Un atardecer con Ruth y Marcí: una exploración de los vendedores ambulantes en Los Ángeles durante la pandemia

No se puede pensar en la ciudad de Los Ángeles sin pensar en los vendedores ambulantes.  Forman parte del tejido social pero también económica.  En esta ciudad hay “an estimated fifty thousand street vendors, ten thousand of whom sell food products” y la mayoría de estos vendedores son inmigrantes o inmigrantes sin documentos (Rosales [8]).  Aunque la historia de los vendedores ambulantes es parte de la historia de Los Ángeles, ha sido muchos esfuerzos para prohibir y controlar su trabajo.  Abajo la disfraz de política y salud pública, el gobierno local ha conducido “strict antivending ordinances and…crackdowns” que son “a perpetual risk to vendors, whose livelihoods and public presence are continuously contested” (Rosales [9]).  Muchos de estos vendedores se mudaron a los EEUU para huir una situación peligrosa o obtener más oportunidades económicas, pero también han sacrificado parte de su libertad. Por eso, el concepto del “ethnic cage” representa la naturaleza dual en la experiencia de ser vendedor ambulante. 

Mientras proveen una variedad de productos de quesadillas a frutas y ropa, los vendedores ambulantes de Los Ángeles son su propia comunidad porque enfrentan desafíos similares.  Por ejemplo, no incluyendo los precios de equipo, “permits…cost staggering amounts for a street vendor making $10,000 a year: Annual city permits are priced at $291 ($541 after July 1), while county permits cost $772 yearly. Vendors must also pay $746 for a one-time cart inspection. Licensing permits for California physicians cost $820 every two years, by contrast, in a profession with median salaries of more than $200,000.” (Villafana and Ross).  Los precios de las licencias para ser un vendedor ambulante son una barrera calculada para mantenerlos como parte de la económica informal. 

Para mi exploración de los vendedores ambulantes en LA, fui a la esquina de Pico y San Vicente.  Era un tarde bien lindo y al atardecer hablé con dos mujeres, Marcí y Ruth, quien operan una frutera.  Pregunté a Ruth sobre experiencia con este trabajo. Ella me dijo que trabaja en el aeropuerto pero cuando empezó la pandemia, perdió su posición y por eso vende frutas frescas, y algunas veces flores también, con Marcí.  Supongo que esta experiencia que tuvo Ruth es común porque “la venta callejera ofrece muchos alicientes para las ciudades que reinician tras los cierres por el Covid-19” incluso la manera en que “puede configurarse de modo a que aliente la distancia social de manera más fácil que los espacios interiores de centros comerciales llenos de gente (Short). Pero todavía no estoy segura si Ruth prefería tener su trabajo anterior en el aeropuerto. 

Sin embargo, ellas ahora están en esta esquina y sirven frutas bien frescas y deliciosas.  Pide una porción pequeña, pero en realidad era muy grande.  Ellas me dieron una mezcla de cada fruta que tenían: mango, pepino, sandía, piña, coco, melón, naranja, etc. y me las dieron con limón, Tajín, y una salsa casi ambos dulce y picante.  Para hablar con ellas y para comer fruta fresca en el sol era una experiencia bien linda.  Como una vegana, las fruteras me provee una buena opción para apoyar los vendedores ambulantes. Cuando ves el paraguas de arcoíris en el calle, sabes que vas a comer fruta deliciosa. 

¿Quién puede cosechar lo que siembra? por Lilah

Las realidades de la inseguridad alimentaria que mucha gente experimenta alrededor el mundo, pero especificamente en los EEUU y en nuestras ciudades como Los Ángeles, están atadas fuertamente con el racismo estructural.  Como explica Ana Galvis, “El racismo no es simplemente actitudes prejuiciosas o actos individuales, sino representa un legado histórico que privilegia a un grupo de personas por sobre otros.” En otras palabras, las maneras en que hemos institucionalizado el racismo por las generaciones como el fundamento de nuestro país tiene impacto en cada parte de las vidas de ambos individuos y colectivos.  Por eso, todos de nuestros sistemas, incluyendo el sistema de agricultura y distribución alimentaria, reflejan el racismo estructural.  Hoy en día, con la pandemia, muchas personas están dandose cuenta que no se pueden ignorar ambos el racismo y las desigualdades de nuestra sociedad.  Por ejemplo, las diferencias entre las que pueden trabajar de casa y las que no pueden.  En Los Ángeles, “los residentes negros y latinos laboran desproporcionadamente en empleos en los que deben abandonar su hogar para recibir un pago, ya que son trabajadores esenciales de primera línea”(Lin). 

 Es importante entender la inseguruidad alimentaria no significa que hay una falta de cultivos.  De hecho, es el opuesto, especialmente en California.  Por ejemplo, como destaca María Jose Gonzalez, quien vive en la región Salinas de California que produce  “ ‘61% of leaf lettuce, 57% of celery, 56% of head lettuce, 48% of broccoli, and 28% of strawberries grown in the United States (CHANG, 2016),’” en 2014, 34% de la misma región no tenían demasiado recursos para alimentar sus familias.  La ironía continúa con esta estadística: “66% of farmworkers have low or very low food security” (Gonzalez). También es importante darse cuenta quienes son estos granjeros: generalmente son inmigrantes latinxs.  En las palabras de Gonzalez, “We are literally at the point where those who harvest the food to feed our nation often cannot even afford that food themselves.” La realidad de inseguridad, pero también el racismo, está evidente en este ejemplo que nos da Gonzalez. 

            Hoy en día, los problemas son más complejos. ¿Cómo impactó la pandemia global de Coronavirus a esto sistema alimentaria débil que no sirve a todas? Una estadística del Banco de Alimentos Regional de Los Ángeles ofrece conocimiento dentro el influjo de inseguridad alimentaria durante la pandemia: “Al comienzo de la pandemia vimos un aumento del 70 % en la distribución de alimentos en comparación con el período prepandémico. Ahora, observamos un crecimiento del 145 %, por lo que hemos visto una subida muy importante entre el inicio y ahora” (Barros).  Con la mayoría de trabajadores esenciales ser minoridades, son los grupos más afectados y vulnerables.  Por eso, hay un influjo de importancia del trabajo de fundaciones como bancos alimentarios, por ejemplo, con el World Food Bank que creó chef José Andrés.

            Aquí en Los Ángeles, tengo experiencia como voluntario de la fundación FEAST (Food, Education, Access, Support, Together).  FEAST recibe todos los restos de productos que vienen del mercado de agricultores en Santa Mónica, los organiza en paquetes, y los distribuye a casas/familias alrededor la ciudad que están experimentado la inseguridad alimentaria. También, pienso en los restaurantes de Everytable.  Everytable provee platos hechos y frescos con un modelo de negocios que atender el ingreso de las familias en el barrio.  Por eso, el Everytable que está basado acá cerca de USC tiene platos más baratos que la localización que está en el oeste de la ciudad.  Por ambos FEAST y Everytable, he visto las maneras en que los miembros de una comunidad pueden llenar los espacios de apoyo que el estado no provee, especialmente durante las circunstancias de una pandemia global. 

El interior del Everytable cerca de USC.

Fuentes

Barros, Laura, and Alex Segura Lozano. “Millones En EEUU Abocados a La Caridad Para Llenar Su Despensa En La Pandemia.” La Vanguardia, La Vanguardia, 2 Dec. 2020, http://www.lavanguardia.com/vida/20201202/49852986513/millones-en-eeuu-abocados-a-la-caridad-para-llenar-su-despensa-en-la-pandemia.html.

Galvis, Ana. “Desmantelando El Racismo Del Sistema Alimentario.” Food First, foodfirst.org/desmantelando-el-racismo-del-sistema-alimentario/.

Gonzalez , Maria Jose. Food Insecurity in the Salad Bowl of the Nation? 14 Oct. 2020, latinolosangelesblog.wordpress.com/2020/10/14/food-insecurity-in-the-salad-bowl-of-the-nation/.

Lin, Rong-Gong. “Los Residentes Latinos y Negros De California Se Ven Más Afectados Por El Coronavirus.” Los Angeles Times, Los Angeles Times, 29 June 2020, http://www.latimes.com/espanol/california/articulo/2020-06-28/los-residentes-latinos-y-negros-de-california-se-ven-mas-afectados-por-el-coronavirus.

Comida Como Kogi: Una exploración de la fusión, la globalización, y la gentrificación en Los Ángeles

Por Lilah Mehri

En una ciudad como nuestra, Los Ángeles, todo está bajo la influencia de la globalización.  Tenemos una gran mezcla de culturas por causa de la inmigración y mientras grupos étnicos trajeron y mantienen sus propias tradiciones, hay un influjo de nuevas identidades que han formado como resultado de este encuentro cultural.  La globalización es una realidad de la modernización y la alimentación es un aspecto central de ambos.  Con la concepción del Internet y también con muchas generaciones de migración global, espacios modernos como las ciudades se convierten en microcosmos para lo que viene de este proceso.  Pero uno no puede explorar la globalización ni la modernización sin afrontar la realidad de la gentrificación también y como influye una identidad alimentaria.  Como la globalización, la gentrificación es un proceso.  Como explica autora Esther Peñas en su artículo, “La gourmetización de las ciudades,” es un proceso que “se produce una previa desinversión y deterioro económico seguido de una revitalización y modernización de la zona.”  En otras palabras, la gentrificación es conectada intrínsecamente con la comida y también con la economía.  No se puede separar la cultura y la economía aunque los sentimientos de la xenofobia tratan de crear esa separación. Hay una diferencia entre apreciar una cultura y la gente propia de esa cultura que todavía no es entendida completamente.    

Pero dentro una economía y cultura que siempre están transformando, como las de Los Ángeles, las nuevas identidades de la globalización y cómo relaciona a la gentrificación tienen que ser entendidas por la comida. La comida fusión puede proveer un lente para explorar esa idea. Si la “gentrification fundamentally revolves around who gets to – or has to – live in particular places,” mi pregunta central es, ¿hay espacio para la fusión dentro la narrativa de la gentrificación (Sbicca et. al.)?  ¿Hay espacio para la innovación aunque siempre hay gente que quiere capitalizar sobre una idea o algo tan personal como la comida? La realidad es que los restaurantes pueden señalar un lugar como beneficioso para los inversores por un concepto de “cultural capital” pero eso no necesariamente tiene que afectar la autenticidad de alguien que quiere crear una experiencia de fusión (Sbicca et. al.).  El programa de Netflix Gentified explora esa idea por el personaje de Chris quien quiere innovar las recetas de los tacos en su restaurante familiar.  Él experimenta dudas de las otras pero todavía quiere probar algo nuevo.  

Fotos ℅ Gentified, Netflix. 

La fusión es resultado directo de la globalización y esta mezcla de culturas en un lugar urbano como LA.  Quiero usar el restaurante bien angelino, Kogi, como un foco de atención para esa exploración. Roy Choi, el chef que creó Kogi, discuta cómo funciona la fusión para Kogi porque combina dos cocinas bien prominentes en Los Ángeles: la mexicana y la coreana.  Mientras Kogi tiene algunas loncheras por la ciudad, voy a probar algunos tacos vegetarianos de su taquería en las Palmas.  Estoy esperando algo delicioso, pero más que eso, algo innovador que empodera a ambos la cocina mexicana y la cocina coreana.  

Foto ℅ Ugly Delicious, Netflix.  

Mi análisis de los tacos de tofu y la quesadilla de kimchi de Kogi: 

Un restaurante como Kogi solamente puede existir en un lugar como Los Ángeles por causa de la geografía pero también por causa de la existencia de innovación y un deseo para entender todas las culturas que funcionan acá.   Kogi representa la influencia coreana y la influencia mexicana en LA pero de otro nivel representa la manera en que nuevas identidades existen y son formados en un espacio como acá.  Lo que noté inmediatamente cuando tomé mi primer bocado del taco de tofu era el sabor poderoso del maíz en la tortilla.  Eran tres bocados del cielo. La quesadilla de kimchi, que yo creo que es un producto perfecto de la fusión que ha formado por la globalización, era una de las cosas más deliciosas que he comido.  El sabor casi ácido de la fermentación en el kimchi en combinación con la especie de la salsa era increíble.  Y mientras no como queso regularmente, este plato absolutamente valió la pena.  Mi amiga probó un taco de calamari y dice que era una experiencia interesante porque la calamari no estaba frita, pero las salsas y cebolla que incluye el taco era la parte mejor.  

En conclusión, hay un aspecto físico que requiere ambos la gentrificación y la globalización.  Quizás la fusión, que hoy en día es un componente orgánico e intrínseco de la identidad urbana, puede trascender los dos conceptos, como veía en la comida de Kogi.  Lo que hace un restaurante fusión nos ofrece un lente único dentro este proceso de mezcla que viene orgánicamente con la globalización y también dentro las nuevas identidades que han sido creados en un espacio como Los Ángeles.  Tal vez la fusión puede servir como el puente entre culturas, pero más que eso, puede representar a la gente que siempre quieren mantener su relación con su cultura / comida mientras también empoderar a la gente que quieren innovar dentro del contexto de la globalización.  

Fuentes

Peñas, Esther. “La ‘Gourmetización’ De Las Ciudades.” Ethic, 11 Feb. 2019, ethic.es/2019/02/gentrificacion-alimentaria-gourmetizacion-ciudades/#:~:text=Es%20decir%2C%20la%20gentrificaci%C3%B3n%20alimentaria,la%20salud%20de%20muchos%20ciudadanos. 

Sbicca , Joshua, et al. In Changing Urban Neighborhoods, New Food Offerings Can Set the Table for Gentrification. 5 Jan. 2021, theconversation.com/in-changing-urban-neighborhoods-new-food-offerings-can-set-the-table-for-gentrification-131538.

¡Que ricas las pupusas! Una exploración de autenticidad y identidad por Lilah Mehri

He vivido en dos lugares que son discutibles como las ciudades más internacionales en los Estados Unidos: Washington DC y Los Ángeles. Crecer en nuestra capital fue una experiencia intrínsecamente multicultural, y mi propia casa no fue una excepción. Mi madre es de Carolina del Sur y mientras se mudó de allí cuando ella tenía dieciocho años, la mantequilla, el quimbombó frito, y la col berza goteando en la grasa todavía corren en nuestras venas.  Mi padre, al otro lado, es Iraní. Sus padres vinieron a los EE UU hace muchas décadas de Irán. Mientras él y sus hermanos son bien americanizados, los sabores de zumaque y abesón, pistacho y granada, también todavía existen en nuestras dietas.  Mi madre nunca ha disfrutado mucho de cocinar pero la mujer que crió a mi hermano y yo al lado de mi madre, una mujer hondureña, María, es una cocinera increíble y apasionada. María ha introducido un montón de platos en mi vida de su cultura hondureña pero también de otros países de la región centroamericana. Por ejemplo, con María he cocinado tostones, plátanos dulces, tamales, pupusas, y mucho más. Un recuerdo bien distinto con María es cuando estábamos en su pueblo en Honduras, Sartenejas, para la boda de su hija Lilian.  Para alimentar a todos los invitados, María y su familia sacrificaron un toro un día antes de la celebración.  Prepararon cada parte de ese toro para alimentar a toda la gente. Ella también tiene una plantación en su país natal para cultivar café, y tenía la oportunidad de visitarla con ella.  Ahora, tengo una influencia culinaria nueva en mi vida: mi madrastra nepalí.  Ella, como María, es una cocinera talentosa. Con su conocimiento vasto de especias y hierbas, siempre hay una creación exquisita para la cena. 

Por causa de tener esta gran mezcla de influencias culinarias en ambos mi casa y ciudad, siempre he sido una comensal y cocinera aventurera.  Por causa de mi espiritualidad soy vegetariana, pero eso no limita a mi deseo para siempre explorar nuevos platos.  Hoy en día, por causa de la globalización, es difícil descifrar lo que es original de lo que es auténtico.  Pero, quiero proponer la pregunta, ¿es necesario descifrar lo que es auténtico? La cultura y la comida siempre se están transformando, siempre están en flujo con nuevas influencias y también interpretaciones de lo tradicional. Por eso, un lugar como Los Ángeles sirve como la síntesis de este proceso y uno tiene que explorarla con la mente abierta y el conocimiento de que “authenticity is not a quality inherent to food: it is one that is socially and personally constructed” (Portnoy).  Con este sentimiento en mente, y la conciencia de mi propia mirada blanca, quiero explorar más el concepto del sabor.  En su capítulo, “But is it Authentic?” Lisa Heldke destaca el riesgo que algunas personas sienten cuando están probando un plato o sabor nuevo de otra cultura. Heldke discute el poder que obtienen los sabores para influenciar nuestras identidades, y cuando tenemos miedo sobre probar un sabor, es por causa de nuestras inseguridades sobre la identidad (Heldke).  Pero creo que los sabores no tienen que ser una amenaza, pueden ser una manera en que expandimos nuestra conciencia.

Para honrar esta expansión en mi propia experiencia por causa de tener personas como María en mi vida, voy a probar una pupuseria local, La Flor Blanca. La pupusa es el plato nacional de Honduras y El Salvador y por eso, uno puede considerarla como un plato bien auténtico. Mientras este restaurante es específicamente Salvadoreño, todavía es un restaurante angelino. En su sitio web asegura que es “lo mejor de comida salvadoreña en todo Los Ángeles.” Un toldo azul que da la bienvenida, asientos como una cafetería clásica que también tiene ese azul salvadoreño, y un mural del paisaje; el exterior y interior del restaurante pequeño situado en la plaza comercial cruzando la calle de mi casa es tan vibrante y tan azul como la bandera salvadoreña. Para compartir con mis compañeros de hogar, pide tres tipos de pupusas: con frijol, con queso y frijol, y con queso y calabaza.  Como estaba anticipando, las pupusas fueron gruesas pero no pesadas, con un centro ambos satisfactorio pero que no domina la experiencia. Pude notar el sabor de la masa de maíz en la capa exterior y la combinación del calor y grasa para hacerlo bien crujiente.  Estas pupusas estaban deliciosas, con mucho queso y rellenos jugosos que se escapaban los bordes de la masa en cada bocada. Era muy interesante comparar los sabores en los tres tipos; la de frijol era congruente, la de frijol y queso era la más satisfactoria, y la de calabaza y queso nos ofreció una combinación inesperada. Era evidente que las tres hermanas de mesoamérica existían en una pupusa. Mi parte favorita de mi experiencia en La Flor Blanca fue como los condimentos, la ensalada de repollo y las salsas, vinieron en bolsos en lugar de un contenedor.  Nunca he comido pupusas así y estoy segura de que regresaré a La Flor Blanca para comer más. 

El exterior vibrante de La Flor Blanca. Foto ℅ The Daily Trojan.  

Fuentes 

Heldke , Lisa. “But Is It Authentic? Culinary Travel and the Search for the ‘Genuine Article.’” The Taste Culture Reader: Experiencing Food and Drink, edited by Carolyn Korsmeyer, Bloomsbury Academic, an Imprint of Bloomsbury Publishing PIc, 2017, pp. 385–394. 

Portnoy, Sarah. Good Food and the Problematic Search for Authenticity. 6 Nov. 2017, http://www.kcet.org/shows/the-migrant-kitchen/good-food-and-the-problematic-search-for-authenticity.