Autenticidad y Gentrificación en Comida- Talia Aranda

La autenticidad de la comida está cambiando siempre, porque el mundo siempre está cambiando.  Por ejemplo, con la gran migración de personas a Los Ángeles, hay menos comida “americana” y más comida fusión. También, la autenticidad de comida es personal, porque cada persona tiene una historia y experiencias. Pero, la autenticidad tiene muchas caras, y por eso es una palabra y sentimiento dinámica y un poquito ambiguo.  Sin embargo, creo que es posible que la autenticidad sea como la palabra buena o bien, porque en el mundo contemporáneo de comida no hay mucho sentido. En las palabras de Profesora Portnoy en Good Food and the Problematic Search for Authenticity, “authenticity is not a quality inherent to food: it is one that is socially and personally constructed”. Por eso, debemos juzgar la comida por la innovación, tradición y calidad, no solo por la autenticidad.

Al entrar en la calle Olvera, te saludan con un millón de cosas que se conocen como “auténticos productos latinos”. Para llegar a las tienditas, primero debe pasar una línea de vendedores ambulantes, que venden frutas y joyas. También, hay un hombre vestido de vaquero que posará para una foto contigo en un burro, pero te costará 10 dólares por la foto y el viaje. Me recuerda a mis viajes a Perú, Colombia, Argentina y México, pero me pregunto si todos los vendedores, tanto en los Estados Unidos como en América Latina, están vendiendo estas cosas para los Anglos. Los vestidos y sombreros que están en las paredes son para los consumidores de Los Ángeles, porque estos son para la imagen estereotípica de los mexicanos que tienen en la cabeza.

Los dos lugares, Cielito Lindo y El Cholo, fueron inventados en base a las palabras de Ferrero, “in transnational consumer societies the market becomes the mirror of what consumers are, what they want to be, and what they can become” (195). Ambos son restaurantes mexicanos que la mayoría de los consumidores creen que son auténticos, pero la realidad es que las recetas se han cambiado para complacer a la mayoría. Las salsas son menos picantes, porque al consumidor común no le gustan los alimentos, porque no están acostumbrados. Se ofrecen tortillas de harina y maíz, pero la mayoría elegirá harina para sus tacos en El Cholo. Sin embargo, el restaurante es lo que los anglos quieren creer que es “mexicano”. Restaurantes como Cielito Lindo y El Cholo se conforman para que los anglos puedan seguir siendo anglos, mientras piensan que quieren una experiencia mexicana y piensan que esto los transferirá a un país latinoamericano.

Sin embargo, lugares, como el mercadito y Mariscos Jalisco, son una forma de mostrar una parte de la cultura latinoamericana. Algunas partes de cada uno de estos lugares fueron creadas para el consumidor anglo, porque quieren todos los consumidores. Pero, otras son partes reales que se conectan con las tradiciones latinas. Por ejemplo, he estado dos veces en el Día de los Muertos en la calle Olvera, y la gente que asistía era principalmente mexicana. Todos hablaban español y disfrutaban de los rituales de sus ancestros. El mercadito me recordó más a esta experiencia. Uno podría reconocer el orgullo que la gente tenía por lo que estaban vendiendo. Los moles y los quesos eran piezas de cultura que nos podían transferir por un breve momento. También, hubo una conexión entre todos los vendedores, y compartieron sus productos con los otros vendedores. Por ejemplo, el hombre en el puesto de locos cheetos estaba comiendo una comida del restaurante con mariscos.

El último lugar al que fuimos fue Milpa Grille, y es posible que sea el más auténtico porque el restaurante usa ingredientes de las indígenas. A veces, cuando pienso en la autenticidad, pienso en lo más viejo, y las indígenas son las primeras personas para todo en nuestro mundo. Sin embargo, después de mi presentación, yo sé que autenticidad no es una palabra para lo más viejo.

No creo que Boyle Heights pierda su autenticidad porque hay nuevos restaurantes que son “hipster”, como Weird Wave Coffee Shop. Sin embargo, nuevos lugares como estos pueden cambiar a las personas que vienen a Boyle Heights. Hay una cultura que se ha creado en torno a restaurantes en su mayoría latinos o restaurantes propiedad de latinos. Si alguien de afuera se muda, es probable que la demografía de los restaurantes y las personas cambien, y todas las empresas quieren todos los clientes. Por esa razón, los restaurantes tienen que cambiar lo que ofrecen para que las personas que van a la cafetería “hipster” también vengan a su restaurante. La cafetería es solo un punto de empieza para el cambio y gentrificación.

Cualquier persona puede abrir un restaurante, pero debe pensar cómo su restaurante va a cambiar la comunidad antes de entrar.  En el libro de Deverell sobre “whitewashing”, habla sobre la verdad que los blancos siempre tenían todo el poder — social, económica, político, y cultural. Por eso, un gran parte de la maduración de Los Ángeles era el encubrimiento de lugares, personas, y cuentos que los blancos querían ignorar. Para mí, parece similar a la USC, porque la universidad ha cambiado el área circundante para “mejorar” las vidas de los estudiantes. El alquiler es más alto cerca de la escuela, y las personas que solían vivir en esas casas ya no pueden. USC Village es un lugar solo para estudiantes ahora. No se ve gente pagando en Cava o Café Dulce con los cupones de alimentos. Además, la mayoría de las personas en la comunidad de South Central no pueden pagar entre 7 y 20 dólares para cada persona en su familia. 

La creación de una cultura alimentaria, como se ve en todos estos lugares, depende de las personas que vienen al restaurante y de la popularidad. La autenticidad es algo que está cambiando debido a esto, y no es una forma justa de juzgar los alimentos. Ir a un mercado o restaurante es personal, y cada persona solo tiene que decidir si le gusta o no.

Talia Aranda – Chichén Itzá: ¿Las ruinas Mayas o el mejor restaurante de Yucatán en Los Ángeles?

En México, Chichén Itzá fue una gran ciudad construida por los mayas; pero en Los Ángeles, es un restaurante con deliciosos platos de Yucatán. En 2001, la familia Centina abrió las puertas de Chichén Itzá, con la esperanza de darle a los ciudadanos de Los Ángeles una muestra de la cultura yucateca. Hoy, Gilberto Jr y su esposa dirigen la tienda, pero ofrecen la misma comida de Yucatán casi 20 años después. Es un pequeño restaurante con una gran reputación, especialmente después de ser revisado por GQ Magazine, Los Angeles Times, Travel and Leisure, People en español, Hispanic Magazine, LA Weekly, La Opinion & Condé Nast Traveler. Se encuentra a pocas cuadras de USC y del Coliseum Memorial en Los Ángeles en el Mercado de Paloma, que es una antigua fábrica convertida en un espacio de reunión comunitaria y un salón de comidas.

En este pequeño rincón de Yucatán, usted puede probar platos tradicionales de un lugar culinaria con comida muy rica, incluida una mezcla de recetas mayas, españolas y libanesas. Ofrecen una amplia variedad de aperitivos, sopas, sándwiches, platos principales, tacos y postres. Sin embargo, sus más populares son los Cochinita Pibil, Tamales y Panuchos.

Después de cuatro años en USC y de ayudar a muchos eventos a atender su comida, todavía nunca he comido en Chichén Itzá. Sin embargo, este domingo finalmente, fui al restaurante. Cuando usted llega, hace tu pedido, recibe un número y luego elige una de las mesas en el Mercado. Cuando usted pide, hay tantas botellas de salsa picante, se llama habanero, y es difícil concentrarse en el menú. La mujer con la que pedí mi comida era mexicana estadounidense, y hablaba con inglés perfecto, pero había perfeccionado su acento español para decir las palabras del menú. Pedí cochinita de pibil y los tacos de chicharrón, algunos de sus platos más populares. En total, fueron 21 dólares, pero no estoy seguro de que vuelva antes de graduarme, así que decidí probar todo lo que quería. Desafortunadamente, no puedo probar todo allí porque soy muy alérgico a las cebollas.

A las 6 de la tarde, me senté con un número 1 en mi mesa, esperando pacientemente mi comida. Lentamente, comencé a darme cuenta de que estaba tocando una de mis canciones favoritas, los dulces sonidos de Oye Como Va. Moví mis caderas un poco en mi asiento mientras miraba a mi alrededor.

En el mercado de Paloma, hay colores vibrantes en cada pared que representan los fuertes lazos latinos. Hay ropa de mesa en algunas mesas, mientras que otras son solo de madera, y las más bonitas tienen hermosos diseños de cerámica o mosaico. Algunas mesas son para dos personas, la mayoría son para cuatro y pocas son mesas comunales. La mayoría de las personas eran latinas en el restaurante, pero solo la mitad de ellas hablaba español. Fue interesante escuchar en un mercado mayormente latino que la mayoría de los grupos hablaban en inglés.

Después de esperar mi comida, un hombre trae una botella de salsa de habanero. Esta salsa no tiene tapa, porque el restaurante no quiere que nadie robe la botella. Este es un indicador del área circundante, que tiene mucha pobreza. La botella de salsa picante cuesta solo 6 dólares, pero la mayoría de las personas que viven en el área, que no son estudiantes de USC, no pueden pagar eso para una botella de salsa. 

Finalmente, mi nuevo amigo, el camarero que solo hablaba español, trajo mi comida para acompañar mi salsa picante. Primero, probé uno de los dos tacos de chicharrón.  Los tacos parecían pedacitos de tocino y aguacate en una tortilla de maíz. Cuando tomé un poco, me recordó las cortezas de cerdo que comí con mi abuelo. Sentí como tenía 6 años otra vez, cantando canciones en español a pesar de que no sabía una palabra de español.

Luego, probé el plato más popular de Chichén Itzá, Cochinita de Pibil. Llegó en un tazón, con una hoja de plátano en el fondo y carne de cerdo marinada en achiote y naranja agria servida con cebolla en escabeche. Tuve que pedir esto sin las cebollas en escabeche, pero la comida seguía siendo increíble. Pude saborear la naranja muy fácilmente. También, había un lado de arroz y frijoles. Sin embargo, no había frijoles refritos como la mayoría de los estadounidenses están acostumbrados a ver en los platos Mexicanos. Al lado, solo había frijoles negros y arroz blanco. Además, había un lado de tortillas de maíz súper calientes. La carne era un poco grasosa para mí, pero entiendo por qué era uno de sus platos más populares. Con el fuerte sabor a naranja y carne tierna, estaba delicioso. En conclusión, estaba muy impresionada con Chichén Itzá, y me sorprendí que nunca he comido allí antes. Nadie me había obligado a ir, pero ahora, tengo la obligación de ir a Chichén Itzá todos los días porque era muy bueno.

Introdución — Talia Aranda

¡Hola! Me llamo Talia Aranda. Estoy en mi último semestre de la universidad. En la USC, estudio español y antropología. Me encanta viajar, leer y pasar tiempo con mi familia. Además, el profesor Portnoy es uno de mis maestros favoritos, así que estoy muy emocionado de tomar esta clase. ¡No puedo esperar para comer por Los Ángeles!