Auténtico o no auténtico: esa es la pregunta (Nikki Saeedi)

Nikki Saeedi

Después de nuestra excursión a la Calle Olvera, mi compañera de apartamento me preguntó “¿Cómo fue? He oído cosas buenas de la Calle, es auténtica ¿no?” De verdad, gruñí al oír su pregunta porque esta clase ha desafiado mi concepto de la palabra “auténtico”. No tenía ninguna idea de cómo describir la autenticidad de la Calle Olvera a ella porque yo tampoco no sabía si era auténtica o no. 

Mi reacción cuando mi amiga me preguntó de la autenticidad

Si tuviera que describir la Calle Olvera en una palabra, sería: vibrante. En mi opinión, La Calle Olvera ofrece una perspectiva única de la evolución y la permanencia de la cultura latina en Los Ángeles. Todos los productos que bordeaban la Calle me llamaron la atención, desde los ponchos tejidos a los ukeleles brillantes hechos de plástico. El papel picado se meció en la brisa y durante toda la experiencia me sentí como estuviera en una película.

Un ejemplo de los colores vibrantes de la Calle Olvera

Por eso, vacilé un poco cuando mi compañera me pidió si la Calle era auténtica. Sí, la calle tiene sus raíces históricas y muy significativas, como la Ávila Adobe, la casa más antigua de Los Ángeles. Deverell dice que en la historia de Los Ángeles, “Los Angeles matured, at least in part, by covering up places, people, and histories that those in power found unsettling…by whitewashing an adobe past, even an adobe present and adobe future”. Entonces con la descripción de Deverell, ya que la Calle Olvera reconoce abiertamente la influencia de México en el crecimiento de la ciudad de Los Ángeles y no cubre el pasado, podemos decir que la Calle Olvera no es “whitewashed” en esos términos. Además, creo que hay un orgullo mexicano y genuino allí, con un entusiasmo y energía que resembla a Disneyland.  

Los Angeles matured, at least in part, by covering up places, people, and histories that those in power found unsettling…by whitewashing an adobe past, even an adobe present and adobe future”

William Deverell

Pero también quiero decir que la Calle Olvera tiene cierto encanto turístico. Por ejemplo, a la entrada de la calle, hay la oportunidad de tomar fotos en el atuendo tradicional de México al lado de una mula plástica, y eso me indica que la Calle Olvera últimamente ha evolucionado un poco a un lugar para los turistas. 

Una foto con la mula: ¿auténtica o turística?

Cielito Lindo, por caso, es un restaurante en la calle que tiene taquitos muy deliciosos, pero me sorprendió cuando se prepararon tan rápidamente para nuestra clase. Profesora Portnoy también dice algo similar en su libro “Food, Health and Culture in Latino Los Angeles” que “Today, Cielito Lindo still makes the taquitos the same way, but I always find that they taste as if they have been cooked ahead of time and quickly reheated”. Quizás la rapidez sea necesaria para atraer los turistas anglos y mantener la imagen de Cielito Lindo como un restaurante “Old-School”. 


¿Deliciosos? Sí. “World-Famous?” No sé…

Para mí, la Calle Olvera y Cielito Lindo también contribuyen a la “Spanish Fantasy Past”, una visión mística y exótica de la existencia de la cultura de México aquí en Los Ángeles. Según Sylvia Ferrero, “Mexican restaurants participate in the construction of the mythology of Spanish missions, the Mexican revolution, or of the rural ancestry of Mexican culture and invent a tradition that becomes a symbol of cultural voyeurism…[there are] elements that enhance such imagined tradition and the associated sense of exotic appreciation”. Mi respuesta final es que La Calle Olvera es auténtica en algunas maneras si se considera el orgullo mexicano y la valoración para la historia de los latinos en Los Ángeles, lo que es muy evidente allí. No obstante, todavía tiene algunos elementos que no son auténticos, como su “staged authenticity” que existe para satisfacer las expectativas de los clientes americanos que quieren ser aventurero y explorar el “Spanish Fantasy Past”, lo que Ferrero llama “pseudoautenticidad”. 

Por otro lado, El Mercadito contrasta mucho con La Calle Olvera en su expresión de la autenticidad. En mi opinión, el mercadito sirve como un hogar lejos de casa para los mexicanos de Los Ángeles. Fue un lugar por los latinos y para los latinos, como una manifestación física de la comunidad latina. Para decir la verdad, no estoy seguro de si puedo decir lo mismo sobre Calle Olvera, un lugar por los latinos y para los latinos inicialmente, pero ahora es un lugar para los anglos que quieren una vista pintoresca del pasado también. 


De la misma manera, en mi opinión Mariscos Jalisco y Milpa Grille son más auténticos que Cielito Lindo solamente porque su autenticidad no parecía forzada. En “Authenticity of Cuisines”, Gustavo Arellano dice que “all representations of Mexican food are Mexican and authentic if they can trace some part of their heritage to cuisine that originated in Mexico”. Claro, con esta definición generosa, Cielito Lindo es tan auténtico que Mariscos Jalisco y Milpa Grille porque todos ellos se originan de la comida mexicana. Sin embargo, como he mencionado, Cielito Lindo usa “staged authenticity”, mientras es evidente que Mariscos Jalisco y Milpa Grille no atienden en gran parte a los turistas como Cielito Lindo. No hay grandes signos llamativos que se jactan de “la cocina famosa” y tienen un encanto más sutil. Su clientela consiste en los latinos y los anglos, pero no atraen a los anglos porque atienden a ellos intencionadamente, sino atraen a los anglos porque los dos restaurantes tienen la comida buena. 

La comida buena: hecha con integridad, ingredientes frescos y con técnicas tradicionales

(Parafraseado de Ken Albala)

Cerca de Milpa Grille vimos a Weird Wave Coffee, un café controversial muy por su papel en la gentrificación de Boyle Heights. La conversación que tuvimos con el dueño de Weird Wave Coffee era muy interesante y reveladora. Él defendió su derecho a establecer un café en cualquier lugar y empezar un negocio. También nos habló del mal trato que recibió su café con las protestas y comentarios groseros. Después de la conversación con él, creo que algunas reacciones contra la gentrificación pueden ser extremas y es triste que la conversación sobre la gentrificación no es un poquito más civil para obtener los máximos resultados. Pero las conversaciones apasionadas son necesarias. Creo que el dueño todavía no entiende el problema con su café– que la comunidad cambia con los nuevos establecimientos. Los precios de alquiler se pueden elevar, la comunidad puede ser desplazada, y un lugar puede perder toda su historia con el movimiento de sus habitantes originales. 

Un manifestante fuera de Weird Wave Coffee (LA Times)

En “Who’s Winning and Losing In the Boyle Heights Gentrification War”, Melissa Castro lo explica muy bien cuando dice “Gentrification is a process — it’s not a single person”. Entonces, es muy posible que, sí, la decisión del dueño de Weird Wave Coffee no va a causar cambios drásticos a la comunidad inmediatamente. Pero con el tiempo puede influir a los otros negocios y eso va a afectar la población de la región cerca del café, y poco a poco la región va a cambiar. 

En general, whitewashing, gentrificación y cambios a la autenticidad van de la mano. Son procesos que tardan mucho tiempo en tener efectos notables, pero sus resultados son muy significativos. Es difícil notarlos y como una consumidora, típicamente no he pensado mucho en lo que como ni si es no es auténtico o si contribuye al desplazamiento de una gente. Lo más importante ahora es que tratemos de ser consumidores informados y reconozcamos cuando nuestras decisiones alimentarias contribuyen a la borradura de las culturas en Los Ángeles.

La Flor Blanca: Una pupusería humilde y hogareña — Nikki Saeedi

Una de mis resoluciones para el año nuevo es probar las cocinas nuevas y romper mi rutina de comer lo que es familiar y cómodo para mí. He notado recientemente que a veces juzgo los restaurantes por sus exteriores y tengo un sesgo implícito contra los restaurantes que no parecen tan popular a primera vista. Teniendo esto en mente, decidí a probar La Flor Blanca, un restaurante salvadoreño muy cerca del campus en Jefferson Blvd.

Antes de comer a La Flor Blanca, investigué la cocina y la historia de la cultura salvadoreña aquí en Los Ángeles. Durante los 1980s, la guerra civil de El Salvador introdujo miedo y inestabilidad en las vidas de los salvadoreños y por eso muchos emigraron a los Estados Unidos. Específicamente, la mayoría llegó en el sur de California donde formaron comunidades un poco más aislados en comparación con las otras comunidades hispanas (Portnoy). Con la gente de El Salvador vino la deliciosa comida salvadoreña, como las pupusas. Las pupusas son tortillas gruesas de la harina de maíz y pueden ser llenados con queso, frijoles y chicharrones. Ya que nunca he probado una pupusa en mi vida, sabía que definitivamente tenía que pedirlas primera.

El exterior del restaurante dentro de la plaza
El exterior del restaurante dentro de la plaza

La Flor Blanca está situada en una plaza en Jefferson Blvd al lado de un restaurante indio, una lavandería y dos salones de belleza. Las luces de neón brillantes en el exterior azul y blanco ayudan al restaurante a destacarse. La mayoría de los consumidores eran familias hispanas con niños jóvenes y estaban disfrutando una cena en la noche. El interior del restaurante tenía los mismos colores vibrantes y todas las paredes tenían imágenes de la naturaleza de El Salvador, como las costas y montañas grandes del país. También había una imagen de una mujer en el atuendo tradicional de El Salvador.

Uno se puede decir que el medioambiente del restaurante produce una autenticidad forzado. Como hemos discutido en la clase, los dueños de un restaurante pueden decorar sus restaurantes en una manera que crea una imagen exótica que atrae los consumidores. Creo que, en algunos contextos, este tipo de autenticidad produce una idea falsa sobre una cultura para los consumidores, algo demasiado turístico y poco realista que no representa las tradiciones ni los valores de la gente de una cultura.

Las escenas de la naturaleza de El Salvador por las paredes del restaurante.

Sin embargo, La Flor Blanca merece el título de un restaurante “auténtico”. Lo que constituye una comida auténtica siempre desarrolla y cambia con el tiempo y el lugar. Las imágenes de El Salvador sirven para inspirar recuerdos de su tierra y la belleza de su hogar. Además, recuerdo haber visto la frase “La Flor Blanca: Orgullo de El Salvador” escrito en la pared. En vez de atraer los consumidores a una experiencia exótica, me parece que los dueños del restaurante solamente desean que los clientes se sientan como están en El Salvador y que compartan su amor fuerte para su propia cultura.

El menú ofrece muchísimas especiales de arroz, desayunos, bebidas y obviamente pupusas. Mi amigo y yo pedimos dos pupusas revueltas, la carne asada, el arroz con pollo, y los plátanos fritos para tener la oportunidad de probar muchos platos. Empezamos con las pupusas que eran calientes y muy bien hecho. El exterior de la pupusa era dorado y mantecoso, mientras en el interior había un equilibrio perfecto entre los frijoles, el queso y el cerdo así que entre cada bocado estaba esperando a la siguiente.

Cada mesa también tenía dos jarros de curtido y la salsa roja. Curtido es una mezcla de verduras con col y cebollas que se come con las pupusas. Para decir la verdad, a mí, no me gustó la salsa roja tanta que me gustó el curtido. Creo que estoy acostumbrado a las salsas más gruesas entonces la salsa roja me parecía demasiada aguada encima de mi pupusa, pero quizás con más exposición me la gustará.

A plate of food and a cup of coffee

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La pupusa, fresco de la parilla, con el curtido y la salsa roja.

Con respeto a los otros platos, mi amigo y yo saboreamos cada bocado. La carne asada vino con lechuga, tomates, un limón, frijoles molidos, y arroz blanco que completó el plato muy bien. El bistec era bien cocido y salado, pero un poquito masticado. Sin embargo, era bien condimentado y sabroso. Los frijoles eran similares al interior de la pupusa, pero los sabores se adaptan bien con el arroz. En general, el plato era apetecible visualmente con los colores vibrantes de las verduras y el arreglo de los alimentos en el plato.

A plate of food

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La carne asada
A plate of food

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El arroz con pollo que consistió en una mezcla uniforme de arroz, varias verduras y pollo.
A white plate topped with different types of food

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Los plátanos fritos

Terminamos con los plátanos fritos. Los plátanos estaban muy maduros, entonces estaban blandos, dulces y fáciles de comer. Fue un buen cambio del perfil de sabor en comparación con los sabores salados del antes con la carne asada y las pupusas. Teníamos la opción de comerlos con la crema y los frijoles, pero decidimos de comerlos solos porque ya comimos muchos frijoles y yo quería probar los plátanos sin ningunos condimentos, pero sé que se come los plátanos fritos con frijoles y crema en El Salvador.

Si adoptamos la definición de la comida buena que introduce Ken Albala, es justo decir que la comida de La Flor Blanca es buena. Albala dice que la comida buena es hecha con integridad, ingredientes frescos y con técnicas tradicionales. Vi como se hacen las pupusas frescas y a mano en la cocina y aunque no sé por seguro, los ingredientes no parecían conservados por ninguna parte.

A mí, no me importa si los ingredientes o las recetas de estos platos cambian poco a poco con el tiempo, con tal de que que los chefs tengan la intención de hacer buena comida con cada pedido. ¡Tuve una experiencia maravillosa en La Flor Blanca y volveré a probar más pupusas en el porvenir!

¡Mi festín!