Arte y Comida (por Sarah G)

La comida y el arte tienen una relación cercana. Muchas veces, el arte sirve como una ventana a la vida diaria a las personas de una cultura, especialmente la vida de las elitistas, y puede mostrar la importancia social de comida. También, platos adornados sirven el propósito doble de ser arte y ser un vehículo practico para servir comida.

Yo quiero hablar sobre uno de los platos. En LACMA, vimos una olla azteca que tiene una escena de un rey comiendo. Según nuestra guía, Maite Gomez-Rejón, la comida es tamales con salsa, y una olla de chocolate—una imagen apropiada porque esta olla era para comer chocolate. Gomez nos dije que chocolate era un producto muy valioso, y era considerado la comida de los dios. Un grano de cacao era tan valioso que personas lo usaron como dinero, y solo las personas más ricas lo comieron. Gomez describe como las personas tostaron y machacaron los granos para crear una bebida espesa. Los aztecas no comieron su chocolate con leche o azúcar, sino uso especias y chiles para crear una bebida amargo, picante, y rico. Este olla debe haber sido un símbolo de estatus porque solo las personas con mucho dinero comieron chocolate, y esta olla era muy decorada. IMG_2936

Un mural que me interesa es un parte de The Great Wall of Los Angeles, se llama California Citrus Industry. Cuando yo imagino los sirvientes de las aztecas ricas machacaron el chocolate, yo también imagino mucho sudor, agotamiento, y trabajo. En una manera, California Citrus Industry es el opuesto de la imagen en la olla. La olla representa riqueza y lujo, y la pintura representa trabaja dura. Los hombres en esta pintura obviamente ponen mucho esfuerzo en su trabajo. Tienen ropa muy simple, y trabajen para otras personas, no para comer las naranjas–los hombres son pobres. En la olla, el hombre es obviamente rico. En esta pintura, la comida que escogen no es comida los trabajadores. La olla representa la vida de las elitistas y la pintura, los trabajadores. Esta pintura es un comentario social sobre el trabajo que era la fundación del estado de California.

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Blog #6: Comida en South LA por Sarah G

Me llamo Verónica, y yo soy de Huntington Park. Tengo dos hijas y un hijo, y yo vivo con mi suegra. Para mi, es muy importante dar comida saludable a mi familia, pero es muy difícil encontrarla. Yo quiero muchas frutas y verduras para mis hijos, y hierbas para cocinar la comida de mi cultura. Pero yo vivo 4.2 millas de un Superior, y 5.1 millas de El Super, los dos supermercados más cerca a mi casa, y casi los únicos con comida fresca. Puedo ir de compras en una tienda de conveniencia, como CVS o Walgreens porque hay unos cerca de mi casa, pero son caros, y las opciones son muy limitados. No me gusta dar papas fritas y refrescos a mis hijos. En los jueves, hay un mercado se llama Central Avenue Farmer’s Market que es 3.3 millas de mi casa, pero las horas son diez en la mañana a tres en la tarde y yo trabajo durante este tiempo. Es muy frustrante, porque hay frutas, verduras, y hierbas frescas, pero no tengo la oportunidad de comprarlos.

 

Fortunadamente, mis hijos asistan 24th Street Elementary School, donde hay un jardín donde cultivan vegetales. La escuela ha transformado mi experiencia de alimentar mi familiar por muchas razones. ¡Primero, mis hijos quieren comer las verduras! En el pasado, cuando podía comprar y cocinar comida saludable, mis hijos no les gustaría comerlo. Hoy, mis hijos son emocionados para probar las comidas que ellos cultivan. Es muy divertido para ellos trabajar en el jardín, y son muy curiosos sobre la comida que sacaron de las plantas. Adicionalmente, no necesito tomar el autobús o caminar distancias grandes para tener el acceso a la comida fresca. Finalmente, no necesito pagar mucho dinero para comer comida orgánica, saludable, y local.

 

Blog #4: Fusión

Según Portnoy-Pilcher, fusión es una mezcla de comidas y, como resultado, identidades. Porque comida literalmente transforma en una parte del cuerpo, la comida de una cultura es una parte fundamental de la identidad. Más importante, ellos dicen que “culinary encounters have historically helped to forge relationships that crossed lines of race, class, ethnicity and nationality through the sharing of ingredients, techniques, and dishes.”

El restaurante que yo visité esta semana era 23rd Street Café, un lugar que anuncia la comida fusión de India y Mexico. 23rd Street Café mezcla las dos identidades en dos maneras. Primero, hay platos mexicanos e indios en el mismo menú. Segundo, hay una categoría de fusión inda-mexicana especificadamente. Por ejemplo, hay un burrito de aloo gobi que tiene aloo gobi (un plato indio tradicional de coliflor y especies), arroz, frijoles, cebolla, cilantro, y salsa. Hay unos ingredientes que son indios—aloo gobi—unos ingredientes mexicanos—frijoles y salsa—y unos que son compartidos entre las dos culturas, cebolla, cilantro, y arroz.

Yo pedí un burrito de paneer tikka masala, un plato indio con queso y especies tradicional, sino en una tortilla en vez de naan, con arroz mexicana en vez de arroz basmati. Tambien, el burrito incluyó frijoles, salsa, cebolla, y cilantro. El paneer tikka masala era picante y saboroso, similar a mis expectaciones del plato de restaurantes indios. El arroz tenía el sabor de tomate y el burrito era servido con una variedad de salsas incluyendo una salsa verde y una salsa roja similar a los que yo he comido en restaurantes mexicanos. Para mí, este es la ejemplificación de fusión.

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El restaurante es un poco popular, pero la mayoría de los clientes son estudiantes. Yo pienso que hay muchos estudiantes en USC que quieren explorar sabores diferentes, pero en una manera que es familiar. 23rd St Café sirve tres tipos de estudiantes—indos o mexicanos que quieren probar comida diferente sin pedir un plato totalmente extraño, y estudiantes Anglo que tienen una familiaridad con comida mexicana o india y quieren algo diferente. Hay un tipo de voyerismo cultural. Personas quieren comer comida extranjera en un contexto cómodo. No vi ningunas personas que no son estudiantes, que es evidencia para mí que 23rd St Café es una fusión de dos culturas que existen en campus, sino no existe en South Central generalmente.

Blog #3: Identidad

Mi identidad esencial es que soy una judía americana. Mi familia tenía una historia clásica de inmigración judío. La familia de mi padre huyó de Rusia en los años 20, y la familia de mi madre escapó de los Nazis en Polonia en los años 30. Como resultado, tengo mucha orgullosa en ser americana y judía. Una comida muy común en mi cultura es el sándwich de pastrami. Este sándwich representa mi cultura porque es el sándwich más popular en las delicatesen judías en Nueva York, un lugar únicamente americano y judío, y el sándwich tiene un sabor de nostalgia para mí. Para comerlo apropiadamente, el sándwich de pastrami necesita estar en pan de centeno, y tiene mostaza picante. Mis padres, abuelos, y bisabuelos comieron este sandwich en los calles del Lower East Side in Nueva York, y la comida tiene una relacion cerca con la experiencia inmigrante.

 

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El sandwich de pastrami de Cantor’s en Los Angeles

Esta semana, yo fui a El Chalateco, una pupuseria. Pupusas son una comida muy típica en El Salvador. Originalmente, el plato era cocinado por los pipiles, una puebla indígena que poblaron el lugar que hoy es El Salvador. En los años 1980, hay una guerra civil en El Salvador, y cuando los salvadoreños huyen de sus hogares, les trajeron pupusas a los Estados Unidos y otros países. El movimiento de la comida de una comida indígena a una comida en las calles de los Estados Unidos es muy interesante porque muestra dos fenómenos de Anderson en su libro “Everyone Eats: Understanding Food and Culture.” Primeramente, pupusas crearon preguntas sobre la relación entre comida y fronteras. Anderson dice que cocina étnica está definida políticamente. ¿Puede considerar una comida indígena parte de la comida del país? Segundamente, pupusas muestren el proceso en que “the cuisine of the periphery migrates to the center.”

 

En El Chalateco, yo comí una pupusa de frijoles y queso, y plátanos. Mi comida era preparada en frente de mis ojos, y el olor delicioso lleno el restaurante. La pupusa era sabrosa y salada. El queso era suave, pero rico, y los frijoles son delicados. El curtido tenía mucho acido que cortaba la grasa de la pupusa. Los plátanos eran suave, dulce, y caramelizado—totalmente rico. Para mí, El Chalateco era el máximo de autenticidad. Nadie habla inglés, ni había un menú en inglés, y la comida era preparado de materias primas. No sé exacto que es autenticidad porque no entiende la cultura que resultado en estas comidas o la procesa de transformar la receta para admitir ingredientes disponibles. Pero para mí, un gran parte de la autenticidad es el sentido de conexión con las personas que comieron la comida por generaciones antes, y El Chalateco me da este sentido. No hay “staged authenticity” para satisfacer anglos, solo hay una cocina y comida deliciosa.

 

Blog #2-El Cholo

El problema de la autenticidad de la cultura mexicana en Los Ángeles está muy complicado. La ciudad ha cambiado muchísimo durante su historia, y como resultado, las costumbres también cambiaron. Un lugar que ejemplen la relación complicado entre la comunidad mexicana y autenticidad en Los Ángeles es la Calle Olvera. La Calle Olvera, en muchas maneras, no tiene autenticidad. La Calle Olvera fue planeado por una mujer Anglo y es un centro histórico de whitewashing, literalmente y figuradamente. Hoy, la Calle Olvera siente como una atracción en Epcot. Las tiendas son llenas de chismes y los restaurantes anuncian sus combinaciones—tacos y tamales, chile rellenos y taquitos. La mayoría de las personas en los restaurantes y tiendas son Anglos. A pesar de estos problemas, la Calle Olvera es un centro de la vida mexicana muy autentico en Los Ángeles. Tiene una plaza con un museo que documenta la historia casi olvidada de los ciudadanos mexicano-americano y la mural América Tropical, una obra de arte que simboliza la calle porque sobrevivió intentos de whitewashing dos veces, y representa la lucha contra colonización y el borrado de la cultura mexicana. Como escribió Sarah Portnoy en su libro Food, Health, and Culture in Latino Los Angeles, “Every year, important Mexican religious and secular holidays such as Día de los Muertos and Mexican Independence Day are celebrated there. While on most weekdays and average weekends, Olvera Street resembles a Disneyland version of a Mexican, when the Mexican and Mexican-American population fills the area on holidays it feels incredibly lively and— dare I say— authentic, as the plaza fills with Mexican music and dancing.”

 

El restaurante El Cholo tiene una historia que siente más auténtico. Alejandro y Rosa Borquez, inmigrantes del Norte de México, abrieron su restaurante en 1923. La historia del restaurante está en el reverso del menú, y cada plato tiene el año cuando el restaurante comienza servirlo. En realidad, El Cholo no tiene la autenticidad que su historia promete. Como Sarah Portnoy describe en su artículo “Authenticity of Cuisines,” hay un “staged authenticity.” El restaurante está construido en un estilo que evoca México románticamente, con estuco, meseras en disfraces, y colores vibrantes.

 

 

 

La comida refleja la “staged authenticity” también. Según Silvia Ferrero, “Mexican restauranteurs adjust their culinary practices and the image of themselves according to the expectations of non-Mexicans diners.” Durante mi tiempo cenar, todos los patrones eran Anglos, y el restaurant está en un vecindario Anglo, por lo tanto, está lógica que la comida era whitewashed. Inmediatamente, me da cuenta que el menú era muy similar a los menús en los restaurantes de Overland Park, Kansas, de donde soy, y donde no hay una comunidad mexicano grande. Para empezar, era chips de tortilla y salsa. Los chips eran crujientes, pero la salsa era muy suave, como marinara con cilantro, y mis amigos y yo pedimos salsa más picante. La nueva salsa era un poco mejor, pero tenía cachos de tomate y un minimo de herbas, como la salsa de Pace. Para mi cena, yo pedí fajitas de pollo. El olor era fantástico, algo decepcionante porque el plato no tenía el sabor que el olor sugeria. El pollo tenía una falta de sabor, y yo no nota condimento. Además, los vegetales no eran sazonados y el guacamole tenía un sabor como era de un paquete. Toda la comida era sosa. En total, yo era muy desilusionada. La comida no tenía el ácido, la especia, la complejidad, o la sabrosura que yo quiero en mi comida mexicana.

 

Blog #1: Chichén Itzá

Desde el momento yo conocí mi mejor amiga en USC, ella me dijo que necesitaba ir a Chichén Itzá. Hoy, yo finalmente fui. ¡Y qué lástima que nunca fui ahí! Chichén Itzá es un restaurante Yucateco escondido en el Mercado la Paloma, un mercado cerca de USC creado para dar oportunidades a la comunidad. En el mercado, ciudadanos locales pueden tener comida fresca, trabajos de calidad, oportunidades de abrir empresas, y un lugar para reunir la comunidad.

 
Chichén Itzá, para mí, refleja el espíritu de la comunidad. Yo vi Latinos y Anglos, estudiantes, viejos, y niños. Además de esto, el restaurante quiere ser incorporado en la comunidad. Según Sarah Portnoy en su libro Food, Health, and Culture in Latino Los Angeles, “When I asked Gilberto why, given their never-ending lines, they do not expand to a bigger location, he said that they believe in the cooperative concept of the Mercado de la Paloma and want to support it.…for people like his father, not trained in how to run a restaurant, this support was vital to their ability to succeed.”

 
Sin embargo, lo que distingue Chichén Itzá no es la comunidad, sino la comida. Chichén Itzá sirve comida de la Yucatán, el estado en la extremidad de la península de México. La comida tiene influencia española, Maya, y libanés, e ingredientes comunes son achiote, humo, habaneros, y fruta cítrica. Un plato típico se llama pibil, un plato de puerco marinado en achiote y jugo de naranja, envuelto en una hoja de plátano, y cocinado lentamente.

Yo era muy curiosa sobre pibil, pero no como puerco. Como resultado, era muy emocionada cuando yo vi Pollo pibil en el menú. El plato era sabroso. La presentación del plato era muy atractivo y apetitoso, con muchos colores. El pollo era tierno y la carne era jugosa. La marinada con achiote y jugo tiene mucha acida, pero no era afrutada, y tiene un poco de amargura. El plato tiene plátanos también, y la combinación del acido del pollo y el dulce de los plátanos era perfecto.

 
Mi amigo no me dio una muestra de su torta—él dijo que era demasiada deliciosa para compartir—pero él lo describió como crujiente, lleno de sabor, y divino. Necesito probarla cuando yo regreso a Chichén Itzá.