Talia Aranda – Covid 19: Una pandemia que está dejando a gente tan enferma como con hambre


La seguridad alimentaria, es decir, la disponibilidad de alimentos nutricionalmente adecuados y seguros o la capacidad de adquirirlos, es limitada para muchos hogares en Los Ángeles. Sin embargo, la inseguridad alimentaria no siempre significa que no haya nada de lo que alimentarse en un hogar. En una manera más resumida, es la lucha por proporcionar alimentos nutricionales para la familia y/o para uno mismo. Las personas que sufren de inseguridad alimentaria no siempre viven por debajo del umbral de pobreza. Estos hogares con inseguridad alimentaria no necesariamente tienen inseguridad alimentaria todo el tiempo. También, la inseguridad alimentaria puede reflejar las decisiones difíciles que un hogar necesita hacer entre pagar los recibos o comprar alimentos nutricionalmente adecuados. Sin embargo, los que se encuentran por debajo del umbral de pobreza son los más afectados por la inseguridad alimentaria, obligados a tomar una decisión imposible entre alimentar a sus hijos y pagar el recibo del gas.

Desafortunadamente, COVID 19 ha hecho las decisiones más complicados para las personas, y ha puesto a las familias, que antes tenían seguridad alimentaria, en serio riesgo de perder esta comodidad. Según Nina Lakhani, en El Diario, “durante este último mes, aproximadamente una de cada tres personas que se ha acercado hasta el local de una organización sin ánimo de lucro en busca de comida lo hizo por primera vez en su vida” (Lakhani, 2020). El impulso central y sustentador detrás de la cultura alimentaria durante Covid 19 es el miedo: miedo de no poder alimentar a la familia, de perder el acceso a los alimentos tradicionales y de que los productos libres de toxinas no sean accesibles para todos.

David Pierson dice que “el virus, como lo ha hecho en las vidas y los barrios por los que se ha extendido, forzó a muchos a recalcular el día al día”, lo que significa que la mayor parte del mundo necesitará comida una vez y tendrá miedo a pensar en su consumo de alimentos (Pierson 2020). Si esta frase tiene sentido, no reconoce que las personas de color y las personas en pobreza han sentido los peligros de la inseguridad alimentaria durante décadas, y Covid 19 simplemente ha enfatizado el hambre.

Ana Galvis, en su artículo, explica que “el sistema alimentario es injusto e insostenible, pero no está roto, funciona exactamente como el sistema alimentario capitalista siempre ha funcionado; concentrando el poder en manos de una minoría privilegiada y distribuyendo desproporcionadamente las “externalidades” sociales y ambientales a grupos raciales estigmatizados” (Galvis, 2016). Creo que ella dice que vivimos en una sociedad donde las desigualdades estructurales afectan directamente a quién tiene acceso a alimentos frescos y saludables y a quién tiene voz dentro de nuestro sistema alimentario. Cada uno de nosotros tiene un papel en el sistema alimentario y nuestras acciones y compras tienen un impacto más grande que las que podemos ver directamente. Es crucial que comprendamos nuestro papel dentro del sistema alimentario, cómo nuestras compras afectan a los demás y cómo podemos trabajar para crear un sistema alimentario más equitativo, sostenible y justo, donde todos estén igualmente representados y tengan el mismo acceso a alimentos frescos y saludables, y comida asequible. Covid 19 ha cambiado la forma en que funciona este sistema, pero todavía es claro que el acceso a alimentos saludables y a la justicia dentro del sistema alimentario debería ser un derecho, no algo dictado por las desigualdades sociales.


Parte 2:

Me apena que nosotros no podamos experimentar la clase completa, con todas las excursiones y comida sabrosa disponibles, ya que era una clase que disfruté mucho. Como profesor, su énfasis en el aprendizaje experimental lo convierte en una clase que los estudiantes recuerdan y por ello continuamente luchan por un lugar en la clase. Además, disfruté el tema de la fusión, porque es algo en lo que nunca había pensado mucho. Los Ángeles es un “melting pot” de personas, lo que significa que seguramente seguirá la fusión, pero me di cuenta de que solo estaba probando comida para ver si me gustaba o no. Hay mucha validez en si la comida simplemente sabe bien o no, pero esta clase me enseñó a mirar con un ojo más crítico.

Mi otra parte favorita de la clase fue el proyecto grupal. Me dio la oportunidad de probar restaurantes en los que siempre había querido comer, con nuevas personas. Con cada restaurante, había una sensación nueva de camaradería, muchas risas y comida interesante. Por esta clase, la comida no es solo un gusto para mí; es una historia, una comunidad y una obra de arte. La comida une a las personas, porque cada plato comparte la experiencia de una persona, al mismo tiempo que crea una experiencia completamente nueva para otra persona.

Work Cited

 Galvis, A. (2016, March 18). Desmantelando el Racismo del Sistema Alimentario. Retrieved April 26, 2020, from https://foodfirst.org/desmantelando-el-racismo-del-sistema-alimentario/

Lakhani, N. (2020, April 6). Los despidos masivos y la falta de ayudas públicas empujan a millones de personas en EEUU hacia los bancos de alimentos. Retrieved April 26, 2020, from https://www.eldiario.es/theguardian/tormenta-perfecta-Unidos-advierten-nillones_0_1013849314.html

Pierson, D. (2020, April 12). Del caviar al jugo de manzana, el coronavirus está cambiando la forma en que el mundo se alimenta. Retrieved April 26, 2020, from https://www.latimes.com/espanol/internacional/articulo/2020-04-12/del-caviar-al-jugo-de-manzana-el-coronavirus-esta-cambiando-la-forma-en-que-el-mundo-se-alimenta

Talia Aranda – ¿Puedes reclamar una comida?

Algunos aspectos mágicos de la comida incluyen la forma en que une a las personas para compartir la cultura de otra persona, experimentar el sabor de la familiaridad y la comodidad, y simplemente probar algo nuevo. Desafortunadamente, la comida, algo festivo y nutritivo, no está libre de racismo y apropiación cultural.

La acción de comer significa más de disfrutar la comida de otra cultura en la cultura dominante, porque muchas veces monetiza la comida que no es tradicionalmente suya y se beneficia de la cultura de otra. Esto es especialmente importante porque los chefs y dueños de negocios de culturas no dominantes no tienen acceso para hacer lo mismo. Como dice en Food Across Borders, “the act of eating became a metaphor for solidarity, belonging and exclusion; the line we draw and defend against the outside” (DuPuis, Garcia, Mitchell, 1)

El problema no es quién tiene permitido hacer cosas, es la manera en que se hacen las cosas. Si vas a promocionarte como alguien que cocina o vende comida de una cultura, en la que no creciste, diría que también es tu responsabilidad asegurada de lo que estás haciendo en una manera que realmente respeta a las personas que crecen en la cultura, y las personas que inventaron algunas de las cosas que estás haciendo. La realidad es que, si desea abrir un restaurante “auténtico”, debe familiarizarse con los ingredientes y el idioma, antes de comenzar el restaurante. Si dice que tu eres el dueño de un restaurante, no puedo afirmar que es auténtico mexicano si solo vende tortillas, salsa y tacos.

Una forma de apropiación cultural que yo vi en mi experiencia es cuando un alimento cultural se altera para tener más verduras o granos integrales. Por ejemplo, Trejos Tacos en USC Village tiene opciones como “vegan quinoa tostado” y “black pepper tofu taco”. Es posible en este caso, el plato, como taco o tostado, cambie drásticamente diferente, en una manera que puede ser ofensiva, especialmente cuando lo llamamos una “versión saludable” de lo que sea. Sin embargo, esto implica una definición racializada de salud, que asume que los alimentos de “culturas blancas” son saludables, cuando los alimentos tradicionales de culturas de color no son saludables.

Hay muchos argumentos en contra de las personas que cocinan alimentos de otra cultura, que dicen que pueden cobrar precios más altos y ganan notoriedad con esta cocina, mientras que los nacidos en la cocina y cuya herencia pueden cobrar más de unos pocos dólares rara vez. Cuando hay un chef blanco que vende comida saludable, el chef se está “colombusing”, lo que se define en el libro de Profesora Portnoy como ” the reckless and thoughtless act of appropriation (typically by wealthy white people)” (Portnoy 106). No creo que sea imprudente o irreflexivo cuando un hombre blanco vende comida mexicana más saludable, pero parece que los restaurantes étnicos son baratos, pero si se sirven en un restaurante más moderno, un vecindario mejor y quizás con propietarios blancos, entonces se equiparan con la cocina europea y estadounidense de alta gama. Por lo tanto, valen el precio, y la misma comida está en el plato. Implica que el factor importante no es lo que se está sirviendo, sino quién lo está sirviendo.

Sin embargo, otra parte de mí entiende que todas las cocinas son híbridas. El movimiento de personas, plantas y animales, incluso bajo la colonización forzada, la esclavitud y la explotación nos ha dado todas las cocinas que ahora estamos tratando de proteger. No tuvimos cocina italiana sin la fuerza de Colón (Anderson 188). No habría cocina mexicana si los españoles no hubieran traído trigo y una enorme variedad de plantas europeas y asiáticas.

Al final, las ideas de autenticidad, propiedad y habilidad culinaria pura están entrelazadas y son difíciles de desenredar. En resumen: es complicado. Personalmente, creo que la historia de la comida es la historia de la apropiación, la guerra y los matrimonios mixtos, y continuará cambiando constantemente. Con un mundo que, siempre cambiando, con cosas tan pequeñas como pasar a la siguiente ciudad o cosas grandes como virus corona, no podemos controlar cómo cambian los alimentos. La comida se mueve con los deseos y necesidades de las personas a las que sirve, por lo que estoy seguro de que podemos juzgar la comida con la pregunta: ¿si bien o no?

Work Cited

Anderson, E. N. Everyone Eats: Understanding Food and Culture, Second Edition. NYU Press, 2014. JSTOR, http://www.jstor.org/stable/j.ctt9qfm0f. Accessed 3 Mar. 2020.

García, Matt, E. Melanie DuPuis, and Don Mitchell. Food Across Borders. New Brunswick, New Jersey: Rutgers University Press, 2017. Print.

 Portnoy, Sarah J. Food, Health, and Culture in Latino Los Angeles. London, [England: Rowman & Littlefield, 2017. Print.

Talia Aranda – Fusión o no … Mejor que sea buena comida

Hace casi 3 semanas, nuestra clase fue a Grand Central Market y X’Tiosu Kitchen, dos lugares que obviamente tienen comida fusión, pero tienen muy pocas similitudes aparte de eso. Para mí, Grand Central Market es una versión llamativa de fusión e inmigración, creada para los turistas y los amantes de la comida de instagram, pero todavía sirve comida buena. Sin embargo, X’Tiosu Kitchen es un lugar que los turistas escuchan menos cuando consideran venir a Los Ángeles para comida, pero sirve comida de fusión del mismo calibre.

X’Tiosu Kitchen es un restaurante que representa a dos comunidades que siempre han estado en Los Ángeles. Creo que este restaurante es muy popular porque combina los dos sabores en un momento en que la gente quieren probar cosas nuevas. Hace 25 años, a la gente no le hubiera gustado esto, pero ahora es nuevo e interesante. Para mí, este es un buen ejemplo de globalización que ha beneficiado al área. No ha expulsado a nadie del área ni ha intentado crear algo demasiado extraño. Ademàs, creo que es innovador porque ofrece un tipo de comida para todos. Especialmente hoy en Los Ángeles, hay muchos veganos, y este restaurante ofrece comida para esas personas sin sacrificar el sabor. No intentaban ser parte de la gentrificación; solo intentaban crear algo nuevo que les gustara.

Grand Central Market, por otra parte, es un ejemplo de gentrificación. Sin embargo, representa mas de gentrificación porque tiene un espacio que permite culturas diferentes a compartan sus mejores platos. Los lugares que sirven mantequilla de maní y jalea no me impresionan; los lugares que sirven tacos, papusas y comida que tienen sentimientos son mis favoritos. Ana M. Gómez Bravo, afirma que “las iteraciones personales, familiares y nacionales también se manifiestan en platos típicos que simbolizan las banderas nacionales y en fiestas y celebraciones en la comida tiene un papel fundamental en la constitución y expresión de la identidad” (Gomez-Bravo 107). Para este tipo de restaurante, cada vez que se entrega un plato a un cliente, se comparte una historia y se crea un recuerdo, ambos significan más que carne y tortilla. Por eso, al alojarse en un lugar como Grand Central Market, restaurantes que sirven las recetas de sus familias y países demuestran que también tienen un lugar en la sociedad contemporánea.

En mis viajes a Madrid, he comido en algunos restaurants fusiones como Quispe, Kechua y ronda 14, y todos los restaurantes son una fusión de comida japonesa y peruana. Siempre se refieren a estos restaurantes como “nikkei”, que es una comida que combina ingredientes japoneses y peruanos. No es predominantemente un tipo de comida u otro, y varía según el restaurante. Sin embargo, es común ver en todos los restaurantes tienen la famosa ceviche, “a spicy, new take on Japanese sushi, which had gained elite status with western consumers in the 1980s”, y a veces, en Madrid, los chefs ponen este ceviche en una combinación con sushi para crear “maki” (Pilcher, Portnoy 15).  Todos de estos restaurantes son “nikkei” y sirven “maki” y ceviche, pero ningún restaurante reclama el mismo sabor. Esto se debe a que una cocina se define en cómo se prepara, dónde se prepara y cómo se comercializa.

Al igual que los Anglos en los Estados Unidos, las personas que pueden pagar este tipo de comida, como todos sabemos que el sushi es caro, quieren una experiencia en la que puedan sentir que viajaron a otro país, todo mientras se sienten cómodos de su propia ciudad. La mayoría no quiere saltar con los dos pies a una cocina tradicional; quieren poner un dedo del pie en la piscina, con salsa aguada y tortillas de harina (Anderson 204). O, en el caso de Madrid, quieren “maki” con queso de crema.

Sin embargo, cuando fui a estos restaurantes, me sentí similar a las palabras escritas por Profesora Portnoy y Jeffery Pilcher, “through the act of curating ethnic foods, connoisseurs position themselves as culinary artists, drawing on raw materials provided by “exotic” and “authentic” immigrant cooks, who are thereby seen as incapable of fully entering American society” (Pilcher, Portnoy 3). Si cambia las palabras “American society” con la “sociedad española”, eso describe mis sentimientos. Como comedor en busca de comida “auténtica”, busqué para un chef que aparecía o era japonés o peruano, no quiero un chef español. Me reconfortó saber que mi comida fue preparada por un chef de uno de esos lugares, aunque eso no significa que sean mejores chefs.

Por fin, todos estos restaurantes de fusión, ya sea un símbolo de gentrificación o no, ofrecen al consumidor la oportunidad de comer múltiples tipos de alimentos en un restaurante o con un plato. Algunos pueden decir que esto significa que no se especializan en ningún tipo de comida. Sin embargo, después de mis experiencias, si puedes cocinarlo bien y sin cebolla, lo comeré.

Anderson, E. N. “Foods and Borders: Ethnicities, Cuisines, and Boundary Crossings.” Everyone Eats: Understanding Food and Culture. New York: New York University Press, 2005.

Gomez Bravo, Ana M. “Comida y Cultura En El Mundo Hispano.” Food and Culture in the Hispanic World, 2017, pp. 107–124.

Portnoy, Sarah, and Jeffrey M. Pilcher. “Roy Choi, Ricardo Zárate, and Pacific Fusion Cuisine in            Los Angeles.” Global Latin America (2016): 1-22.

Talia Aranda – Mi Identidad en St. Louis y México

Mi historia está un poquito loca, porque mi familia se mudó 14 veces, pero yo solo me mudé 5 veces. Nací en Chicago, pero también he vivido en Londres, San Francisco, Nashville y St. Louis. Desde 7 a 18 años, viví en St. Louis, Missouri. Era un lugar hermoso para crecer, y está lleno de árboles y animales. A diferencia de Los Ángeles, todos pueden comprar una casa con patio delantero y patio trasero. A pesar de que hace frío en invierno y calor en verano, mis perros y yo pasamos más tiempo afuera que adentro.

En St. Louis, los platos más comunes, algunos que solo se pueden encontrar en St. Louis, son toasted ravioli, Ted Drewes concrete, barbacoa, gooey butter cake y pizza del estilo St. Louis. La pizza del estilo St. Louis es un tipo distinto y popular en la ciudad de St. Louis, Missouri, en el medio oeste de Estados Unidos. Las características definitivas de la pizza al estilo St. Louis son una corteza muy delgada como una galleta hecha sin levadura, la común, Provel, un queso muy procesado, y pizzas cortadas en cuadrados o rectángulos en lugar de cuñas.

Esta pizza es todo sobre el queso, Provel, que se hace solo en St. Louis y ahora se puede encontrar para comprar en el internet. Provel es un queso procesado que combina cheddar, suizo y provolone, y tiene una textura similar al queso americano y un sabor similar al Gouda ahumado. Suena un poco extraño, pero cada vez que regreso a casa es lo primero que yo pido. El queso en la pizza estilo St. Louis es similar a la idea del “flavor principle” de Paul y Elisabeth Rozin. Ellos dijeron que “the great cuisines of the world are characterized by quite characteristic and distinctive assemblages of flavorings”, y el queso de St. Louis es muy distinto (Anderson 190).

Además, mi padre es nativo americano, mexicano y judío, pero mi madre es irlandesa y católica. Esto significa que crecí con una cultura muy mixta, pero mis padres nunca fueron estrictos con mi afiliación religiosa. Sin embargo, mi padre siempre trató de incorporar nuestra herencia mexicana en nuestras vidas. No hay una gran cultura latina en St. Louis, pero mi padre usó sus recuerdos de su abuela para crear nuevos conmigo. Mis dos bisabuelos se mudaron de San Luis Potosí, México a Nebraska después de casarse. Ninguno hablaba inglés ni tenía educación formal, pero los dos querían un futuro para mi abuelo y mi tía abuela en los Estados Unidos. Mi padre recuerda a Nebraska en verano con su hermana, y se sentaban en la mesa, como pequeños pájaros, esperando tortillas caseras de su abuela.

Armado con estos recuerdos, mi padre aprendió cómo cocinar tortillas, carnitas, enchiladas de todos tipos y arroz español. Con la ayuda de sus recuerdos y Google, descubrimos más sobre nuestra propia historia. Después de aprendimos a cocinar todos estos platos, nosotros comemos en cada día festivo y celebración, pero hacemos la comida un poco menos picante para que mi mamá blanca pueda comerla.

Para mi blog, fui a un restaurante llamado El Pescador. Después de investigar, quería ir a un lugar cerca de la casa de mis abuelos en West Covina, California. En un pueblo que es predominantemente latino, fue fácil para encontrar un lugar de mi herencia mexicana. El Pescador tiene las mejores calificaciones en google, así que decidí ir allí.

El Pescador empezó cuando los hermanos Ortiz nacieron en Degollado, una ciudad de 20,000 habitantes en Jalisco, México. A medida que la familia creció, primero se mudaron a la Ciudad de México, y luego, uno por uno, en los años 70 y 80 emigraron a los Estados Unidos. Don Manuel Ortiz abrió el primer restaurante en 1983. Era más pequeño, las cabinas estaban más juntas, pero cada restaurante todavía tiene un servicio cordial y rápido, ingredientes frescos y un ambiente de vecindad. Ahora, hay 14 restaurantes, El Pescador, pero técnicamente no son una cadena. Cada uno es propiedad independiente de uno de los hermanos. Si los menús son similares, todos se centran en auténticos mariscos mexicanos, pero los hermanos toman las decisiones que consideran mejor para sus ubicaciones.

Pedí enchiladas de camarones, según la sugerencia de los camareros. Los camarones eran algunos de los mejores camarones que he probado en mi vida. Sin embargo, el resto de la comida era mediocre. Las tortillas de maíz se desmoronaron, y había una salsa suave y apio esparcidos sobre la enchilada. Mi tía también pidió tacos de cerdo con cáscara dura y queso cheddar encima. Ella es alérgica a los mariscos, y por eso los tacos eran una de sus únicas opciones. Lo primero que pensé cuando vi su taco fue “no es mexicana”, pero luego me di cuenta de que la comida “mexicana” puede ser muchas cosas diferentes. Similar a lo que dice Anderson, “spatial borders are as confusing as temporal ones. One can even ask whether there is such a thing as ‘Italian food’ (Anderson 188). No sé qué es la comida mexicana, y es algo así como la autenticidad que siempre está cambiando.

Anderson, E. N. Everyone Eats: Understanding Food and Culture, Second Edition. NYU Press, 2014. JSTOR, http://www.jstor.org/stable/j.ctt9qfm0f. Accessed 3 Mar. 2020.

Autenticidad y Gentrificación en Comida- Talia Aranda

La autenticidad de la comida está cambiando siempre, porque el mundo siempre está cambiando.  Por ejemplo, con la gran migración de personas a Los Ángeles, hay menos comida “americana” y más comida fusión. También, la autenticidad de comida es personal, porque cada persona tiene una historia y experiencias. Pero, la autenticidad tiene muchas caras, y por eso es una palabra y sentimiento dinámica y un poquito ambiguo.  Sin embargo, creo que es posible que la autenticidad sea como la palabra buena o bien, porque en el mundo contemporáneo de comida no hay mucho sentido. En las palabras de Profesora Portnoy en Good Food and the Problematic Search for Authenticity, “authenticity is not a quality inherent to food: it is one that is socially and personally constructed”. Por eso, debemos juzgar la comida por la innovación, tradición y calidad, no solo por la autenticidad.

Al entrar en la calle Olvera, te saludan con un millón de cosas que se conocen como “auténticos productos latinos”. Para llegar a las tienditas, primero debe pasar una línea de vendedores ambulantes, que venden frutas y joyas. También, hay un hombre vestido de vaquero que posará para una foto contigo en un burro, pero te costará 10 dólares por la foto y el viaje. Me recuerda a mis viajes a Perú, Colombia, Argentina y México, pero me pregunto si todos los vendedores, tanto en los Estados Unidos como en América Latina, están vendiendo estas cosas para los Anglos. Los vestidos y sombreros que están en las paredes son para los consumidores de Los Ángeles, porque estos son para la imagen estereotípica de los mexicanos que tienen en la cabeza.

Los dos lugares, Cielito Lindo y El Cholo, fueron inventados en base a las palabras de Ferrero, “in transnational consumer societies the market becomes the mirror of what consumers are, what they want to be, and what they can become” (195). Ambos son restaurantes mexicanos que la mayoría de los consumidores creen que son auténticos, pero la realidad es que las recetas se han cambiado para complacer a la mayoría. Las salsas son menos picantes, porque al consumidor común no le gustan los alimentos, porque no están acostumbrados. Se ofrecen tortillas de harina y maíz, pero la mayoría elegirá harina para sus tacos en El Cholo. Sin embargo, el restaurante es lo que los anglos quieren creer que es “mexicano”. Restaurantes como Cielito Lindo y El Cholo se conforman para que los anglos puedan seguir siendo anglos, mientras piensan que quieren una experiencia mexicana y piensan que esto los transferirá a un país latinoamericano.

Sin embargo, lugares, como el mercadito y Mariscos Jalisco, son una forma de mostrar una parte de la cultura latinoamericana. Algunas partes de cada uno de estos lugares fueron creadas para el consumidor anglo, porque quieren todos los consumidores. Pero, otras son partes reales que se conectan con las tradiciones latinas. Por ejemplo, he estado dos veces en el Día de los Muertos en la calle Olvera, y la gente que asistía era principalmente mexicana. Todos hablaban español y disfrutaban de los rituales de sus ancestros. El mercadito me recordó más a esta experiencia. Uno podría reconocer el orgullo que la gente tenía por lo que estaban vendiendo. Los moles y los quesos eran piezas de cultura que nos podían transferir por un breve momento. También, hubo una conexión entre todos los vendedores, y compartieron sus productos con los otros vendedores. Por ejemplo, el hombre en el puesto de locos cheetos estaba comiendo una comida del restaurante con mariscos.

El último lugar al que fuimos fue Milpa Grille, y es posible que sea el más auténtico porque el restaurante usa ingredientes de las indígenas. A veces, cuando pienso en la autenticidad, pienso en lo más viejo, y las indígenas son las primeras personas para todo en nuestro mundo. Sin embargo, después de mi presentación, yo sé que autenticidad no es una palabra para lo más viejo.

No creo que Boyle Heights pierda su autenticidad porque hay nuevos restaurantes que son “hipster”, como Weird Wave Coffee Shop. Sin embargo, nuevos lugares como estos pueden cambiar a las personas que vienen a Boyle Heights. Hay una cultura que se ha creado en torno a restaurantes en su mayoría latinos o restaurantes propiedad de latinos. Si alguien de afuera se muda, es probable que la demografía de los restaurantes y las personas cambien, y todas las empresas quieren todos los clientes. Por esa razón, los restaurantes tienen que cambiar lo que ofrecen para que las personas que van a la cafetería “hipster” también vengan a su restaurante. La cafetería es solo un punto de empieza para el cambio y gentrificación.

Cualquier persona puede abrir un restaurante, pero debe pensar cómo su restaurante va a cambiar la comunidad antes de entrar.  En el libro de Deverell sobre “whitewashing”, habla sobre la verdad que los blancos siempre tenían todo el poder — social, económica, político, y cultural. Por eso, un gran parte de la maduración de Los Ángeles era el encubrimiento de lugares, personas, y cuentos que los blancos querían ignorar. Para mí, parece similar a la USC, porque la universidad ha cambiado el área circundante para “mejorar” las vidas de los estudiantes. El alquiler es más alto cerca de la escuela, y las personas que solían vivir en esas casas ya no pueden. USC Village es un lugar solo para estudiantes ahora. No se ve gente pagando en Cava o Café Dulce con los cupones de alimentos. Además, la mayoría de las personas en la comunidad de South Central no pueden pagar entre 7 y 20 dólares para cada persona en su familia. 

La creación de una cultura alimentaria, como se ve en todos estos lugares, depende de las personas que vienen al restaurante y de la popularidad. La autenticidad es algo que está cambiando debido a esto, y no es una forma justa de juzgar los alimentos. Ir a un mercado o restaurante es personal, y cada persona solo tiene que decidir si le gusta o no.

Talia Aranda – Chichén Itzá: ¿Las ruinas Mayas o el mejor restaurante de Yucatán en Los Ángeles?

En México, Chichén Itzá fue una gran ciudad construida por los mayas; pero en Los Ángeles, es un restaurante con deliciosos platos de Yucatán. En 2001, la familia Centina abrió las puertas de Chichén Itzá, con la esperanza de darle a los ciudadanos de Los Ángeles una muestra de la cultura yucateca. Hoy, Gilberto Jr y su esposa dirigen la tienda, pero ofrecen la misma comida de Yucatán casi 20 años después. Es un pequeño restaurante con una gran reputación, especialmente después de ser revisado por GQ Magazine, Los Angeles Times, Travel and Leisure, People en español, Hispanic Magazine, LA Weekly, La Opinion & Condé Nast Traveler. Se encuentra a pocas cuadras de USC y del Coliseum Memorial en Los Ángeles en el Mercado de Paloma, que es una antigua fábrica convertida en un espacio de reunión comunitaria y un salón de comidas.

En este pequeño rincón de Yucatán, usted puede probar platos tradicionales de un lugar culinaria con comida muy rica, incluida una mezcla de recetas mayas, españolas y libanesas. Ofrecen una amplia variedad de aperitivos, sopas, sándwiches, platos principales, tacos y postres. Sin embargo, sus más populares son los Cochinita Pibil, Tamales y Panuchos.

Después de cuatro años en USC y de ayudar a muchos eventos a atender su comida, todavía nunca he comido en Chichén Itzá. Sin embargo, este domingo finalmente, fui al restaurante. Cuando usted llega, hace tu pedido, recibe un número y luego elige una de las mesas en el Mercado. Cuando usted pide, hay tantas botellas de salsa picante, se llama habanero, y es difícil concentrarse en el menú. La mujer con la que pedí mi comida era mexicana estadounidense, y hablaba con inglés perfecto, pero había perfeccionado su acento español para decir las palabras del menú. Pedí cochinita de pibil y los tacos de chicharrón, algunos de sus platos más populares. En total, fueron 21 dólares, pero no estoy seguro de que vuelva antes de graduarme, así que decidí probar todo lo que quería. Desafortunadamente, no puedo probar todo allí porque soy muy alérgico a las cebollas.

A las 6 de la tarde, me senté con un número 1 en mi mesa, esperando pacientemente mi comida. Lentamente, comencé a darme cuenta de que estaba tocando una de mis canciones favoritas, los dulces sonidos de Oye Como Va. Moví mis caderas un poco en mi asiento mientras miraba a mi alrededor.

En el mercado de Paloma, hay colores vibrantes en cada pared que representan los fuertes lazos latinos. Hay ropa de mesa en algunas mesas, mientras que otras son solo de madera, y las más bonitas tienen hermosos diseños de cerámica o mosaico. Algunas mesas son para dos personas, la mayoría son para cuatro y pocas son mesas comunales. La mayoría de las personas eran latinas en el restaurante, pero solo la mitad de ellas hablaba español. Fue interesante escuchar en un mercado mayormente latino que la mayoría de los grupos hablaban en inglés.

Después de esperar mi comida, un hombre trae una botella de salsa de habanero. Esta salsa no tiene tapa, porque el restaurante no quiere que nadie robe la botella. Este es un indicador del área circundante, que tiene mucha pobreza. La botella de salsa picante cuesta solo 6 dólares, pero la mayoría de las personas que viven en el área, que no son estudiantes de USC, no pueden pagar eso para una botella de salsa. 

Finalmente, mi nuevo amigo, el camarero que solo hablaba español, trajo mi comida para acompañar mi salsa picante. Primero, probé uno de los dos tacos de chicharrón.  Los tacos parecían pedacitos de tocino y aguacate en una tortilla de maíz. Cuando tomé un poco, me recordó las cortezas de cerdo que comí con mi abuelo. Sentí como tenía 6 años otra vez, cantando canciones en español a pesar de que no sabía una palabra de español.

Luego, probé el plato más popular de Chichén Itzá, Cochinita de Pibil. Llegó en un tazón, con una hoja de plátano en el fondo y carne de cerdo marinada en achiote y naranja agria servida con cebolla en escabeche. Tuve que pedir esto sin las cebollas en escabeche, pero la comida seguía siendo increíble. Pude saborear la naranja muy fácilmente. También, había un lado de arroz y frijoles. Sin embargo, no había frijoles refritos como la mayoría de los estadounidenses están acostumbrados a ver en los platos Mexicanos. Al lado, solo había frijoles negros y arroz blanco. Además, había un lado de tortillas de maíz súper calientes. La carne era un poco grasosa para mí, pero entiendo por qué era uno de sus platos más populares. Con el fuerte sabor a naranja y carne tierna, estaba delicioso. En conclusión, estaba muy impresionada con Chichén Itzá, y me sorprendí que nunca he comido allí antes. Nadie me había obligado a ir, pero ahora, tengo la obligación de ir a Chichén Itzá todos los días porque era muy bueno.

Introdución — Talia Aranda

¡Hola! Me llamo Talia Aranda. Estoy en mi último semestre de la universidad. En la USC, estudio español y antropología. Me encanta viajar, leer y pasar tiempo con mi familia. Además, el profesor Portnoy es uno de mis maestros favoritos, así que estoy muy emocionado de tomar esta clase. ¡No puedo esperar para comer por Los Ángeles!