Los Jardines y La Esperanza

Parte 1:

Si yo fuera residente de South L.A. en realidad no estoy seguro cuantas veces irían al supermercado. Tomaría mucho tiempo y después de un día de trabajo podía verme fácilmente a mí mismo yendo a buscar comida rápida. Afortunadamente, eso no es la realidad para mi comunidad. Tenemos tres supermercados a un millar de mi casa y eso es parte de las estructuras que las mantienen oprimidos las que viven en un vecindario de bajos recursos. Puedo ver en el ejemplo de USC donde el “village” tiene solo Trader Joes y Target donde los precios son tan caros. Siente que el único mercado al menos de esas opciones es Ralphs. 

Entrada al Jardín

En mi opinión, la realidad es que no van a tener muchas personas de vecindarios pobres yendo a supermercados si las ponen en esos vecindarios porque nadie de esos vecindarios puede pagar los precios para los supermercados y debido a esto es un cíclico. Los padres no pueden pagar los precios entonces sus niños no comen muchas verduras y frutas o saben mucho sobre una dieta saludable. Pienso que el propósito del Ted Talk de Ron Finley es posiblemente la única manera de invertir los efectos de muchos años de desiertos alimentarios. Para ser honesto, yo era mucho menos optimista de la situación antes de oír su lectura porque no había pensado en el número de lotes abiertos en Los Ángeles. Es loco saber que la ciudad es dueño de 26 millas cuadradas de lotes abiertos (Finley, 2013). Siempre había visto los lotes cuando estaba en secundaria pero nunca había pensado en el potencial que tenían. 

El Jardín

En mi secundaria, trataba de encontrar maneras de hacer que mi escuela fuera más sostenible y enfocaba en el reciclaje. La realidad es que mis esfuerzos fueron en vano porque la ciudad usa “reciclaje mixto” donde todos los contaminantes se mezclan con las cosas que podemos reusar. Esto esencialmente elimina el potencial de hacer pulpo con papel y ahora que China y el sudeste asiático no aceptan nuestro plástico, no queda mucho que los ciudadanos tengan mucho para hacer o ayudar con el reciclaje. Me di cuenta de que fallé la oportunidad de ayudar en una manera real con un jardín comunitario o posiblemente el compost (nuestro deán me dijo que no era una posibilidad el compost en mi escuela desafortunadamente).

Me encanta ver esos artículos e ir al jardín de 24th street porque me da esperanza. Había el potencial de no solo prevenir desperdicio, sino también de ayudar a la comunidad. Las subvenciones y las organizaciones benéficas son buenas cosas como dijo el Op Ed pero son nada más que curitas para un herida abierta que debe ser arreglado por la propia comunidad (Washington, 2020). Me di cuenta de que también debido a mi escuela, aunque no vivía en un área con mucha naturaleza, yo tenía la oportunidad y el privilegio de visitar la naturaleza. Olvide la importancia de tener acceso a la naturaleza que habla sobre Yisrael y Paulina Ortiz. Me gustó lo que ella dijo sobre los jardines. “‘Son lugares de curación y sanación, porque la gente cultiva yerbas medicinales de sus países’, continúa la profesora. ‘Pero también hay sanación mental, yo diría espiritual’, precisa” (La Opinión). El tiempo de reflejar en la naturaleza es inestimable porque es un lugar privado donde solo hay tú, la tierra, y los sonidos de la naturaleza. 

Nosotros moviendo el mantillo

Pienso que es una muy buena idea los jardines y solo puede ser parado por los precios de agua y tierra y los políticos. Con la red y las noticias, posiblemente puede tener éxito si bastante gente apoya. Lo que es seguro es que tiene un impacto profundo para la gente que tiene acceso dentro de estos programas y me da mucho esperanza para el futuro.

Ayudando en el jardín

Parte II:

Tengo muchos momentos favoritos de esta clase. Me gustan todos los temas de la clase como la autenticidad donde oímos de Abarca en clase y los vendedores ambulantes donde encontramos y aprendemos de un vendedor ambulante. Las dos eran oradoras muy buenas y me hacían pensar mucho sobre mi experiencia en la comida. Particularmente, las palabras de Abarca se quedaron conmigo por mucho tiempo. Mis excursiones de clase favoritas eran en el jardín para este blog donde me sentí conectado de nuevo con mis experiencias en una granja y también cuando visitamos a Mariscos Jalisco (mi primera vez disfrutando un taco de mariscos) y el mercado de boyle heights. Mi momento favorito de mi experiencia con otros estudiantes fue mi proyecto de Argentina donde fuimos a Lala’s Grill juntos y asar con ellas. Tenía que aprender sobre la historia de la “guerra de dulce de leche” y sobre cómo arreglar chimichurri. Mi favorita experiencia de la clase sola fue mi visita a villa tacos. Me gusta primero aprender sobre el dueño de Villa Tacos y después ver el producto de su lucha para que funcionara su puesto. He descubierto un lugar al que voy a regresar muchas veces que ya he vuelto a visitar con mis compañeros un par de veces. Pronto llevaré a mi familia allí también. En total, todas las excursiones me hacían sentir muy alegre porque estaba con estudiantes aprendiendo sobre problemas importantes para mí en maneras prácticas.

La clase!

El racismo sistémico y la lucha para combatirlo

Por Bethany Lum

With all the movements against American obesity and a push toward healthy living, it may seem like the nation is on the right track in terms of good food practices. However, these movements completely ignore the fact that about 15.6 million households are food insecure, meaning that they have limited access to adequate amounts of food to survive (Odoms-Young & Bruce). What’s more, these movements also neglect to mention that food insecurity affects certain racial groups disproportionately. As seen in the graph below, black and latino families have consistently higher rates of food insecurity than white and non-hispanic households (Holt-Giménez and Harper). An article by Eric Holt-Giménez and Breeze Harper calls out this “good food” movement, stating that even “with its plethora of projects for organic agriculture, permaculture, healthy food, community supported agriculture, farmers markets and corner store conversions— [it] tends to address the issue of racism unevenly” (Holt-Giménez and Harper). Many times, access to these “good food” changes are only available to those privileged enough to afford it which unfortunately excludes many non-white minority groups. The food system is inherently capitalist and serves those who have the means to pay. This leads to structural racism that discriminates against people with fewer resources, typically racial minorities. 

Source: Calculated by USDA, Economic Research Service, using Current Population Survey Food Security Supplement data. https://www.ers.usda.gov/topics/food-nutrition-assistance/food-security-in-the-us/ (Holt-Giménez and Harper)


Structural racism, whether intentional or not, exists in all parts of our world, from the education system to the economy and beyond. At the university level, race affects the way that students are perceived in classrooms and the academic space. In the workforce, studies show that if two identical candidates are presented to employers, the candidate with a more distinctively black name is about 10% less likely to get a call back (Brancaccio et al). As a pre-health student, the stark gaps in care and good health outcomes between racial groups is very concerning. Studies show that «minority persons are less likely than white persons to be given appropriate cardiac care, to receive kidney dialysis or transplants, and to receive the best treatments for stroke, cancer, or AIDS» (Bridges). While it is one thing to have decreased economic opportunities or social mobility because of your race, having your lifespan affected solely due to race is out of the question for me.

It is easy to think that these things are only happening in other parts of the country, but structural racism clearly exists in the south central area purely based on the lack of access to healthy food. If I were a South L.A. resident, it would be very difficult to access fresh produce and healthy food options. Depending on whether or not I have a car, my transportation options would be severely limited. I would maybe have access to some fruits and vegetables through the Trader Joe’s, Target, Ralph’s, or Smart & Final stores near USC. However, produce tends to go bad quickly, requiring frequent trips to the store to keep them in stock at home. If I am not able to travel to these grocery stores frequently, it may be difficult to consistently have fresh produce as part of my diet. The only other option to shop at corner stores, where produce is in short supply if it is stocked at all. In addition, my ability to purchase fruits and vegetables would be limited by my salary. Unhealthy alternatives like chips and other processed foods are much cheaper and when it comes to getting the necessary calories to survive, you have to take what you can get. Growing food in my own garden may be the best solution, but without external support, it can take a lot of startup capital that I may not be able to afford. In addition, gardens require a lot of time and effort. If I am working long hours to support myself, I may not be able to produce a successful harvest if I am unable to give my garden the attention it needs. Even if all of these conditions are met, having the space to start a garden in an urban requirement requires a lot of space that may not be available to me if I live in a small apartment. 

It’s hard to pinpoint any one particular solution when it comes to such system-wide problems like structural racism. It is wholly engrained throughout the fabric of our society. However, an op-ed in Civil Eats offers some advice. Author Karen Washington states, “The dynamics have to change so that people of color have wealth and power… In order for that to change, we have to change the way we look at ourselves and change the language of being called poor” (Washington). Some steps in this direction have included the promotion of minority leaders in politics and governmental positions. Having a voice in the room where policies are made is essential to creating spaces for minority businesses and allowing minorities to take ownership in the economy. The efforts of 24th St Elementary School contribute greatly to educating the newer generations about food insecurity and the importance of community gardens in providing people in food deserts with access to fresh produce. It was very eye-opening to see how much of a difference the garden makes in the lives of the students and how enthusiastic they are to learn more about these issues. Even working for half an hour in the garden, I was able to see how gratifying and unifying gardening can be, increasing the sense of camaraderie and pride in  one’s community. It gives me great hope for the future, knowing that students are being made aware of these issues at such an early age so that they have the rest of their lives to start thinking of solutions. The further analysis of these issues continues with classes like SPAN-385, teaching undergraduate students to be cognizant of these issues and equipping them with the education they need to be able to make lasting change in the future.

Our class this semester was my favorite Spanish class by far. As a self-proclaimed foodie, it was awesome to be able to try all these different foods and learn more about the foodscape of Hispanic Los Angeles. My favorite food experience in particular was the trip to Milpa Grille. For me, it really drove home the connection between some of my favorite topics in class and the commercial food world. The way that Cafe Cafe and Macheen came together to support one another during the pandemic was reminiscent of the paisano network described in the Rosales reading on fruteros. The topics of authenticity and food injustice were brought up at Milpa Grille when we discussed their use of a traditional Mesopotamian milpa and their community fridge project. On top of that, coffee and tacos are literally two of my favorite things in this world, so getting to have high-quality versions of both was a glorious start to the trip. I also really enjoyed getting to make tortillas with Merced and her granddaughter. That was really such a once-in-a-lifetime experience, and even though my tortillas came out a little funky, I know that they were made with love. Our visit to Tirsa’s taught me about the beauty of making food for others, which I felt when cooking food for my group’s cultural food presentations. I will always have fond memories of the fun videos of my classmates visiting restaurants and making food together. I learned a lot about country-specific cuisine and will be definitely trying those recipes out on my own sometime in the future! 

WORKS CITED

Brancaccio, David, et al. “New Research Shows Racial Discrimination in Hiring Is Still Happening at the Earliest Stages.” Marketplace, 3 Aug. 2021, https://www.marketplace.org/2021/08/03/new-research-shows-racial-discrimination-in-hiring-is-still-happening-at-the-earliest-stages/. 

Bridges, Khiara M. “Implicit Bias and Racial Disparities in Health Care.” American Bar Association, https://www.americanbar.org/groups/crsj/publications/human_rights_magazine_home/the-state-of-healthcare-in-the-united-states/racial-disparities-in-health-care/. 

Holt-Giménez, Eric, and Breeze Harper. “Dismantling Racism in the Food System.” Institute for Food & Development Policy, 2016, https://foodfirst.org/wp-content/uploads/2016/11/DR6_final-3.pdf. 

Odoms-Young, Angela, and Marino A Bruce. “Examining the Impact of Structural Racism on Food Insecurity: Implications for Addressing Racial/Ethnic Disparities.” Family & Community Health, U.S. National Library of Medicine, 2018, https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC5823283/. 

Washington, Karen. “Op-Ed: How Urban Agriculture Can Fight Racism in the Food System.” Civil Eats, 16 July 2020, https://civileats.com/2020/07/10/op-ed-how-urban-agriculture-can-fight-racism-in-the-food-system/. 

Análisis del racismo en el sistema alimentario; reflexiones

por Hadee Makda

Como estudiamos en una institución justo al lado, o más bien dentro, de South LA, es importante que recordemos el contexto histórico de esta comunidad. Además, lo que ha pasado con el sistema alimentario y la agricultura urbana en South LA no es único a esta comunidad, sino a otras partes del país también. Una razón para estos problemas es que el racismo estructural siempre ha existido en este país y todavía contribuye a la brecha económica entre las clases y personas de razas diferentes. En su artículo “Desmantelando el Racismo del Sistema Alimentario”, Ana Galvis lo explica en términos claros: “La propaganda llamando a ‘arreglar el sistema alimentario roto’, presupone que antes el sistema alimentario capitalista solía funcionar bien. Esta suposición ignora la extensa historia ‘racializada’ del maltrato de la gente de color.” 

El problema del racismo estructural no sólo existe en los sistemas alimentarios, sino también en las instituciones como universidades y corporaciones con su explotación de sus empleados. Recuerdo al final de marzo las protestas de los conserjes de USC contra su empleador Aramark. Protestaron para expresar “their demands of higher wages proportional to inflation rates in Los Angeles and affordable healthcare benefits” (Fajardo, 2022). Ya que la mayoría de estos empleados son latinos, no me sorprende que su compañía intentara explotarlos. Además, era raro que inmediatamente la semana próxima una conserje fuera arrestada por robo de una mochila de un estudiante (Gomez, 2022). A mí me parecía que este evento se suponía que nos distrajera de las negociaciones entre Aramark y sus empleados. Estoy seguro que si eran blancos, tantas acciones no se necesitarían. Para romper este ciclo del racismo estructural, es muy importante que las personas que tengan privilegios los usen para exigir que el estatus de grupos afectados sea elevado. 

Si yo fuera un residente nativo de South LA (y especialmente uno sin carro), sería difícil tener acceso a comida saludable. Una caminata al mercado o al supermercado duraría entre 10-30 minutos y menos con una bicicleta. Tendría que caminar por 1-2 millas para llegar a mercados como Smart & Final, Food 4 Less o Northgate Market. Aunque estas tiendas tienen comida saludable y menos cara, el tiempo que tendría que tomar para preparar comida entre todas mis otras responsabilidades haría que mi vida fuera muy difícil.  

Aunque no pude asistir al Garden School Foundation por mi diagnóstico de COVID-19 😦 , tengo mucha experiencia con la agricultura urbana y jardines comunitarios como Presidente del SC Garden Club en USC. Cada viernes nos reunimos en el Parkside Garden en la parte sur del campus y cultivamos cosechas diferentes como tomates, frijoles, maíz, sandías, pepinos, chiles, fresas, etc. Siempre tratamos de usar prácticas sostenibles como usar menos agua y hacer compost. También, hemos trabajado con organizaciones como el Solano Canyon Community Garden y Community Services Unlimited. Reflejando en mis experiencias, creo que cultivar su propia comida es una de las mejores cosas en el mundo. Además, cada persona tiene la habilidad para hacerlo.

Reflexión:

I can easily say that SPAN 385 has been my favorite class at USC. It’s not very difficult to say this considering the many field trips we’ve been on, all the food we’ve tried, and the unique speakers we’ve had the pleasure of learning from. I could not see this class really be replicated at any other institution in LA given our proximity to so much gastronomy and culture. I have loved all of our trips, but there are definitely some highlights. I loved getting an exclusive look at David Siqueiros’s mural in Olvera Street as well as LA Plaza Cocina. It will also be hard to forget our tour of Boyle Heights, the Mercadito, and Mariscos Jalisco. I don’t think I was able to eat the rest of the day after that field trip! Plus, that trip was when I bought my famous “Tóxico” shirt. Finally, being able to make tacos on campus was iconic and honestly some of the most fun I’ve had in a class. 

As far as topics, I am glad we learned about authenticity and its merits because I feel like I learned I can still enjoy food that isn’t conventionally “authentic.” Gentrification, genteficación, and culinary appropriation were also interesting and important considerations for the present moment. Being able to learn about the history and precarious relationship between vendedores ambulantes and the government was fascinating and helped me respect their fight even more. Finally, as a Health Promotion major who participates in urban agriculture, I can’t forget to mention learning about urban agriculture and food deserts. I feel like I named half of the class topics. 

Thank you to all of you for being such great classmates and always making discussions in class thought-provoking! Special shout out to Anya and Hannah for putting up with my antics and being the best companions on our excursions. I’m also so grateful that I was able to go to Colombia this year while taking with me everything that I learned from class. And of course, thank you Profe for organizing so many speakers, field trips, and activities. I really felt your passion for this class, and I hope you continue to offer this class at USC for as long as possible! ¡Gracias a todos!

Fuentes:

Fajardo, Tony. (2022). “Janitorial workers demand higher wages.” Daily Trojan, https://dailytrojan.com/2022/03/31/janitorial-workers-demand-higher-wages/

Galvis, Ana. (2016). “Desmantelando El Racismo Del Sistema Alimentario.” Food First, https://foodfirst.org/desmantelando-el-racismo-del-sistema-alimentario/.

Gomez, Melissa. (2022). “A beloved USC custodian was accused of theft and fired. The campus is rallying behind her.” Los Angeles Times, https://www.latimes.com/california/story/2022-04-08/usc-faculty-students-rally-behind-custodian-accused-of-theft 

Urban Agriculture and Food Justice

By Jared Zhao

This past Thursday, our class went out to 24th Street Elementary and experienced the magic of being in a community garden. As a Title 1 school where the vast majority, 96%, of children qualify for government assistance, the garden provides an opportunity for the students to gain exposure to fruits and vegetables that they otherwise wouldn’t see at home. Even for us, as USC students from generally much more privileged backgrounds, the garden provided new experiences. Many of us tried sorrel and mulberries for the first time. The fact that we could just pick our own healthy snacks from the various plants in the garden showed to me just how powerful this initiative could be for children growing up in a food desert like South Los Angeles.

One of the mulberry trees that «the kids love to go inside»

Before I go any further into discussions about food deserts, I would like to discuss how systemic racism influences something even as seemingly unrelated as diet. There are wide racial disparities surrounding diet, even at the level of farmland ownership—just 8% of the nation’s farmers are nonwhite and they produce just 3% of all agricultural value from 2.8% of all farm acreage (Holt-Giménez and Harper). Similar disparities favoring white Americans can be seen in the prevalence of diabetes, percentage of people living under the poverty line, and percentages of people suffering from food insecurity. These trends are a product of “un legado histórico que privilegia a un grupo de personas por sobre otros” (Holt-Giménez and Harper). This historical legacy, going as far back as the colonization of native lands to slavery to Jim Crow to redlining and gentrification today, has laid the foundation for the economic and geographic inequality that are at the center of the fight for food justice.

We see examples of this inequality around USC. Like Ron Finley says in his TED talk, South L.A. is defined by “liquor stores, fast food, vacant lots.” This trend extends from coast to coast, from South L.A. to the Bronx. As Karen Washington writes from New York, “Marginalized communities are surrounded by a charity-based, subsidized food system. In addition, on every block there’s a fast-food restaurant” (2020). When I’m in a rush for a quick lunch, I often stop by the Taco Bell across the street from the west entrance of campus. Besides other college students, the vast majority of diners there are working-class people of color and their children. When fast food is the only affordable option nearby, it’s no surprise that the South L.A. region suffers from high obesity and diabetes rates. The Smart & Final right next to the Taco Bell has an alcoholic drinks section as big as the fresh produce section. Where is the healthy food? The only Trader Joes for miles exists at the USC Village, a prime example of gentrification and how marginalized communities are being priced out of their homes and away from affordable, healthy food.

Food options around USC

If I were living in this area on a budget of $200 a month, I would live off of rice, chicken, eggs, and spinach. Smart & Final often has whole chicken breasts on sale for 2 or 3 dollars per pound. Rice costs another $12 for a 15-pound bag, which will last a month or two. Eggs cost roughly 3 to 4 dollars per dozen, and spinach costs about 2 dollars per bag at Trader Joes. The rest of my budget (~$125) would go towards buying seasonings, olive oil, pasta, fruits, bread, and cheese. I would naturally get sick of eating this food daily, but this is what I would eat if necessary. Access to a community garden would go a long way towards providing a variety of fresh fruits and vegetables to supplement my diet.

Semester Reflection

I took this class because I wanted an excuse to finally explore Los Angeles and its amazing food culture. As a result, my favorite moments were those where we went out into the city, from exploring Olvera Street, seeing David Siqueiros’s mural, and eating sopes at Tirsa’s to our taco tour in Boyle Heights and our gardening adventure at 24th Street Elementary. I greatly enjoyed our discussions surrounding various social and cultural topics, especially authenticity, gentrification, and street vending. I loved how everyone in the class brought their own unique experiences and backgrounds into our class discussions. Another exciting aspect of the class was just how real every topic was. We would learn about the struggles of street venders, read articles such as the one about Merced Sanchez, and then we actually met her, heard her story, and tried her food. We would watch videos featuring restaurants like Milpa Grille and Guisados, then actually visit those restaurants and eat there. Experiences like these made the class so much more memorable and a defining part of my last semester at USC. I am happy that I got to share all of these moments with such a wonderful class, and I wish all of you the best in your future endeavors.

Sources:

Finley, Ron. “A guerrilla gardener in South Central LA.” TED. February 2013. https://www.ted.com/talks/ron_finley_a_guerrilla_gardener_in_south_central_la/transcript?language=en

Holt-Giménez, Eric, and Breeze Harper. “Desmantelando el Racismo del Sistema Alimentario.” Food First. March 21, 2016. https://foodfirst.org/desmantelando-el-racismo-del-sistema-alimentario/

Washington, Karen. “Op-ed: How Urban Agriculture Can Fight Racism in the Food System.” Civil Eats. July 10, 2020. https://civileats.com/2020/07/10/op-ed-how-urban-agriculture-can-fight-racism-in-the-food-system/

Food Injustice: Reclaiming Power

Por Anya Khurana

Food justice, or food injustice, is an issue often discussed in my public health classes. Too often, health problems such as diabetes and heart disease are blamed on unhealthy lifestyle choices, when the truth is, many people don’t have a choice in what food is available in their communities. Many people operate under the impression that diabetes and heart disease are preventable – and they can be, but only for people who have access to nutritious food, to gyms and green space, to doctors who catch these conditions early, and who can afford medication to treat them. In his TED talk Ron Finley said, “the drive-thrus are killing more people than the drive-bys”. If we know what is causing the problem, why is this the case?

Like many “wicked” and “unsolvable” problems in our society, food justice is a multilayered issue that is simply a facet of the larger problems of unfettered capitalism and structural racism. Wealth inequality, which grows with each subsequent generation, means that there are many families that can’t afford to eat “healthy”. A happy meal is cheap and easy but cooking a balanced and nutritious meal requires time and money that not everyone can spare. Wealth inequality can be observed along racial and ethnic lines: here in LA and in most large cities, Black and Brown folks bear the brunt of these issues. People of color are more likely to live in areas with environmental hazards (due to redlining and discriminatory zoning) and are more likely to have low SES, preventing them from moving away. Racial discrimination and low SES contribute to chronic stress and decreased access to nutritious food. Low SES and racial discrimination in healthcare settings affect access to high quality healthcare. All these issues magnify each other and contribute the disparities in physical and mental health outcomes and the life expectancy of certain groups.

In Karen Washington’s article for Civil Eats, she discusses “tapping into social capital”. I wholeheartedly agree – capitalism is an inherently exploitative system, so it makes sense that something different would be needed to break this cycle of disempowerment. I believe that community gardens, as she mentions, are a great way to do this, in addition to putting more energy into other mutual aid initiatives such as community fridges and entrepreneurial aid, such as what Milpa Grille offers. Washington states, “We are trying to change the system so that the power of financial literacy and economic development is in the hands of people who have been oppressed”. As she mentions later in the article, systems that rely on charitable organizations such as soup kitchens are only band-aid solutions – true empowerment requires that people be in control of their own choices and lives.

I was very inspired by our trip to the Garden School Foundation; their mission, to work on “strengthening connections between food justice, environmental stewardship, and community health”, is an excellent example of communities empowering themselves and their children. In particular, I think working with children is so important, because they take these lessons with them into the world. It was clear that the students loved having the opportunity to participate in the garden and to learn about health, the environment, and nutrition.

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I have greatly enjoyed taking this class. In my four years at USC, I have never taken a class that was specific to LA and being able to learn more about its culture and history (even as I’m about to leave) was very meaningful. I liked that we were able to explore places as a class – in fact, I had never been to any of the places we went to on field trips.

Food and food culture are complex topics, but we were able to explore a wide variety of topics in class. In particular, I appreciated our discussion about gentrification and our trip to Boyle Heights, and I enjoyed watching and talking the documentaries made by USC alumni. I am not a very artistic person, so I always am interested in seeing other peoples’ art and hearing their thought processes while creating. After taking this class, I will definitely be more mindful of how food and food culture affect the me, my community, and society at large. As I said in one of my previous blogs, we are what we eat – and it’s up to us to know what we are consuming.

Works Cited:

Finley, Ron. “A Guerrilla Gardener in South Central LA.” Ron Finley: A Guerrilla Gardener in South Central LA | TED Talkhttps://www.ted.com/talks/ron_finley_a_guerrilla_gardener_in_south_central_la?language=en.

Washington, Karen. “Op-Ed: How Urban Agriculture Can Fight Racism in the Food System.” Civil Eats, 16 July 2020, https://civileats.com/2020/07/10/op-ed-how-urban-agriculture-can-fight-racism-in-the-food-system/.

La justicia alimentaria y mis experiencias de la clase

Samantha Zhang

El racismo y el sistema alimentario 

El racismo juega un papel importante en las desigualdades del sistema alimentario en los Estados Unidos. Según el artículo “Desmantelando el racismo del sistema alimentario,” hay cifras desproporcionadamente altas entre las personas de color que sufren hambre, inseguridad alimentaria, y enfermedades relacionadas con la dieta. Estas estadísticas son una prueba de la relación entre la raza, el estatus socioeconómico y el acceso a los alimentos en Estados Unidos. Por ejemplo, barrios afroamericanos y latinos generalmente tienen menos supermercados que los barrios donde viven mayormente personas blancas. Como menciona Ron Finley en su Ted Talk, las personas que no tienen acceso a los supermercados tienen que comprar comida de las gasolineras o tiendas de barrio, que muchas veces solo venden comida empacada y no tienen frutas y verduras. Para mejorar el acceso a la comida saludable y asequible para todos, hay que reconocer la presencia del racismo estructural, que tiene una larga historia en nuestro sistema alimentario. Este racismo empieza con el sistema de esclavitud que era crucial en el desarollo del sistema agrícola que existe en los Estados Unidos hoy en día. 

Además, la pandemia empeoró el problema de inseguridad alimentaria en los Estados Unidos – según el video de 60 Minutes, el país no ha tenido tantas personas que experimentan la inseguridad alimentaria hasta la Gran Depresión durante los años 1930. Como resultado de la pandemia, muchas personas perdieron sus empleos, especialmente las personas que trabajaban en los restaurantes o en otros empleos de servicios. La inseguridad alimentaria afectó a 34% de los hogares del condado de Los Ángeles durante la pandemia, y los latinos eran el grupo más afectado (Video de Noticias Telemundo). 

Varias organizaciones, como el el banco de comida Faro de la Luz del video, reconocen la gravedad de la situación y tratan de ayudar con comida gratis para miembros de la comunidad.  Pero el proceso de mejorar el acceso a la comida saludable para todos no es tan sencillo – también hay que reconocer la importancia de la propiedad en el sistema alimentaria. Como escribe Karen Washington, “In order to change the structure of a charity-based, subsidized food system, people have to understand the language of financial literacy, economic development, and entrepreneurship so that the money that we make in our community stays in our community.” Washington dice que la agricultura urbana es una manera en que podemos usar la idea de la propiedad para empezar a cambiar los sistemas alimentarios, que hoy en día están primariamente controlados por los hombres blancos. Los jardines comunitarios, como el jardín de 24th St Elementary en Los Ángeles, son una manera en que podemos embellecer a los barrios y dar una oportunidad para hacer ejercicio y aprender sobre la nutrición a los miembros de la comunidad. 

Por otro lado, también hay que reconocer que los jardines comunitarios no están disponibles para todos. En las ciudades grandes, espacios así son difíciles de encontrar. Además, tener un jardín comunitario requiere la cooperación del gobierno local, varias herramientas y provisiones, y muchas horas de trabajo de los miembros de la comunidad que tal vez tienen trabajo u otras obligaciones. El trabajo de organizaciones como Garden School Foundation es admirable y representa un paso correcto en el proceso largo y duro de mejorar las injusticias de nuestro sistema alimentario. 

Reflexión del semestre

This class has been a wonderful way to finish off my last semester in college, as well as my last few months living in Los Angeles (at least for the short term future!). I have gained such an appreciation for what makes this city unique, culturally, historically, and demographically – I remember visiting el Corredor Salvadoreño to eat pupusas with Claire and Max for our final project. Where else in the US can you find dozens of pupuserías in the middle of Koreatown? I can honestly say that the access to the food from so many different cultures is something I will miss most about living in LA. 

It’s easy to spend every moment of our lives absorbed in college life – I am definitely guilty of spending many weekends never stepping foot off campus. Through the readings, class outings, and blog assignments for this class, I feel that we have received a much-needed introduction to the area that surrounds USC. As students who attend university in a food desert, in a gentrified space, it’s our responsibility to learn about the history of the area that we’ve called home for the past few years. I’m grateful for everything that I have learned and for the opportunity to drag friends to local restaurants in the name of “homework” – I will certainly remember the experiences I’ve had in this class for many years to come.

Bibliografía

Una Vida más Saludable: Empieza con la educación de nutrición en las escuelas primarias

Por Lizzy Reisinger

Durante mi primer año en USC, mi hermana participó en el programa Teach for America en la escuela primaria al lado de 24th Street Elementary: Crown Preparatory Academy. Ella—que ahora está obteniendo su maestría para ser dietista registrada—me dijo que los niños (que eran por la mayor parte latinos) traían meriendas como Takis o Cheetos o bebidas como Coca Cola. Por otro lado, mi hermana todos los días traía fruta fresca (como naranjas y manzanas) y verduras (como zanahorias o apio) para sus estudiantes. Un día, su estudiante le preguntó si podía tener su manzana fresca y mi hermana estaba feliz de dársela. Poco a poco, todos sus estudiantes querían comer las frutas y verduras frescas que ella traía.

Esta historia me entristeció al principio porque es un ejemplo de la vida real en como South Los Angeles es un desierto de alimentos sin acceso a la comida saludable fácilmente. Pero con más tiempo, me di cuenta que sus estudiantes querían comer más saludable y aprender más sobre cómo podían comer comida fresca. Pero la educación sobre cómo vivir una vida más saludable es importante para los jóvenes. Según el artículo de LA Times sobre la granja familiar de Chanowk Yisrael, él dice, “Trabajamos más con los niños porque la mayoría de los jóvenes en las urbes no tienen ni idea de la trayectoria profesional que pueden seguir y esto ocurre cuando se crece en áreas desconectadas de la agricultura.” Similar al sentimiento de Ron Finley en su TED Talk, la jardinería no solo es una oportunidad para que los niños aprendan sobre la salud, sino que también puede conducir a una mayor independencia económica.

Para profundizar, el libro de Profe Portnoy habla de dos beneficios de la jardinera urbana para los latinos: 

  1. “Community gardens allow immigrants to preserve a culinary connection to their homelands. Not only do Latinos grow food for themselves and their families, but they also cultivate traditional medicinal plants and herbs that are culturally meaningful and useful in traditional culinary practices.”
  2. “Urban agriculture is also a way for low-income Latino families to exert greater control over their economic futures: a benefit backed up by studies that demonstrate the ability of urban farms to strengthen local economies by creating new jobs, keeping consumers’ money in the local community, supplementing incomes, and increasing property values.”

Además, no podemos negar que el todavía exista el racismo estructural en nuestro sistema alimentario. Según el artículo Food First, “el sistema alimentario es injusto e insostenible” y “funciona precisamente como el sistema alimentario capitalista siempre ha funcionado; concentrando el poder en manos de una minoría privilegiada y distribuyendo desproporcionadamente las “externalidades” sociales y ambientales a grupos raciales estigmatizados” (Galvis). Para mí, la “minoría privilegiada” tiene el lujo de no pensar sobre la falta de comida saludable porque siempre tiene dinero para gastar. Pero, los “grupos raciales estigmatizados” soportan el peso de la inseguridad alimentaria en este país.

La situación de los estudiantes de mi hermana  me recordó a la analogía de la mochila en el artículo de BBC que dice “los negros llevan encima otro tipo de carga, una preocupación por cómo serán tratados debido a su color de piel” (Paredes). Los estudiantes en su mayoría no tienen la opción de comer más saludable porque son demasiado jóvenes para ganarse el dinero por ellos mismos. Pero por sus padres, podría decir que tienen “una preocupación” inmediata del color de su piel de estas preguntas: ¿cómo van a comer mi familia? Y ¿dónde puedo comprar la comida más barata?

Observe que ninguna de estas preguntas rodea los hábitos alimenticios saludables. Eso es porque “40% de latinos en Los Ángeles fueron más afectados durante la pandemia” por la falta de acceso a comida saludable, según Dipa Shah Patel del “Departamento de Salud Pública del condado de Los Ángeles”(Noticias Telemundo). Ellos no tienen el lujo de pensar en cómo van a comprar comida saludable. No tienen el dinero para gastar dinero extra en supermercados como Trader Joe ‘s Whole Foods. Como residente de South Central, tengo acceso a supermercados como Ralphs, Trader Joe’s, y Target. Pero los precios de los supermercados que estaban ubicados en el USC Village son tan altos (como resultado de la gentrificación que hemos hablado mucho este semestre). Además, si yo tuviera dinero limitado para gastar en la comida para mi familia, trataría de comprar alimentos básicos como el arroz y los frijoles, por lo que mi familia podría tener una fuente de buena proteína. Si yo tuviera dinero extra, gastaría en comida fresca como la ensalada o verduras frescas. Pero muchas veces, hay una posibilidad que no tuviera acceso a esta calidad de comida o no me lo pudiera pagar. 

Por esta razón, la jardinera urbana es una buena solución. Nuestro viaje de 24th Street Elementary fue increíble. Me sentí nostálgico porque cada verano hacía trabajo de jardinera en el parque se llama Forest Park en San Luis. Mi parte favorita era escardar el “hairy veg” para que pudiéramos ver el peral asiático. Después, me sentí muy satisfecha porque pude ver la diferencia tan grande. Pienso que ver sus resultados tan rápidamente es un gran beneficio de la jardinera porque para los niños les da una sensación de orgullo. Además, la comida tiene un gran impacto en la salud mental de los niños y mayores también. Una de las mujeres del podcast dice que ella tiene miedo del futuro después de la falta de comida durante la pandemia porque podría conducir a problemas más duros de salud mental como resultado de la inseguridad alimentaria en comunidades latinas (Aaronson, Leung).


En general, pienso que este viaje al 24th Street Elementary pone en perspectiva el beneficio de estar afuera y ver de dónde proviene su comida. La educación que ofrece la escuela a sus estudiantes es imperativo a cambiar el sistema alimentario y el racismo que lo afecta. Ojalá que algún día cada niño de la escuela primaria tenga un jardín como 24th Street Elementary y reciban las mismas lecciones.

Works Cited

Aaronson, Susan, and Cindy Leung. “Coronavirus and Food Access: How the Pandemic Impacts Food Insecurity: Coronavirus: Population Healthy Podcast: University of Michigan School of Public Health.” Coronavirus | Population Healthy Podcast | University of Michigan School of Public Health, University of Michigan School of Public Health, 7 May 2020, https://sph.umich.edu/podcast/coronavirus/coronavirus-and-food-access.html. 

de la Vega, Norma. “La Agricultura Urbana Un Brote De Esperanza Entre Cinturones De Asfalto.” Los Angeles Times, Los Angeles Times, 30 Sept. 2021, https://www.latimes.com/espanol/california/articulo/2021-09-29/agricultura-urbana-brote-esperanza-cinturones-asfalto.

Finley, Ron. “A Guerrilla Gardener in South Central LA.” Ron Finley: A Guerrilla Gardener in South Central LA | TED Talk, https://www.ted.com/talks/ron_finley_a_guerrilla_gardener_in_south_central_la?language=en.

Galvis, Ana. “Desmantelando El Racismo Del Sistema Alimentario.” Food First, https://foodfirst.org/desmantelando-el-racismo-del-sistema-alimentario/. 

Paredes, Norberto. “Racismo: Cómo Surgió El Polémico Concepto De ‘Privilegio Blanco’ Y Por Qué Despierta Tantas Pasiones.” BBC News Mundo, BBC, https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-53169564. 

Portnoy, Sarah J. Food, Health, and Culture in Latino Los Angeles. Rowman & Littlefield, 2017. 

Telemundo Noticias. La Inseguridad Alimentaria Ha Afectado a 40% De Los … https://www.youtube.com/watch?v=rRu-E9kwJHE. 

El desierto alimentario: racismo y injusticia alimentario en los Estados Unidos

Por: Carlota Baird

Los problemas con el racismo estructural en Los Estados Unidas han ser reforzados a lo largo del tiempo y en muchos casos, no ha mejorado. Desde la desigualdad en la vivienda, hasta la desigualdad alimentaria, pasando por la desigualdad educativa, el racismo se ve en casi todos los aspectos de la sociedad. Como dice Galivs, “el racismo no es simplemente actitudes prejuiciosas o actos individuales, sino representa un legado histórico que privilegia a un grupo de personas por sobre otros” (Galivs). Este racismo es muy prevalente en el sistema alimentario también, donde la raza, la pobreza y la inseguridad alimentaria se correlacionan con la obesidad y las enfermedades relacionadas con la dieta. Pero creo que el racismo puede ocurrir en otras estructuras como universidades, corporaciones, etc. debido a la falta de recursos para muchas minorías. Puede incorporar una falta de conocimiento de donde solicitar escuelas y trabajos, cómo escribir ensayos, dar buenas entrevistas, etc. En mi vida en particular, ha visto el racismo en mi propio barrio y escuela en Houston Tejas, que son predominantemente blancos. La ciudad de Houston está muy separada de dónde viven culturas y razas diferentes, la mayoría tienen sus propios barrios y escuelas distintas en áreas distintas. Creo que puedo cambiar eso con más conexiones entre las áreas – puede ser con conciertos, juegos, algún evento que puede incorporar y mezclar cada persona y ojalá que esta interacción puede ayudar asimilar los grupos diferentes.

Si fuera un residente de South L.A. no tendría mucho acceso a supermercados sanos y baratos. Los mercados como Trader Joes tienen comida orgánica, pero la comida es más cara en comparación con los mercados locales con alimentos no orgánicos. Ahora ya que vivo en South Central, realmente puedo ver el desierto alimentario. Hay muchos restaurantes de comida rápida y “drive-throughs”, así que es muy difícil encontrar comida sana y también barata. Hay opciones de comida rápida que es más saludable que McDonald’s como Chipotle con sus ensaladas y boles, pero no hay suficientes opciones saludables de comida rápida. Además, el pueblo de USC ha reemplazado muchas opciones de alimentos más baratos, mientras que más saludables, pero mucho más caros. Nadie debería pagar $20 para un smoothie. Aunque hay algunos bancos de comida en South Central, no resuelven los problemas del desierto alimentario, solamente retrasan la solución. Como dice en un articulo de Karen Washington, “From Monday to Saturday you can go to a soup kitchen or food pantry. I’m not saying that those things are not important, but they don’t encourage local ownership” (Washington). En mi opinión, para crear mas opciones saludables, los locales necesitan ser dueños de su propia empresa para proveer comida orgánica de sus propios cultivos y jardines sin pesticidas. Como visto con nuestra excursión a 24th Street Elementary, unos jardines saludables en el central de Los Ángeles es posible, pero necesitan mucho trabajo duro para mantenerlos. 

This class has by far been my favorite class I have taken during my time at USC. It truly has been the best experience to practice the Spanish language whilst learning about the Los Angeles Latino community and trying the most delicious Latino foods. I have most enjoyed learning about gentrification in the Los Angeles Community as well as the food injustice that still plagues much of South Central and Los Angeles at large. My favorite memory has been visiting Boyle Heights with the class, trying the tacos at Milpa Grill and Guisados and meeting both owners, walking around the Mercado, and lastly eating the shrimp taco at Mariscos Jaliscos. It was hands down the best food I put in my mouth all semester. I will definitely miss my classmates, my teacher, and the opportunity to get such a hands-on experience with the Latino culture in Los Angeles.

Works Cited

Galvis, Ana. “Desmantelando El Racismo Del Sistema Alimentario.” Food First, 1 Nov. 2016, https://foodfirst.org/desmantelando-el-racismo-del-sistema-alimentario/. 

Washington, Karen. “Op-Ed: How Urban Agriculture Can Fight Racism in the Food System.” Civil Eats, 16 July 2020, https://civileats.com/2020/07/10/op-ed-how-urban-agriculture-can-fight-racism-in-the-food-system/. 

Food Injustice and USC

by zachary yawata

The food justice movement is a grassroots initiative that focuses on ridding society of food insecurity and food deserts, or areas with low access to healthy, nutritious foods or ingredients. For the most part, we only see this problem within poorer communities, ones that are often heavily comprised of various ethnic groups. However, the lack of food and other resources is no fault of the community and instead speaks to greater problems within the system. Some believe that “the food system is not broken; it’s working exactly the way it’s supposed to: as a caste system based on demographics, economics, and race, we have to look at power and who has power. The current food system is controlled by a handful of people who are predominantly white men” (Washington). From this, we see that at the base level, it isn’t the fault of the supermarkets or the liquor stores that replace them, but instead the due to the many broken systems that often times negatively impact ethnic groups and their economic power, placing ethnically white people in charge. In the case of food, see the gentrification of poorer areas which eventually leads to insanely high prices for food in grocery stores and supermarkets, pushing the native population into more culturally similar communities. These communities are then given liquor stores and fast-food chains, which in turn create the aforementioned food deserts. 

This same cycle of power imbalance, gentrification, and harmful effects on the surrounding communities can also be seen in universities. Specifically, here in Los Angeles, we can see how much USC has affected the South Central area. To start, the USC Village has the only Trader Joe’s East of the Natural History Museum. Furthermore, before its reconstruction, USC’s University Village was a hub for both city-dwellers and students. These natives were slowly pushed out by the unreasonable cost of living in the newly built apartments and homes until it was a sanctuary uniquely for students. Although it’s much safer for students, it pushed a large part of the native population away from campus, thus blowing the bubble that is University Park. In fact, many locals like Aaron Flournoy who spoke to L.A. Taco, have begun to feel further estranged from the Village and “the expensive prices [that often] discourage residents from shopping there” (Will). The pandemic has only further accentuated the problem, pushing smaller businesses into bankruptcy and many workers out of the labor force. For example, “[In] what’s left of Mercado Little Spain, Jose Andres had 1,600 employees. Most have now been furloughed. He’s only been able to keep 250 working” (Cooper). This pandemic has disproportionately affected lower-income communities and neighborhoods, again showing a system riddled with structural racism and an imbalance of power. Even so, there are many success stories of lower-income families or schools throwing together community gardens to both feed the community and educate others about healthy habits. While this may help on the small scale side of things, “the dynamics have to change so that people of color have wealth and power” (Washington). Whether it be through the implementation of farmer’s markets as we have seen on campus, or through grassroots political activism, the needs of low-income communities should be a priority. Although it won’t be an overnight achievement, if we start to spread awareness, similar to how we’ve learned about it throughout the semester, we can shed some light on the lives of those who have gotten the short end of the stick in society

A Not So Short Summary of my Experience in SPAN385

Honestly, I don’t know where to start with this section of the blog. This class has been an amazing experience for me as a student and as a California native. As a student, it has given me the unique opportunity to explore the amazing city that is Los Angeles, something I would have never given a thought to do since everything seems within arms reach here on campus (an idea we learned about in this class). As Professor Thomas Gustafson puts it, “USC by its fortification and security makes people scared or more fearful to explore the city. To take advantage of the range of the city, [students need] to go south, east, and not just west and north” (Will). Aside from that, I would say my favorite subject was gentrification and our trip to Boyle Heights. Not only was I able to taste foods from restaurants I would have never visited, but I got to see topics from our class in a real-life setting. In addition to these amazing culinary experiences, getting to meet so many seniors as a sophomore was a huge benefit as well. I got to hear the tips and tricks of USC that I would have had to learn about the hard way in the future. From the class itself, something that I learned and will hold close to me is that people will open themselves up if you are willing to talk to them. With our interview and many experiences with small business owners, we saw how people are more than excited to share their ideas and lives with you once you break that initial barrier. Overall, I would definitely recommend this class to anyone who wants to burst that USC bubble to further explore the local community as well as try some amazing food. Finally, I wanted to thank Professor Portnoy for teaching such an amazing class and want to wish all the seniors (almost the entire class) luck in their future endeavors, you’re all an inspiration to my sophomore self and make me look forward to graduating and becoming a real adult (a very scary thought) in a couple of years!

Sources

Cooper, A. (2020). Addressing the strain the coronavirus has put on America’s food supply chain with José Andrés. CBS News. Retrieved April 21, 2022, from https://www.cbsnews.com/news/jose-andres-chef-feeding-coronavirus-impact-60-minutes-2020-04-19/ 

Washington, K. (2020, July 16). Op-ed: How urban agriculture can fight racism in the food system. Civil Eats. Retrieved April 21, 2022, from https://civileats.com/2020/07/10/op-ed-how-urban-agriculture-can-fight-racism-in-the-food-system/ 

Will, R., & Angeles, A. D. F. H. L. (2018, May 14). Opinion: Revisiting USC’s old ‘university village’ as gentrification spreads around campus. L.A. TACO. Retrieved April 21, 2022, from https://www.lataco.com/opinion-revisiting-uscs-old-university-village-as-gentrification-spreads-around-campus/ 

El Ramadán, el rival de Taco Zone y la gran importancia de vendedores ambulantes en LA

por Hadee Makda

Como algunos de ustedes ya saben, el Ramadán comenzó este sábado para muchos musulmanes de todo el mundo. Esto significa que durante el próximo mes estaremos ayunando desde el amanecer hasta el atardecer sin comida ni agua. Para ser honesto, este Ramadán se siente diferente a los Ramadán anteriores. Durante mi primer año en USC, solo tuve que pasar unos días en ayunas durante la temporada de finales antes de regresar a casa para recibir comida gratis de mi familia. Pasé el Ramadán de segundo y tercer año completamente en casa debido a la pandemia, pero debido a que el Ramadán retrocede aproximadamente dos semanas cada año por el calendario lunar, lo pasaré en la escuela.

Estaba preocupado por este blog porque no sabía si habría vendedores ambulantes cerca de mi apartamento después del atardecer. Sin embargo, me recordé que los food trucks y los puestos en las aceras también son vendedores ambulantes. Tenía la intención de probar el puesto de tacos frente a Ralph’s porque supuestamente era mejor que el amado Taco Zone. Entonces, hice planes para ir allí. Después de romper mi ayuno con dátiles, agua y una samosa, llevé a mi compañero de cuarto y a mí al puesto. Al llegar aprendí que el nombre del puesto era Panchitos Tacos. La operación parecía más organizada que Taco Zone, con un menú impreso y un espacio amplio para cocinar. A la derecha, había una enorme olla que parecía tener carne de res o cerdo (no halal, pero sin embargo se veía genial).

Pedí una mulita de asada y dos tacos, uno de asada y otro de pollo. Mi compañero de cuarto pidió cuatro tacos: dos de asada, uno de pollo y uno al pastor. Mientras esperaba nuestro pedido, le hice algunas preguntas al cajero sobre el negocio. Parecía bastante joven y se sorprendió de que estuviera interesado en aprender más sobre su experiencia. Aprendí que abrieron hace cinco meses y que el negocio era estable, pero no parecía estar muy popular, según él. También me dijo que su pariente quería iniciar este negocio, pero no pude hablar con él porque estaba ocupado cocinando. Hablé con otro cliente que era del vecindario y me dijo que empezó a comer aquí desde diciembre porque sentía que la calidad era mejor que la de Taco Zone.

Llevamos nuestros tacos a casa e inmediatamente me di cuenta por el olor que iban a estar ricos. Después de poner mis salsas favoritas, el taco de asada estaba bien cocinado y las tortillas de maíz estaban frescas. Los tacos de pollo también estaban deliciosos, pero no tanto como el taco de asada. Sin embargo, la mulita de asada era mi favorita y tenía una gran proporción de carne y queso y no era demasiado aceitosa. Realmente disfruté Panchitos Tacos y probablemente los elegiré en lugar de Taco Zone en el futuro. Definitivamente me hizo sentir mejor después de un día de ayuno.

Después de nuestra conversación con la Señora Merced Sánchez, comencé a pensar más en la gran cantidad de vendedores ambulantes en Los Ángeles. Cuando visitaba Los Ángeles cuando era niño, lo asociaba con fruteros y vendedores de perritos calientes fuera del Staples Center. A pesar de su ubicuidad, estas empresas enfrentaron tantos obstáculos como multas, confiscación de equipos y estrictos estándares de códigos de salud. Es un avance asombroso que la venta ambulante se legalizara en 2017, pero el proceso de obtención de permisos ha tenido sus propios inconvenientes. Según un artículo de LA Taco, “Annual city permits are priced at $291 ($541 after July 1), while county permits cost $772 yearly. Vendors must also pay $746 for a one-time cart inspection. Licensing permits for California physicians cost $820 every two years, by contrast, in a profession with median salaries of more than $200,000” (Villafana and Ross, 2021). Cuando le pregunté a la Sra. Sánchez si la mayoría de los vendedores tenían permisos, me dijo que muchos optaron por no hacerlo porque eran demasiado caros. Sin embargo, curiosamente, también me dijo que algunos vendedores quieren vender productos ilegales, pero nunca he oído de esos antes.

Finalmente, los vendedores ambulantes tienen que lidiar con la discriminación. Como dijo Faustino Martínez, el dueño de Bolis El Oaxaca, “‘Street vendors have a right to work without being harassed in public’” (Bautista, 2020). Todavía hay mucho que hacer antes de que los vendedores ambulantes obtengan el respeto y el apoyo que merecen.

Fuentes

Bautista, Nidia. “Los Angeles Street Vendors on the Toll of the Coronavirus Pandemic | Food & Wine.” Food & Wine, Food & Wine, 24 July 2020, https://www.foodandwine.com/news/la-street-vendors-on-the-toll-of-the-pandemic

Villafana , Janette, and Jack Ross. “Fines and Confiscation: Explaining L.A.’s Arbitrary Street Food Cart Law the County Uses to Criminalize Street Vendors.” L.A. TACO, 10 Jan. 2022, https://www.lataco.com/carts-street-food/.