Street Vendors: the heart of Los Angeles

by Anya Vincent

It is almost impossible to drive a mile in Los Angeles and not see a street vendor selling food on a sidewalk. They are an essential part to the city’s food culture, and if they were taken away there would be a large gap in its place. The food there is almost always guaranteed to be delicious and inexpensive. Types of food can range from fresh fruit, sold by fruteros, to street hot dogs, found after sporting events, to tacos and pupusas. When visiting most vendors, one can often find a full meal or large portions for five to ten dollars; these often should be double or triple the price that is charged. Street vendors are an essential part to Los Angeles, but this pandemic has hit them hard and the survival rate of their stalls has dramatically decreased.

The food truck I visited

In order to understand what the vendors face, I visited one recently and talked to them about their business. The one I visited is on W 36 St and Vermont, in between the post office and Smart & Final. I have seen them multiple times when driving around the area, and I finally was able to try their food. The cart is run by a woman and man, and unfortunately, I did not ask about their relation to each other. In their cart, they sell tacos, pupusas, quesadillas, and hot dogs, along with drinks. The majority of the food was five dollars or under and was very filling. When I asked them how long they had been there, they mentioned that they had been in that location for 8 months and work from seven in the morning to four in the afternoon. I was shocked they started during the pandemic, especially since a lot of food vendors have been hit extremely hard. They said that there had been less business than usual because there were no students, which led me to think they were around USC campus earlier but in another location; however, I did not have the chance to ask them that by the time my food was ready. I purchased two pupusas with beans, cheese, and chicharron to share with my friend, and they were absolutely delicious. I definitely will be visiting them again, especially during the pandemic.

The pupusas

It is extremely sad that so many of the street vendors have had to close down during the last year. As mentioned in the article in Food and Wine, many vendors had to shut down due to restrictions, and cannot afford to open up again. Those that have remained open have lost around 70% of their revenue as they have less customers. However as restrictions begin to loosen, they can be essential for helping our economy and our cities. As John Rennie Short mentions in his article, they boost small business, provide safe, socially distanced ways to get food, and additionally make cities livelier than they previously were, as foot traffic can help it out. They also provide income for many immigrants and low-income workers. However, in order for this to occur, Los Angeles county needs to help them. Even though street vending has been decriminalized, it is extremely hard for them to meet the impossibly high standards imposed by the city. Just to get set up with permits and health inspections with the carts, costs vendors a sizeable portion of their yearly income. While these steps are very important, the city needs to lower prices and expectations, so vendors can actually sell their products and make a profit. Until then, the most we can do is help them fight for more rights during city council meetings, while also visiting their stalls. The city cannot risk losing their street vendors because losing them will also make the city lose a large portion of itself.

Bautista, Nidia. “Los Angeles Street Vendors Already Had It Tough. Then the Pandemic Hit.” Food & Wine, 24 July 2020, 

Short, John Rennie. “La Venta Callejera Hace Más Vivas, Seguras y Justas Las Ciudades, Por Eso Pertenece a La Escena Urbana Post-COVID-19.” The Conversation, 26 Jan. 2021,


Inseguridad Alimentaria: una breve mirada al racismo estructural

Por Anya Vincent

En el presente, muchas personas no piensan que hay personas que no tienen la comida. Sin embargo, estas personas no son conscientes de la inseguridad alimentaria a la que se enfrenta una gran parte de la población especialmente durante los tiempos de COVID. En épocas normales la inseguridad alimentaria ya afecta desproporcionadamente a los que no son blancos, y ahora es mucho peor. No se debe al alzar, pero se debe al racismo estructural. De Ana Galvis, “El racismo estructural se refiere a las formas en las que las estructuras sociales y las instituciones perpetúan y producen inequidades duraderas y acumulables basadas en la raza.” Los EE. UU produce muchas inequidades para la gente de color en muchas áreas, pero voy a enfocar en el sistema alimentario.

La mayoridad de los trabajadores de alimentación son gente de color, pero no importa cuando se trata de inseguridad alimentaria. En muchos casos los trabajadores reciben pequeños salarios que causan la pobreza. La pobreza causa la inseguridad alimentaria porque la gente no puede permitirse comprar comida. De Galvis, “De los 50 millones de personas que sufren inseguridad alimentaria en los Estados Unidos 10.6% son blancos, 26.1% son negros, 23.7% son latinos y 23% son indígenas americanos.” A este momento, no es posible cambiar este porque hay el racismo estructural. Las personas a cargo no están pagando los trabajadores salarios suficientes altos, y hasta que no aumenten los salarios, habrá la inseguridad alimentaria.

Ahora, durante los tiempos de COVID, la situación que describo es mucho peor. A causa de COVID, hubo muchos despidos porque las empresas no pueden permitirse tener muchos empleos. Para las personas que todavía tienen trabajo, tienen bajos salarios que no son suficientes para cubrir los gastos de vida. Muchas personas necesitan elegir entre la comida o la electricidad u otras cosas esenciales para vivir. Según el articulo de Laura Barros y Alex Segura Lozano, la pandemia ha hecho que 26 millones de personas tienen dificultades con la inseguridad alimentaria. También para personas con niños, esto tiempo es más difícil. Durante tiempos normales, los niños podían comer almuerzo y a veces otras comidas en su escuela. Sin embargo, las escuelas están cerrados y los padres necesitan alimentarse a sí mismos y sus hijos. Otra dificultad que surgió a partir de la inseguridad alimentaria es el cambio de dieta. Muchas de las personas que ven a los bancos alimentos necesitan comida que duren en lugar de una comida porque necesitan alimentar su familia. La comida que duren no está tan saludable y las personas con inseguridad alimentaria no pueden comer saludable.

Trabajador en el Los Angeles Regional Food Bank

Hay personas como José Andrés que están tratando de combatir la inseguridad alimentaria. Andrés tiene muchos bancos alimentarios y también está el dueño de World Central Kitchen que tiene muchas locaciones. En Los Ángeles, Los Angeles Regional Food Bank está distribuyendo alimentos en diferentes eventos y bancos alimentarios. Ellos tienen alimentos saludables y quieren que no hay personas con inseguridad alimentario en la ciudad. Asocian con muchos lugares y hay trece que son muy cercos a USC. También la mayoridad de su comida va a familias de bajo ingresos. Para más información de Los Angeles Regional Food Bank puede visitar el sitio: Organizaciones como este son necesarios para combatir la inseguridad alimentaria y nosotros deberíamos tratar de ayudarlos tanto como sea posible. Sin embargo, si no aborda el racismo estructural en la sociedad, no podre solucionar ninguno de los problemas en este país.

Barros, L., & Lozano, A. S. (2020, December 02). Millones en EEUU ABOCADOS a LA caridad para LLENAR su DESPENSA en la pandemia. Retrieved March 17, 2021, from

Cooper, Anderson. “Addressing the Strain the Coronavirus Has Put on America’s Food Supply Chain with José Andrés.” CBS News, CBS Interactive, 19 Apr. 2020,

Galvis, Ana. “Desmantelando El Racismo Del Sistema Alimentario.” Food First, 18 Mar. 2016,

University of Michigan School of Public Health. (2020, May 07). Coronavirus and Food Access: How the PANDEMIC impacts FOOD Insecurity: CORONAVIRUS: Population HEALTHY Podcast: University of Michigan School of public health. Retrieved March 18, 2021, from

Los Sabores de Gentrificación y Globalización

Por Anya Vincent

Cada vez que voy a Grand Central Market, trato a probar un restaurante nuevo. El mercado tiene muchos restaurantes que son “auténticos” o “fusión.” También el mercado muestra la historia de gentrificación y la creolización de comida en Los Ángeles. Los puestos del mercado tienen gran variedad de cocinas que oscilan desde mexicana hasta italiana y tailandesa y muchas veces tienen comida que está muy “auténtica” a la cocina y comida que tiene influencia de otras cocinas.

Grand Central Market

Un ejemplo de la creolización de comida y la gentrificación del mercado es PBJ.LA. Este puesto vende los bocadillos de mantequilla de cacahuete y mermelada y un ejemplo del sándwich es el “Indian.” Tiene los sabores de la comida hindú, pero es una comida estadounidense. Además, Grand Central Market solía ser solo los vendedores de comida más barato y nativo a la ciudad, pero este puesto está carísimo. PBJ.LA no está solo en su gentrificación del mercado. En un articulo de Los Angeles Magazine, dice “On the other hand, if you have any history with Grand Central—if it stands in your memory for something more utilitarian, the kind of place where foreign-born entrepreneurs translated their culinary traditions into an American livelihood—then what you find today can feel like the front lines of L.A.’s new demographic wars.” Esta cita describe el propósito original para el mercado y los sentimientos actuales que evoca el mercado. Si fuera al mercado hace 10 años y hoy, iría a un lugar muy diferente.


Cuando fui al Grand Central fue a la noche y por esta razón muchos de los puestos eran cerrados y no pude ir al puesto que quería. Quise ir a “La Tostadería” que es un lugar que hice las tostadas con mucha influencia de otros lugares, pero fue cerrada. En lugar de este, fui a “Jose Chiquito”. En el sitio del web del mercado, el sitio de Jose Chiquito dice “Since 1998, serving breakfast all day, customized hamburgers, tuna melts, and a range of wraps and salads” para describir la comida del puesto. Cuando veía al puesto, los efectos de la globalización están muy obvio. El rótulo del restaurante dice “gracias” en muchas lenguas y su menú tiene comida del todo el mundo. Solo su menú de desayuno tenía comida que obviamente era mexicana o de inspiración mexicana. Por ejemplo, en el menú tenía chilaquiles verdes y un burrito de chorizo y huevos. Pero en su menú de sándwiches tiene un “New York Pastrami” que obviamente no es una comida hispánica.

Yo compré un wrap de pollo habanero que tiene lechuga, tomates, queso de pepper jack y aguacate. Pedí esta porque no quise comida de desayuno, pero quise algo con los sabores de la comida mexicana y también un wrap es muy similar a un burrito. Era nueve dólares, pero era muy grande y ahorré la mitad para otra comida. También fue muy delicioso y picante. Los sabores fue una fusión de los de la comida mexicana y americana, pero en general fue más americana. Obviamente, la mayoridad de la comida en el menú no es “autentica” a la cocina mexicana, aunque el nombre del restaurante parece hispánico. James en su lectura escribe que hay un intercambio constante entre diferentes culturas y por esta razón es difícil a ser autentico (374). José Chiquito demuestra esto porque todo de la comida que se vende es un intercambio de culturas y comida.

La comida

El puesto tiene una relación complicado con la gentrificación. En un lado es un puesto viejo en el mercado y tiene comida que está casi nativo a California. En otro lado es un producto de la gentrificación. Grand Central estuve fundido en 1917 y es muy posible que José Chiquito reemplace otro puesto que eran más nativo al mercado y más “auténtico.” Sin embargo, ahora José Chiquito es un de los más antiguos y es importante que no sea reemplazada en el futuro si queremos dejar la gentrificación.

James, Allison. “Identity and the Global Stew.” The Taste Culture Reader,pp. 372–84.

Katz, Jesse. “Inside the Gentrification of Grand Central Market.” Los Angeles Magazine. Sept. 9, 2016

De Biriyani a los Tamales: una exploración de identidad y autenticidad

Por Anya Vincent

Crecí en el condado de Los Ángeles rodeado de las cocinas de muchas culturas diferentes. En la casa, comía la comida india, pero cuando comía afuera, comí la comida latina, asiática, de Oriente Medio y más. Sin embargo, la comida india es lo que más he consumido en mi vida. Esta cocina tiene mucha variedad y por esta razón estoy más familiarizada con la versión del sur y de la región de Goa. Cuando pienso de la cocina india, siento excitada y casi puedo oler las especias en la comida.

Si alguien me pregunta que es mi plato favorito, no puedo contestar con solo un plato, pero en mi familia un plato que es especial es biriyani. Biriyani es similar a una paella en concepto y hay mucha variedad en los platos dependiendo de la región. La versión que mi mama cocina es un plato de arroz con cordero y patatas. En el pasado, solo comemos en ocasión especial como la Navidad o Día del padre. Una vez, compré un biriyani vegetariana de Trader Joes porque quise un sabor familiar y reconfortante, pero fue el opuesto. Los sabores no estaban cerca el mismo que sabía y todo sintió mal. Es como Heldke escriba en su libro, “Flavor possesses surprising power to remind us of our identities” (Heldke 387). Los sabores de Trader Joes no me recordaron de mi identidad y ahora solo como el biriyani en lugares en los que puedo confiar. Para mí, el plato significa que el día es un de celebración y alegría y en mi opinión es similar a un tamal por esta razón.

Un plato de Biriyani

Para este blog, voy a escribir sobre los tamales. A este momento estoy en La Jolla, California y compré tamales en el mercado de agricultores. Compré dos paquetes de tamales congelados de un puesto se llama “Gourmet Tamales”. El puesto vendió ambo los tamales congelados y los tamales calientes. Hubiera sido imposible ignorar el puesto porque tenía tamales sobre tamales sobre tamales y los olores estaban por todos partes. Mis amigos y yo compraron los tamales congelados para algunas comidas luego. Los tamales fueron vendidos en paquetes de tres y nosotros compramos dos tipos. El primer fue de pollo en un mole rojo y el otro queso de feta, espinaca y tomatillo.

Para cocinar los tamales, hay dos opciones. Nosotros hacemos la opción más fácil, pero pienso que el otro hubiera sido mejor. Para nuestra opción, envolvemos en una toalla de papel mojada y cocina en la microonda para cinco minutos. La otra opción fue a usar la estufa para cocer al vapor, pero no tenemos una vaporera. Aparte de eso, pienso que la comida fue autentico, en el significado común de esta palabra. La autenticidad del tamal esta dudoso cuando el relleno usa ingredientes que no son de México. En el primer capítulo del libro Food, Health and Culture in Latino Los Angeles de Sarah Portnoy, ella discute el termino de autenticidad y tiene una cita de Jonathan Gold que dice “Instead, he argued that Tito’s Taco’s and El Cholo are authentic representations of what Mexican food has evolved into over centuries of a Mexican presence in Southern California.” (22). Después de este, pienso que todo es autentico a una cultura, pero puede ser una mezcla. Por ejemplo, Titos Tacos fue autentico a la cocina mexicana-estadounidense. Los tamales fue una representación de esta cita. Un de los tamales tiene queso de feta que no es nativo de México y otro que está en el menú fue de especia de calabaza que obviamente no es autentico a los ingredientes mexicanas. No obstante, los tamales fueron deliciosos. La afuera fue muy suave como una almohada y el relleno tiene mucho sabor en ambo tamal.

Heldke, Lisa. But Is It Authentic? Culinary Travel and the Search for the “Genuine Article”. Berg Publishers.

Portnoy, Sarah. Food, Health, and Culture in Latino Los Angeles, Rowman & Littlefield Publishers, 2016. ProQuest Ebook Central.