Lo que importa es el sabor por Luis

Lo auténtico en el mundo culinario es lo más deseado, todos queremos probar lo que es difícil de encontrar. Es decir, si alguien va a un restaurante que dice ser auténtico, esa persona probablemente se va a sentir especial por haber probado algo que no es común. Muchos restaurantes en Los Ángeles dicen que su comida es auténtica, como los restaurantes mexicanos. Para averiguar sobre esta afirmación de autenticidad, visité El Cholo y Cielito Lindo, dos restaurantes mexicanos que han estado en Los Ángeles por bastantes años. Pero quisiera establecer lo que aprendí de mi experiencia antes de profundizar más en detalles. Lo que realmente importa cuando uno visita un restaurante es que la comida sea rica y que uno salga satisfecho. No importa si se hace llamar auténtico  o no. Lo más importante es que uno termine contento y satisfecho. Ahora les explicaré la razón por la cual uno no debería tanto preocuparse al respecto. 

Empecé mi aventura de comida auténtica con Cielito Lindo que queda en la calle histórica Olvera. El cartel de la taquería captó mi atención porque decía “World famous taquitos established in 1934”. Con la promesa de ser famosos y teniendo tantos años en Los Ángeles, me puse contento pensando que iba a probar un taco que probablemente no iba a  encontrar en ningún otro lugar. Ordené tres taquitos que venían con la “famosa” salsa de aguacate. Fue una experiencia interesante porque ellos prepararon los tacos delante de mí, podía ver cómo hacían toda la preparación. Eso le añadía más valor a mi experiencia y al concepto de lo que yo consideraba un lugar “auténtico”, también porque podía oler las tortillas siendo hechas al momento.  Cuando recibí mis tacos, ya no podía esperar más, le di una mordida enseguida que encontré un lugar donde sentarme. Los tacos estaban empapados con la salsa verde de aguacate y en la primera mordida lo único que realmente probé fue el pollo. Me dí cuenta en lo que comía estos tacos que el sabor de la salsa de aguacate no sobresalía mucho y lo único que realmente se sentía era la tortilla con el pollo. No se me hizo nada del otro mundo, estos tacos no cambiaron mi vida, me parecieron básicos. 

Mi próxima visita fue ir a DTLA donde quedaba El Cholo. Este restaurante tiene una presencia muy elegante, parecía que estaba entrando al pasado cuando entré en el restaurante. Parecía tener todos los colores tradicionales de México como verde, amarillo, y rojo. Este restaurante es más formal en comparación a Cielito Lindo, me acompañó una mesera hasta mi mesa. En lo que me dirigí a mi mesa, vi varias fotos de personas famosas con autógrafos, lo cual le daba más sentido al hecho de que este lugar haya estado en Los Ángeles por varios años y sea tan popular. También me gustó ver que habían fotos de jugadores de USC y no así de UCLA. Cuando me senté, vi que la mesera estaba vestida en ropa tradicional de México, obviamente para hacerme sentir que estaba en un restaurante auténtico. Después de ver el menú, tomé nota de que algunos de los platos decían la fecha de cuando estuvieron añadidos. Antes de ordenar, tuve una conversación con la mesera que se llamaba Maira. Hablamos de la historia del restaurante y ella me contó que los que crearon el restaurante en 1923 venían de Sonora y establecieron su primer restaurante en Korea Town. El de DTLA era uno de los más reciente añadidos. Ella me recomendó probar los taquitos porque estaban preparados en el estilo de Sonora con salsa auténtica y como no tenía tanta hambre pedí eso mismo. Pensé de la comida tradicional que mi papá me había enseñado a comer cuando me llevó a la CDMX y me di cuenta que mucho de lo que estaba en el menú eran más que nada antojitos, no lo que usualmente se come día a día. Esto me hizo pensar del artículo “Food Nations” por Sylvia Ferrero, donde se menciona “the food that you generally find that Mexican restaurants in many areas of Los Angeles, as a matter of fact, is not the food that we usually eat at home”, ó sea la comida que uno encuentra en lugares como El Cholo, no es la misma comida que las familias mexicanas comen en su casa cada día.

Cuando llegó la comida, tenía una presencia muy bonita, pero cuando lo probé se me hizo casi lo mismo que El Cielito Lindo. No tenía mucho sabor dentro del taco además de la salsa que estaba afuera. También se me hizo simpático que la música que escuchaba en el restaurante era caribeña con artistas como Celia Cruz. 

Aprendí que los dos restaurantes que supuestamente son auténticos se presentan como lugares mexicanos para alguien que nunca ha ido a Mexico, es decir lo muy estereotípico. Ambos restaurantes tratan de parecer como si fueran de un Mexico del pasado para atraer turistas. Después de hablar con Maira, ella me contó que los que van a El Cholo son muchos de gente que vienen de eventos que pasan en el Staples Center. Yo mismo vi mucha gente Anglo/blanca y el idioma que escuchaba era inglés. Esto me recordó del artículo de Ferrero otra palabra vez porque ella menciona “restaurants play to a sort of flattering image that customers might like to have of themselves as liberal connoisseurs open to ethnic diversity and culinary adventure”. Se me hacía que estos restaurantes se hacen ver como algo muy mexicano para vender la imagen que quieren ver los anglos. 

Dentro del Cholo

Yo personalmente no creo que existe comida auténtica y tampoco creo que esta comida fue blanqueada, lo que pienso es que se ha modificado sobre los años con nuevos platos para hacerse más interesante a los americanos. Esta comida es auténtica a lo que es comida mexicana de California y ellos no tratan de esconder eso. Como dicen en The SAGE Encyclopedia of Food Issues por Sarah Portnoy, “there is no single authentic cuisine. Instead, globalization and migration serve to create new regional and international cooking styles.” 

Esto comparado al mercado que visite en Boyle Heights, tiene diferencias notables, como que la gente del mercado y su público hablaban español. Había más variedad de comida y ingredientes que uno puede encontrar en Mexico. Pero esto no significa que por tener más variedad, el mercado es más auténtico. La gentefrication de Boyle Heights no creo que arruine la autenticidad de Boyle Heights. Todavía van a ver lugares con raíces mexicanas como Milpa Grille, que tratan de preservar la historia. El dueño de Weird Wave Coffee parecía estar perdido en relación a la razón porque muchos del vecindario no lo querían ahí, pero no pienso que es un problema que su establecimiento esté ahí. Yo pienso que el tiempo va decidir si su lugar se va quedar ahí, si nadie va ahí el va a tener que irse por razones financieras. 

El Mercado

En fin, la razón porque no importa que un restaurante tenga etiqueta de auténtica es porque lo que importa al fin del día es que te guste a usted. Y la palabra auténtica es muy problemática porque muchos lugares técnicamente no son auténticos con los ingredientes del tiempo que pretenden ser. Para redactar, come donde te guste y no te preocupes de lo demás. 

El Sabor Yucateco en un Mercadito de Los Ángeles por Luis

En el camino corto de USC al Mercado La Paloma, ví un mural que quedaba atrás del mercado que me impresionó bastante. Tenía colores claros como el azul del cielo, el mural tenía pintado varías gente en un mercado trabajando, comiendo y viviendo en armonía. Cuando llegué al estacionamiento con mi compañero de clase Brian Kronenberg en su carro, me sentía como si hubiera encontrado un lugar oculto entre todos los árboles que estaban alrededor. Habíamos llegado al mercado para probar la comida famosa de Chichén Itzá. Me interesaba este restaurante porque había escuchado que era comida de Yucatán. Ya que me gusta tanto la comida mexicana, me imaginé que probando esta comida proveniente de una región del país en particular,  sería una experiencia interesante y educativo. 

El mural detrás del mercado

Cuando caminé dentro del mercado, me dí cuenta que había un ambiente muy relajado con varias familias latinas hablando en español. También había gente Anglo-Americanas, pero la mayoría eran latinos. Me dio gusto porque me recordó a Miami, donde uno puede sentir que no está en los Estados Unidos por un ratico. 

La entrada al mercado

La primera cosa que vi al entrar fué artesanía mexicana muy bella de Michoacán. El interior del mercado tenía colores alegres pintado en las paredes como amarillo, naranja, azul, y verde. La música del mercado era tranquila y alegre, no parecía ser de un país en específico, sino más bien de varios países latinoamericanos. Los restaurantes dentro del mercado eran mayormente latinos (como de Oaxaca y El Salvador) pero también había variedad de comida de países como Etiopía y Tailandia. Habían cuadros exhibidos por todas las paredes, que era parte de un proyecto de UCLA, que mostraba a varias gente de diferentes raíces étnicas. Los cuadros representaban la diversidad que yo veía de los restaurantes, con inmigrantes de diferentes partes del mundo mostrando sus platos regionales a las personas de Los Ángeles. 

Los cuadros

La artesanía

Cuando llegué a Chichén Itzá, vi que el menú tenía una gran variedad de platos para escoger. Hablé con Brian y decidimos entre los dos que íbamos a ordenar tortas de dos diferente sabores para intercambiar la segunda mitad del sándwich y probar más de un plato. Brian ordenó la torta de pollo asado y yo ordené la torta de cochinita pibil. El precio final fué aceptable, ($11.99), no muy caro pero no muy barato tampoco. 

Escogí la torta de cochinita pibil porque había leído de su preparación en el libro Food, Health and Culture in Latino Los Angeles por Sarah Portnoy. El libro describe que el puerco se cocina lo más despacito posible y se sazona por 24 horas para poder obtener un sabor auténtico. Pibil en Maya significa “cocinado debajo la tierra”. El restaurante prefiere hacerlo así para mantener los platos tradicionales del Yucatán, para que cuando uno salga de ahí se sienta como si hubiera comido en  Yucatán. Es realmente algo muy increíble que uno pueda probar comida de Yucatán en los Estados Unidos sin tener que irse lejos. La comida de Chichén Itzá se le hizo tan buena a Jonathan Gold, crítico gastronómico y ganador del Pulitzer, que se compró un ticket de avión para ir a Yucatán. Recordando esta anécdota, se me aguaba la boca esperando por mi comida.

Vista al restaurante
Mejor vista del menú

Cuando llegó la comida, mi plato tenía la torta partida a la mitad, incluyendo chips con ensalada de papas. Primero intercambié la mitad de mi torta con una de Brian y probamos la torta de pollo asado primero. La torta de pollo asado se veía exquisita, se podía ver que tenía aguacate con cebolla bien sazonada. La torta se sentía caliente en mis manos y cuando le di la mordida inicial, se sentía como si hubiera probado un aguacate fresco recién  arrancado de un árbol. El sabor del mismo complementaba al pollo muy bien. Sentí que no había mucha cebolla en la torta y que era la perfecta cantidad para poder probar todos los sabores de la torta. Después de haber terminado la torta de pollo asado me quedé deseando más.

Torta de pollo asado

La torta de cochinita pibil que había ordenado originalmente era lo próximo. El pan francés de la torta tenía un aroma que pedía por sí mismo ser consumido. El aroma más fuerte de la torta venía del puerco, me di cuenta que esta torta tenía más cebolla que la de pollo asado. La primera mordida a la torta fue súper jugosa, los sabores del puerco se deleitaban en mi boca. Me recordó bastante a la comida cubana, en Miami estoy acostumbrado a comer puerco sazonado con cebolla y pan cubano. Esto hizo la experiencia mejor porque trajo buenos recuerdos. Quise darle un sabor más picante y ví que el restaurante tenía su propia salsa habanera.  Entonces le agregué bastante salsa habanera dentro de la torta para poder probarla bien. En mi opinión, ésta fue la mejor decisión que pude haber hecho. Estuvo más picante pero le añadió mucho más sabor y lo mejoró.

La torta de cochinita pibil

La salsa habanera

Después de haber terminado, Brian y yo nos quedamos bien satisfechos. Hablé un poco con una de las meseras y me contó que cuando empezó el restaurante, la clientela era casi exclusivamente latina (especialmente yucateca) pero ahora se ve más diversidad. Se ha popularizado sobre los años gracias a gente como los estudiantes de USC que regresan con amigos. Me acordé que en el libro por Portnoy decía que la comida yucateca tenía influencia libanesa, española, y maya.

Un selfie dentro del mercado

El mercado está localizado en un vecindario de Los Ángeles de bajos recursos y ha sufrido históricamente de falta de inversión, pero tiene una comunidad muy rica en cultura y arte. El mercado era una fábrica textil que se convirtió en un mercado para darle a la gente de la comunidad una oportunidad para crear negocios. Así es como Chichén Itzá se pudo crear, con una familia compuesta por  un padre e hijo. Gracias a la creación del mercado, la gente de la ciudad de Los Ángeles han podido conocer que la comida mexicana es diversa y no solamente se caracteriza por margaritas y tacos. Negocios como Chichén Itzá dan orgullo de ser yucateco/mexicano.