Cambiando vidas un jardín a la vez

Por Aime Alarcón

Una de las moreras lloronas
Las moras de las moreras lloronas

            Cierre los ojos e imagine a un grupo de niños de escuela primaria plantando sus propias frutas, compostando o aprendiendo a cocinar comidas nuevas y sabrosas con los ingredientes que cultivan juntos. Esta es una realidad para los estudiantes que asisten a 24th Street Elementary, que participan en la Garden School Foundation. Esta fundación proporciona una educación centrado en la jardinería para los niños que forman parte de las escuelas del Título 1, que son escuelas con grandes concentraciones de estudiantes de bajos ingresos. Cuando nuestra clase visitó 24th Street Elementary, personalmente me sorprendió ver lo verde y vivo que era el jardín, y me quede asombrada cuando me enteré de que a los niños no solo se les enseña cómo cultivar y cocinar comidas nutritivas, sino que también se les enseña sobre la sostenibilidad ambiental y cómo pueden ser agentes de cambio a pesar de su edad. Con solo un acre de tierra, esta escuela ha podido plantar una variedad de alimentos, algunos de ellos incluyendo acedera (que tenía un sabor ácido que me recordaba a una ciruela agria), pepinos, enormes tallos de apio, duraznos, manzanas y moras que crecieron de moreras lloronas (weeping mulberry trees) que fueron alteradas en cabañas para los niños.

Mientras ayudaba a cubrir el jardín, seguí pensando en cómo iniciativas como la Garden School Foundation están marcando la diferencia en las comunidades, una escuela a la vez. Para las comunidades marginadas, como las del centro sur de Los Ángeles, los miembros de la comunidad se encuentran en pantanos de alimentos. A diferencia de los desiertos de alimentos, donde un vecindario tiene poco acceso a alimentos asequibles y nutritivos, un pantano de alimentos es un área donde hay una gran cantidad de establecimientos de comida rápida y tiendas de conveniencia que superan en número a las opciones de alimentos saludables. Sí, las familias alrededor de un área como USC pueden visitar el Trader Joes, Target o Ralphs más cercano, pero no muchos pueden pagar sus propios comestibles. En la calle Figueroa, uno puede encontrar dos Starbucks, un McDonalds, un Five Guys y un Jack in the Box que ahora acepta Transferencia Electrónica de Beneficios (EBT). No tener acceso a tiendas de comestibles asequibles y estar cerca de estas cadenas de comida rápida contribuyen a que estas comunidades marginadas tengan mayores casos de diabetes y obesidad. 

Unos letreros en el jardín

Para ayudar a combatir las consecuencias negativas de la inseguridad alimentaria, se implementaron programas como la Garden School Foundation para ayudar a estas comunidades dentro y fuera de sus hogares. Al compartir su opinión sobre los huertos comunitarios en un artículo de opinión para Civil Eats en 2020, Karen Washington dijo: «we are trying to change the system so that the power of financial literacy and economic development is in the hands of people who have been oppressed.” Al enseñar a las comunidades cómo cosechar y cultivar sus propios alimentos, que tienen un alto valor nutricional, las familias obtienen una nueva independencia y libertad, ya que saben lo que están trayendo a sus mesas, y pueden trabajar juntos para ahorrar dinero para invertir en el jardín o pueden obtener una fuente de ingresos vendiendo lo que cultivan en los mercados de agricultores locales.  Como dijo Gangsta Gardner Ron Finley: «growing your own food is like printing your own money » (Ted, 2013). Estas familias no solo tienen la oportunidad de obtener el control de lo que ponen en sus cuerpos, sino que también tienen la oportunidad de trabajar entre sí, lo que puede marcar una gran diferencia para aquellos que necesitan construir un sentido de comunidad y necesitan salidas positivas. Finley dijo: «gardening is the most therapeutic and defiant act you can do, especially in the inner city. Plus you get strawberries» (Ted, 2013). Como actividad extracurricular, la jardinería puede ayudar a todos, independientemente de su edad. En lugar de meterse en problemas con la ley al hacer algo que se supone que no deben hacer, los miembros de la comunidad pueden canalizar sus energías para ayudar a los jardines a prosperar. Para los niños en edad escolar que tienen que esperar a que sus padres los recojan después de la escuela, pueden ayudar a trabajar en el jardín, lo que no solo les ayuda a construir lazos más fuertes con su escuela y comunidad, sino que los padres no tienen que pasar por la preocupación de no saber dónde están sus hijos cuando vienen a llevarlos a casa. A medida que avanzamos de la pandemia, esperamos que más escuelas comiencen a cultivar sus propios jardines. No solo les enseñaría a las futuras generaciones cómo cuidar nuestro planeta, sino que les permitiría cuidarse a sí mismos, ¡y a quién no le gustaría comer fresas durante todo el proceso!

            Al concluir mi experiencia como estudiante en USC, reflexiono sobre mi tiempo en esta clase y cómo es algo que recordaré para siempre. Fue la primera vez (y la última vez) en la universidad donde el currículo incluía varias excursiones, que pensé que había dejado atrás en la escuela secundaria. Por supuesto, probar comida nueva en esta clase fue fantástico y creo que poder compartir esa experiencia con mis compañeros fue notable. Aprender sobre la diferencia entre gentrificación y genteficación y los vendedores ambulantes de comida en Los Ángeles no solo han sido temas interesantes y reveladores para discutir, sino que me han enseñado a ser más consciente no solo de la historia de un lugar o la misión de un restaurante, sino también a permanecer respetuosa y solidaria con aquellos con quienes interactúo. Antes de esta clase, no tenía mucha idea de lo difícil y agotador que debe ser administrar un negocio y restaurante, pero ahora que hemos llegado a su fin, me he vuelto más consciente de los sacrificios y dificultades que los chefs y dueños de negocios han tenido que soportar en Los Ángeles. Si hay algo de lo que no me arrepiento de USC es de tomar esta clase, pues no solo he podido tener un espacio receptivo para compartir parte de mi cultura (y compartir lo difícil que fue hacer chiles en nogada) sino también haber compartido esta experiencia con otros Troyanos hambrientos y apasionados…y por supuesto, ¡#TrojansEatTacos!

Referencias

Finley, R. (2013, febrero).  Un guerrillero gardner en el centro sur de Los Ángeles [Video]. Conferencias TED. https://www.ted.com/talks/ron_finley_a_guerrilla_gardener_in_south_central_la/transcript?language=en

Washington, K. (2020, 10 de julio).  Artículo de opinión: Cómo la agricultura urbana puede combatir el racismo en el sistema alimentario. Civil Eats. https://civileats.com/2020/07/10/op-ed-how-urban-agriculture-can-fight-racism-in-the-food-system/

Último Blog

Por Max Moulton

It’s easy to think of countless examples of how systemic racism affects our country. While we have already discussed in class things such as redlining, racially based housing laws, and other racist practices written into our laws, the factors and repercussions outside the law are just as extreme. Things such as education, financial resources, and access to healthcare and healthy food do even more to limit the opportunities for low income communities of color. Beyond the scope of legal and socioeconomic factors also exists the social side of things such as in universities and corporate America. Because the system favors white men particularly, it is they who are often at the top of the ladder and making decisions, and these decisions often favor more white men to take their place. It is these same people who also have the most resources and connections to continue the cycle. The cycle is most definitely still going strong, as the statistics show: “de acuerdo a estadísticas de la Reserva Federal de EE.UU. publicadas en 2017, los hogares blancos son por lo menos 10 veces más ricos que los negros en términos de patrimonio neto” (Paredes). These striking statistics are almost entirely lined up with the opportunities that both these communities receive.

Unused space in L.A.

With all these factors combined, the access to healthy foods and presence of food deserts is certainly linked to the racism inherent in our system. People living in food deserts have higher rates of diabetes and obesity, mostly due to the high price or low access of healthy food in their area, not their predisposition to these diseases. Regardless of ethnicity, children in low income communities have more health problems and a lower life expectancy than those in high income communities; “given these striking health disparities, one can see why the argument has been made that diabetes is not necessarily the “genetic destiny” of Latino residents and that environmental factors play a major role” (Portnoy 119). The environmental factors extend beyond food access and into healthcare, but the vastly different diet of those with access to fresh food versus not is one of the most important factors in the rates of these diseases, which only continues the cycle of poverty as these diseases have huge economic consequences. 

Food Swamp at USC

To combat these two cycles of privilege and poverty, both must be dismantled in some way. While institutions such as universities and corporations are slowly improving the ability for people other than white men to be a part of them, there are still barriers in place that make it difficult. The top of the ladder is still dominated by the same demographic it always has, and in order for this to change, the system needs to. While grassroots organizations such as GSF are doing great work to change the access and knowledge of healthy food, they are only at two of the thousand LAUSD schools, so only a small fraction of the population is receiving this priceless education. If real change is to be made, the city needs to get involved and convert the thousands of acres of unused space it owns into gardens or green spaces for Angelinos to use. In Ron Finley’s ted talk, he estimates that the city owns 26 square miles of unused land, or as he puts it, “724,828,400 tomato plants.” There is no reason to have all this unused space at the same time there are hundreds of thousands of people (if not more) living with food insecurity.

Compost piles at GSF

Class this semester has been an absolute blast to be a part of. I have learned so much and met so many great people! From my classmates to guest speakers and entrepreneurs I have had the privilege of interacting with, I feel like I understand Los Angeles so much better than before the semester started. My favorite parts have been our first excursion to Olvera Street and Tirsa’s, where we learned about very literal whitewashing that I was previously unaware of, and got to have some amazing food after. Another highlight was this past week at GSF, I loved getting to work outside and learn about the garden as well as get a good workout in mulching with classmates. It was a perfect last trip in my mind as I felt like the whole class bonded and is at the point where we can have fun together even when doing something normally not exciting like weeding or mulching. It also gave me so much inspiration for the future as I could realistically see these resources at every school that could hopefully break the cycle of poor food habits and more in communities currently without these resources.

References:

Finley, R. (2013, February). A guerrilla gardener in South Central LA . TED conferences. https://www.ted.com/talks/ron_finley_a_guerrilla_gardener_in_south_central_la?language=en#t-618158

Paredes, Norberto. “Racismo: Cómo Surgió El Polémico Concepto de ‘Privilegio Blanco’ y Por Qué Despierta Tantas Pasiones – BBC News Mundo.” BBC News Mundo, BBC, 15 June 2020, https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-53169564.
Portnoy, Sarah. Food, Health, and Culture in Latino Los Angeles. Rowman & Littlefield, 2016.

Food Injustice: Reclaiming Power

Por Anya Khurana

Food justice, or food injustice, is an issue often discussed in my public health classes. Too often, health problems such as diabetes and heart disease are blamed on unhealthy lifestyle choices, when the truth is, many people don’t have a choice in what food is available in their communities. Many people operate under the impression that diabetes and heart disease are preventable – and they can be, but only for people who have access to nutritious food, to gyms and green space, to doctors who catch these conditions early, and who can afford medication to treat them. In his TED talk Ron Finley said, “the drive-thrus are killing more people than the drive-bys”. If we know what is causing the problem, why is this the case?

Like many “wicked” and “unsolvable” problems in our society, food justice is a multilayered issue that is simply a facet of the larger problems of unfettered capitalism and structural racism. Wealth inequality, which grows with each subsequent generation, means that there are many families that can’t afford to eat “healthy”. A happy meal is cheap and easy but cooking a balanced and nutritious meal requires time and money that not everyone can spare. Wealth inequality can be observed along racial and ethnic lines: here in LA and in most large cities, Black and Brown folks bear the brunt of these issues. People of color are more likely to live in areas with environmental hazards (due to redlining and discriminatory zoning) and are more likely to have low SES, preventing them from moving away. Racial discrimination and low SES contribute to chronic stress and decreased access to nutritious food. Low SES and racial discrimination in healthcare settings affect access to high quality healthcare. All these issues magnify each other and contribute the disparities in physical and mental health outcomes and the life expectancy of certain groups.

In Karen Washington’s article for Civil Eats, she discusses “tapping into social capital”. I wholeheartedly agree – capitalism is an inherently exploitative system, so it makes sense that something different would be needed to break this cycle of disempowerment. I believe that community gardens, as she mentions, are a great way to do this, in addition to putting more energy into other mutual aid initiatives such as community fridges and entrepreneurial aid, such as what Milpa Grille offers. Washington states, “We are trying to change the system so that the power of financial literacy and economic development is in the hands of people who have been oppressed”. As she mentions later in the article, systems that rely on charitable organizations such as soup kitchens are only band-aid solutions – true empowerment requires that people be in control of their own choices and lives.

I was very inspired by our trip to the Garden School Foundation; their mission, to work on “strengthening connections between food justice, environmental stewardship, and community health”, is an excellent example of communities empowering themselves and their children. In particular, I think working with children is so important, because they take these lessons with them into the world. It was clear that the students loved having the opportunity to participate in the garden and to learn about health, the environment, and nutrition.

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I have greatly enjoyed taking this class. In my four years at USC, I have never taken a class that was specific to LA and being able to learn more about its culture and history (even as I’m about to leave) was very meaningful. I liked that we were able to explore places as a class – in fact, I had never been to any of the places we went to on field trips.

Food and food culture are complex topics, but we were able to explore a wide variety of topics in class. In particular, I appreciated our discussion about gentrification and our trip to Boyle Heights, and I enjoyed watching and talking the documentaries made by USC alumni. I am not a very artistic person, so I always am interested in seeing other peoples’ art and hearing their thought processes while creating. After taking this class, I will definitely be more mindful of how food and food culture affect the me, my community, and society at large. As I said in one of my previous blogs, we are what we eat – and it’s up to us to know what we are consuming.

Works Cited:

Finley, Ron. “A Guerrilla Gardener in South Central LA.” Ron Finley: A Guerrilla Gardener in South Central LA | TED Talkhttps://www.ted.com/talks/ron_finley_a_guerrilla_gardener_in_south_central_la?language=en.

Washington, Karen. “Op-Ed: How Urban Agriculture Can Fight Racism in the Food System.” Civil Eats, 16 July 2020, https://civileats.com/2020/07/10/op-ed-how-urban-agriculture-can-fight-racism-in-the-food-system/.

La justicia alimentaria y mis experiencias de la clase

Samantha Zhang

El racismo y el sistema alimentario 

El racismo juega un papel importante en las desigualdades del sistema alimentario en los Estados Unidos. Según el artículo “Desmantelando el racismo del sistema alimentario,” hay cifras desproporcionadamente altas entre las personas de color que sufren hambre, inseguridad alimentaria, y enfermedades relacionadas con la dieta. Estas estadísticas son una prueba de la relación entre la raza, el estatus socioeconómico y el acceso a los alimentos en Estados Unidos. Por ejemplo, barrios afroamericanos y latinos generalmente tienen menos supermercados que los barrios donde viven mayormente personas blancas. Como menciona Ron Finley en su Ted Talk, las personas que no tienen acceso a los supermercados tienen que comprar comida de las gasolineras o tiendas de barrio, que muchas veces solo venden comida empacada y no tienen frutas y verduras. Para mejorar el acceso a la comida saludable y asequible para todos, hay que reconocer la presencia del racismo estructural, que tiene una larga historia en nuestro sistema alimentario. Este racismo empieza con el sistema de esclavitud que era crucial en el desarollo del sistema agrícola que existe en los Estados Unidos hoy en día. 

Además, la pandemia empeoró el problema de inseguridad alimentaria en los Estados Unidos – según el video de 60 Minutes, el país no ha tenido tantas personas que experimentan la inseguridad alimentaria hasta la Gran Depresión durante los años 1930. Como resultado de la pandemia, muchas personas perdieron sus empleos, especialmente las personas que trabajaban en los restaurantes o en otros empleos de servicios. La inseguridad alimentaria afectó a 34% de los hogares del condado de Los Ángeles durante la pandemia, y los latinos eran el grupo más afectado (Video de Noticias Telemundo). 

Varias organizaciones, como el el banco de comida Faro de la Luz del video, reconocen la gravedad de la situación y tratan de ayudar con comida gratis para miembros de la comunidad.  Pero el proceso de mejorar el acceso a la comida saludable para todos no es tan sencillo – también hay que reconocer la importancia de la propiedad en el sistema alimentaria. Como escribe Karen Washington, “In order to change the structure of a charity-based, subsidized food system, people have to understand the language of financial literacy, economic development, and entrepreneurship so that the money that we make in our community stays in our community.” Washington dice que la agricultura urbana es una manera en que podemos usar la idea de la propiedad para empezar a cambiar los sistemas alimentarios, que hoy en día están primariamente controlados por los hombres blancos. Los jardines comunitarios, como el jardín de 24th St Elementary en Los Ángeles, son una manera en que podemos embellecer a los barrios y dar una oportunidad para hacer ejercicio y aprender sobre la nutrición a los miembros de la comunidad. 

Por otro lado, también hay que reconocer que los jardines comunitarios no están disponibles para todos. En las ciudades grandes, espacios así son difíciles de encontrar. Además, tener un jardín comunitario requiere la cooperación del gobierno local, varias herramientas y provisiones, y muchas horas de trabajo de los miembros de la comunidad que tal vez tienen trabajo u otras obligaciones. El trabajo de organizaciones como Garden School Foundation es admirable y representa un paso correcto en el proceso largo y duro de mejorar las injusticias de nuestro sistema alimentario. 

Reflexión del semestre

This class has been a wonderful way to finish off my last semester in college, as well as my last few months living in Los Angeles (at least for the short term future!). I have gained such an appreciation for what makes this city unique, culturally, historically, and demographically – I remember visiting el Corredor Salvadoreño to eat pupusas with Claire and Max for our final project. Where else in the US can you find dozens of pupuserías in the middle of Koreatown? I can honestly say that the access to the food from so many different cultures is something I will miss most about living in LA. 

It’s easy to spend every moment of our lives absorbed in college life – I am definitely guilty of spending many weekends never stepping foot off campus. Through the readings, class outings, and blog assignments for this class, I feel that we have received a much-needed introduction to the area that surrounds USC. As students who attend university in a food desert, in a gentrified space, it’s our responsibility to learn about the history of the area that we’ve called home for the past few years. I’m grateful for everything that I have learned and for the opportunity to drag friends to local restaurants in the name of “homework” – I will certainly remember the experiences I’ve had in this class for many years to come.

Bibliografía

El desierto alimentario: racismo y injusticia alimentario en los Estados Unidos

Por: Carlota Baird

Los problemas con el racismo estructural en Los Estados Unidas han ser reforzados a lo largo del tiempo y en muchos casos, no ha mejorado. Desde la desigualdad en la vivienda, hasta la desigualdad alimentaria, pasando por la desigualdad educativa, el racismo se ve en casi todos los aspectos de la sociedad. Como dice Galivs, “el racismo no es simplemente actitudes prejuiciosas o actos individuales, sino representa un legado histórico que privilegia a un grupo de personas por sobre otros” (Galivs). Este racismo es muy prevalente en el sistema alimentario también, donde la raza, la pobreza y la inseguridad alimentaria se correlacionan con la obesidad y las enfermedades relacionadas con la dieta. Pero creo que el racismo puede ocurrir en otras estructuras como universidades, corporaciones, etc. debido a la falta de recursos para muchas minorías. Puede incorporar una falta de conocimiento de donde solicitar escuelas y trabajos, cómo escribir ensayos, dar buenas entrevistas, etc. En mi vida en particular, ha visto el racismo en mi propio barrio y escuela en Houston Tejas, que son predominantemente blancos. La ciudad de Houston está muy separada de dónde viven culturas y razas diferentes, la mayoría tienen sus propios barrios y escuelas distintas en áreas distintas. Creo que puedo cambiar eso con más conexiones entre las áreas – puede ser con conciertos, juegos, algún evento que puede incorporar y mezclar cada persona y ojalá que esta interacción puede ayudar asimilar los grupos diferentes.

Si fuera un residente de South L.A. no tendría mucho acceso a supermercados sanos y baratos. Los mercados como Trader Joes tienen comida orgánica, pero la comida es más cara en comparación con los mercados locales con alimentos no orgánicos. Ahora ya que vivo en South Central, realmente puedo ver el desierto alimentario. Hay muchos restaurantes de comida rápida y “drive-throughs”, así que es muy difícil encontrar comida sana y también barata. Hay opciones de comida rápida que es más saludable que McDonald’s como Chipotle con sus ensaladas y boles, pero no hay suficientes opciones saludables de comida rápida. Además, el pueblo de USC ha reemplazado muchas opciones de alimentos más baratos, mientras que más saludables, pero mucho más caros. Nadie debería pagar $20 para un smoothie. Aunque hay algunos bancos de comida en South Central, no resuelven los problemas del desierto alimentario, solamente retrasan la solución. Como dice en un articulo de Karen Washington, “From Monday to Saturday you can go to a soup kitchen or food pantry. I’m not saying that those things are not important, but they don’t encourage local ownership” (Washington). En mi opinión, para crear mas opciones saludables, los locales necesitan ser dueños de su propia empresa para proveer comida orgánica de sus propios cultivos y jardines sin pesticidas. Como visto con nuestra excursión a 24th Street Elementary, unos jardines saludables en el central de Los Ángeles es posible, pero necesitan mucho trabajo duro para mantenerlos. 

This class has by far been my favorite class I have taken during my time at USC. It truly has been the best experience to practice the Spanish language whilst learning about the Los Angeles Latino community and trying the most delicious Latino foods. I have most enjoyed learning about gentrification in the Los Angeles Community as well as the food injustice that still plagues much of South Central and Los Angeles at large. My favorite memory has been visiting Boyle Heights with the class, trying the tacos at Milpa Grill and Guisados and meeting both owners, walking around the Mercado, and lastly eating the shrimp taco at Mariscos Jaliscos. It was hands down the best food I put in my mouth all semester. I will definitely miss my classmates, my teacher, and the opportunity to get such a hands-on experience with the Latino culture in Los Angeles.

Works Cited

Galvis, Ana. “Desmantelando El Racismo Del Sistema Alimentario.” Food First, 1 Nov. 2016, https://foodfirst.org/desmantelando-el-racismo-del-sistema-alimentario/. 

Washington, Karen. “Op-Ed: How Urban Agriculture Can Fight Racism in the Food System.” Civil Eats, 16 July 2020, https://civileats.com/2020/07/10/op-ed-how-urban-agriculture-can-fight-racism-in-the-food-system/. 

Villa’s Tacos

Por: Hannah Franco

Los vendedores ambulantes son un parte esencial de Los Ángeles. Su presencia contribuye a la cultura y construye lazos comunitarios. Cuando era niña, cada miércoles, yo y mis primos siempre esperábamos para que el “Elote Man” pasaba en nuestra calle. Los otros niños en la calle también salían y todos pasábamos el tiempo juntos afuera. Los vendedores ambulantes han girado alrededor de mi vida y he llegado a depender en ellos. Desde los vendedores ambulantes vendiendo paletas en mis partidos de futbol hacia los que venden los perros calientes en el coliseo, mi experiencia en Los Ángeles no habría sido lo mismo.

Desafortunadamente, los vendedores ambulantes no han tenido un camino suave. Las reglas de la ciudad han históricamente criminalizado sus empresas. Muchos miembros de la comunidad han abogado por esta gente trabajadora. Unos de estos los lideres es Merced Sanchez, quien visito nuestra clase esta semana pasada. En el LA Times artículo, Senora Sanchez dijo, “Our work is just as dignified as a desk job. Los Angeles City Council members need to recognize this”. Yo estoy de acuerdo con este sentido. Aunque son un parte de la economía informal, (como no tienen tiendas y principalmente solo aceptan efecto) todavía merecen ejercer su derecho de participar en el mercado libre.

Este viernes pasado, fui a Villa’s Tacos en Highland Park con mi hermana. No fue mi intención a ir allí, iba encontrar con mi hermana en un restaurante ramen y luego cuando llegamos, ¡vi que Villa’s Tacos era al otro lado de la calle! Estaba tan emocionado porque me encanto la película que nos mostro Shirley y entonces convencí a mi hermana a comer allí.

Villa’s Tacos fue una experiencia tan divertido y agradable. Había una línea, pero mi hermana y yo no nos importo en absoluto. Nos gusto la música que tocaba y los numerosos perros que pasaron allí. Aunque Villa y los otros cocineros estaba trabajando duro completando tantas ordenes, todavía involucró con los clientes. Cuando ordenamos, mencione que he visto su documentario en esta clase y estaban muy emocionados. Villa me dijo que están compitiendo en el LA Taco competencia otra vez (la competencia que ganaron la primera vez) y me pidió que votara por ellos pero solo después de probar los tacos. Mi hermana y yo compartimos el trio (un taco de ranchera asada, uno de frijoles negros con pollo, y uno de papas con chorizo). Cada taco vino en una tortilla azul con queso crujiente, cilantro, cebolla, crema, cotija, y guacamole. También ordenamos un agua fresca de pepino y una limonada de fresa.

No estoy exagerando cuando digo que estos tacos fueron los mejores tacos que he probado en mi vida. Mi hermana y yo tomamos nuestro primer tocado al mismo tiempo y ambos nos miramos y sonreímos. La carne era tan deliciosa, especialmente el asada que tenia toques de la lima. Nosotras comimos los tacos tan rápido que nos olvidamos de añadir salsa, pero con toda sinceridad, no lo necesitaba porque ya era lleno de sabor. Le encantamos tanto que regresamos a la línea y compramos dos tríos mas para traerlos a nuestros padres a probar. Por supuesto todos votamos para Villa’s Tacos y vamos a regresar muy pronto. En total, ¡una experiencia 10/10!  

https://www.latimes.com/food/dailydish/la-fo-re-merced-sanchez-20180615-story.html

La venta callejera y el lucho para legalización

Por Jared Zhao

Esta semana pasada, la vendedora ambulante Merced Sánchez visitó nuestra clase para demostrar como hacer tortillas, dar de comer tacos deliciosos y contar su historia como la venta callejera y el proceso de ganar el derecho de vender legalmente. Habló sobre sus orígenes como una vendedora ambulante en Los Ángeles. Para ella, y muchos inmigrantes como ella, no había muchas perspectivas del trabajo sin la habilidad de hablar inglés o un permiso de trabajo. Estas dificultades de ganar empleo fueron amplificadas por la presión de mantener económicamente a su familia aquí y en casa, especialmente después del nacimiento de su nieta—que es “toda su vida.” La venta callejera proveyó una cuerda de salvamento, una oportunidad para tomar el control de su futuro económico mientras hacer algo que le encanta, cocinar comida de su tierra natal. Y así, Sánchez empezó a vender elotes, tacos, taquitos y más. Con la ayuda de LURN (Leadership for Urban Renewal Network), Sánchez obtuvo el capital y habilidades empresariales para tener éxito como una vendedora ambulante (Portnoy, 2018). Y como Profesora Portnoy escribió en su artículo del Los Angeles Times, “Most important, LURN instilled in her the idea that she is not a criminal and that she should stand up and defend her rights as a sidewalk vendor” (Portnoy, 2018). Como una empresaria, Sánchez contribuye a la economía y comunidad. También paga sus impuestos y tasas de permiso, después de la legalización de la venta callejera. Pero en los muchos años previos a la legalización, Sánchez tenía que luchar por el reconocimiento como una empresaria y miembro estimada de la comunidad por la municipalidad de Los Ángeles.

Fui impresionado por la resistencia de Sánchez durante toda su experiencia en Los Ángeles ante mucha adversidad y especialmente su habilidad de relacionar con muchos otros vendedores ambulantes en una comunidad y convertirse en un líder de esta comunidad. Sus relaciones con la comunidad de vendedores ambulantes me hicieron pensar en las redes sociales y el “ethnic cage” que Rocío Rosales describe en Fruteros. El “ethnic cage” es una red social de migrantes de la misma etnia que recibir otros migrantes, pero también puede atraparlos en la explotación. En el contexto de las campañas contra los vendedores ambulantes por la policía en Los Ángeles, especialmente antes de 2014, los fruteros sobrevivían por “a heavy reliance on the paisano network” (Rosales, pg. 11). Pero también los fruteros fueron explotados “with the expectation that they can, at least initially, be made to [work] for little to no pay” (Rosales, pg. 12). Con la legalización de la venta callejera, espero que estas prácticas explotadores desaparezcan.

Durante toda la historia de Sánchez, su nieta se sentaba al lado de ella grabando todo en su teléfono. “Ella es mi cómplice,” dijo Sánchez, “siempre está grabando todo.” Toda de la clase podía ver el amor entre Sánchez y su nieta, pero también en su comida. A Sánchez le encanta cocinar. Se puede ver en la manera de que ella preparar la masa y en los sabores de su comida y bebidas. Pude ver que el cocinar no solamente era trabajo a ella. Sonrió mientras enseñando como prensar tortillas y se rio cuando mi tortilla se rompió. Sin embargo, estaba muy emocionado para comer una tortilla lo que hice con mis propias manos. La tortilla era muy fresca y rica, especialmente con los sabores del queso y la mezcla de nopales con otras verduras. Antes de este día, nunca he probado nopales. Toda la comida era única y rica. También, me encanta el agua fresca con lima y las semillas de chía. Tenía todos los sabores mejores de la limonada sin demasiado azúcar y la textura de las semillas de chía. ¡Espero verla en el Mercado Olympic un día y probar toda su comida!

Las citas:

Portnoy, Sarah. “She used to dodge police. Now she can make Puebla style food and run a business while speaking up for other vendors.” Los Angeles Times, June 14, 2018.

Rosales, Rocío. Fruteros: Street Vending, Illegality, and Ethnic Communities in Los Angeles. University of California Press, 2020, pp. 1–19.

La Historia, Comida, y Resistencia de los Vendedores Ambulantes en Los Ángeles

Por Claire Katnik

Fui al vendedor ambulante con Lizzy y Maddie la semana pasada. El vendedor está fuera de Vermont, cerca de Ralphs. Cuando nos acercamos a la mujer, ella era muy simpática y estaba dispuesta a contar su historia. Su nombre es Gloria. Nos contó su experiencia durante la pandemia de COVID-19. Comenzó su negocio en mayo del año pasado y dijo que la gente todavía tenía mucho miedo de salir y comprar comida a los vendedores. Ella dijo que «people have no trust» durante ese tiempo. Nos habló de lo difícil que puede ser a veces ser un vendedor. Ella conoce a mucha gente que ha conseguido sus negocios tomados lejos de ellos. Su historia se relacionó mucho con las lecturas asignadas para esta semana. Por fuerte, a su negocio le ha ido muy bien. Gloria normalmente vende los sábados y domingos en el mismo lugar. ¡Su madre también está en el negocio de vendedores y vende comida en Torrance! 

Ella dijo que su plato principal es el esquite. Una cosa que me pareció interesante fue que le gusta probar cosas nuevas, tiene muchas versiones diferentes de esquite y elote. Una de las versiones tiene cheetos en el elote y el esquite. Probamos el clásico esquite y el hot dog. El esquite es maíz con crema fresca, queso cojita, chile en polvo, y jugo de lima. Fue delicioso y muy rico. Es agrio, dulce y picante al mismo tiempo. El hot dog con tocino también fue muy sabroso. También había cebollas caramelizadas en él. Aunque el hot dog no es una auténtica comida mexicana, Gloria añade una salsa verde mexicana y crema al hot dog, junto con ketchup, mostaza y la salsa de pepinillos. El primer bocado fue increíble. 

Los vendedores ambulantes son una parte importante en la ciudad de Los Ángeles. El papel de los vendedores es servir a una comunidad local. Especialmente en Los Ángeles, hay un gran grupo de vendedores latinos, muchos de los cuales son indocumentados (Bautista 2020). Los vendedores ambulantes traen tradiciones de la comida latina a la ciudad de Los Ángeles. Desafortunadamente, se han enfrentado a muchas dificultades. En el artículo, “Los Angeles Street Vendors Already Had It Tough Then the Pandemic Hit” por Nidia Bautista, ella habla mucho sobre la dura legislación y la pandemia. En Los Ángeles ahora, “…street vendors must obtain a business license, a state seller’s permit, both free of cost, a county health permit that requires food vendors obtain expensive food carts, a street vending permit costing $541 annually and pay commissary (Bautista 2020). Los vendedores ambulantes necesitan mantener a sus familias y durante la pandemia esto parece ser muy difícil de hacer. Tenían que vivir con el temor de que les arrebataran sus negocios. Proteger a los vendedores también es proteger sus vidas, su familia y sus tradiciones culturales.

En “Fruteros: Street Vending, Illegality, and Ethnic Communities in Los Angeles» por Rocío Rosales habla sobre los fruteros y su historia con ellos. Los fruteros son “labor migrants” que no pueden participar en la economía formal. Ellos no son documentados, lo cual puede hacer difícil encontrar un trabajo que paga bueno (Rosales). Ellos participan en una economía informal para ganarse una vida. La economía informal es una opción más probable para los migrantes. Ser frutero es la mejor manera económica de mantener a su familia y su comunidad. 

En clase, Merced Sanchez, un vendedor de Boyle Heights, nos mostró cómo hacer tortillas auténticas. Esta experiencia fue muy especial porque su historia muestra lo importante que es ser vendedor para su familia y la comunidad de Boyle Heights. Merced y todos los demás vendedores utilizan sus propias capacidades naturales de hacer alimentos para obtener beneficios económicos. Están compartiendo su cultura con todos los que les compran. Esto es lo que los legisladores deben darse cuenta sobre los vendedores, esta es una excelente manera para que las personas que son indocumentadas y documentadas ganen buen dinero. Cuando les quitas su negocio, les estás quitando una parte de ellos y su cultura.

Works Cited: 

Bautista, Nidia. “Los Angeles Street Vendors Already Had It Tough. Then the Pandemic Hit.” Food & Wine, https://www.foodandwine.com/news/la-street-vendors-on-the-toll-of-the-pandemic.&nbsp

Rosales, Rocío. Fruteros: Street Vending, Illegality, and Ethnic Communities in Los Angeles.

La vida agridulce de los vendedores ambulantes

Por Carlota Baird

Un día en Larchmont

Una mañana en Larchmont aquí en Los Ángeles, visité un vendedor ambulante al lado de un árbol largo después de mi almuerzo en el café australiano, Great White. Un hombre viejo se sentó detrás de su carrito de frutas abajo un gran paraguas de muchos colores. Caminé hacia el hombre y hablé con el por unos minutos sobre su trabajo mientras el preparó mi pedido de fruta – sandía, mango, y piña con limón y Tajín. Trabajó casi diez años en el mismo lugar en Larchmont pero durante la pandemia, no podía vender su fruta por cuatro meses. Ahora su trabajo ha vuelto a la normalidad. Cuando terminó mi pedido, otra mujer llegó al ambulante y ellos se saludaron como amigos, así que podía ver que el hombre tiene muchos clientes leales en el área. Mi fruta era muy fresca y deliciosa con los sabores contrastes de la sal del Tajín, la acidez de la lima, y la dulzura de la fruta. Nunca había probado fruta de un vendedor ambulante, pero ahora estoy enamorada y definitivamente volveré a visitar a este hombre una vez más.

La vida dura de los vendedores ambulantes

Los vendedores ambulantes en Los Ángeles representan la cultura latina que es un foco importante de Los Ángeles. Aunque contribuyen a una economía informal, ellos representan el trabajo duro, el sudor y las lágrimas del sueño americano, haciendo una vida honorable para ellos mismos y sus familias. Según John Short, la “economía informal” consiste en unas “actividades que no están protegidas, reguladas o, comúnmente, valoradas socialmente, incluyendo los vendedores callejeros. Más de 2 mil millones de personas en todo el mundo–más de la mitad de la población de trabajadores– trabaja en la economía informal” (Short). Además, en unos casos como dice John Short, “la venta callejera generalmente provee mayores ingresos que la economía formal” (Short). Aunque contribuye a la economía general, los vendedores no tienen beneficios finánciales ni seguro médico.

A lo largo del tiempo, los vendedores ambulantes venden casi cualquier cosa – comida, joyas, libros, ropa, etc. Su trabajo y empresa reflejan una tradición para su familia y por eso, ellos pueden apoyar su familia porque la venta callejera es “un primer trabajo de bajo costo para los inmigrantes recién llagados”, especialmente si no tienen una educación formal (Short). Pero en unas ciudades como Nueva York y Los Ángeles, muchos reformistas urbanos vieron la venta callejera como estorbos y riesgos para la salud publica y por eso, trataron de expulsarlos o moverlos a zonas marginales como algunas áreas en el centro de Los Ángeles.

Además, Según Rosales, ella dice que la situación de los fruteros es tan precaria porque aunque hay una comunidad de los fruteros que son migrantes de México en muchos casos (un paisanaje), los nuevos migrantes son recibidos, pero no siempre son tratados con amabilidad. En muchas comunidades de fruteros, hay “both cooperation and mutual aid …alongside exploitation…I saw both the promise and the pain of community” proclama Rosales durante su investigación del “ethnic cage” para los fruteros (Rosales). Migrantes son motivados a moverse a Los Ángeles por otros fruteros, pero pueden ser explotados a través de jerarquías sociales. En estos casos, unos fruteros nuevos deben ser muy cuidados y conscientes de la policía, los inspectores y otros vendedores ambulantes cuando empiezan vender en las calles. Como dice el articulo de Food and Wine, muchos vendedores tienen miedo que “[the inspectors will] take away everything [we’ve] worked so hard for” (Bautista). Los vendedores no tienen otras oportunidades para ganar dinero – si no pueden vender en las calles, no pueden apoyar a su familia. Además, en muchos casos los vendedores necesitan tener unos permisos y inspecciones de sus carritos, que pueden ser muy caros, para vender en un área especifica. Si los vendedores no tienen estos permisos particulares, reciben algunas multas que cuestan cientos de dólares.

Junto con las dificultades relacionadas con la comunidad de los vendedores ambulantes, durante la pandemia ellos han encontrado más obstáculos, especialmente con el periodo de cuarentena y aislamiento y el aumento del miedo a la interacción publica. Sin la comunidad, los vendedores no ganan dinero para apoyar a su familia. A pesar de estos obstáculos, ellos contribuyen a nuestra sociedad durante la pandemia. Ellos pueden apoyar algo del daño económico de los Estados Unidos, puede configurarse de modo a que aliente la distancia social de manera más fácil que los espacios interiores de centros comerciales llenos de gente, y también muchas ciudades ya se están reimaginado y reconfigurándose con medidas tales como ampliar las baquetas y crear calles libres de tráfico.

Works Cited

Villafana , Janette, and Jack Ross. “Fines and Confiscation: Explaining L.A.’s Arbitrary Street Food Cart Law the County Uses to Criminalize Street Vendors.” L.A. TACO, 10 Jan. 2022, https://www.lataco.com/carts-street-food/. 

Bautista, Nidia. “Los Angeles Street Vendors Already Had It Tough. Then the Pandemic Hit.” Food & Wine, https://www.foodandwine.com/news/la-street-vendors-on-the-toll-of-the-pandemic. 

Rosales, Rocío. Fruteros: Street Vending, Illegality, and Ethnic Communities in Los Angeles

Short, John Rennie. “La Venta Callejera Hace Más Vivas, Seguras y Justas Las Ciudades, Por Eso Pertenece a La Escena Urbana Post-Covid-19.” The Conversation, 26 Jan. 2022, https://theconversation.com/la-venta-callejera-hace-mas-vivas-seguras-y-justas-las-ciudades-por-eso-pertenece-a-la-escena-urbana-post-covid-19-143869. 

Victorias y obstáculos en la venta callejera de Los Ángeles

La primera vez que probé mango y sandía con Tajín y Chamoy de un frutero después de llegar a Los Ángeles para asistir a la universidad fue una experiencia inolvidable. La explosión de sabores dulces, agrios y picantes me sorprendió y encantó. Ahora, después de varios años viviendo aquí, todavía tengo que parar cada vez que paso por un frutero.

Por suerte, no hay que viajar lejos de mi casa para encontrarlos – al frente del museo California Science Center en Expo Park, hay varios vendedores ambulantes, incluyendo los fruteros con sus reconocibles paraguas multicolores. El miércoles por la tarde, los visité para comprar una taza de mango y sandía y tener una breve conversación con la vendedora. Además de la fruta, vende nieves, elotes, y chicharrones. Me dijo que ha sido vendedora ambulante por 5 años, y que siempre ha vendido en Expo Park para atraer a los clientes del museo. También dijo que no pudo vender durante la pandemia – no tuvo manera de ganar dinero y vivió con su hijo. Sin embargo, dijo que ahora ha vuelto a tener el mismo volumen de clientes que antes de la pandemia. Como prueba de ello, tuvimos que hacer varias pausas durante nuestra conversación para que pudiera atender a nuevos clientes. 

Los vendedores ambulantes son una parte indispensable de la cultura de Los Ángeles, y tienen una historia de varios siglos que empieza en Mesoamérica durante la época precolombina. Sin embargo, hasta el año 2018, Los Ángeles era la única ciudad principal de los Estados Unidos que no había despenalizado la venta ambulante (Portnoy). Los vendedores ambulantes típicamente son inmigrantes (y para algunos, sin documentos) y miembros de la economía informal – es decir, son una población vulnerable sin la protección de las leyes laborales, y a veces la venta callejera es la única fuente de ingresos para su familia. En sus vidas diarias, además que los estereotipos racistas que los asociaban con el alcoholismo y las prácticas insalubres, tenían que enfrentar la posibilidad de multas, confiscación de sus mercancías, y acoso policial (Portnoy). 

Hoy en día, como resultado de los esfuerzos de los vendedores y organizaciones comunitarias, la venta ambulante ha sido despenalizada en Los Ángeles. Como nos dijo Mercéd Sanchez, una vendedora ambulante y activista, ha sido una experiencia larga y difícil, y la despenalización solo es el primer paso. Todavía existen varios obstáculos legales, sociales, y económicos. Por ejemplo, durante la pandemia, los vendedores ambulantes perdieron la mayoría de su clientela, y no tenían acceso a los mismos préstamos federales que los restaurantes (Bautista). Los permisos municipales necesarios para los vendedores ambulantes pueden costar cientos de dólares, y hay normas rigurosas para los puestos y la preparación de la comida – ahora, solo 1% de los vendedores callejeros en Los Ángeles están permitidos, y la mayoría venden la comida envasada (Villafana y Ross). 

Estos obstáculos la hacen más difícil la venta callejera, cuando es una carrera que contribuye a la economía local de la ciudad y también promueve la salud de la comunidad. La comida de Merced Sanchez es completamente orgánica y está llena de ingredientes saludables, como nopales, tomates, y calabacitas. Según el artículo de Portnoy, 25% de los puestos callejeros venden frutas y verduras, y varias veces son la única forma de acceso a la comida saludable en los desiertos alimentarios. 

Como residente de esta ciudad, siempre me emociona ver a los vendedores ambulantes. Además de los beneficios económicos de la venta callejera, forman una parte importante de la cultura única de Los Ángeles. Para continuar a disfrutar de la comida deliciosa de la venta callejera, es necesario tener un entendimiento más profundo de los obstáculos y las victorias de su larga historia en nuestra ciudad.

  • Portnoy, Sarah “L.A.’s Street Vendors Aren’t Giving Up the Fight for Food Cart Legalization.” LA Weekly, 25 Jan. 2017.
  • Bautista, Nidia. “Los Angeles Street Vendors Already Had It Tough. Then the Pandemic Hit,” Food and Wine. 24 July 2020. 
  • Villafana, Janette and Jack Ross. “Fines and Confiscation: Explaining LA’s Arbitrary Street Food Cart Law the County Uses to Criminalize Street Vendors.” L.A. Taco. 15 March 2021.