Cultura que transciende fronteras: Reflexiones de Olvera Street y Boyle Heights (por Tasfia)

Los Ángeles tiene una historia rica y culturalmente diversa. Exploramos una parte de esta historia en clase, a través de nuestra excursión a la calle Olvera.  Olvera Street es considerada el mercado mexicano más popular de la ciudad.

Este mercado mexicano recrea un romántico “Viejo Los Angeles” con su calle larga y estrecha, sombreada con arboles. Mientras caminábamos por el camino de Olvera, vimos muchos vendedores, tiendas, cafeterías, y restaurantes. Las tiendas y los puestos vendían arte tradicional mexicano, cerámicas coloridas, instrumentos musicales, disfraces, artículos de cuero, sombreros y baratijas. Era una calle llena de color.

También hay múltiples opciones para comer. Cuando visité la calle Olvera por primera vez, comí en la Casa la Golondrina Café. En este restaurante, mi pedido de mole de pollo se combinó con entretenimiento de Mariachi. Con mi clase, fui a un pequeño lugar se llama El Cielito Lindo hace unas semanas. Ellos especializan en taquitos fritos de carne desmenuzada con salsa de aguacate – son consideradas una “must-try”. El menú de El Cielito Lindo también incluye burritos y chile rellenos. Aunque la comida era deliciosa, no era la mejor comida mexicana que yo había probado. Los taquitos fritos estaban crujientes, pero aún tenían un poco de suavidad por dentro. La carne estaba un poco seca, pero la salsa de aguacate era cremosa y agregaba humedad a cada bocado. Sin la salsa, los taquitos se habría sentido incompleta, y demasiado secos para comer. La Dra. Portnoy también afirma esto en su libro, Food, Health, and Culture in Latino Los Angeles:

I always find that they taste as if they have been cooked ahead of time and quickly reheated, a suspicion substantied by an NPR interview in which current co-owner Diana Guerrero Robertson says that the taquitos “start at our warehouse in Lincoln Heights, where we make our tortillas fresh.

Cielito Lindo en Olvera Street

Durante mis viajes a Olvera Street, se hizo evidente que este camino era un lugar comercializado para turistas. Según Dra. Portnoy, la calle Olvera fue desarrollada principalmente para visitantes Anglos. Actualmente, estoy tomando una otra clase sobre la historia mexicoamericana, donde habíamos leído mucho sobre Olvera Street. Según un artículo de Phoebe Kropp en Radical History Review, los anglos describieron Olvera Street como, “A Mexican Street of Yesterday in a City of Today.” Kropp argumenta que “a street of yesterday” se refería a la comunidad mexicana en un sentido histórico, mientras que “a city of today” se refería a una ciudad que era la propiedad de anglos. Una mujer rica y anglo que se llamó Christine Sterling desarolló esta calle “auténtica” para reflejar una sensación de nostalgia y una fantasía romántica española que existió en el pasado. Para mí, parece que los anglos intentaban implicar que el único lugar para la cultura mexicana en la ciudad moderna de Los Ángeles era en este espacio limitado, y en el pasado. Pero, según Dra. Portnoy, la calle Olvera se transformó en el epicentro de la cultura mexicana en la ciudad. Los mexicanos y los mexicanoamericanos usan la calle Olvera, y no solo como empleados en disfraces. De hecho, utilizaron la memoria Anglo y el espacio para empezar negocios. El Día de los Muertos y el Día de la Independencia de México se celebran en Olvera Street todos los años. En otros días, la música mexicana da vida a la plaza y mantiene la “autenticidad” de la calle.

¿Pero podemos llamar a la calle Olvera auténtica? Aunque la calle Olvera representa hoy las adaptaciones culturales de la comunidad mexicoamericana, también refleja una historia de “white washing”. La calle es una colorida fantasía española construida originalmente para los anglos, por los anglos. Según el historiador Deverrell:

“Even in its expressions of institutional and infrastructural growth, [Los Angeles] adhered to patterns of racial privilege and ethnocentrism.”

Sin embargo, mis observaciones de la calle Olvera recientemente también me demostrado que ambos las comunidades de anglos y mexicanas utilizan este romántico fantasía española para sus propios objetivos.

La calle Olvera todavía tiene un papel en la vida de muchas comunidades hoy en día, y también cuenta una historia importante de la marginación de una comunidad que no debemos olvidar. Por lo tanto, es difícil describir el lugar como “no auténtico”. La fusión y convergencia de culturas entre el colonizador y el colonizado (llamada transculturación en las lecturas) representa una parte importante de la historia mexicana que transcienda las fronteras de hoy. Refleja la idea de un “Gran México”, como se discute en el artículo de Dra. Portnoy, “Good Food and the Problematic Search for Authenticity.”

‘Greater Mexico’: the idea that Mexico and its culture doesn’t stop at the border.

Según Dra Portnoy, la idea de autenticidad se construye socialmente y personalmente. Además, creo que descartar este “auténtico” representación de “white washing” en Olvera Street nos hará descartar la historia de la comunidad mexicana que esta calle impactó.

Olvera Street

Otros lugares que visité, como Mercadito y Mariscos Jalisco, pueden parecer más “auténticos” en las primeras impresiones. Eso es porque estos lugares parecen ser mexicanos en su esencia. El Mercadito es similar a los mercados comunitarios que visité en Oaxaca. El barrio donde reside este mercado ha sido principalmente latino. Algunas partes de Boyle Heights están gentrificadas, pero los precios y la estética del Mercadito reflejan que la “influencia de hípsters” que caracteriza una gran parte de Los Ángeles no había llegado al mercadito. El mercado es animado y ruidoso, y sus sonidos y olores provocan una sensación familiar de México. Disfruté caminando e ir a las tiendas muy diversas que venden ropa, artículos de cocina, bocadillos y limones de coco rellenos. Parece que podría satisfacer todas de las necesidades de las familias.

En Boyle Heights, también probé los mejores tacos que he comido en mi vida. Los tacos de camarones es una sabrosa mezcla de camarones en una tortilla de maíz blanco, bajo una salsa de tomate y repollo, con aguacate en rodajas. Son una excelente yuxtaposición: el crujido de la tortilla complementa la suavidad del relleno de puré de papa. La riqueza de todo taco el taco contrasta con el ácido de la salsa. El umami de los camarones funciona bien con la frescura de las verduras de salsa. También comí unos bocados del aguachile, que consistía en camarones limpios en un sabroso líquido parecido al ceviche, en una tortilla crujiente. La salsa del aguachile es muy picante – ¡es importante tener cuidado! Disfruté especialmente el sabor picante de la salsa porque me recordó el sabor picante y cítrico del marisco bengalí de mi país natal. Aunque no estoy familiarizado con los mariscos mexicanos, era evidente que esta lonchera trae la frescura del mar a las calles de Boyle Heights. Es difícil reclamar Mariscos Jaliscos como “no auténtico” porque es icónico en sí mismo.

Parece que Mariscos Jalisco recibe algunos de los beneficios económicos de la gentrificación de Boyle Heights. La atracción e el respeto que ha obtenido a través de su reconocimiento y premios, debido a los críticos, y los “influencers” y “hípsters” de Los Ángeles, ayudaron Mariscos Jalisco a expandir su audiencia y obtener ganancias. Sin embargo, no podemos hacer este reclamo para todo del gente y empresas locales en Boyle Heights. Cuándo más y más personas ocupan un área, es importante recordar las comunidades que definen este espacio. La gentrificación y la genteficación pueden ser similares al “white-washing” si desplazan a las comunidades y borra la cultura que prosperó en estas áreas.  Por lo tanto, aprendí que Olvera Street, Mercadito, y Mariscos Jalisco son auténticos a sus propios maneras – todos representan diferentes piezas de la cultura e historia latinoamericano.  

Translation or Appropriation? Rick Bayless and Mexican Cuisine (Rachel Rowzee)

It is arguable that now, more than ever in recent history we see race tensions front and center in American life. Issues of race in food culture are not new, and are especially present in Los Angeles. A particularly famous case of cultural appropriation was Rick Bayless’ opening of Red O in Los Angeles. I agree with Arellano that Bayless’ privileged attitude makes him a bad candidate for a representative of Mexican food. His comments about bringing authentic food to Los Angeles were preposterous. Further, many people in the food community who are Mexican have acknowledged his expertise in the food and appreciation for his efforts. However, in Rick Bayless’ case, his conception of successful food restaurants and supreme confidence in his capabilities as a Mexican food chef have morphed the real issues of expertise into one of race. Bayless should have approached the opening of Red O in Los Angeles as an opportunity that allowed him to experience the various roots of Mexican cooking in geographically compact zones as a unique learning opportunity. Instead, his past success in Chicago as a Mexican food chef may have closed him off to what the Los Angeles Mexican food scene had to offer. In response to bad reviews of the food from Mexican chefs and critics, Bayless argued that their attacks were raced-based, a tactic only made possible by his privileged white status. Completely dismissing reviews on these “racist” grounds shows Bayless’ insecurity in his own position in the Mexican foodscape. By elevating Mexican food to a high-dining experience on Melrose, Bayless has effectively made Mexican food for a white clientele, but he has also exposed them to foods that were once only viewed as burritos, combo platters and $1 tacos. Overcoming that cultural boundary I think is one that should be applauded, but the manner in which it is undertaken is fundamental to the spirit of the establishment. More concretely, I believe that if Bayless would have utilized the thriving Mexican community in Los Angeles, taking into consideration the needs and interests of the community, Red O would have looked and felt less like appropriation and more like a celebration of Mexican food culture. Bayless and other white chefs receive more opportunity and support in their cooking ventures.  As a white man, Bayless has more opportunities to receive loans to open up a restaurant, an extremely expensive and risky business undertaking. Further, he is not met with the same barrier to entry and obstacles that Latinos and especially immigrants would face. These barriers include informational barriers, resource barriers, financial and even language barriers. Who prepares food in the kitchen is a slippery issue. It doesn’t seem as problematic if a Mexican-American prepares a burger, spaghetti or smoothies, however a white person preparing tacos or soul food feels like appropriation. It does not bother me if the ethnicity of the person cooking my food does not match the cuisine, but it does contribute to the feeling of authenticity.

While I do think Bayless has the right to cook Mexican food, but he must understand that some will view his expertise in Mexican cuisine as appropriation. I prefer to see that the appreciation, fusion and adoption of Mexican cuisine as a form of translation. Much like painting, I think Bayless’s work (if done in a less pretentious way) has learned from its origins techniques, flavors and concepts.  The standard of authenticity and the cultural lines of cuisine are unique features of food culture. In the history of art, learning traditional skills, techniques and concepts has always been required, but individual discovery and invention has also been essential. Sharing of these techniques and ideas has been a cross-cultural phenomenon that has spanned time and space rather than creating divisions between groups of people. In this sense, Bayless has translated his lessons into his own interpretation.  Food fusions like Guerilla’s tacos are more akin to the process of artistry than traditional foodways.

Objections to Rick Bayless, despite his supposed expertise he naively underestimates the complex food identity and culture in Los Angeles. Bayless’ restaurant Red O, and his reaction to criticism of the food and ambiance have made him a recognizable symbol of cultural food appropriation in the Latino community. As Esparza’s review “Tinga tu Madre and Guarcaviche”, cleverly written and at times brutally honest makes excellent points.  Esparza does not deny Bayless’ expertise of Mexican food, “[Rick] has done a lot to educate Americans about authentic Mexican cuisine.” Bill Esparza’s view is stronger that Mexican food truly belongs to the Mexican people, “I really see chef Rick Bayless as an enthusiastic American ambassador of Mexican cuisine, and a food anthropologist…These [John Sedlar, and Rocio Camacho etc] talented Mexican chefs, cooks, and specialists are the true spokespeople for Mexican cuisine here in town.” (Esparza) This take does seem to make stronger distinctions between who should and should not play a role in representing the food. While Esparza is thankful for Bayless and Kennedy’s work to bringing awareness and Mexican food, he envisions a central role for Mexicans in shaping how their food culture will continue to grow.

Is Mexican fine dining the gentefication of Mexican food?  Perhaps a provocative question, but an interesting one nonetheless. Where changes in Mexican foodscapes have and continue to grow, is it preferable to have a Mexican create haute Mexican cuisine? The thought being, that if the gentrification is going to occur, it is preferable to come from someone understands and appreciates and comes from the culture. Perceiving it in this light seems to help underscore the moment where Rick Bayless become problematic. He is a food gentrifier, who (to his credit) has studied and appreciates Mexican food. But because Bayless does not come from the Mexican culture it feels more intrusive, than if a fellow Mexican did so.