La autenticidad y las diferencias entre El Cholo y Boyle Heights (Blog #2)

Por Carlin Pappas

El Cholo se enorgullece de ser un hito de Los Ángeles. Incluso las servilletas dicen, “No puedo imaginar Los Ángeles sin El Cholo.” Desde el exterior, el restaurante se parece a una hacienda, pintada de amarillo con techos de teja de barro español. Escrito en letras grandes pintadas en la parte delantera del restaurante es “El Cholo, est. 1923.” 

Para más de 95 años, El Cholo ha anunciado un “ambiente cálido y relajante,” ofreciendo “deben tener margaritas” y recetas secretas de la familia. Cada alimento del menú tiene un año enumerado junto a él, lo que significa el año que se agregó. Por ejemplo, el menú dice “Joe’s Traditional Albondigas (1923).” Pero, también sirve una ensalada de Caesar—¡que no es mexicano! 

Mientras que El Cholo se anuncia como un restaurante mexicano “tradicional,” en realidad es un ejemplo de lavado blanco. En su articulo, “Comida Sin Par,” Sylvia Ferrero habla sobre restaurantes étnicos y de cómo son “espacios de viaje” donde los comensales toman en culturas extranjeras y contradictoriamente, se enfrentan a formas de “autenticidad escenificada.” En particular, ella dice:

“Mexican restaurants adjust their culinary practices and the image of themselves according to the expectations of non-Mexican diners. They adopt different attitudes toward their Mexicanness, play with the images imposed by the American society on their culture, and perform specific cultural traits to satisfy their customers’ expectations (200).”  

Para los residentes de Los Ángeles, El Cholo presenta la imagen de comida de mexicano, pero en realidad es un ejemplo de “autenticidad escenificada.” Sirven enchiladas, tacos, quesadillas, nachos y platos combinaciones. Todo está cubierto de queso cheddar. También tocan la música del mariachi en el segundo plano para sus clientes que, en su mayoría, son blancos y no mexicanos.  

En su libro, “Whitewashed Adobe,” William Deverell dice: 

“Los Angeles matured, at least in part, by covering up places, people, and histories that those in power found unsettling. Los Angeles became a self-conscious “City of the Future” by whitewashing an adobe past, even an adobe present and adobe future (21).” 

Con los años, El Cholo se ha visto obligado a confinar a las ideas de las personas blancas de “Mexicanness.” El restaurante funciona como un sitio de escenificado donde los comensales no mexicanos pueden visitar para una “experiencia auténtica.” Sin embargo, sólo tuve que conducir seis millas de USC, a Boyle Heights, para una experiencia más auténtica. Boyle Heights es un vecindario históricamente Latino en Los Ángeles.

A diferencia de El Cholo, Mariscos Jaliscos es muy discreta. Ubicado en el lado de la calle, la lonchera es conocido por tener algunos de los mejores tacos en Los Ángeles. La presentación de la comida fue sencilla y los tacos eran frescos y sabrosos. También en El Mercado de Boyle Heights tenía muchos alimentos auténticos como chapulines, tamarindo y elote. La mayoría de los trabajadores no hablaban inglés, así que tuve que usar mi español para comprar mango seco picante. ¡Era deliciosa! Cada puesto de comida tenía su propia personalidad. Se vendieron mole en baldes y tenían palos para que te probaras. Era un ambiente mucho más relajado.

Creo que la combinación de la gente y el estilo de presentación de la comida es lo que hizo a Boyle Heights más auténtico que El Cholo. Cuando estaba en El Mercado, noté cuántas familias latinas estaban comprando o comiendo. Me sentí como si estuviera en una comunidad real, no en un medioambiente forzado. Pero, como Sarah Portnoy dice en su libro “Food, Health and Culture in Latino Los Angeles”:

“In Los Angeles, historically Mexican food has had very different identities, meaning one thing to Anglo diners seeking an exotic experience, something very different to Mexican-Americans, and still something else to recent Mexican immigrants. None of it is inauthenthic; instead different groups of people have very different understandings of “authentic” Mexican food (22-23).” 


La autenticidad se construye socialmente. Lo que es auténtico para una persona, puede no serlo para otra. Siempre es importante recordar que la autenticidad está determinada por el conjunto de experiencias de cada persona.

Flor Blanca: Pupusas, Cervezas y Fútbol (Blog #1)

Por Carlin Pappas

Desde el exterior, Flor Blanca no parece mucho. Pero, en el interior es exquisita comida salvadoreña.

El domingo por la noche me encontré en un restaurante desconocido. Situado en un centro comercial en la esquina de las calles S. Alvarado y W. 8th es un restaurante salvadoreño. Flor Blanca Restaurante, que lleva el nombre de la flor nacional salvadoreña, es un negocio de gestión familiar. Desde el exterior, el restaurante, decorado con un cartel fluorescente y una bandera que publicitar de karaoke, parece un poco sospechoso. Pero en el interior, las paredes rosas y los paños de mesa de girasol te hacen sentir como en casa. 

Esta fue mi primera vez en un restaurante salvadoreño. No sabía que esperar. Para ser honesto, la única razón por la que elegí Flor Blanca fue porque mi amiga Sabby le gusta pupusas y dijo que sólo vendría conmigo si los conseguimos. También, estaba muy cerca de USC—solamente tres millas

¡Mi cita, Sabby!

Cuando nos sentamos, nuestra camarera, Jessica, sugirió que definitivamente pedir las pupusas ya que eran la comida más popular en el menú. Jessica dijo que las pupusas son el plato nacional de El Salvador. La tía de Jessica, Marlena, ha estado haciendo pupusas para Flor Blanca por más de veinte años. Marlena también es la propietaria de Flor Blanca. 

Las pupusas están hechas de una tortilla gruesa de maíz y rellenas de un sabroso relleno. Para hacer la masa, se mezclan masa de maíz, sal y agua. Entonces, puede agregar cualquier tipo de relleno: las opciones típicas incluyen carne de res, frijoles, queso y carne de cerdo. Se cocinan en un comal y se sirven con curtido y salsa.

En el restaurante pedí una pupusa de espinaca. Sabby pidió una pupusa de frijoles con queso y una pupusa revuelta. También pedimos plátanos fritos con crema y frijoles para compartir. 

Las pupusas son una comida callejera salvadoreña. Las pupusas fueron creadas hace siglos por las tribus Pipil, los indígenas de El Salvador. En los 1940s, las pupusas todavía no estaban muy extendidos en El Salvador y se localizaron principalmente en las ciudades centrales. Pero, a medida que la población comenzó a migrar a otras áreas en los 1960s, las pupuserías crecieron dentro de El Salvador y los países vecinos como Honduras y Guatemala, a veces con variaciones de forma, tamaño o relleno. 

En los 1980s, la guerra civil salvadoreña obligó a una migración salvadoreña a otros países, principalmente a los Estados Unidos. Flor Blanca es un ejemplo de un restaurante contemporáneo salvadoreño. 

¿Creo que Flor Blanca era auténtica?Como leemos en nuestras lecturas para clase, la palabra ‘auténtica’ es problemática. La autenticidad se construye social y personalmente. Igualmente, la palabra “varía dependiendo de los ingredientes disponibles, cambios en la tecnología, clase social y las influencias del comercio y los viajes.” 

En mi opinión, la pupusa que comí era tan auténtico como podría ser en el contexto de una pupusa en los Estados Unidos. Jessica nos dijo que los ingredientes utilizados en las pupusas fueron comprados en el supermercado local y Marlena los hizo todos a mano. 

Marlena y Jessica trabajando juntas en la cocina de Flor Blanca.

En su artículo sobre la comida mexicana en Los Ángeles, Sylvia Ferrero discute la “autenticidad escenificada” que se lleva a cabo en los restaurantes mexicanos en ciudades como Los Ángeles. Ferrero argumenta que los restaurantes mexicanos llevan una “vida dual;” algunos atienden a mexicanos y mexicanos locales, mientras que otros atienden a los no mexicanos considerados como comensales turistas. Mientras comía, noté que Flor Blanca representaba un restaurante para la comunidad salvadoreña y salvadoreña-americana. Sabby y yo éramos los únicos no salvadoreños en todo el restaurante. La mayoría de los clientes eran hombres salvadoreños disfrutando pupusas y bebiendo cervezas mientras miraba fútbol. 

A pesar de que éramos los forasteros, Jessica, Marlena y todos los clientes nos hicieron sentir bienvenidos. ¡Sin duda volveremos!