¿Qué forman las fronteras de los desiertos alimentarios? Y últimos pensamientos de la mejor clase (Últ. blog, por Josh)

¿Dónde está Trader Joe’s?

Es el 2019. Puedes buscarlo tú mism—bien, bien, lo buscaré por Google por ti. Aquí:

Una búsqueda en Google Maps para «Trader Joe’s»

¡Voila! C’est une réponse facile. Solía vivir arriba de mi comerciante favorito, Joe, cuando vivía en el Pueblo de la Universidad de Niños Mimados cuando estaba en segundo año. Recomiendo fritas de col rizada. Es muy fácil; sólo tienes que hornearlo a 350 grados Fahrenheit por 15 minutos, con un pequeño chirimiri de aceite de oliva:

https://www.youtube.com/watch?v=IF3ehloj2Q8

¡Ah! Quieres más discusión. No hay problema, veamos—si miras la captura de pantalla anterior, del mapa de las ubicaciones de Joe en Los Ángeles, con más atención, notarás algo: hay una gran brecha de mis amigos Joes en el centro del mapa. Hmm, me pregunto si hay algún significado en esto… ¡guay! Lindos puntos de colores:

Cable, Dustin. “Racial Dot Map In LA Highlights Segregation By Neighborhood.” HuffPost, Weldon Cooper Service for Public Service at the University of Virginia, https://www.huffpost.com/entry/racial-dot-map-la_n_3819252

Los puntos azules representan poblaciones blancas; los rojos asiáticos; los verdes negros y los amarillos hispanos. Puedes ver que las ubicaciones de Comerciante Joe’s están agrupados en áreas con muchos puntos azules y rojos; es decir, en comunidades con mucha gente blanca y asiática, con la excepción de mi compañero de clase Joe en USC. Las localizaciones de Trader Joe’s insinúan una idea: que hay una segregación sistemática de la accesibilidad de opciones de alimentación sana. Sin embargo, ¿qué forman las fronteras de estos «desiertos de comida»? ¿Puede la raza explicar la imagen completa? Es difícil decir, porque sabemos que la raza se correlaciona con muchos otros factores, como educación e ingreso de familia. Por ejemplo, si miras un mapa del ingreso familiar promedio por cada área de código postal en Los Ángeles, quizás te des cuenta de que hay un patrón geográfico similar:

Glimpse, Warren. “Median Household Income by ZIP Code Area; Los Angeles Area.” ProximityOne, https://proximityone.wordpress.com/tag/zip-code-income/

Por esa razón, es difícil decir si los desiertos son un producto de racismo sistémico, o de discriminación por la clase socioeconómica, educación o riqueza. Probablemente, todos estos factores estén entrelazados, y no se pueda separar unos de otros. Y por supuesto, mi amigo Joe no es la definición de comida saludable. Aún hoy, hay mucha controversia sobre lo que constituye una dieta sana, y qué factores predicen mejor la salud, por ejemplo: ¿cuál es peor: grasa o azúcar? ¿Son la sal y el colesterol realmente malos? ¿Deberías hacer más ejercicio, o sentarse menos? ¿Son frutas realmente sanas, con toda su azúcar? La lista de preguntas sigue y sigue. En cambio, la mayoría puede estar de acuerdo que alimentos naturales y enteros son más saludables que comidas procesadas, y eso es un problema en áreas con muchas tiendas de conveniencia y licores y menos supermercados:

Not surprisingly, the community members reported that supermarkets had the highest quality and most affordable healthy options, and convenience and liquor stores had the fewest options, with available healthy options at higher prices. For example, 85% of the convenience or liquor stores that were surveyed sold Flamin’ Hot Cheetos and 89% sold Pepsi, but only 32% sold carrots and 17% broccoli.

Portnoy, Sarah. Food, Health, and Culture in Latino Los Angeles, Rowman & Littlefield Publishers, 2016. ProQuest Ebook Central, http://ebookcentral.proquest.com/lib/socal/detail.action?docID=4756736.

De hecho, muchos habitantes del Sur de L.A. viven en estos «desiertos alimentarios»:

It is for these reasons that South L.A. is considered “the very definition of a food desert.” In fact, photos of South L.A. are among the first images that appear when doing a Google search of food deserts.

Portnoy, Sarah. Food, Health, and Culture in Latino Los Angeles, Rowman & Littlefield Publishers, 2016. ProQuest Ebook Central,http://ebookcentral.proquest.com/lib/socal/detail.action?docID=4756736.
Une búsqueda en Google Imágenes para «food desert». ¡Felicitaciones! ¡Lo logramos! Los europeos pueden visitar las bellezas naturales de EEUU: Yosemite, Valle de la Muerte, el gran Desierto Alimentario del Sur de LA, los árboles de Josué (míos), etc.

Es una lástima que muchas personas viven así. En realidad, estas áreas también ven índices más altos de obesidad y diabetes tipo 2. ¿Qué podemos hacer para mitigar estos problemas de salud? Si me preguntaras, diría que campañas de educación sanitaria es lo más efectivo. Porque de hecho, hubo un estudio que encontró que el mayor pronosticador de salud entre personas de la misma clase socioeconómica no era la dieta ni la cantidad de ejercicio, sino más bien cuán consciente o concienzuda era esa persona acerca de su salud. Esto tiene mucho sentido para mí: el conocimiento de alimentos no es intuitivo para nadie. Damos por sentado nuestro conocimiento de la nutrición, pero tuvimos que ser enseñados sobre los carbohidratos, grasas saturadas e insaturadas, insulina y azúcar, lipoproteína de alta y baja densidad, etc. y probablemente todavía necesitemos más educación sobre esos temas. No obstante, podemos aprender cualquier cosa, especialmente niños:

Stunned parents frequently ask the teachers, “How did you get my child to eat kale?”

Portnoy, Sarah. “This Lush Garden at a South L.A. School Helps Kids Learn About Veggies — and Eat Them, Too.” LA Weekly. https://www.laweekly.com/restaurants/miss-piggie-eats-aka-jennifer-yu-followed-her-passion-to-influencer-stardom-10146510. Visitado 22 abr. 2019.

¡Fríelo! Estoy bromeando, estoy bromeando… Mi punto es, debemos hacer un esfuerzo activo para enseñar nutrición y hábitos alimenticios saludables a niños desde una edad temprana, y estos niños también pueden enseñar a sus padres y familias. He visto esto tiene éxito de primera mano, con programas voluntarios de USC en escuelas cercanas. El conocimiento es poder, va el cliché, y ya sabes, como dice todo el mundo, la col rizada es la mejor… vale, nadie dice eso, pero es la verdad.

Turismo gastronómico sostenible

En realidad, no soy un gran fanático del turismo en casi cualquierá forma, y por eso, siempre trato de llegar antes que la multitud. Entiendo que el turismo trae buen dinero, pero para mí, no me gusta la sensación de que las personas se están vendiendo sus culturas por mi dinero… prefería conocer a gente «real» o normal, y si comen arroz y frijoles y beben Nestle clásico todos los días, es lo suficientemente bueno para mí, y si comen como reyes todos los días… voy a comer como rey cada—pfft… por un—día, pero, empero, todavía puedo encontrar valor en y disfrutar de las cosas turísticas.

Memorias favoritas de 385

Sin ningún orden en particular:


Número uno. Hablando con el dueño de Mariscos Jalisco. Fue obvio que tenía pasión por su comida y que es un tipo genial y simpático. Definitivamente es un homie.

Número dos. Comiendo el taco de camote en Guerilla Tacos. Nunca pensaba que un taco de una verdura podría ser el mejor taco que he comido.

Número tres. Cuando la vendedora llegó y nos contó su historia. Tenía una vida interesante y es trabajadora.

Número cuatro. Hablando con el autor del artículo sobre el «Hombre de Maíz» por CaraTiempo (FaceTime). No sé por qué, pero me pareció muy gracioso esta escena.

Y por fin, ¡la clase entera! Gracias Portnoy por la mejor clase de español que he tomado en USC hasta el momento. No me arrepiento de haberme esforzado tanto para entrar en esta clase mientras estaba en los países bajos. ¡Hasta la próxima! —Josh

La cocina: ¿apropiación, buenas intenciones o inexperiencia? (5.º blog, por Josh)

¿Quién tiene el derecho de representar la comida de una cultura o país?

Es una pregunta muy intrigante. Implícita en esta pregunta está la idea, quizás, que la identidad de la persona que está representando la comida es importante. Sin embargo, ¿que es la identidad de una persona? Aunque algunas personas podrían decir que las raíces de una persona forman, al menor en parte, la identidad de la persona, para mí las raíces no tienen mucha importancia. Cuando digo «raíces», me estoy refriendo a la «sangre» de una persona; es decir, características superficiales determinadas por rasgos hereditarios, como rasgos faciales, contenido de melanina en la piel, pigmentos en el ojo, etc.

Digo esto, porque quizás tenga prejuicios de mi historia personal. Aunque mis padres son chinos, nací en crecí en Estados Unidos; específicamente, en San Francisco, Iowa y Misuri. Empezamos hablando chino en casa, pero a los tres años ya hablábamos inglés en casa. Yo era el único chico asiático en mi escuela primaria de Misuri; por lo tanto, todos mis amigos de la escuela eran blancos o negros, y me asimilé bastante bien a la cultura estadounidense. Irónicamente, quizás el aspecto más chino de mí era mi gusto por la comida china, porque mi madre cocinaba comida china para la cena todas las noches. Soy estadounidense, y aunque tengo raíces chinas y aunque a veces me gustaría decir que soy chino, no puedo: no camino, hablo ni actúo como un chino. Por consiguiente, la identidad de una persona, en general, para mí, no depende de las raíces ni los aspectos superficiales de la persona en cuestión, sino más bien su crianza, que ha dado forma a su visión del mundo, filosofía y cultura; eso es, lo que forma su interior, lo que te hace a ti, a ti.

En sumario, una persona no necesita parecerse a un mexicano para representar la comida mexicana, a un chino para representar la comida china, y etcétera etcétera. E incluso más, en ocasiones la persona ni siquiera necesita una comprensión de la cultura de la comida para representar de forma precisa la comida, al menos superficialmente: si una persona de los Apalaches, que nunca ha conocido o ni siquiera visto a un chino, sigue bien una receta de un sitio web para hacer albóndigas «auténticas», tiene la autoridad para representar ese plato, al menos de manera superficial. Incluso un reloj parado tiene razón dos veces al día. No obstante, si alguien ha vivido en o estudiado la cultura de una cocina, esta persona tiene obviamente más autoridad para representar la comida de una cultura de una manera semiprofunda, si conoce las tradiciones, días festivos y los significados de la comida; y una persona que es de la cultura y tiene un significado personal ligado a la comida, por ejemplo recuerdos de abuelos, cenas familiares, parientes, etc. tiene una autoridad para representar la comida en una forma más profunda que los anteriores.

DT;NL (demasiado tiempo; no leí): cada uno tiene la capacidad de representar cualquier alimento, pero algunos lo hacen mejor que otros.

Para algunos, la cocina es una forma de hablar: pues, todo el mundo tiene el derecho de cocinar lo que quiera, protegido por la Primera Enmienda.

El fiasco en Oberlin

En 2015, estudiantes del Colegio Oberlin en Oberlin, Ohio se quejaron que la comida en las cafeterías eran una forma de apropiación cultural. Por ejemplo, un estudiante afirmó que la mala calidad de la comida era irrespetuosa:

The sushi is anything but authentic for Tomoyo Joshi, a College junior from Japan, who said that the undercooked rice and lack of fresh fish is disrespectful. She added that in Japan, sushi is regarded so highly that people sometimes take years of apprenticeship before learning how to appropriately serve it.

Friedersdorf, Conor. “A Food Fight at Oberlin College.” The Atlantic. The Atlantic Monthly Group. 21 Dec. 2015. Web. 31 Mar. 2019.

Ella tiene razón, que la gente respeta tanto el sushi que algunos chefs tardan años en entrenarse para aprender a cocinarlo; pero se podría decir eso de casi todos los alimentos de muchas culturas. A pesar de que el sushi podría ser terrible, probablemente toda la comida en la cafetería es una abominación; y no sólo en Oberlin, pero en muchas universidades en todo el país. Si yo comiera allí, probablemente me ofendería la comida, no por razones culturales, sino por lo que consideran «comida». Empero, aunque la comida es de mala calidad, no creo que provenga de malas intenciones: el presupuesto es pequeño, el Medio Oeste no está tan cerca del océano (cientos de millas) y los chefs de escuela probablemente no son mundialmente famosos. Y he visto la situación análoga en un centro comercial Japón: hamburguesas «auténticas» de EEUU, que eran terribles y sobrevaluados. Pero, esto fue porque la carne de vacuno es cara allá, y me imagino una situación similar en muchas universidades en el Medio Oeste en lo que respecta a ciertos ingredientes.

A mí, creo que los chefs tenían buenas intenciones al tratar de incorporar otros alimentos, pero fracasaron por su inexperiencia. El conocimiento de otras culturas y una mente abierta son privilegios, que tenemos la suerte de tener, y no vienen por defecto, especialmente en las comunidades insulares estadounidenses. Para mí, no puedo culpar a estos chefs si realmente intentaron de hacer comida étnica, dados su limitada experiencia y presupuesto, y no es apropiación cultural si no están tratando de burlarse de una comida ni cultura. Por ejemplo, cuando la abuela de mi mejor amigo (que es cocinera terrible) empapa su comida con la salsa de soja, y lo llama «comida china», esto es un poco ofensivo, pero para mí más gracioso.

No obstante, hay algunas preocupaciones reales (más de calidad inferior—¿qué se puede esperar de una cafetería de una escuela?) de las que vale la pena quejarse, como significados profundos de la religión o cultura:

Another student, Yasmine Ramachandra, offered a distinct complaint, saying she was compelled to join the protest “after arriving at Stevenson Dining Hall with other South Asian students on Diwali, a Hindu holiday, and finding the traditional Indian tandoori made with beef, which many Hindi people do not eat for religious reasons.”

Friedersdorf, Conor. “A Food Fight at Oberlin College.” The Atlantic. The Atlantic Monthly Group. 21 Dec. 2015. Web. 31 Mar. 2019.

Esto es realmente muy malo, y los chefs necesitan hacer sus tareas antes de poner carne de cerdo o de vaca en ciertos alimentos, y creo que este caso requiere una disculpa sincera.

Sobre Bayless «el tipo blanco»

Hay un chef, que se llama Rick Bayless, que es un tipo blanco de Oklahoma, pero cocina comida mexicana. Ha vivido en México durante cinco años, habla español con fluidez y regresa a México cada año con su equipo para estudiar la comida mexicana. Aún así, algunos le critican:

Professor Krishnendu Ray, chair of NYU’s Food Studies Department and author of The Ethnic Restaurateur, says this response is “a way of raging against inequality in the field.” He says white chefs like Bayless have more freedom to play with other people’s food than chefs of color do.


Saini, Anne. “Other People’s Food Pt. 1: White Chef, Mexican Food.” The Sporkful. Dan Pashman. 21 Mar. 2016. Web. 31 Mar. 2019.

Es verdad que probablemente, él tiene privilegios como un chico blanco que otros no tienen. Sin embargo, al igual que Eminem rapeaba en una escena predominantemente afroamericana, creo que Bayless y Eminem hacen comida mexicana o canciones rap reales, y tienen el derecho a hacerlo; y aun cuando sus éxitos pueden estar relacionados con cómo pueden relacionarse con la América blanca, sus trabajos quizás hayan abierto nuevos géneros de la comida o la música a más gente. No tengo ningún problema con Bayless.

Siempre que alguien tiene éxito, algunas se ponen celosas. Los odiadores, odiarán.

¿Está Peterson «columbusando» el «Hombre del maíz»?

DT;NL—No.

Todos tenemos derecho a la libertad de expresión, y como sociedad mixta, las culturas no están reservadas sólo para aquellos que afirman ser de cierta cultura. Cada vez un blanco aprende algo sobre otra cultura, ¿es una forma de columbunización? Creo que colonización fue tan mala debido a la explotación, angustia y destrucción de las culturas, y no de la «descubrimiento» de otra cultura. Empero, algunos critican que esta declaración pone en peligro al «Hombre del maíz»:

The Corn Man is located at approximately 2338 Workman St. Los Angeles CA 90031, near the alley entrance to the 99 Cent Store parking lot. He’s there every day from 9:30 p.m. until 1 a.m., or he runs out of corn.

Peterson, Lucas. “Meet the Man Who’s Peddled LA’s Best Street Corn for 27 Years.” Eater, Los Angeles. Vox Media, Inc. 13 Jan. 2015. Web. 31 Mar. 2019.

Dudo que la policía esté leyendo Eater LA, y luego ir tras las personas que están en los artículos. Si acaso, este artículo probablemente aumentó el negocio para el hombre del maíz. Y no deberíamos proteger actividades ilícitas, sino más bien cambiar las leyes (que ya se ha hecho, gracias a la gente como Portnoy y otros).

Pensamientos finales sobre Taco Bell, EVK y la apropiación culinaria

No creo que Taco Bell, Panda Express, EVK ni otros establecimientos estén tratando de fingir que su comida es auténtica; si eso fuera el caso, yo lo llamaría apropiación cultural. Tienen éxito por razón (salvo EVK—a menos que su objetivo sea aumentar la tasa de vacunación contra el norovirus). Los perdedores reales, son las personas que creen que estos alimentos son auténticos, porque les falta un mundo de sabor—es nuestro trabajo iluminarlos.

El mundo en una papila gustativa—4.º blog, por Josh

El Gran Mercado Central

Se encuentra en el 317 de la calle Broadway, en el céntrico [Imágenes de Google]

Cuando llegué al principio a Los Ángeles, visité el Gran Mercado Central unas cuantas veces con mis amigos que son aficionados a la comida. No sabía que el mercado tenía una historia y un origen como un verdadero mercado de alimentos; pensé que el mercado sólo fue creado como un lugar de comida artificial y de moda, o «hipster». Mi primera vez, me impresionaron mucho los letreros luminosos y el ambiente animado, pero después de probar la comida de algunos lugares como Eggslut, McConnell’s y Berlin Currywurst, esta buena impresión inicial ya no duró más. Aunque la comida es riquísima, era un poco demasiado caro e «hipster» para mí.

El mercado refleja la globalización de comida en L.A. porque hay kioscos de comida de todas las partes del mundo: de Japón, de Alemania, de China, de El Salvador, etc.; pero de manera más específica, el mercado refleja la globalización de las papilas gustativas de los «hipsters», que buscan al «otro» a través del voyeurismo culinario, y como signo de clase:

Nevertheless, the pursuit of exoticism and authenticity among ethnic and working-class foods has not democratized gourmet culture; instead, elites have begun to use culinary tourism as means to acquire expert knowledge and social distinction.

Portnoy, Sarah & Pilcher, Jeffrey M. “Roy Choi, Ricardo Zárate, and Pacific Fusion Cuisine in Los Angeles.” Global Latin America: Into the Twenty-First Century. Eds. Matthew C. Gutmann & Jeff Lesser. Oakland: University of California Press, 2016.

En mis ojos, muchos de los puestos de comida en el Gran Mercado Central no son de veras auténticos en el sentido tradicional, sino se comercializan específicamente para estos hipsters adinerados. Ahora que he estado en Alemania, puedo decir que Berlin Currywurst es bastante malo y sobrevalorado; pero, a quién le importa lo que yo digo—tienen un atractivo letrero de neón giratorio, y si a los hipsters les gusta, que me importa, bueno para ellos.

No me atrevo a probar la comida china y japonesa en el Gran Mercado Central, porque ya sé dónde encontrarla en Los Ángeles: San Gabriel, Alhambra, Monterey Park, Sawtelle (la comida fusión/hip), el centro, Torrance, etc. No quiero estar decepcionado, pero quién sabe, tal vez sea bueno.

Visitamos Sarita’s Pupuseria, que a mí me gusta. En mi opinión, este kiosco es un buen ejemplo de cómo mantener el equilibrio entre el apego a las raíces y la adaptación a la nueva clientela:

As the market grew into a foodie destination over the past few years and more non-Latinos began eating there, Sarita began creating pupusas with nontraditional, healthier ingredients such as squash, mushrooms, mozarella, and basil.

Portnoy, Sarah. Food, Health, and Culture in Latino Los Angeles. Lanham: The Rowman & Littlefield Publishing Group, Inc, 2017.

También, este puesto fue presentado en una escena de La La Land, mi musical favorito (pero el único otro musical que he visto es Mamma Mia 2), así que, puntos extras. Pero, aunque las pupusas son deliciosas, no cambian el juego, es decir. Enfrente de este puesto está Chiles Secos, un «arrendatario hereditario» del GMC:

Shuldiner explained that these long-term tenants are known as “legacy” tenants and he was trying to market them to a wider public. One of the older “legacy” stalls where Latinos have shopped for decades is Chiles Secos.

Portnoy, Sarah. Food, Health, and Culture in Latino Los Angeles. Lanham: The Rowman & Littlefield Publishing Group, Inc, 2017.

En el pasado, el GMC era más bien un mercado tradicional, donde la gente compraba comida para llevar a casa y cocinar. Pero ahora, el mercado ha gentrificado, que ha beneficiado a algunos inquilinos, pero no a Chiles Secos:

Sandra Felix, the chef, explained that given the higher prices, their customers are primarily Anglos and Asian. The owner of Chiles Secos, on the other hand, told me that she has not benefited from the changes to the market.

Portnoy, Sarah. Food, Health, and Culture in Latino Los Angeles. Lanham: The Rowman & Littlefield Publishing Group, Inc, 2017.

Es una lástima que Chiles Secos no estén teniendo éxito, porque me encantan los chiles y la comida picante, pero cada vez visito el GMC, me olvido de que están ahí y no estoy preparado mentalmente para comprar chiles.

Fíjese en el ambiente artístico, de las salsas picantes de todo el mundo. Un buen intento de adaptación a los hipsters

La próxima vez que vaya al GMC, definitivamente apoyaré Chiles Secos, por mi amor a la picantez.

23rd Street Cafe—la fusión india-mexicana

Decidí visitar a la Café de la Calle 23, porque tenía amigos que literalmente vivían al lado del restaurante, y nunca he probado comida india-mexicana. La café fue interesante, porque no estaba a la moda como esperaba, pero era bastante realista o es decir, «con los pies en la tierra». La mayoría de la gente que vi comiendo allí parecía que eran de la comunidad, buscando un bocado para comer; pero también había algunos jóvenes como nosotros.

Me encantan los sabores de la comida india, pero cada vez mis amigos me enseñan sobre la cocina india, me olvido todo unos días después; por suerte, un amigo estaba listo con una recomendación de la sección híbrida:

El menú de 23rd Street Cafe. Hay una sección de la comida fusión; las otras partes del menú son específicamente para la comida india, mexicana-americana o mexicana
Paneer Tikka Masala Quesadilla—una recomendación de mi amigo, cuya familia es de Bangladesh. El queso era bastante atrevido, así que no extrañé la carne (ignore el salero)

La quesadilla fue deliciosa, pero también no cambió mi vida. Pienso que esta fusión funciona bien, porque los sabores y especias indios comparten una calidad similar a los de la cocina mexicana, de ánimo y audacia. Pero, no sabía como una fusión completa, pero más como la comida india en forma de algo que parece mexicano.

¿Qué es la comida de fusión? Según un antropóloga, requiere trabajo y creatividad:

Yet as the anthropologist Richard Wilk (2006: 112) has observed, the “melting pot” does not just happen; creole cuisine is the product of labor and creativity. There may be diverse motivations for culinary mixing, using food for status, convenience, and comfort.

Portnoy, Sarah & Pilcher, Jeffrey M. “Roy Choi, Ricardo Zárate, and Pacific Fusion Cuisine in Los Angeles.” Global Latin America: Into the Twenty-First Century. Eds. Matthew C. Gutmann & Jeff Lesser. Oakland: University of California Press, 2016.

Pero en mi opinión, por lo que vi, pienso que esta fusión de este enclave vino de la oportunidad económica, para adaptarse a la comunidad que sabía que la comida mexicana era buena y barata; es decir, una forma del espíritu emprendedor étnico:

Ethnic entrepreneurialism and class relations were also important in determining the economic success of fusion cuisines. Street foods and enclave restaurants have always been an avenue for entrepreneurs with little capital to invest, since businesses could support a family through sweat equity.

Portnoy, Sarah & Pilcher, Jeffrey M. “Roy Choi, Ricardo Zárate, and Pacific Fusion Cuisine in Los Angeles.” Global Latin America: Into the Twenty-First Century. Eds. Matthew C. Gutmann & Jeff Lesser. Oakland: University of California Press, 2016.

Aunque no sé la historia del dueño, me imagino que en su pasado, trabajaba en un restaurante mexicano y aprendió a hacer la comida mexicana allá, y más tarde decidió combinar sus talentos en un solo concierto. A pesar de que hay mexicanos e indios en Los Ángeles, no sé si hay alguna importancia de esta fusión de culturas. En el pasado, habría estado emocionado por cualquier ejemplo de fusión; pero ahora, mis opiniones han cambiado, y si hay una mezcla de tradiciones, quiero que haya algún significado cultural o personal. Bueno, la buena comida es comida buena, y voy a comerla de todos modos, pero con respecto a la Café de la Calle 23, regresaría, pero no me desviaría de mi camino por ello.

–Josh

Tamales chinos y otros pensamientos (3.º blog, por Josh)

Mi historia personal

Nací en Burlingame, una ciudad pequeña a las fueras de San Francisco. En cambio, cuando tenía dos años, nuestra familia se mudó a Iowa y tuve mi infancia allá, hasta tenía nueve años. Luego, nos mudamos de nuevo, esta vez a San Luis, Misuri. Crecí allí hasta que me gradué de la secundaria.

Por eso, aunque mis dos padres vinieron de China, me considero estadounidense. Sin embargo, casi todos los días, crecí comiendo comida china en casa porque mi madre cocinaba para nosotros. Ella viene de la ciudad «Nánchāng» (南昌) en la provincia de «Jiāngxī» (江西), China y aprendió a cocinar de su madre.

No obstante, mi madre cocinaba un poco de fusión: visitaba el mercado coreano para comprar ingredientes asiáticos, y a veces cocinaba algo que no fue puramente chino, pero con muchas influencias coreanas. Por eso, recibía mi gusto de «comida periferia», según el autor Eugene N. Anderson:

… the rest of the world is peripheral, though Japan (and to some extent Korea and Taiwan) have come close to core status.

Anderson, E. N. (2005). Everybody eats: Understanding food and culture. New York, NY: New York University Press.

Además, en ocasiones mezclaba comida estadounidense con sabores o especias chinas. Esta mezcla incluía chile con «Lǎo gān mǎ» (老干妈), que es una salsa de chile que considero muy central al sabor chino. Puedo dar esta analogía: Tapatío es al sabor mexicano como 老干妈 es al sabor chino.

Esta anécdota demuestra la prevalencia de la comida mexicana en la cocina estadounidense. De veras, el trabajo de mi madre solía tener competiciones de chile, como dice Gustavo Arellano:

You don’t see… General Tso’s chicken cook-offs at your local community fair like you do with bowls of chili.

Arellano, G. (2012). Taco USA: How Mexican food conquered America. New York, NY: Scribner, a division of Simon & Schuster, Inc.

Mi madre ganó una vez, lo que es increíble considerando que aprendió a cocinar chile en EEUU. En cambio, es muy interesante lo que dice Arellano sobre los inmigrantes chinos y sus hábitos de alimentación:

Chinese immigrants in California acculturate to Angle-American foodways in a fairly set fashion (Anderson and Wang 1987)… First, they adopt American sweets and snack foods… Then breakfast Americanizes… Dinner takes much longer to change.

Arellano, G. (2012). Taco USA: How Mexican food conquered America. New York, NY: Scribner, a division of Simon & Schuster, Inc.

Empero, para nosotros, crecimos en el Medio Oeste y no en California. Por eso, los hábitos de alimentación de mi hermana y yo estábamos americanizados muy rápidos: comíamos cereal (Honey Bunches of Oats, Cheerios, Frosted Flakes, etc.) para desayunar cuando éramos muy jóvenes, y algunas veces mi madre cocinaba costillas o salmón para nuestras cenas.

La capital de Hunan es Changsha

Ahora, el otro lado de mi familia: mi padre es de la ciudad «Chǎngshā» (长沙), la capital de la provincia «Húnán» (湖南). Atribuyo mi amor por la comida picante a esto, porque Hunan está cerca de la provincia «Sìchuān», que es famoso por su especia adormilada.

Mis abuelos por parte de mi padre comenzaron una iglesia cristiana en Changsha; pues, nuestra familia es cristiana, y crecí en una iglesia con padres chinos y sus niños chino-americanos como yo mismo. Todavía voy a la iglesia en Los Ángeles, donde nos reunimos en las casas de los demás. Un día, una madre cocinó comida india, ¡pero me di cuenta de que había tamales también!

¡Qué sorpresa! Y hablando de tamales, este es un buen Segway…

¿Qué son tamales chinos?

Según Jeffrey Pilcher, el autor de un libro sobre los tamales y la identidad mexicana, tamales fueron muy populares para festivales:

The first thing Aztec women did when preparing a festival, according to the Spanish priest Bernardino de Sahagún, was to make lots of tamales.

Pilcher, J. M. (1998). ¡Qué vivan los tamales!: Food and the making of Mexican identity. Albuquerque, New Mexico: University of New Mexico Press.

¿Existe un equivalente chino? Lo primero que me viene a la mente son las albóndigas. Cuando era niño, mis padres y otros miembros de nuestra iglesia china hacían albóndigas antes de cenas compartidas. Albóndigas son relativamente fáciles de hacer, fáciles de compartir y muy, muy riquísimos. Me gustan especialmente con vinagre de arroz negro, «cù» (醋), y la salsa antes mencionada, Lao Gan Ma; pero también es muy común comer las con salsa de soja.

De hecho, el autor describe los tamales como albóndigas envueltas en papel de maíz:

They also relished chile pepper stews and seed-dough breads, but the cornhusk-wrapped dumplings known as tamales held pride of place in pre-Columbian banquets.

Pilcher, J. M. (1998). ¡Qué vivan los tamales!: Food and the making of Mexican identity. Albuquerque, New Mexico: University of New Mexico Press.

Hay muchas variedades de albóndigas, por ejemplo: «Xiǎo lóng bāo» (小笼包), que tiene sopa dentro; dim sum, que refriere a una variedad de albóndigas cantonesas y «Tāng yuán» (汤圆), que es un postre rellenado con pasta de frijoles dulces.

Típicamente, como las albóndigas para el almuerzo o la cena; pero Xiao long bao es más común para la cena. Comemos dim sum para «desalmuerzo» o quizás «almuerzayuno» (brunch), porque las carretillas vienen lentamente y puede pasar horas hablando y disfrutando de la compañía. Y debido a que Tang yuan es un postre, sólo lo comemos después de cenar, y usualmente para ocasiones especiales como el Año Nuevo Lunar o el cumpleaños de uno de mis abuelos.

Si se te hace agua la boca, hay un restaurante chino muy cerca de USC, llamado Northern Cafe, donde comes albóndigas, Xiao long bao y otras cosas. Es muy delicioso:

Hablando de buena comida cerca de USC, recientemente visité una pupusería en el Gran Mercado Central, donde filmaron una escena en La La Land, y llamado:

Sarita’s Pupusería

Una pupusa revuelta, que tiene chicharrón, queso y frijoles. Es bastante grande y decente. Puedes ver el curtido en la foto; pero, es una lástima que esté comiendo con utensilios…

Pupusas son un tipo de plato salvadoreño, de la pronunciación española de la palabra náhuatl, popotlax. Se basan en tortillas gruesas de harina de maíz o arroz. Están rellanas de queso, chicharrón y frijoles; también pueden contener camarón, pescado y otros rellenos. Se acompañan típicamente de curtido (ensalada de repollo picante) y salsa de tomate.

(de: http://www.elsalvadorturismo.com.sv/viajeelsalvador/comida-tipica/pupusas-/index.html)

En efecto, la comida nacional de El Salvador es la pupusa. Los salvadoreños celebran el Día Nacional de las Pupusas el segundo domingo de noviembre. Sin embargo, las pupusas parecen arepas, una comida de Venezuela y Colombia. El autor Eugene Anderson (ya mencionado) dice:

Countries that border each other by land, and trade constantly, have a more difficult time keeping their cuisines separate. Cultural differences and ethnic rivalries sharpen boundaries.

Anderson, E. N. (2005). Everybody eats: Understanding food and culture. New York, NY: New York University Press.

Aunque El Salvador no tiene fronteras con Venezuela ni Colombia, es posible que la proximidad regional haya facilitado esta similitud entre las pupusas y arepas. O, quizás sea sólo una coincidencia.

Fue inteligente que el gobierno creara un día nacional para las pupusas, porque da orgullo e identidad nacional. Es necesario marcar la comida salvadoreña, porque la cocina de El Salvador no es tan desarrollada como las de México o Perú, según Anderson:

Less dramatic, but still thought–provoking, is the failure of many Latin American countries to develop cuisines matching their world importance. Currently, elaborate and subtle cuisines exist in Mexico and Peru, reflecting (at great remove) the glories of Aztec and Inca courts, and also the fact that they were the centers of Spanish power in Central American and South America, respectively.

Anderson, E. N. (2005). Everybody eats: Understanding food and culture. New York, NY: New York University Press.

Por consiguiente, la cocina salvadoreña no es «central» (core), pero es «periférica» (peripheral), quizás a la cocina mexicana. México está relativamente cerca de El Salvador y su cocina es más famoso en EEUU que la de El Salvador. Como un exalumno de Portnoy dijo, sólo hay Taco Bells, y no «Pupusa Bells».

Y la pregunta eterna…

¿es auténtico?

Mi respuesta: ¿Quizás? Nunca he viajado a El Salvador, ni he conocido a nadie de allá. De este modo, debo confiar en que estas pupusas eran «auténticas». Yo lo creo; he comido pupusas antes y saben más o menos igual. Con suerte, algún día visitaré El Salvador, ¡y entonces podré decirte lo auténticas que son las pupusas del Gran Mercado Central!

Descubriendo la autenticidad en lo inauténtico—remodelando mi vista de la vida (2.º Blog, por Josh)

Antes de este año, debo admitir que era un poco snob de la comida—específicamente con respecto a las comidas mexicanas que consideré «inauténticas». Nunca tocaría Taco Bell, Mission Taco ni Qdoba. Si la comida no cumple a mi imagen de comida mexicana auténtica, no la quería. Mi imagen de la consistía en tacos de un estacionamiento de AutoZone o taquerías en el este de Los Ángeles; si había al pastor o carne asada, era lo suficientemente auténtico para mí.

Pero, mi vista de la comida mexicana empezó a cambiar cuando visité Ensenada, MX el año pasado. Delante de nuestra clínica dental comunitaria, había dos tipos vendiendo tacos desde su carrito. En la mañana antes de nuestra clínica, probé dos tacos con mi amigo mexicano. Me sorprendió: sabían muy diferente a los tacos de Los Ángeles que yo conocía como verdadera comida mexicana. Las tortillas sabían diferente, eran más grandes y había algo diferente en el sabor en general que no pude identificar. Además, no pude encontrar al pastor durante todo nuestro viaje. Estaba confundido: si la comida que estaba comiendo en Los Ángeles no era auténtica, ¿qué estaba comiendo?

Pero, no tenía mucho tiempo para pensar más sobre esto: iba a ir a los Países Bajos, y necesitaba centrarme en el idioma, la cultura y la comida del país.

Sint-Janskerk en Maastricht, los Países Bajos

Sin sorpresas, uno podría encontrar a McDonalds y Taco Bells en casi cada ciudad europea como Amberes, Colonia o Múnich. Pero, lo sorprendente fue que muchos de mis amigos europeos querían probar «las clásicas» cadenas de comida rápida estadounidenses conmigo, incluyendo ¡jadeo! Taco Bell. Me negué vehementemente, por supuesto; pero me sorprendió esta perspectiva sobre la comida estadounidense. De repente, en mi segundo fin de semana de vuelta en EEUU me encontré en un Taco Bell…

Mi primera vez en Taco Bell en años, en el camino de regreso de Mammoth Montañas

Esta fue la primera vez que comí en Taco Bell en años, pero esta vez, tenía una perspectiva fresca. No estaba comiendo inauténtica comida mexicana, sino comida estadounidense «auténtica». Prácticamente podía saborear la industrialización, mundialización y libertada🦅 auténtica en cada bocado de mi 🔥Fiery Doritos® Locos Taco.

Mi idea de autenticidad cambió:

Toda la comida puede ser auténtica, si lo llamas lo correcto.

¿Es Taco Bell «comida mexicana» auténtica? Definitivamente no. Pero ¿es la estadounidense, con un poco de inspiración mexicana? Sí, y auténticamente así.

Sin embargo, algunas personas, como una filósofa de los estudios de alimentación, discutirían algo diferente sobre la autenticidad:

The term is inherently problematic because, as the food studies philosopher Lisa Heldke argues, authenticity is not a quality inherent to certain foods but rather one that is socially constructed.

Portnoy, S. (2015): Authenticity of cuisines. In K. Albala (Ed.), The SAGE encyclopedia of food issues (pp. 84-87). Thousand Oaks: SAGE Publications, Inc.

Entiendo lo que dice este punto, pero no estoy de acuerdo. Sí, es verdad que la autenticidad es construida socialmente y no es inherente a los alimentos. Sin embargo, uno podría decir lo mismo de todo en el mundo: ¿qué es algo intrínsecamente auténtico? El concepto de autenticidad es construido socialmente porque todo es así—pueblos, razas, naciones, culturas e incluso idiomas. Mis palabras no son reales, sino líneas y guiones en una pantalla. Pero puedes leerlas porque nosotros, como sociedad, hemos decidido que estas líneas y guiones significan algo. Y de esta manera, si como sociedad decidimos que la autenticidad significa algo, es así.

Para ir aún más lejos, incluso el concepto de la comida es construido socialmente. No pienso que los chapulines sean comida, pero otros sí. Quizás no pienses que la sangre de cerdo sea comida, pero mi padre, de la región china Hunan (湖南), piensa que sí.

Por lo tanto, no tengo ningún problema con el concepto de la autenticidad en referencia a los alimentos.

Pero, no estoy de acuerdo con todas las opiniones de la autenticidad, por ejemplo con lo que dijo Jonathan Gold sobre la cocina mexicana auténtica en EEUU:

The food critic of the Los Angeles Times Jonathan Gold claims that Southern California can be considered a region of Mexico unto itself, and therefore all its diverse representations of Mexican cuisine can be considered authentic.

Portnoy, S. (2015): Authenticity of cuisines. In K. Albala (Ed.), The SAGE encyclopedia of food issues (pp. 84-87). Thousand Oaks: SAGE Publications, Inc.

No creo que se pueda considerar el sur de California como una región mexicana. Sí, es verdad que el sur de California está relativamente cerca de México, hay muchos inmigrantes mexicanos aquí y en la historia la región pertenecía a México. Pero hoy en día, el sur de California es parte de EEUU y lo ha sido durante más de 150 años. Esta región tiene muchas influencias mexicanas, pero realmente todo EEUU tiene influencias de pueblos que vinieron de fuera de EEUU. Eso es lo que hace que EEUU, EEUU.

Por lo tanto, restaurantes como El Cholo no son representaciones auténticas de la cocina mexicana, sino las de la cocina estadounidense; especialmente, las del «pasado mexicano fantástico». Según Sylvia Ferrero, restaurantes mexicanos ayudan a perpetuar cierta «mitología»:

Mexican restaurants participate in the construction of the mythology of Spanish missions, the Mexican revolution, or the rural ancestry of Mexican culture and invent a tradition that becomes a symbol of cultural voyeurism

Ferrero, S. (2002). Comida sin par. Consumption of Mexican food in Los Angeles: “Foodscapes” in a transnational consumer society.

Es verdad que estos restaurantes no sirven la comida mexicana auténtica en el sentido tradicional, porque los mexicanos en México no comen así. No obstante, como ya se ha mencionado, estas cocinas son representaciones auténticas del pasado imaginario, una fusión entre las expectativas de estadounidenses y la creatividad de inmigrantes mexicanos.

¿Puede algo imaginario ser auténtico?

Con esta nueva apreciación de comida estadounidense y prejuicio atenuado, era hora de Fryft (¡gracias T-Mobile!) al restaurante (¿in?)famoso con dos de mis compañeros de casa.

¡Hasta El Cholo!

El exterior del restaurante me impresionó inmediatamente. Me gustaba el campanario de adobe blanco; me parecía como una exposición en Disneylandia. También me encantaba el letrero de neón, la ironía porque el restaurante no es español ni mexicano, sino otro género.

Asimismo, me gustaba el interior—la iluminación, las decoraciones y la atmósfera. No había señoritas con vestidos florales, pero el camarero simpático nos sentó rápidamente en una cabina espaciosa. Porque eran las 9:30 de un martes, no había nadie excepto tres chavales a través de nosotros, hablando de Singapur y aventuras en otras culturas. No quiero hacer una generalización precipitada, pero pienso que si viniéramos antes, no encontraríamos a muchas familias latinas comiendo aquí.

Llegó el aperitivo: chips de tortilla con salsa aguada, pero refrescante. La comida me hizo pensar en una fiesta de Supertazón, y estaba un poco triste porque mi equipo, anteriormente de San Luis, recientemente perdió; pero entonces recordé Los Carneros apestaban de todos modos.

Toda la comida fue impecable. Pedí los Chimichangas de pollo (1967) mientras mientras mis dos amigos pidieron el Burrito Dorado (1977). Incluso venía con lechuga iceberg y crema agria. Éste fue un cambio definitivo en mi forma de pensar: justo el año pasado, hubiera odiado comer algo así porque no era «auténtico». Yo era como esos estudiantes:

Every semester I send my students to visit El Cholo as part of an assignment on the history of whitewashing in Los Angeles. Nearly every semester they come back disappointed with the lack of “authenticity” of the food and feel that the ambience is one that is artificially created for Anglo or non-Latino customers

Portnoy, Sarah. Food, Health, and Culture in Latino Los Angeles, Rowman & Littlefield Publishers, 2016. ProQuest Ebook Central, http://ebookcentral.proquest.com/lib/socal/detail.action?docID=4756736.

Pero ahora, he aprendido a apreciar lo inauténtico, porque en realidad sólo es otra forma de la autenticidad.

En algún momento, detuve el camarero y le dije que estaba en esta clase. Le pregunté qué pensaba de la autenticidad. Se detuvo un momento, reflexionando. Entonces, con una ligera sonrisa, dijo que la comida es auténtica, porque es de una receta familiar transmitida de generación en generación. Esta respuesta me satisfizo, y está de acuerdo con algunas otras opiniones:

José Johnston and Shyon Baumann argue that for foodies, the categories that are used to discuss culinary authenticity are geographic specificity, ethnic connections, a personal connection to an individual creator or to a family tradition, and a dish’s simplicity and its historical roots

Portnoy, S. (2015): Authenticity of cuisines. In K. Albala (Ed.), The SAGE encyclopedia of food issues (pp. 84-87). Thousand Oaks: SAGE Publications, Inc.

Empero, lo más importante que aprendí fue que debería dejar de tomarme cosas tan en serio. La comida sólo es comida; si tiene buen sabor, ¡genial! Te proporcionará la nutrición que su cuerpo necesita. Ahora entiendo por qué El Cholo es tan popular: sabe bien y tiene un ambiente acogedor. Además, a mis dos amigos también les gustó mucho.  [descargo de responsabilidad: uno es de Corea y sabe nada de comida mexicana; el otro (de Malibu) acaba de descubrir que los tacos y burritos son «mexicanos»…🤦‍♂️]

Pensamientos sobre la Calle Olvera, Boyle Heights y Milpa Grille

Ahora que he leído sobre la historia de Calle Olvera y la gentrificación de Boyle Heights, me he formado mis propias opiniones: tampoco son auténticos en el sentido tradicional, sino que son auténticos a sus propias maneras. La Calle Olvera es un espacio creado artificialmente que a veces es turístico, a veces mexicano; pero siempre angelino. Así es Boyle Heights: aunque estoy seguro de que es más auténtico el sentido tradicional, nunca será verdaderamente auténticamente mexicano porque por la naturaleza de estar en EEUU, es estadounidense: países cambian inmigrantes, e inmigrantes cambian países.

No tengo mucho que decir sobre Milpa Grill, aparte de esto: la comida era muy riquísima y la dueña es muy guay, pero definitivamente los mesoamericanos de hace miles de años no comían así:

Solía comer así cuando estaba comiendo una dieta baja en carbohidratos, pero soy del Medio Oeste de EEUU y no de la antigua Mesoamérica. (Mis dos padres trabajan para Monsanto o bien ahora Bayer, y prácticamente puedo saborear los OGMs en mi boca.) No obstante, la comida era fantástica.

Conclusión

Sin ser demasiado meta(físico), creo que lo que hace Los Ángeles auténtico es su falta de autenticidad. Somos la ciudad «del futuro»; tenemos Hollywood, Marvel y miles de palmeras no autóctonas. Creamos las mejores películas, historias y ficción. En cambio, esto no es exclusivo de Los Ángeles: los medios sociales son un gran ejemplo. Todos creamos historias sobre nosotros mismos y nuestras vidas. Mira, incluso nuestra excursión a Boyle Heights no es «auténtico» (note la corrección de color):

¡Llegamos en la página de USC Dornsife! Puedo morir en paz ahora

Hemos transmitido historias desde el principio de la humanidad. Creamos lenguaje y cultura; nos mudamos, cambiamos; pensamos, reflexionamos; recordamos, olvidamos—y siempre lo hemos hecho.

Todo puede ser auténtico—porque ser inauténtico, es decir, es ser humano.

Un río de sabor oaxaqueño: Guelaguetza Restaurante por Josh

3014 W Olympic Blvd, Los Ángeles, CA 90006
 ☎ (213) 427-0608
🌐 ilovemole.com

Festival de Moles: de veras fue un festival de cuatro sabores—negro, rojo, estofado y coloradito. También incluye pollo dentro del mole, arroz y una tortilla a mano.

Mole poblano es un tipo de salsa muy distinto de Puebla y Oaxaca, dos estados mexicanos. Hay muchas variedades: mole negro, rojo, amarillo, verde, almendrado, aún huaxmole (más conocido en EEUU como guacamole 🥑), y más—algunas personas estiman que hay más de 50 tipos de mole. Sin embargo, las variedades de mole tienen elementos comunes, como frutas, pimientos, nueces y especias.

Oaxaca, uno de los orígenes de mole poblano. Es una ciudad vibrante con festivales culturales, atracciones turísticas y naturalmente buena comida.

Bueno, había oído mucho sobre el mole cuando estaba aprendiendo español en la escuela intermedia y secundaria, pero nunca lo he probado hasta el año pasado, cuando una madre trajo una versión casera a una iglesia mexicana en San Luis, Misuri. Me soprendió la riqueza del sabor: una mezcla tentadora de amargura gustativa, especias exóticas y una sensación de boca profunda que perduraba en la lengua. Estaba enganchado: no me cansé del mole ese día. Nos acabábamos de arroz porque ayudé a servir la comida, pues, añadí esta salsa excepcional a la pasta que estaba allí. ¿Cometí un error grave?

Mole negro + pasta italiana = ¿una idea terrible? Pero para mí, ¡fue genial!

Avance rápido hacia 2019 ⏩

Un año después, escuché de mi profesora (Portnoy) de mi clase de español que había un lugar conocido por su mole cerca de mi universidad, USC. Me interesó, pero no estaba entusiasmado hasta que mi compañera de cuarto de mi primer año en USC me dijo que ya sabía de Guelaguetza, y este restaurante es el restaurante oaxaqueño más famoso en todo EEUU. Por lo tanto, pronto estábamos en camino a Guelaguetza Restaurante con dos compañeras adicionales de mi clase, Allen y Brandon.

El primer viaje culinario 

Las reseñas de Google dijeron que habría mucha gente cerca de la hora de cenar; pues reservé una mesa para cuatro personas a las seis. Nos fuimos a las cinco y media en un Uber. Había tanto tráfico y llegamos exactamente a las seis.

La destinación—Guelaguetza

Afuera de Guelaguetza Restaurante. En el fondo hay muchos establecimientos coreanos porque estamos en el barrio coreano. Mi amigo, Ryan, está a punto de despegar con los cuervos.

Cuando llegamos, me impresionó inmediatamente el color del edificio—una naranja fuerte, el color del hambre, o un apetito feroces. Me di cuenta de los signos coreanos al otro lado de la calle y me acordé la singularidad de Los Ángeles, con las líneas de fallas entre culturas, en las palabras de Jonathan Gold.

Me preguntaba quién estaría comiendo aquí: mexicanos oaxaqueños, otros latinoamericanos, mexicanos de la segunda generación, hipsters gastronómicos, coreanos del barrio ¿y otras personas?

Entramos y había casi nadie en el restaurante. Nuestra reserva fue en vano, pero sin importar, el camarero nos sentó rápidamente en una sección poco iluminada en la parte de atrás del restaurante. Oímos que habría música en vivo, pero cuando llegamos inicialmente sólo había música latina reproducida por altavoces.


La comida

Nuestro camarero nos trajo el apetitivo muy pronto, y nos cautivó inmediatamente. Todos nosotros teníamos hambre y no podemos resistir el plato. Las tortillas fritas estaban crujientes y llanas, una mezcla perfecta. El mole era más claro que lo que probé en San Luis, pero funcionó bien con las tortillas fritas. El sabor era rico y delicioso, con notas de canela, nueces y una complexidad que perdura en tu boca, y también en tu mente mientras tu cerebro intenta averiguar qué está pasando.

El apetitivo: tortillas fritas, cubiertas de mole estofado y queso. Voy a mirar el menú después de comer un par de tortillas fritas: tengo prioridades.

Nos dieron una segunda plata del aperitivo después de terminar el primero. De manera realista, probablemente podría comer tres platos del apetitivo para mi cena completa, pero había otras cosas para probar.

Luego, era la hora de pedir comida. Le pedí al camarero una recomendación, y procedió a explicar el mole negro, el mole rojo, y de hecho el menú entero. Porque no podíamos decidirnos por un sólo sabor, Ryan y yo elegimos pedir el Festival de Moles (imagen de título), el cual tiene cuatro sabores de mole: negro, rojo, estofado y coloradito.

Nuestra mesa. Tenemos el festival de moles con arroz y tortillas a mano y cuatro bebidas de mezcal. Allen y Brandon pidieron algo diferente pero me olvidé de probarlo.

Cada uno de los moles tenía un perfil de sabor único, con distintas mezclas de especias, colores e impresiones. Sin embargo, los cuatro moles también eran muy similares entre sí mismos en cuanto a sus espesores y sensaciones bucales.

Probé el mole con el arroz y las tortillas a mano, y para mí el mole quedó mejor al arroz que a las tortillas porque el mole fue un poco acuoso (en el buen sentido), pero a Ryan le gustó el mole con las tortillas más. Comiendo el mole con las tortillas me recordó a la cocina etíope, específicamente, injera, un pan esponjoso comido con salsas ricas.

De veras, creo que prefiero el mole casero que probé en San Luis, porque me gusta más una más gruesa, más chocolate salsa. Tengo que preguntarme: si los italianos conquistaran Oaxaca, ¿tendríamos hoy pasta con mole? Sería un fanático de esta historia alternativa 😜.

Si sólo…

🍹¿Y las bebidas? Pedí la Garra de Tigre, un mezcal con sal de chile oaxaqueño y limón licuado. Era la primera vez que probaba el mezcal fue muy,  muy interesante el primer sorbo, pero a medio camino de la bebida se estaba convirtiendo en un poco demasiado. Fue muy fuerte, salino y tuvo sabores que quizás requieren un poco de acostumbrarse. 😬😂

En efecto, aconsejo que pruebes un mezcal si ya no lo has probado, y quizás compartido con un amigo/a bueno/a 🙂

Otras notas

Una hora después de llegar, el restaurante estaba atestado—¡y había música en vivo!

Estaba tan ocupado concentrándome en mi comida que no me di cuenta de que toda la gente que entró en el transcurso de la hora que estuvimos allí. Miré hacia arriba—¡y voilà!—había músico en vivo y cada mesa estaba llena por lo que podía decir. Había una diversidad de consumidores, pero la mayoría parecía latina, y no había muchos jóvenes como nosotros 👶👦.

La banda tenía un batería de congo, teclista y vocalista principal de guitarra. No sé: ¿era un desempeño semi-turístico, una expresión de cultura oaxaqueña auténtica (por cierto, ¿qué quiero decir con esto?), o algo en el medio?

Nos marchamos fuimos a nuestro Uber, con estómagos mayoritariamente llenos y curiosidades satisfechas.

La reseña de Jonathan Gold nos saludó de la pared del vestíbulo cuando nos fuimos.

Última palabra

Quizás nunca he probado comida oaxaqueña en un restaurante o en las calles, y si ya la he probado, no la recuerdo; pero esta experiencia fue inolvidable (por lo menos en el momento de escribir esto, 26/1/19, dos días después de esta excursión). No obstante, la comida y las bebidas eran bastante caros y los tamaños de porción estaban sólo la media. Creo que tienes que ir aquí si nunca has ido, pero para mí no vale la pena volver, salvo que tengo un amigo oaxaqueño o quiero mostrar un foodie la escena culinaria de Los Ángeles.
Pero, yo soy yo, no tú: ¡siéntete libre de no estar de acuerdo conmigo!

Mis calificaciones
La experiencia cultura: ✨✨✨✨
La comida: ⭐⭐⭐
El precio: $$
En general: ✔️ Recomendaría, pero sólo por primera vez o en ocasiones especiales

¿Cuáles son tus pensamientos?

–Josh