El Racismo Estructural y La Falta de Comida Saludable en South Central Los Ángeles (por Jamie Clarke)

La Experiencia de Un Residente del Sur-Central de L.A.: Juana Vásquez

Hola, me llamo Juana. Tengo 54 años y he vivido en L.A. desde 1967, cuando mi familia vino a L.A. de Jalisco, México. Soy obesa desde hace 30 años. Hace cuatro años que he tenido el diabetes tipo 2. El supermercado más cerca de mi casa es Ralph’s, que es más de una milla de distancia. Necesito usar el autobús para ir a Ralph’s, así no me gusta ir a Ralph’s con mucha frecuencia. Usualmente, voy una o dos veces al mes, y por eso solo compro la comida que no se estropean, como “chips,” Coca Cola, Salsa, etc. La comida de Ralph’s es muy cara también, así mientras quiero comprar las zanahorias, el coliflor, y las otras verduras, no puedo comprarlos porque son demasiado caro y necesito alimentar a mis cinco hijos, el esposo de mi hija de 18 años, y su hijo con mi salario de limpiar los edificios de USC por $10/hora. Los únicos lugares para comprar la comida cerca de mi casa son las licorerías, que no tienen la comida saludable. No hay buenas opciones saludables para mi familia, así usualmente comemos la comida no saludable de Ralph’s o las licorerías o comemos de McDonald’s. Mis niños tienen la obesidad también, y no sé como puedo ayudar ellos sin el dinero para la comida saludable. Estoy muy triste sobre la situación, pero no puedo cambiarla así necesito continuar para ahora y esperar que eventualmente el sistema cambiará y las verduras serán menos caras.

Problemas con Nuestro Sistema Alimentario

En su libro, Profesora Portnoy describe Mariana, una mujer latina con diabetes tipo 2 y acceso difícil a la comida fresca y saludable. Mariana y su esposo y hija vinieron a los EEUU para mejorar la vida de su familia y dar más oportunidades para éxito a sus hijos. Sin embargo, L.A. no fue lo que ella había esperado porque viven en una casa muy pequeña y no tienen acceso fácil a comida saludable. Mariana es muy similar a la familia de la escena de “Vegetables or Medicine” de Food Inc. La Escena “Vegetables or Medicine” de Food Inc. describe la vida de una familia con dos hijas. La familia no tiene mucho dinero, por eso necesitan decidir si quieren comprar la comida saludable o comprar la medicina para diabetes. La comida rápida, como las hamburguesas de Burger King, son muy baratos y sustanciosos para el precio. Por eso, la familia come la comida rápida y gasta el resto de su dinero en las medicinas para el diabetes tipo dos.

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El comentarista, Michael Pollan, explica que, “The biggest predictor of obesity is income level.” Por eso, los inmigrantes latinos sin mucho dinero solo pueden pagar por la comida rápida, que no es saludable. Michael continua, “The industry blames obesity on a crisis of personal responsibility, but when you’re engineering food, you’re pressing our evolutionary buttons… This diet of high fructose corn syrup and refined carbohydrates leads to these spikes of insulin and gradually a wearing down of the system by which our body metabolizes sugar.” Pollan explica que las compañías de comida saben lo que la clientela quiere, y por eso crean comida con no nutrición. Esta comida resulta en la obesidad, el diabetes tipo 2, los problemas cardiovasculares, y muchos otros problemas de la salud. Las historias de Mariana y la familia de Food Inc. demuestran este problema grande en nuestra sociedad: la falta de dinero para los inmigrantes en L.A. y los EEUU resulta en la obesidad, diabetes, y más condiciones medicales porque estas personas típicamente solo se permiten la comida muy barata, que es la comida rápida con mucha grasa, azúcar, y sal.

Relación a los problemas con el racismo estructural

La raíz de los problemas que Mariana, la familia de Food Inc., y muchos otros latinos tienen es que el racismo estructural previene el acceso a las necesidades caras. El artículo de “Food First” dice más sobre este: “Aún cuando los programas contra el hambre y de seguridad alimentaria citan frecuentemente estadísticas alarmantes, el racismo rara vez es identificado como la causa de las cifras desproporcionadamente altas entre las personas de color que sufren hambre, inseguridad alimentaria, envenenamiento por pesticidas y enfermedades relacionadas con la dieta.” Sin embargo, el artículo después dice que el racismo estructural es el problema porque afecta las oportunidades para trabajos buenos, que afecta los niveles de ingreso, y que afecta el acceso a la comida saludable. Por lo tanto, el racismo estructural contribuye mucho a los problemas de nuestro sistema alimentario.

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El racismo estructural extiende a otras estructuras también, no solo la comida. Universidades experimentan el racismo estructural porque solo las personas de la clase medio-superior pueden pagar la matrícula. Esto crea una barrera en el sistema porque solo las personas que pueden pagar o reciben los préstamos pueden ir a la universidad. También, para entrar en la universidad, el estudiante necesita ir a una buena escuela secundaria, sacar buenas notas, hacer los extracurriculares, y tener un buen ACT o SAT. Estos factores requieren que el estudiante viva en una área segura con buenas escuelas y los mentores que pueden ayudar al estudiante. Ya que la mayoría de personas en los EEUU que no tiene acceso a estas oportunidades son minorías, hay racismo estructural en la estructura de universidades, y la educación en general. Para las familias muy pobres, la oportunidades para lograr estos requisitos no existen, así estas personas no pueden ir a la universidad.

From Rick Bayless to Bad Burritos: Cultural Appropriation of Cuisine (by Jamie Clarke)

RICK BAYLESS

If you’re strolling down Clark St. in the River North neighborhood of Chicago, you can’t miss Frontera Grill. Frontera Grill, founded in 1987 by Chef Rick Bayless, became very successful as a restaurant that serves “traditional Mexican” cuisine. The success of Frontera Grill allowed Bayless to grow an empire of “Mexican” restaurants, churro shops, and even a popular tortas stand in Chicago’s O’Hare International Airport. However, there is a problem. Bayless is making a successful business empire out of a culture that is far from his own. Bayless is a white guy from Oklahoma who decided to travel to Mexico in his teenage years and early adult life. Does this really make him qualified, or even give him the right, to serve Mexican food at over 20 eateries?

Many would say no. In the Sporkful podcast, “White Chef, Mexican Food,” Rick Bayless comes on the air to say that he believes he has earned the right to make Mexican food because he has traveled to every state in Mexico, learned Spanish, and loves the food. However, when asked whether he believes he has extra privileges as a white restaurant-industry entrepreneur, Bayless admits that he honestly hadn’t thought about it. Essentially, the point made is that Bayless elects to make and profit from Mexican cuisine without realizing his white privilege; being white puts him at an advantage over native Mexicans who want to come to the U.S. and make a truly authentic version of their food for Americans.

In further, Bayless claims that simply by going to Mexico and tasting the cuisine, he is highly qualified to portray Mexican food for a profit in the U.S. In saying this, he condescendingly displays his ego for the podcast audience. An OC Weekly article explains, “where we get to the true problem with Bayless: he’s is a thin-skinned diva who really, truly believes he’s the modern-day incarnation of Quetzalcoatl, the Mesoamerican deity that Spanish chroniclers claimed was the light-skinned, bearded savior of the Aztecs. And when people don’t automatically genuflect at his messianic genius, Bayless not only gets mad: he gets chavala in a way that’s unbecoming of his star status and speaks to the man’s true worth.” Essentially, the article professes that Bayless has a huge ego, which makes him think that he is doing Mexico a good service by sharing their food with Americans. However, he is in fact doing them a disservice because he is ripping off their cuisine without showing respect for the history or culture behind it.

Another time in which Bayless asserts his ego is described in “Food, Health, and Culture in Latino Los Angeles,” by Professor Sarah Portnoy. When Bayless inaugurated his L.A. restaurant, Red O., Portnoy says, “Bayless stated that he was opening a restaurant in Los Angeles because he was intrigued about ‘how the true flavors of Mexico, from central and southern Mexico, would play in Southern California.’” Professor Portnoy explains that, “this was a ludicrous statement about a region that had been part of Mexico and one that had received immigrants from these regions of Mexico for nearly a century, and it incited outrage among other chefs and food critics.” Bayless’ statement outraged many because Mexican cuisine had already been engrained into the Southern California landscape for decades. Thus, he displayed cultural naivety and disrespect for the thousands and thousands of L.A. Mexicans making the food of their homeland for Los Angelenos at eateries all around the city.

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Red O Restaurant, Los Angeles, CA

Bayless’ actions are keen examples of cultural appropriation, the act of ripping off another group’s culture and trying to make it one’s own. In the Sporkful podcast, Bayless attempts to defend his choices as part of his effort to “culturally translate” Mexican cuisine for an American audience. However, Professor Ray, a professor from NYU, explains later in the podcast that, “all translation is a loss,” since translating a cuisine takes out the cultural roots, history, and meaning behind the food. What Bayless fails to consider in his efforts to serve Americans his cooked-by-a-white-man “Mexican” food is that he is not representing a culture or a history that he fully understands when cooking, so the food will not be the same as true Mexican food made by Mexican cooks. Moreover, Bayless culturally appropriates Mexican cuisine by selecting out stereotypical dishes that he enjoys, like enchiladas and mole. By displaying these generic platters to the U.S. as “Mexican” cuisine, he neglects to pay respect to other lesser-known dishes that have played a large role in Mexican history and culture. Thus, Bayless culturally appropriates Mexican cuisine and shows extreme cultural naivety.

 

CULTURAL APPROPRIATION OF FOOD AT USC

Cultural appropriation of food not only occurs by distinguished Anglo chefs trying to explore “exotic” territories with their cuisine, but also in everyday settings. At USC there are numerous examples of cultural appropriation of cuisine, ranging from the fast-food “Mexican” dishes served at campus center to the “authentic Asian cuisine” served at Fertita café in the business school.

The first place a person usually goes when visiting USC is the campus center. When one walks into the campus center food court, they see the “Italian” dishes of California Pizza Kitchen to their right, “Chinese” food at Panda Express straight ahead, and a “Mexican” joint called Verde to their left. All of these places culturally appropriate food, but I will focus on Verde. Verde is a popular spot on campus to get a quick, filling “Mexican” burrito or taco platter. As costumers approach the line, an employee, who most of the time is not of Mexican descent, greets them. The employee asks if they would like a wheat or white flour tortilla, both of which are incredibly different from the maze tortillas of Mexico. Next, the costumer chooses from a variety of barely seasoned meats, plain beans and rice, and salsa toppings that have far less flavor than the salsas found in Mexico. The entire dish is made from start to finish in about 30 seconds.

Verde, and other restaurants like it, such as Chipotle, majorly culturally appropriate Mexican cuisine because they take basic Mexican food elements and Americanize them. Verde takes the Mexican concept of serving meat, beans, rice, and vegetables in a tortilla and makes fast, low-quality food out of it. By calling its dishes “Mexican” food, Verde disrespects Mexicans and their culture because it extracts basic concepts from Mexican cuisine and reworks them to be much worse and less historically significant than the original cuisine. Just as Bayless cannot do justice to Mexican food because he does not fully understand the history or culture behind it, Verde cannot do justice to Mexican food because its cooks and owners do not understand the significance behind the food they sell.

La Manduca del Mundo y La Influencia Latina (por Jamie Clarke)

GRAND CENTRAL MARKET

Cuando una persona entra el Grand Central Market, tiene una experiencia muy sensorial. Hay luces de las señales de los vendedores en todas partes y el ruido de las conversaciones, la clientela pidiendo su comida, y las personas probando comidas nuevas. Huele del aceite en la parrilla, la carne, y las especias. Es un lugar con mucha vida, mucha energía, y mucha comida.

El Grand Central Market es un “melting pot” de las culturas. Tiene un vendedor de “PB&J” al lado está “Chiles Secos,” un vendedor de los moles tradicionales de México, al lado de un carnicero lujoso. Si tiene antojo de cualquier comida, el mercado la tiene. Por eso, el Grand Central Market refleja la globalización de comida en L.A. porque tiene muchos tipos de vendedores debajo del mismo techo. Se puede comer las pupusas de El Salvador, las carnitas de México, el sushi de Japón, o el desayuno de los EEUU en el mismo lugar. Representa la unificación de las culturas en Los Ángeles: todas de las personas se unen para cocinar un plato de su cultura y compartirlo con el resto del mundo por medio de una ciudad global, Los Ángeles.

Hay mucho para probar en el Grand Central Market, pero algunas de los vendedores son más tradicionales que otros. Por ejemplo, Profesora Sarah Portnoy describe en su libro, “Food, Health, and Culture in Latino Los Angeles,” que Chiles Secos es un lugar muy tradicional. Portnoy dice que en 1975 Chiles Secos empezó vender el café, los chiles, y el arroz. Con el tiempo, empezó a vender una variedad de moles. Venden cuatro tipos de moles, los cuales son muy tradicionales a México. Sus clientes son los inmigrantes de México por la mayor parte. Sin embargo, pocos no-Latinos compran los productos de Chiles Secos. Por eso, desde la “gentrification” del Grand Central Market, Chiles Secos ha perdido algunos de sus clientes latinos y tiene pocos clientes nuevos que no son latinos.

Por otro lado, hay muchos vendedores del Grand Central Market que son menos tradicionales, pero también son más populares con la clientela más global. Por ejemplo, “Food, Health, and Culture in Latino Los Angeles” dice que Sarita’s Pupusería no es 100% tradicional. Sarita’s Pupusería, fundada en 1998, sirve las pupusas de El Salvador con los mismos técnicos que Sarita usaba cuando vivía en El Salvador. Sin embargo, según Portnoy, Sarita’s ha incluido algunos ingredientes menos tradicionales en su un menú para atraer una clientela más grande que solamente los salvadoreños. Sarita’s cocina las pupusas de albahaca y mozzarella al lado de las pupusas tradicionales de carnitas, queso, y frijoles. Por eso, Sarita’s atrae una clientela de los latinos y los “foodies” de Los Ángeles que quieren explorar una comida exótica, probar lugares diferentes en el Grand Central Market, y comer las pupusas sabrosas.

 

LA COMIDA FUSIÓN

En “Roy Choi, Ricardo Zárate, and Pacific Fusion Cuisine in Los Angeles,” los expertos en la comida de Los Ángeles, Sarah Portnoy y Jeffrey Pilcher, describen la comida fusión. Dicen que la fusión de las cocinas es donde algunas partes de dos cocinas mezclan para crear algo único pero familiar, no tradicional pero con los ingredientes y los técnicos tradicionales a ambas cocinas. El articulo discute la fusión de la comida latina y la comida de otras etnias por la mayor parte. Dice que, “Because food is ingested daily and literally becomes part of the body, cuisine is a powerful metaphor for identity, particularly in moments of cultural encounter.” Entonces, la comida fusión representa una colaboración entre dos mundos. Dos identidades y culturas se unen para crear comida única y extraordinaria.

Sarita’s Pupusería es un ejemplo de un vendedor que sirve la comida fusión porque combinan los ingredientes de las culturas diferentes y los pone en un medio salvadoreño para combinar los sabores y las culturas. Sin embargo, Sarita’s cocina la comida tradicional a El Salvador también, así no sirve solamente la comida fusión. Sin embargo, hay muchos vendedores y restaurantes que cocinan la comida fusión solamente. Portnoy y Pilcher discuten Kogi Korean BBQ Truck, una lonchera que combina los sabores de Korea con platos mexicanos, como tacos y burritos. El artículo dice, “Roy Choi’s Kogi taco trucks illustrate the cross-cultural influence of Latin American cuisine,” porque Choi combine los sabores de su cultura con la influencia de la comida latina. La combinación de los sabores Koreanos y los técnicos latinos crean una comida muy especial y icónica.

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Otro lugar con la comida fusión es Revolucionario: North African Tacos. Revolucionario es un restaurante muy cerca de USC. Cuando uno entra al restaurante, se siente como si fuera algo muy único. Hay “$1 bills” en las paredes y muchas inscripciones de la clientela. Solo hay 20 sillas, más o menos, y se puede ver la cocina de las mesas. Es muy casual, pero la comida es absolutamente fenomenal.

Revolucionario cocina una comida fusión con los sabores de Argelia y los platos de México, como los tacos y burritos. Probé el agua de jamaica para beber y los tacos de coliflor, pollo y yogur, y falafel. El pollo fue mi favorito. Fue cocinado con muchos especies norte-africanos y tuvo una salsa de yogur muy rico. Tuvo un poco de acidez, mucho sabor de las especias, y una textura apetecible. Fue muy jugoso y sabroso. Los tacos de falafel y los tacos de coliflor eran muy deliciosos también. Fui a Israel hace un año con Birthright, y mientras estaba en Israel comí mucho falafel. En mi opinión, Revolucionario tiene el mejor falafel que he probado: es muy crujiente en el exterior, pero muy suave en medio. Hay mucho sabor de especies, los frijoles de ojo negro, y otras verduras. Los tacos de coliflor eran muy sabrosos también. Me parecía muy simple cuando llegó al mesa. Solamente es una tortilla con mucho coliflor y nada más. Sin embargo, fue muy delicioso. El coliflor estaba cubierto en las especias norte-africanos y fue frito para crear un poco crujiente y mucho sabor. En general, disfruté de comer en Revolucionario Tacos y aprendí mucho sobre la potencial para comida fusión.

Las Interacciones Entre La Cocina y La Cultura (Por Jamie Clarke)

Mi Cultura y La Relación a La Cultura Mexicana

Soy de una familia de orígenes europeos. Mi familia es una mezcla, con antepasados de Rusia, Polonia, Alemania, Irlanda, Bretaña, y más. Sin embargo, toda mi familia ha vivido en los EEUU por más que cinco generaciones en ambos lados de mi familia, así me identifico como una estadounidense. Específicamente, porque no conozco las personas de mi familia en el lado de mi padre, mi identidad es como un miembro de la familia de mi madre: una judía del origen Ashkenazi de Chicago. Mi padre es cristiano, pero él nunca fue a la iglesia o nos enseñó la religión a mis hermanos y yo, así me considero una persona completamente judía.

La cultura de mi familia es una fusión de la cultura judía de Europa del este y la cultura de las personas que viven en Chicago. Celebramos todos de los festivales estadounidenses como “Fourth of July,” “Halloween,” “Valentine’s Day,” y más, además a los festivales de los judíos como “Rosh Hashanah,” “Yom Kippur,” “Sukkot,” “Hanukkah,” y “Shabbat.” En la parte de Chicago donde crecí, la mayoría de las personas son de la misma cultura.

En el artículo de Pilcher, ¡Que Vivan Los Tamales!, él describe los tamales como la comida más central a la cultura mexicana. Pilcher dice que los tamales son la primera cosa preparada para todas de las celebraciones mexicanas. Tienen gran importancia en la cultura y unifican los mexicanos. Sin embargo, durante la historia de México, la globalización y la influencia de España trataba a valorizar la harina y despreciar el maíz porque la harina fue más sofisticado, según a los españoles. Los tamales de maíz todavía existen, sin embargo, como un parte de la cocina mestiza de México: una cocina con influencias españolas y mexicanas.

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Los Tamales

Una comida de mi cultura que es similar a los tamales, por el simbolismo y la comida actual, es el ‘matzo ball.’ ‘Matzo’ es un tipo de pan ázimo que era comido para los judíos en el desierto durante la época antes de Cristo porque no tenían el tiempo para que el pan suba. Cuando pulveriza el pan de ‘matzo’ a la harina, se puede usarlo para crear ‘matzo balls.’ ‘Matzo balls’ son cocinados en el caldo de pollo así que son muy húmedo y absorben los sabores del caldo. Tienen una textura y un sabor similar a los tamales: son muy suaves, húmedos, y tienen el sabor de pollo, los vegetales, o cualquier ingredientes son en la sopa, cuales son similares a los ingredientes que son puestos en los tamales usualmente. Sin embargo, hay algunas gran diferencias. Tamales usan la harina de maíz, mientras los ‘matzo balls’ usan la harina del pan de ‘matzo.’ También, los tamales usualmente se rellenan con ingredientes como el pollo, las verduras, los chiles, u otros ingredientes y servidos individualmente. Los ‘matzo balls’ nunca son rellenados, pero pueden poner algunas especies en los ‘matzo balls.’ Son servidos en un caldo de pollo con otros ingredientes como las zanahorias, el apio, el perejil, u otros ingredientes.

La importancia de los ‘matzo balls’ en mi cultura es muy similar a la importancia de los tamales para la cultura mexicana. Se comen en cada festival, y usualmente mi abuela empezaba a preparar los ‘matzo balls’ antes de todas las otras preparaciones porque fueron lo más importante. Como el efecto de la globalización en México y su cultura, la cultura judía ha cambiado después inmigrar a los EEUU. Por esta razón, es raro encontrar la comida judía en la mayoría de las zonas de la nación cristiano de los EEUU. Sin embargo, mi familia es muy orgullosa de nuestra cultura, así para cada festival mi abuela preparaba la comida tradicional de nuestra cultura. Similarmente, Pilcher describe que los mexicanos preparan la comida tradicional de su cultura, como los tamales, para los festivales mexicanos.

Mi Experiencia Con Una Cocina Nueva: Sarita’s y La Comida de El Salvador

Cuando estaba en el Grand Central Market con la clase, encontré una cocina nueva: la cocina salvadoreña. Fuimos a Sarita’s Pupusería, un lugar que Profesora Portnoy describe en su libro, Food, Health, and Culture in Latino Los Angeles. Según el libro, Sarita’s es un puesto del mercado que ha estado en el mismo lugar desde 1988. Fuimos a Sarita’s para probar las pupusas, y, para mí, fue una experiencia increíble.

Sarita’s se identifica como un puesto salvadoreño. El Salvador es el país pequeño al lado de Guatemala y Honduras en América Central. La comida de Sarita’s es auténtica a El Salvador con respeto a los platos tradicionales, como las pupusas de frijoles y queso o de carnitas. Estas pupusas son auténticas porque son cocinados por los salvadoreños en la misma manera que preparan las pupusas en su país para la gente de su nacionalidad. Sin embargo, Profesora Portnoy menciona en su libro que por otra manera la comida de Sarita’s no es auténtica. Algunos platos de Sarita’s usan ingredientes no tradicionales, como su pupusa de basil y mozzarella. En este caso, la comida es influenciada por los ingredientes comunes de California (y Italia). Entonces, la comida es auténtica en algunas maneras, por ejemplos los métodos son auténticos y cocinan algunas recetas tradicionales. Sin embargo, la comida de Sarita’s no es auténtica por otras maneras porque usan algunos ingredientes cuales no son tradicionales.

En el artículo de E.N. Anderson, Everyone Eats: Understanding Food and Culture, los conceptos de “core” y “periphery” son descritos. Anderson dice que el “core” es, “the rich cluster of polities that dominate trade,” como los EEUU y los países en el oeste de Europa. Por otro lado, “periphery” es, “the various areas that are economically deprived or marginalized; often they are dependent or politically weak.” Esencialmente, la idea del “core” es que son los países mas dominante del mundo, mientras el “periphery” es la descripción de las áreas con menos poder económico, político, etc. El Salvador es un país del “periphery” porque no es dominante y no tiene un gran influencia en el resto del mundo. Sin Embargo, en la ciudad de Los Ángeles El Salvador tiene influencia con respeto a la comida. Hay muchas pupuserías cerca de “DTLA” que tienen clientes de El Salvador, que vive en los barrios cerca de “South Central,” y clientes quien no son salvadoreños sino personas que quieren probar las cocinas diferentes. Entonces, es interesante que Sarita’s y las otras pupuserías de Los Ángeles estén en el centro de la ciudad, una cocina del “periphery” en un “core” lugar.

Sarita’s representa la cultura de El Salvador, un país sin influencia en la mayoría del resto del mundo. Sin embargo, la comida es fenomenal y cuando comí en Sarita’s me siento como estaba experimentando algo muy especial. Mientras la comida de Sarita’s es una cocina del “periphery,” la comida es rica y es alga que toda debe apreciar. La comida es muy modesto. Las pupusas simplemente son como un panqueque salado de maíz, y se rellenen con los frijoles, el queso, las carnitas, o el pollo. Son servidos con salsa roja y un “cole slaw” sin la mayonesa y con las especies del América Latina, que se llama, “curtido.” Hay una balanza perfecto entre la acidez y especies del curtido, la salsa, y los componentes con carne y queso, cuales son grasas. Todos los ingredientes en el plato crean una balanza compleja de sabores únicos a El Salvador. Ahora, soy curiosa sobre las cocinas latinas de los países pequeños, como la comida salvadoreña, y quiero continuar a probar los sabores latinos.

‘Spanish Fantasy Past’ y ‘Whitewashing’ a Través de Todo de Los Ángeles (Por Jamie Clarke)

La exhibición de LACMA, “Found in Translation: Design in California and Mexico,” me enseñó que California tiene un rico ‘Spanish Fantasy Past.’ ‘Spanish Fantasy Past’ es la idea de que la cultura latina y la historia fue enmarcada como “Español” en aras de la hacen parecer sofisticados y, por lo tanto, aceptable por la gente blanca. En el momento en California se estaba convirtiendo en una parte de los EEUU, los latinos eran consideradas como nativos incivilizados y no sofisticados, mientras los españoles eran considerados como ciudadanos de clase alta con fecunda fundaciones educacionales. California creó esta fachada de ‘Spanish Fantasy Past’ para hacer los componentes latinos que permanecieron parece más atractiva a los nuevos habitantes blancos.

Un ejemplo del ‘Spanish Fantasy Past’ discutidos en la exposición fue la arquitectura de Union Station en el centro de Los Ángeles. La arquitectura de la estación Union se asemeja a la de un edificio mexicano estándar, pero se conoce como estilo “Español” para hacerla apreciada por la gente blanca.

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Otro ejemplo fue el arte influido Maya que fue comercializado como “Español.” Un diseño tradicional de Maya del bastidor de chimenea, así como un diseño tradicional de Maya del piano, se exhibieron en el museo. Estas piezas fueron vendidas en California como “Español” las obras de arte para hacerlos comercializable a ricos blancos.

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Acercándose a la Calle Olvera, estaba emocionada para echar un vistazo a la cultura tradicional mexicana a través de la gente en las calles, en los restaurantes, los alimentos y los productos culturales en los vendedores. Sin embargo, encontré que las turistas no latinos estaban deambulando por las calles para comprar ‘tchotchkes’ que no parecían auténticos del México. Me dio cuenta que la Calle Olvera es poco más que un fachada, ‘Hollywood-izado,’ fabricado versión de lo que la gente blanca piensa que México es. En el libro de Profesora Portnoy, “Food, Health, and Culture in Latino Los Angeles,” describe que la Calle Olvera, “resembles a Disneyland version” de la cultura mexicana. Las cosas se venden son baratos y inauténticos, la comida parecía no fresco y producidos en masa, todo el lugar sentimiento artificial. Así, como Profesora Portnoy reconoce en su libro, “Olvera Street is a symbol of the city’s long history of whitewashing its Mexican past.” Fue fundada por un blanco Anglo mujer, Christine Sterling, en 1929 y se ha desarrollado a lo largo de los años a una ‘whitewashed’ y inauténtica demonstración de la cultura latina.

El Cholo era también mucho más ‘whitewashed’ y inauténtico de lo que me esperaba. Es una representación exacta de los restaurantes descritos en el artículo de Ferrero y el libro de Profesora Portnoy. El restaurante estaba lleno principalmente con los clientes blancos. El menú contenía imágenes de coloridos platos con varias salsas. Las meseras llevaban trajes horteras que les hizo mirar como estaban en una obra de teatro sobre México en las 1920s. Las paredes estaban pintadas con lo que se suponía iba a parecerse a la decoración tradicional, pero sólo miró a ser hortera. El restaurante trabajó muy duro para hacer lo Ferrero llama el “construction of Mexican imagery”, creando un fachada que hace sentir a la gente como blanca están en medio de una auténtica experiencia extranjera. La mesera ajuares eran vergonzosas, como fueron inauténticos y tergiversando la verdadera cultura latina. El lugar ha sido totalmente ‘whitewashed,’ llamando a si mismo un “Spanish Café” y sirviendo platos inmensos con toneladas de mala arroz y frijoles.

En el intento de probar la historia de El Cholo, probé la “Sonora Style Enchilada (1923),” que la mesera me describió como su plato más tradicional. Yo estaba muy emocionado para probarlo, pero yo estaba mayormente defraudada después de la primera cata. Los frijoles estaban fríos, el arroz estaba recocido y demasiado salado, el pollo estaba seco, las enchiladas estaban demasiado empapados y los platos tenían demasiada salsa sosa y crema. Mi amigo probó la “Crabmeat Enchilada,” y fue igualmente defraudados por el anodino “jalapeño-cilantro pesto sauce” (que ni siquiera es ligeramente mexicana) y un mezcla repugnante de crema y cangrejo se encuentra dentro de las enchiladas, y una igualmente mala montaña de frijoles y arroz. Además, la “salsa” (si se puede llamar así) que la mesera puso en la mesa cuando estábamos llegando probó como jugo de tomate que se había sentado afuera en una mesada durante unos días. No hubo ningún picante, ni sabor. Los piquitos también probó rancios y no sazonados.

En general, la comida era sosa, demasiado intensos, y desagradable. Ferrero diría que los cocineros en El Cholo hizo tal sosa, comida pesada porque “cooks at these restaurants are expected to prepare food which their costumers find palatable.” Así, El Cholo absteniéndose de utilizar cualquier especia en su comida para no saturar el paladar delicado de la gente blanca. Además, Ferrero explica que como parte del teatro de restaurantes como El Cholo, la cuestión de la “good, fresh, healthy food is set aside” porque la comida no está pensada para el “real Mexican people.” Más bien, Ferrero y Profesora Portnoy explica en sus escritos que este alimento está preparado para los clientes blancos que quieren una experiencia exótica. El Cholo intenta comercializar como histórico, auténtico y tradicional, a través de la descripción de su historia en sus menús. Tratan a pasar como auténtica cocina latina por poner la música de mariachi en el sistema de sonido y tener que las meseras llevan los trajes ridículos que son inauténticos a qué mujeres latinas desgaste realmente sobre una base diaria. El Cholo es una vergüenza para la cultura latina como es un establecimiento completamente ‘whitewashed’ que no logra demonstrar la verdadera cultura latina.

Fuentes de Información

Chichén Itzá: Los Sabores de Yucatán en Nuestro Propio Vecindario (por Jamie Clarke)

Era un sábado habitual de estudiar en la biblioteca para mí. A las diez de la mañana: la biología. La mediodía: la física. A las dos y media de la tarde: el español. Cuando llegaron las cuatro y media de la tarde, mi estómago estaba gruñendo. ¡Decidí que necesité comer ahora! ¿Pero, donde? Quería probar algo nuevo, pero necesitaba estar cerca del campus. En este momento, estaba terminando un capítulo de “Food, Health, and Culture in Latino Los Angeles,” por Profesora Sarah Portnoy. Recordé que, en el capítulo dos del libro, Profesora Portnoy mencionó un restaurante de Yucatán cerca del campus, Chichén Itzá. Entonces, busqué las direcciones y fui al restaurante Chichén Itzá.

Cuando llegué al edificio, me di cuenta que Chichén Itzá estaba dentro de un mercado, El Mercado de La Paloma. Al acercarme el mercado, la vida de las calles era diferente de la que esperaba. Solo había unas pocas personas cerca del mercado, y todas de las pocas personas fueron latinos. El área al lado del mercado estaba tranquilo, excepto por el rugir de los choches en el autopista I-110 justo al lado del mercado.

Entré el mercado y, para mi sorpresa, estaba lleno de restaurantes multiculturales, creaciones artísticas de muchos tipos, y mucha información histórica sobre El Mercado de La Paloma y la área del Sur Central de Los Ángeles. Después de leer las paredes y luego investigar en la Red, obtuve muchos conocimientos sobre esta área del Sur Central de Los Ángeles, un área tan cerca donde vivo.

Aprendí que, históricamente, el área del Sur Central ha sufrido desinversiones. Había la falta de puestos de trabajo de calidad y oportunidades comerciales, espacios de reunión de calidad, alimentos de calidad, y oportunidades artísticas y culturales. Sin embargo, en 1999, en repuesta a la surgencia de algunos residentes en las urbanizaciones de Esperanza de obtener una versión local de los bulliciosos mercados que habían dejado atrás en sus países de origen, nació la idea del Mercado de La Paloma. Durante un período de cinco años caracterizado por una intensa participación comunitaria e investigación, Esperanza Community Housing Corp. renovó el edificio actual, convirtiéndolo de una fábrica de ropa en un vibrante espacio de reunión comunitario. Es un experimento de revitalización de la comunidad que ofrece oportunidades para los residentes locales y muestra la creatividad local a la comunidad más amplia de Los Ángeles. Ahora, el mercado tiene la misión a construir economías locales, promover el arte y la cultura, proporcionar servicios, construir una comunidad. ¡Me inspiré en los increíbles objetivos del mercado y estuve lista para explorar más!

Cuando entré, vi que el mercado tuvo los colores vibrantes en todos lados, el sonido de conversaciones en todos los partes, y el aroma único de Los Ángeles de la cocina latina mezclado con los aromas asiáticas, africanos, y más. Paseé por un momento, observando las vistas, los olores, y los sonidos de este mercado magnífico. Después, troté hacia Chichén Itzá para satisfacer mi estómago gruñón y probar los sabores de Yucatán discutido en “Food, Health, and Culture in Latino Los Angeles.”

El restaurante de Chichén Itzá es muy pequeño. Hay un contador para pedir la comida y una cocina y una cocinita detrás. En frente del contador, hay mesas, como mesas de picnic, donde los clientes pueden sentarse para comer la comida. Cuando estaba en el mercado, fueron muchos clientes de Chichén Itzá disfrutando la comida. La mayoría eran latinos del Sur Central de Los Ángeles, pero estaban algunos estudiantes de USC comiendo y estudiando mientras comieron la comida de Chichén Itzá también.

Chichén Itzá es un restaurante de Yucatán, con un menú que reflecta las tradiciones de la región. La región de Yucatán, México está en el este de México, a lo largo del Golfo de México. Por esta locación, los ingredientes tradicionales del área incluyen el pescado, el carne, el pavo, el arroz, los chiles, los frijoles, las cebollas, el maíz, y más. Los platos tradicionales incluyen panucho, ceviche de pescado, sopa de pavo, cochinita pibil, tacos de pescado, tamales, y muchos otros platos que pueden ser encontrado en las cocinas del Yucatán y la cocina de Chichén Itzá en Los Ángeles.

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Cuando llegué a Chichén Itzá y miré al menú glorioso, mi boca comenzó a salivar. Empezó a ver algunos platos familiares a los mencionados en el libro, así decidí a pedir muchos platos para probarlos. Probé la Guanabana para beber, una bebida hecho con la fruta de la misma nombre. La bebida fue muy rica y dulce. Me recordó a una bebida tropical que se puede pedir en la playa de Cancún o el Caribe: algo refrescante pero rico. Era perfecto para cortar la riqueza de los platos. Mi gemelo tuvo Jamaica, una bebida afrutada hecha con arroz endulzado, el tarmarindo, un poco de lima para la acidez, y té de hibisco, cual la da un bonito color de morado. Probé ambos, y mientras pienso que la Guanabana es muy delicioso, la Jamaica fue una bebida perfecta. Me encantaba la Jamaica y quiero regresar a Chichén Itzá para esta pronto!

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Jamaica (a la izquierda) y Guanabana (a la derecha)

Para comer, mi gemelo y yo compartimos los panuchos, el ceviche de pescado blanco, y el pollo pibil. También, pedí la sopa de pavo porque me gusta mucho las sopas mexicanos. La sopa de pavo se parecía mucho a la sopa de fideos y pollo de mi abuela judía en una manera. Tenía un caldo sustancioso y carnoso con pavo rallado que fue perfectamente cocinado y tiras de la tortilla de maíz que se ablandaron como fideos. Aunque era ligeramente diferente de la sopa en la que mi abuela me crió, me hizo sentir reconfortada y como estaba en la casa de mi abuela.

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sopa de pavo

Para los antojiatos, comimos los panuchos y la tostada de ceviche. Los panuchos vinieron en un plato simple con una tortilla de maíz en el parte inferior, y lo cubieron con una cola de frijoles negros, mucho pavo bellamente cortado, el aguacate cremoso, una rodaja fresca y jugosa de la tomate, y cebolla blanca en escabeche. Fue muy sabroso y las verduras perfectamente mejoraron el rico pavo y tortilla. Después, probamos la tostada de ceviche. ¡Me encanta ceviche, así estaba muy emocionada para probar este plato! He comido más que 30 ceviches en mi vida (problamente), y pienso que la tostada de ceviche en Chichén Itzá es lo mejor, sin duda. El sabor era agrio y ácido por mucha lima (¡que me encanta!), pero la acidez era balanceada bellamente con las cubas de tomates frescas, mucho aguacate cremoso, el pescado blanco con una textura muy liso y delicado con una pocita masticación para una sensación muy agradable. Un montón de los ingredientes se sentaron encima de la tortilla más curjiente que he probado en mi vida. La tortilla dio un contraste perfecto con la suavidad de todos lo demás.

Finalmente, comimos el plato principal: el pollo pibil. Pregunté al mesero que “pibil” significa, y me dijo que “pibil” es un método muy común en Yucatán para preparar los tipos diferentes de carne, pollo, cerdo, etc. Consiste de cocinar el carne por mucho tiempo en hojas de plátano para obtener una textura perfecta y la carne muy jugosa. Me pareciá que el plato era demasiado sabroso para dejarlo pasar, así que le pedí. El plato fue masivo, con muchos frijoles negros cocinado a perfección, el arroz con un sabor de lima, pollo asado en el estilo “pibil,” y mi comida favorita del mundo: los plátanos fritos. El pollo fue muy suave, nunca he probado un plato de pollo tan jugoso. El arroz era adictivo con ese toque de lima para animarlo. Pero mi favorito sabor de todo de Chichén Itzá era los plátanos fritos, absolutamente. Eran dulce con un puco sal, rico con un pocito sabor de amargo, perfección en un bocado. Cuando puse todo de los ingredientes en una tortilla (que fue muy fresca y calentito), era mágico. Los sabores me dieron ganas de volver al día siguiente por más.

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pollo pibil

Me di cuenta de que la comida en Chichén Itzá es verdaderamente los sabores encontrados en el Yucatán. Crecen en el pequeño suburbio de una hora fuera de Chicago, el único contacto que he tenido con “cocina latina” fue Taco Bell y Chipotle. Como se describe en el artículo de Profesora Portnoy, “Good Food and the Problematic Search for Authenticity,” buena comida no es sólo la comida que satisface un antojo, como el deseo de un gran burrito de Chipotle o un taco crujiente de Taco Bell. Buena comida es mucho más: según a Profesora Portnoy, está conectado al terroir, la frescura de los ingredientes y el reconocimiento de que un plato ha evolucionado a partir de una larga tradición que debe respetarse. Realmente creo que, a diferencia de la “comida latina” de mi crianza, Chichén Itzá sinceramente prepara una comida muy buena. Como Profesora Portnoy sigue, buena comida, debe establecer un equilibrio delicado entre innovación y tradición, que es un sello distintivo de la excelente cocina de verdad, una calidad sobresale en Chichén Itzá.

En el artículo de Jeffrey Pilcher, “Coming Home to Salsa: Latino Roots of American Food,” él describe el sentido de autenticidad también. Afirma que Taco Bell y otras cadenas de comida rápida del tipo no son formas inauténticas de la comida Mexicana, sino que son auténticos en su propia categoría: la categoría de la comida rápida de Los Estados Unidos influyó por la comida Mexicana. A diferencia de la descripción que da la comida latina en Los Ángeles ganando autenticidad como la comida, la comida de Chichén Itzá me da los recuerdos a los sabores probé durante un viaje a México hace cinco años. La torrefacción lenta de la carne, cocer delicado de las salsas, y una increíble atención al equilibrio meticulosamente dulce y picante, agrio y amargo, salado y jugosa, se puede degustar perfectamente en cada bocado de comida de Chichén Itzá. Por lo tanto, comer en Chichén Itzá ofrece la experiencia trascendente de traer tu mente en la casa de un chef de Yucatán, comiendo su espléndida, tradicional, auténticamente alimentos de la región de Yucatán.

 

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