ambiente cómodo y relajado: las familias se reúnen en este patio de comidas, comiendo diferentes tipos de cocina según el restaurante que elijan visitar. Además de sus restaurantes, el mercado alberga una pequeña tienda adorable llena de artículos tradicionales mexicanos.

Al mirar alrededor del patio de comidas, veo a Chichén Itzá directamente frente a la entrada del mercado. Cuando me acerco al mostrador y al menú, me emociono con la expectativa de los alimentos apetitosos que podía probar. Observo el menú, lleno de platos de la región de Yucatán, primero escaneando aquellos con nombres familiares como los tacos y los tamales, y luego leyendo a través de listas de platos más exóticos con nombres como Poc Chuc y Tikin Xic. Muchos artículos en el menú contienen ingredientes como pollo, cerdo, frijoles y tortillas de maíz, como se encuentran en una variedad de comidas mexicanas, pero los platos también presentan toques únicos, como la incorporación de plátanos. Después de mucha contemplación, selecciono el Tamal Horneado y mi amigo selecciona el Pollo Asado. Tomamos nuestro número, elegimos una mesa, y esperamos expectantemente nuestras comidas. Mientras estamos sentados, noto que el mercado, aunque predominantemente es un mercado hispano, atrae a personas de todos los orígenes étnicos. Muchas familias y grupos de amigos se sientan alrededor de nosotros, y se sientan cómodamente como si estuvieran en casa, que me da la sensación de que algunos de ellos son asiduos.

Nuestra comida finalmente llega, y no puedo esperar para tomar un bocado de mi crujiente tamal. Ha sido frito hasta que es un color marrón dorado cálido, y se coloca encima de una hoja doblada. El plato es simple, con solo una taza de salsa roja para acompañar el tamal. El plato de mi amigo es más diverso, con una mezcla de pollo y cebollas rojas a un lado del plato, una bola de arroz blanco en el centro y un mar de frijoles negros extendiéndose desde el otro lado del plato.

Presiono mi tamal con mi cuchillo y escucho un “crujido” cuando rompo su capa exterior gruesa. Un aroma cálido y abundante flota a mi nariz cuando el contenido del tamal se encuentra con la atmósfera. El interior contiene pollo rallado en una salsa marrón que sale del tamal de inmediato. Tomo un bocado del tamal caliente, notando el contraste entre el exterior crujiente y su interior suave que ha sido marinado por el zumo del pollo. El tamal tiene un interesante componente ahumado a su sabor, que complementa el sabroso pollo en el interior. Experimento con la salsa, sumergiendo un pequeño trozo de mi tamal en el charco de rojo en la parte superior de mi plato, y encuentro que la salsa agrega una patada agradable al tamal templado.

El pollo asado de mi amigo es crujiente pero jugoso, y fue cocinado con cebollas, que lo da un sabor fuerte. Cuando miro los frijoles negros y el arroz blanco junto al pollo, recuerdo la discusión de Ken Albala sobre la autenticidad y la portabilidad al llevar un tipo de alimento de su país de origen a otro. Aunque los componentes del plato, como el arroz y los frijoles, parecen lo que uno podría llamar “americanizados,” no obstante, la comida en general constituye una buena comida en línea con sus orígenes mexicanos.

Chichén Itzá sirve la cantidad perfecta de comida, dejándonos llenos y muy satisfechos con nuestras comidas. Al salir del Mercado la Paloma, ¡ambos acordamos que tendremos que volver pronto!

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La comida en el arte: desde obras de arte antiguo a experiencias interactivas modernas (por Amanda)

El arte ha sido conectado a comida desde la antigüedad. Medios de cerámica, escultura, pintura y más mezclado el arte en la vida cotidiana de comunidades antiguas como métodos de comedor y representar los alimentos y los procesos de alimentos de sus culturas. A través de del arte con la comida podemos transformar la opinión común del arte como algo decorativo pero no práctico en la vida cotidiana.

Un ejemplo del arte antigua que tiene función en relación con la comida es este plato de Mesoamérica, que está en exhibición en el Los Angeles County Museum of Art. Creado entre los años 600-800, este plato es un “slip painted ceramic” de la región Petén en el norte o Campeche en el sur. Sus imágenes de decoración son iconos que “feature a deity head flanked by maize foliation.” Según la placa del plato, el maíz fue “the source of life” para los mesoamericanos. Por eso, representaciones del maíz aparecen a menudo en el arte mesoamericano. Este plato en particular probablemente fue fabricado como “funerary ware to contain food and chocolate.” Por lo tanto este plato antiguo mostra una relación entre el arte y la comida a un lado en forma practical, como un objeto para alimentos, y al otro lado en manera figurativo, como una ilustración de la importancia del maíz en la cultura mesoamericana.

Con el paso de los años la comida ha sido mezclado con el arte en muchos maneras diferentes. Una de mis favoritas demostraciones modernas de este relación es el arte contemporáneo de Bompas y Parr, artistas británicos que hoy en día son famosos para por sus instalaciones de arte interactivo, relacionados con la alimentación. En sus proyectos pueden encontrar fuegos artificiales que emiten sabores de fruta o habitaciones llenas de humo alcohólico cuales te emborrachan solo con respirar. En 2016 ellos produjeron una instalación se llama el “Institute of Flavour” en Londres para encontrar nuevos sabores para POPERCORN, una empresa famosa de palomitas de maíz. Según el sitio de web del proyecto, el “Institute of Flavour presented a huge array of predictable and esoteric flavours that collectively represented a potential 300,000 varieties… [which] also featured a curated display of ancient grains, including some that were 5,000-years-old from central Mexico.” Esta gran “sensory celebration of seasoning and taste,” como se describe en un artículo de Billetto, demostró cómo se forman condimentos únicos y de importancias culturales. En honor de los sabores mesoamericanos que se muestra en la instalación, las guías de la exposición fueron llamadas los “masters of maize.”

imagen de http://bompasandparr.com/projects/view/institute-of-flavour

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Aunque estos ejemplos de la combinación del arte con la comida que he descrito aquí son muy diferentes, (por supuesto, los vienen de culturas de siglos completamente diferentes) los dos demuestran maneras en que el arte puede existir en formas prácticas en la vida cotidiana a través de la comida.

Blog 5: Apropiación cultural

El tema del blog esta semana, la apropiación cultural, es el tema más interesante y relevante que hemos discutido en clase hasta ahora. No tuvimos que visitar un lugar específico esta semana, sino reflexionar sobre todos los lugares que hemos visitado, ya que los niveles de apropiación cultural se pueden encontrar en muchos de los lugares que hemos visitado, y se relacionan con temas anteriores como la comida de la fusión y “white washing.”

La apropiación cultural, explicada simplemente por un estudiante en el articulo sobre Colegio Oberlin, ocurre cuando personas afuera de una cultura toman un aspecto de tal cultura (en este caso la comida), la modifican y usan y luego sirven como su propio artículo auténtico.

Esta tendencia se puede ver en toda la cultura pop estadounidense no sólo a través de la comida, sino en la música, el arte, la danza, los deportes y sobre todo en la moda.

 

Cuando por primera vez aprendí sobre la apropiación cultural, fue para una clase sobre la historia de la música africana en los Estados Unidos. Como se menciona en uno de los artículos de esta semana, muchas personas a menudo no entienden las implicaciones de la apropiación cultural. Este video me ayudó a entender y apreciar la importancia del tema: Video. Después de ver el video, todo, desde el estilo de Kylie Jenner hasta los videos musicales de Katy Perry, se volvió muy transparente para mí. Pero nunca había pensado en la apropiación cultural en el contexto de la comida.

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Cuando empecé a pensar en este tema, sentí que las líneas estaban demasiado borrosas entre ingredientes y culturas para ser consideradas como apropiación. Y lo que es más importante, cuestioné cuán importante sería la apropiación cultural y la traducción culinaria a las generaciones futuras, que se están volviendo cada vez más bizarras. Si el arroz era originario de Asia, pero ahora es un alimento básico en muchos platos latinos, ¿es esa apropiación? ¿Está creando la apropiación de alimentos de fusión? ¿Y es posible o beneficioso no ser apropiado? . Al igual que en el artículo de The Atlantic, estaba de acuerdo en que las mezclas y el intercambio de culturas es lo que hizo a América grande.

 

Un artículo de NPR resumió estas preguntas personales conmovedoramente al preguntar,

“¿Quién tiene el derecho a ser un embajador de una cocina?”

El artículo se centra principalmente en Rick Bayless, un nativo de Oklahoma que ha pasado un tiempo extenso estudiando y creando comida mexicana. Los artículos más convincentes que respondieron a este fenómeno indicaron que el problema con Bayless no es que quisiera tomar parte en la cultura que estudió tan bien, sino que se comercializó a sí mismo y su comida como auténtica y superior.

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Esto es cuando comprendí plenamente los efectos negativos de la apropiación cultural culinaria. Como cubano-americano de primera generación, empecé a simpatizar con los estudiantes de Oberlin College en mi reacción a Bayless. Yo personalmente no me importaría si un forastero bien educado y bien viajado trató de hacer comida cubana – por supuesto los forasteros deben querer participar, es delicioso! Sin embargo, si un forastero afirmó ser un experto en la comida, y tener una experiencia auténtica sería declarar que entienden los años de la historia y el alma detrás de la comida, decir que conocen la sensación de una comida de su propio abuela, y decir que comparten esa misma identidad cultural. Este es el tema de la apropiación cultural culinaria en su núcleo. Me pareció que el mayor problema con la apropiación cultural es similar a “white washing” – sólo tomando los fragmentos de la cultura que son beneficiosos sin dar el debido reconocimiento a los demás.

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En general, parece que evitar la apropiación cultural es bastante simple. Sólo un reconocimiento y respeto de otra cultura puede evitar situaciones como la de Rick Bayless. Un gran ejemplo es el del mercado en la estación Grand Central, que a pesar de contar con propietarios de Michoacán, anunció que es un establecimiento “traducido” como sólo semi-auténtico. Del mismo modo, un artículo citado el ejemplo de “White Guy Pad Thai” camión en Los Angeles Smorgasborg. Aquí, el propietario evita las cuestiones de apropiación cultural mediante la comercialización claramente y el respeto apropiado a la cultura tailandesa. Personalmente, creo que esta comercialización honesta y socialmente consciente indica un establecimiento más bien informado y confiable.

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Aunque es importante que este fenómeno pone la responsabilidad adecuada y la presión sobre los chefs, creo que hay algo que decir acerca de la responsabilidad como un consumidor, también. Aquellos que se enorgullecen de su cultura o buscan una experiencia más “auténtica” deben apoyar a los establecimientos que lo hacen. Por ejemplo, no sólo debemos considerar las recetas publicitadas, sino considerar a las personas que la cocinan. Por ejemplo, los dining halls de USC están llenos de personales de las cocina latinos, pero las noches de comida mexicana aún no son auténticas. En general, creo que el intercambio cultural en Los Ángeles es inevitable y beneficioso para la comida. Sin embargo, las implicaciones de la apropiación cultural y la colonización son claras. Al final, no estoy totalmente de acuerdo con ninguna de las dos visiones extremas. Simplemente tiene que haber una conversación que es menos acerca de la raza y más sobre el reconocimiento,sensibilización, y educación tanto en el productor como en los consumidores.