¿Genuino o performativo? Autenticidad en comida, restaurantes, y comunidades

Por Danielle Collins

A mi no me gusta la palabra “auténtica.” Es demasiado vago y personas la usan en maneras problemáticas, de lo que hablaré. Entonces, voy a usar palabras que tienen más sentido para mi. Pienso que podemos decidir si una cosa— una comida, restaurante, etc.— es “performativa” o “genuina.” Cuando digo “performativo,” estoy hablando del concepto de “staged authenticity” de Sylvia Ferrero en que organizaciones crean una fachada de que son algo que en realidad no lo son. Cuando digo “genuino” no significa puro— significa que es una experiencia real porque no está fingiendo de ser algo que no lo es. Solo es lo que es, así es genuino.

Un ejemplo perfecto de un restaurante performativo es El Cholo. Es una cadena “mexicana” y si tiene comida mexicana-americana. El problema con El Cholo no es la comida; de verdad, pienso que la conversación sobre “autenticidad” de la comida no es tan importante que la conversación sobre otros aspectos de una experiencia culinaria. Todas las decoraciones de El Cholo son para crear un sentimiento auténtico mexicana, pero porque esa es el propósito resulta en el opuesto: todo siente muy falso y fingido. 

Se puede ver una representación de los aspectos performativos de El Cholo en los menús. Todos los títulos están en español pero los descripciones de la comida y los ingredientes están en inglés (mirar el foto debajo). Con los títulos en español, quieren crear el sentimiento de algo genuino, pero en realidad saben que los clientes no hablan español. Para mi, esto no significa que El Cholo no es “auténtico,” porque comida mexicana-americana es muy popular para personas que sí hablan español y que no hablan español. Pero, significa que El Cholo no es genuino. He ido a restaurantes que tienen menús en inglés y español para clientes que hablan cualquier lengua. Pero, cuando hay una sección llamada “Sopas and Ensaladas” y ellos no pueden traducir la palabra “and” a “y,” eso es algo performativo.

La lonchera Mariscos Jalisco es un ejemplo de algo más genuino. La descripción de la lonchera en Google dice que es “no-frills” y es la verdad porque MJ no tiene aspectos performativos. No necesita decoraciones para parecer genuino porque es genuino. Las solas decoraciones son los premios en la pared que no son performativos porque son parte de la identidad real de la lonchera. MJ sí tiene mercancía con su logo, pero pienso que eso tampoco es performativo porque es parte de su marca para ganar más clientes y crecer su negocio, no para crear un imagen falso. Con respeto a la comida, la receta original de MJ es de un amigo, pero todavía alguien puede decir que no es “auténtico” porque el dueño ha cambiado la receta un poquito para sus propios gustos. Pero nadie puede decir que no es genuino. 

El Mercadito tiene muchas tiendas, pero voy a enfocar en el piso con la comida. A diferencia de El Cholo, todos los menús y anuncios están en español. También, todos los vendedores nos hablaban en español, mientras que los camareros de El Cholo nos hablaban en inglés. La lengua no es necesariamente un marcador de algo genuino, pero es otra indicación de que los vendedores en El Mercadito no están fingiendo nada. Además, la comida de El Mercadito viene de México y Latinoamérica e incluye cosas que posiblemente no son reconocibles a personas no latinas. Es otro marcador de que El Mercadito es genuino: no quitan cosas que pueden parecer “raras” o cambian su identidad para clientes sin conocimiento de cultura latina.

Milpa Grille es un restaurante e idea única, y es genuino porque mantiene fiel a su identidad culinaria. Se importa la autenticidad histórica y solo usa ingredientes precolombinos. Se puede decir que es lo más “auténtico” por esa razón, pero eso significaría que todos los restaurantes que usan ingredientes colombianos son inauténticos, que no es verdad. La herencia culinaria de Milpa Grille forma parte de su identidad genuina. Tiene decoraciones para la estética que son representativos de los valores e inspiraciones para el restaurante.

La historia y herencia son importantes para conversaciones sobre autenticidad. En el artículo de LA Weekly sobre gentrificación en Boyle Heights, Carlos Montes dice “There’s a lot of history here” como parte de la identidad de la comunidad, y hay mucho historia latina en Boyle Heights. Pero la vista de historia también es importante, y alguien puede decir que originalmente Boyle Heights tenía una población judea y era, “home to large numbers of Japanese, Russian and Serbian residents” (LA Weekly). Entonces la historia solo es un parte de la autenticidad, y la autenticidad tiene que cambiar con la historia moderna— no puede ser algo fijo. Como la profesora dice en su artículo de KCET, “affixing the label of authenticity to a cuisine is problematic because it suggests that cultural purity is the norm.” Nada de la cultura es completamente puro, así la autenticidad no puede ser puro tampoco. 

Come he dicho, no me gusta la palabra “autenticidad” en respeto a la comida. Además, en mi opinión es muy problemático llamar una comunidad o barrio “auténtico” porque ellos no están tratando de ser “auténticos”— sólo están viviendo sus vidas, y probablemente son personas blancas usando la palabra “auténtico” como una forma de turismo cultural. Pero, es importante que las personas en un barrio tienen una comunidad que es de ellos, y siente como casa para ellos. No tiene que ver con “autenticidad” porque comunidades siempre están cambiando. El cambio es natural, pero la gentrificación no es solo un cambio: es una manera de romper una comunidad. He hablado sobre restaurantes genuinos, y son genuinos porque tienen identidades fuertes. Un aspecto grande de la identidad es tu comunidad, y si tu comunidad se rompe es difícil mantener su identidad genuino.

Mercado Olympic: Piñatas, Pupusas, y Puestos de Cualquier Otra Cosa

Por Danielle Collins

Cuando llegas a Calle Olympic, te sorprende el tamaño del mercado. Pensabas que sería algo pequeño, pero manejas por unos minutos desde un lado al otro para encontrar un estacionamiento. Desde el coche, los colores del calle se nublan. Cuando empiezas a caminar, puedes distinguir los colores claramente. Vienen de los puestos vendiendo cualquier cosa, desde juguetes a ropa de marca, intercalado con puestos de comida. Es ruidoso, es atestado, es emocionante. 

Aprecias toda la gente porque puedes caminar lentamente, y observar todos los puestos. Hay muchos puestos para niños, con juguetes, piñatas, y mucha mercancía Disney (Elsa y Elena de Avalor están por todas partes). Tiene sentido que hay muchas familias con niños caminando también, los niños bebiendo zumo o comiendo nieva. Pero hay puestos para los adultos también. Unos venden ropa de marca como Nike, otros venden joyas, y otros venden cosas cotidianos como jabón y papel de cocina. Piensas que el mercado es un lugar perfecto para comprar regalos para cualquier persona— hay algo para todos. 

Decides caminar hasta el fin de calle para ver todos los puestos antes de decidir donde quieres comer. Todos los vendedores están gritando, tratando de atraer la atención de los compradores. Gritan “¡Pasale!” o los objetos o la comida que venden. Hay un puesto con un megáfono, y puedes oír la voz de la vendedora cuando ya no la puedes ver. Solo oyes español. Muchos de los puestos de comida venden cosas similares: tacos, taquitos, pupusas, quesadillas, guacamole. Hay unos puestos con trompos para tacos al pastor. Muchos tienen zumos y horchata también, y hay algunos que venden churros o nieva que son muy populares con los niños. Algunos tienen espacio con mesas enfrente del puesto así puedes sentar, y en otros no hay espacio así puedes comprar tu comida y continuar caminando.

Cuando llegas al fin de calle, estás abrumado con todas las opciones. Pero necesitas hacer una decisión y comprar algún tipo de comida. Recuerdas la vendedora simpática quien le dijiste que ibas a regresar. Y regresas. Ella sonríe cuando paras en frente de su puesto, y dice, “Ah, las chicas bonitas!” Sonríes en turno. Ella te pregunta que quieres, y cuando dudas repite la pregunta en inglés. Así haces una decisión y respondes en español, pidiendo una pupusa de frijoles y queso. Ella ríe, y dice que se hace las cosas más fáciles que hablas español. 

Ella empieza a hacer las pupusas. Toma la masa y amasa en un círculo. Añade frijoles y queso, pone más masa encima, y amasa otra vez para cerrar la forma. Las pone en la plancha, y oyes el chisporroteo de la masa crudo con el aceite. El humo te hace llorar los ojos, pero el olor se te hace agua la boca. Ella da la vuelta las pupusas unas veces, mientras que ustedes charlan. Ella es muy agradable, pero estás impaciente para comer. Por suerte, aunque la comida es hecho a pedido, todavía es muy rápido. Recibes tu pupusa en un plato de papel, y sientes el calor en tu mano. Añades un poquito de curtido (ellos tienen muchísimas opciones de otras salsas) y la pones al lado. Pagas la cuenta— es $3 para la pupusa, que piensas es normal y razonable. No has comido nada esta mañana y ahora tienes mucha hambre.

Te sientas en una mesa, lista para comer. Las mesas son limpias, con manteles con un estampado de flores. Sabes que las pupusas son una comida salvadoreña, y las has probado unas veces en el pasado, quizás por una lonchera en el mercado de agricultores de USC o por el puesto en Grand Central Market. Te gustan las pupusas porque siempre hay opciones vegetarianas. Cuando tomas el primer bocado, sólo es la masa frita. La textura es buenísima: a la vez esponjoso y denso. Es claro que es hecho a pedido. El gusto es bueno también, pero necesita la salsa para el sabor perfecto. Una sola pupusa es muy sustanciosa: quieres probar más pero sólo puedes comer uno. Durante el tiempo que comes, muchas camareras te preguntan si estás bien or si necesitas algo.

Cuando regresas a casas, haces una investigación para aprender más sobre pupusas. Aprendes que sí son salvadoreñas, y que la nombre “pupusa” es de una palabra Pipil que significa “tortilla relleno.” Originalmente, todas las pupusas estaban vegetarianas, pero en el siglo 16 empezaron a añadir carne. Pupusas eran una comida local hasta los años 1960, y en 2005 se convirtieron en la comida nacional de El Salvador. En los Estados Unidos, pupusas ganaron popularidad después de inmigración grande desde El Salvador a los EEUU. Es estimado que 1 millón salvadoreños emigraron a los EEUU durante y después de la guerra civil en los años 1979 a 1992 (Portnoy, Food, Health, and Culture in Latino Los Angeles). Todavía no eres una experta, pero entiendes mucho más sobre la historia de las pupusas. Y todavía te apetecen muchísimo. Estás emocionada para probar más pupusas ahora que tengas más conocimiento, y quieres volver al Mercado Olympic para comer e ir de compras.