8: Una mente llena de información y un estómago lleno de tacos

Cuando tomé mi primera clase de español en USC, escuché de esta clase. Pensaba que era la clase perfecta si podría comer tacos y escribir. Una mezcla de mis dos cosas favoritas — los tacos y el periodismo.

Me disfruté mucho este semestre. Me gustó era la manera en que combinamos la divertida de comer y buscar lugares nuevas con conceptos difíciles como los desiertos de comida y la apropiación. Pensé que sólo iba a comer tacos, pero yo terminé la clase con una apreciación por mi comunidad y las problemas que los Angelenos tienen con comida.

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Las tres moles de Mexicano.

No puedo buscar las palabras para describir que delicioso era la comida que comimos en la clase. Me gustaba probar cosas nuevas, que no he comido antes. En nuestra almuerzo final, me encantaba mucho los moles diferentes. He estado viendo mucho “Chopped” en Food Network, y sentí como un juez en el programa, probando las sabores, las dulces, y las especias.

Una de mis experiencias favoritas era cuando visité a Guelaguetza para probar las enchiladas y las margaritas con un amigo. Lo gustaba tanto que recomendé la comida de Guelaguetza para una fiesta del fin de año de Annenberg!

Sentí como aprendí mucho de este clase. Es un clase que recomendaría a otras personas porque aprende mucho sobre la comunidad circundante, y nunca tiene un estómago vacío.

6: Un día en la vida de un desierto de comida

De la ventana de mi casa puedo ver un restaurante de “philly cheesesteaks”. Junto a eso está Tom’s Jr. Burgers. Muy cerca tienes Chipotle, Chick-fil-A, y un restaurante nuevo que vende algo se llama “poke”. Es algo muy raro, no he comido eso. Para todas mis amigas, LA es un paraíso. Pero para mi, es un desierto. Un desierto de comida.

“El Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) define los desiertos alimenticios como zonas rurales o de bajos ingresos que carecen de acceso a fruta fresca, verduras y otros alimentos saludables y de buena calidad” (Portnoy 110).

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Lo que puedo ver de mi casa.

Mis padres hemos mudado a este desierto en los años 80, y he visto el cambio que ocurrió aquí en los años 90 con el crecimiento de la zona alrededor de la Universidad. Cuando era niña, no tuvimos muchos opciones para obtener comida fresca y saludable. Recuerdo comiendo los Cheetos con mi hermano cada viernes en nuestro camino después de la escuela. Puedo imaginar el sabor de los taquitos que compramos del 7/11. Yo nunca tuve problemas con mi peso, per era una historia diferente para mi hermano. Él todavía lucha con su peso, y la mayor parte del problema es debido a la comida que crecimos comiendo alrededor del área.

He leído que “de hecho, los inmigrantes de primera generación consumen menos grasa y más fibra y tienen una menor prevalencia de obesidad que los inmigrantes de generaciones posteriores. Cuanto más tiempo pasa un inmigrante latino en los Estados Unidos, más su tasa de obesidad tiende a aumentar “(Portnoy 114).

Tuve mi hija en 2010, y sabía que quería proporcionar un estilo de vida más saludable para ella de lo que crecí con. Ojalá tuviera acceso a productos saludables y frescos cada día. Ojalá pudiera darle las frutas y verduras que necesita. Pero la realidad es que sin un coche, mis opciones son limitadas. Yo vivo menos de dos millas de un supermercado, pero toma 30 minutos caminar a Ralph’s. La realidad es que no puedo caminar todas las semanas para el supermercado, especialmente con mi comida cuando regreso.

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El camino a Ralph’s de mi casa. 

En 2010, el Centro de Alimentación y Justicia del Instituto de Política Urbana y Ambiental en Occidental College hizo un estudio sobre los desiertos de comida, y encontraron algo muy interesante:

“Entre estas tres comunidades, había un total de 1.273 puntos de venta de alimentos al por menor, de los cuales el 30% eran restaurantes de comida rápida y el 22% eran tiendas de conveniencia o de licor, más de la mitad de las opciones alimenticias disponibles, mientras que menos del 2% eran supermercados . Una de las tres comunidades ni siquiera tenía un supermercado dentro de sus fronteras y, en el momento de la encuesta, no existían mercados de agricultores, aunque unos pocos se han abierto en los años transcurridos desde el estudio ” (Portnoy 112).

Me siento muy suerte que hay un mercado de agricultores en USC en los miércoles, pero me siento un poco raro y fuera de lugar dentro de estos estudiantes. Yo lo vi como una oportunidad de comprar cosas frescas, y para ellos, es una oportunidad de comprar algo diferente, o exótico. Ellos están comprando helado por $6 y estoy tratando de comprar algunas verduras.

Entonces, yo tomo el autobús a Ralph’s una vez cada semana. Mi hija traiga verduras, frutas, y recetas de su escuela cada mes, y me siento agradecida de que ella es capaz de obtener este tipo de oportunidad. Como madre, no quiero vivir en este area. Pero sin muchas opciones, estoy tratando de buscar algo “agua” que puedo dar a mi hija en este “desierto”.

 

5: Encontrar el equilibrio adecuado en la apropiación

Hay un refrán muy común que dice “sabes algo bueno cuando lo ves.” Bueno. Así es como me siento acerca de las galletas. Soy de Atlanta, dónde una galleta buena es escamosa, pero no seca, y se derrite como mantequilla en su boca. Cada vez que veo una galleta en un menú, necesito probarlo. Puedo identificar cuando una receta de galletas es del sur, o cuando el restaurant solo está tratando de capturar la esencia de la delicia. Una vez en una luna azul, puedo encontrar una auténtica galleta — una que me recuerda a mi casa. Y cuando no es bueno, no es bueno. No es un tipo de falsificación. No es apropiación.

Pero dame un bagel malo y es una historia completamente diferente. Sara Lee no está vendiendo bagels, ella está vendiendo el pan blanco redondo y robando el nombre del plato de mi gente.

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Los bagels reales no vienen con las etiquetas rojas.

Entonces, puedo entender los dos lados.

Para mi, la diferencia entre la apropiación y el préstamo es cuando el chef dice que es el dueño de la cocina. Mientras escribo esto, estoy comiendo “pho” de un comedor del campus. No dicen que tienen el mejor “pho” en Los Ángeles. No pretenden tener la más auténtica pho fuera de vietnam. Se acaba de verter un poco de caldo de pollo en un tazón de fideos y la parte superior con brotes de soja y cilantro.

Rick Bayless es uno de los chefs mas nombrado en la discusión de apropiación. En una conversación con Sporkful, Bayless dice que no entiende porque personas piensan que está robando la comida.

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El cocinero Rick Bayless.

“I know that there have been a number of people out there that criticized me only — only — because of my race. Because I’m white, I can’t do anything with Mexican food. But we have to stop and say, ‘Oh wait, is that plain racism then?'”

Lo problematico con lo que está diciendo Bayless es que la gente no está diciendo que no puede hacer NADA con la comida Mexicana, solo están diciendo que tienen problema con el diciendo que es el experto mejor con respeto a la comida.

Godoy y Chow de The Salt tienen un punto muy interesante:

“For some nonwhite Americans, the idea of eating “ethnic cuisine” (and there’s a whole other debate about that term) not cooked by someone of that ethnicity can feel like a form of cultural theft. Where does inspiration end? When is riffing off someone’s cuisine an homage, and when does it feel like a form of co-opting?”

Para muchas personas, incluyéndome a mi, tomando la cocina es un homenaje cuando solo está cocinandolo. Pero cuando es más dificil es cuando está tratando de decir que es suyo, o que está diciendo algo malo sobre las otras personas quien cocinaron la comida, como no era lo mejor que podría ser antes de que lo cocinara.

En la misma conversación con Sporkful, Nick Cho, un oyente coreano-americano, dice “even thought that kid didn’t mean it in a racial or in an ethnic sense, it stings as if it was. So there’s that feeling of being an “other” that always makes us feel like we’re some kind of visitors.”

La bonita de los Estados Unidos es que no hay un “otro,” no hay “visitantes.” Somos una mezcla. Una ensalada, que dijimos en clase. Hay espacio aquí para cada tipo de cocina y cada variación de las cocinas que un chef puede hacer. Mientras no hagas parecer que solo estás haciendo la cocina mejor, no es apropiación. Es sólo tu propia toma.

 

4: Tacos Tu Madre crea su propia definicion del taco

Escondido en un centro commercial existe una nueva identidad por los tacos. Seriamente escondido — nos llevó tres paseos por la calle para encontrarlo. Sin un letrero, sin un logo, Tacos Tu Madre está vendiendo sus tacos únicos en la esquina de Vermont St. y Russell Ave.

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El único letrero que ves en Tacos Tu Madre da un calor con su brillo rosado.

En la primera impresión, siente como un food truck. En el mundo de los food trucks, existe una separación entre los camiones y los establecimientos de “ladrillo y mortero.” Significa que los food trucks pueden cambiar, pueden mover y estar adaptable, y que los otros restaurantes más común son de ladrillo y mortero y son como “atascado” en sus maneras.

Déjame decirte — la unica diferencia entre el atmósfera de un food truck y de Tacos Tu Madre es que el último no tiene ruedas. Pides tu comida afuera del restaurante en una pequeña ventana, solo hay como 12 asientos y una mesa grande en todo el restaurante, puedes ver los cocineros cocinando la comida, y muchos de las personas prefieren pedir su comida para llevar que comerlo en el restaurante. Me gusta imaginar que Tacos Tu Madre era en el mismo lugar por tanto tiempo (como Mariscos Jalisco) que creció los paredes como igual como la calabaza transformó en Cinderella.

Portnoy y Pilcher describe la mezcla entre el culinario Pacifico con otros como “the intersection of consumer desire for a particular form of exoticism.” Esto es exactamente lo que ves en Tacos Tu Madre, pero no solo es de la mezcla con el culinario Pacifico.

Los Feliz es un area donde mezcla culinarios de todo el mundo — Mediterráneo, Indio, Francés, Americano, Chino; lo que quieras, lo tienen a poca distancia. Es un vecindario en donde hay muchos Asiáticos y es muy diverso para la ciudad y condado de Los Angeles. Quizás era este mezcla de identidades que influyó la decision de integrar tantos tipos de tacos en su menu. Es una manera de introducir algo que es familiar (el concepto de un taco) con unos culinarios con que muchas personas tal vez no estén familiarizados.

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El taco de barbacoa coreano reinventa el concepto de salsa con kimchi en vez de tomates. 

Gold dice algo que, aun que realmente no es un food truck, me relaciono con Tacos Tu Madre:

“At a time in America when finances are shaky, yet even modest big-city restaurant spaces involve multimillion-dollar build-outs, when consumers have wearied of giant chains but still demand food that is novel, inexpensive and fast, food trucks are the new incubators of culinary innovation.”

“Cadena gigante”? Solo tienen dos lugares en todo Los Angeles.

“Original”? No puedo pensar en otro lugar donde puede come tacos de barbacoa coreana, Poke con salmon, y huevos con queso todo en el mismo plato.

“Rapido”? Solo tomó menos de diez minutos para recibir nuestro comida.

Decidí tratar dos tacos de fusion y un taco más típico — un de barbacoa coreana, un de pollo frito, y un de carne asada.

El taco de barbacoa coreana fue mi favorito. Era una mezcla de dulce y amargo perfecto. Típicamente no me gusta el kimchi, para mi el sabor es demasiado fuerte. Pero Tacos Tu Madre crea un equilibrio perfecto del amargo del kimchi y el sabor picante de la carne.

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El taco de pollo frito con un montón de ensalada de col. 

El taco de pollo frito me dio memorias de Atlanta y el culinario del sur. Yo estaba pensando que sería trozos de pollo, pero estaba equivocada. Este taco tenía un pedazo de pollo enorme, con un montón de ensalada de col. Era como un picnic del verano en mi boca. Que delicioso.

El taco de carne asada era muy típico de los otros tacos de carne asada que he comido. Y realmente era mi menos favorita de los tres.

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El taco de carne asada con un llovizna de salsa cremosa. 

Parece como para este restaurante, la definición del taco solo era “algo en una tortilla.”No importaba si había un jalapeño o un cilantro a la vista. No importaba desde qué región de América Latina el estilo de cocinar vino. Solo importaba la mezcla de culturas y identidades en las recetas, y las sonrisas en las caras de los clientes cuando comen la comida.

Lo único malo que puedo decir sobre Tacos Tu Madre es que el letrero de neón puso un tinte rojo en todos mis fotos, pero los tacos eran tan deliciosos que valió la pena.

 

3: Encontrando mis raíces judías en unos tacos de Los Angeles

Existe un chiste en la cultura judía que cada fiesta tiene la misma historia  — “ellos trataron de matarnos, sobrevivimos, vamos a comer”. La comida es algo esencial para la cultura judía. Tengo recuerdos muy fuertes de hornear las galletas de “hamantashen” con mi madre para la fiesta de Purim, de trenzar el pan “challah” para la fiesta de Shabbat, y de oler brisket flotando por la casa en cada fiesta.

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Una cena tradicional para la fiesta de Shabbat: el pan de “Challah”, ensalada de Israel, hummus, y falafel con el vino de Manischewitz.

En Borders, Anderson habla sobre como los platos principales de grupos diferentes depende en el lugar donde viven, la comida China o Italiano por ejemplo. Lo interesante, y lo diferente, de mi herencia es que los judios no tenemos nuestra propia cocina. Uno podría decir que es porque el judaísmo es una religión, pero argumentaría que es una religión, una cultura, y una gente.

Lo mal de esto es que no hay algo específicamente judío. Muchos de los platos populares, Kugel por ejemplo, solo son platos de diferentes países que nos adaptamos para diferentes días o fiestas. Kugel, del ejemplo, es un plato de Alemania. Cuando los judíos de Alemania se mudaron a diferentes lugares, trajeron su receta de Kugel, pero también adaptaron las recetas de sus ciudades nuevas. Es como la misma cuando Anderson dice, “when migrants come to a new land, they gradually change their food-ways. Eventually, they usually come to eat like the majority in the new home.”

Lo bueno es que la comida de mi herencia es una mezcla magnifica de diferentes sabores, regiones, y culturas. Pilcher envuelve esta idea perfectamente:

“The final outcome of this struggle was not victory for one but, rather, a fusion of both; wheat and corn came to be seen as a complementary pair, each an authentic representation of a mestizo national cuisine. Eating such a mixed cuisine of foods from both Europe and America may provide Mexicans with little national distinction in the postmodern restaurant world.”

Antes mencionaba el olor del brisket flotando por la casa en cada fiesta. Para mi, el brisket es algo muy típica de mi herencia. Traté de encontrar algo en la comida latina en Los Angeles de brisket, pero no quería encontrar un lugar de “fusion,” quería encontrar un tipo de comida similar de esto.

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La carne de carnitas en Villa Moreliana.

Brisket es de un corte de carne de la pechuga de la vaca. Es sabrosa, pero también puede ser dura y fibrosa si no se cocina en el camino correcto. Uno de los métodos de cocina que puede usar para tener un brisket muy oferta es de ablandarlo.

Visité a un puesto en Grand Central Market que se llama Villa Moreliana. Villa Moreliana es famoso por su receta de Michoacan, el lugar de nacimiento de carnitas. Lo peor de visitar este lugar fue que no podría comer sus carnitas, porque los judíos no pueden comer la puerca. Pero lo bueno fue que podría comer su carne asada, y fue sabroso!!

Carne asada tipicamente es de carne de arrachera, que es al lado de la carne de brisket. Los dos son preparados muy similares, y tenía un flashback de todas mis noches con mi familia en una cena de fiesta comiendo brisket cuando probé los sabores. Fue en este momento que se daba cuenta de que no importa que no tengo una comida que es típica para mi herencia — tengo sabores. Recuerdas.

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Un taco con el bar de salsa en Villa Moreliana.

Lo bello de la comida judía es que nos adaptamos las recetas cada vez que mudamos. Yo puedo estar en Los Angeles, comiendo tacos de Michoacan, y sentir como estoy con mi congregación en Atlanta celebrando el año nuevo de los judios.

Pilcher dice que “while people have long recognized the connections between cuisine and identity, the aphorism that you are what you eat has seldom been applied to the study of modern nationalism. Nevertheless, cuisine and other seemingly mundane aspects of daily life compose an important part of the cultures that bind people into national communities.”

Pero para mi, lo que leí que conectó más con mis pensamientos en este momento fue algo que Anderson escribió sobre la comida Provençal.

“Today, by contrast, it is not only diverse and wonderful, but it has also spawned local sub-variants; each city-and-hinterland has its variants of the common dishes.”

No importa que no puedo decir “yo tengo tamales” o “yo tengo sushi” para tener algo concreto de mi herencia. Para mi, lo mas importante son los sabores. Y lo mas interesante y emocionante es que con sabores, puedo hacer conexiones con casi cada país, cultura o tipo de comida en el mundo.

2: Falta la autenticidad en La Calle Olvera

Los Angeles es conocido por ser una ciudad extendido. Edificios altos en grupos pequeños en cada dirección que ves, tráfico tan denso que pasa dos horas antes de que cruzas la ciudad, y lugares nuevas abren cada día. En un lugar tan conocido por su extensión, es un sorprendido visitar La Calle Olvera.


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Un letrero para La Calle Olvera en frente de Cielito Lindo.

Los vecindarios en Los Angeles son famosos: Koreatown, Little Armenia, Chinatown, Persian Square, la lista continua. Estos vecindarios son conocidos por su multitud de restaurantes, tiendas, lugares y comida que se dan un sentido “autentico” del area que representan.

Lo problematico con esto es como se define “autenticidad”? Es el sabor de la comida? Son los materiales usados para construir los edificios? Es el idioma que las personas se hablan en el lugar? Para este blog, piensa en lo “autentico” como algo que trata de recrear la comida y los lugares de otro lugar o país.

Incluso con una definition tan ancho como esto, Sarah Portnoy muestra como puede tener un efecto malo en su artículo “Authenticity of Cuisines”:

“Even in popular food blogs, food writers are aware that calling a dish authentic is problematic and can create artificial hierarchies (i.e., saying something is authentic implies that it is superior to the one that is not called authentic, thus creating hierarchies).”

Esto pensamiento de superioridad no solo se aplica a la comida cuando piensas en “autenticidad”. William Deverell dice en su libro Whitewashed Adobe que “Los Angeles was once to be the world’s urban beacon because racial supremacy worked here, because Angle Saxons in charge worked so diligently to maintain particular lines of racial and ethnic privilege.”

Esto es lo que vemos literalmente y figurativamente en La Calle Olvera.


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Un pájaro camina en el medio de la calle, que está apenas lleno de gente.

La Calle Olvera fue fundada en 1781, y estaba destinada ser un lugar central para la comunidad mexicana. Con la pasa de tiempo, cuando mas y mas personas blancas se establecieron en Los Angeles, la ciudad vio un cambio del sentido de La Calle Olvera. A diferencia de los otros vecindarios, donde la gente podría reclamar su tierra y recrear su lugar de origen, los mexicanos solo fueron permitidos tener esta calle tan corta para ser su “vecindario”.

Con la pasa del tiempo, La Calle Olvera cambia un poquito para incluir la cultura Americana. En los años 30, el “whitewashing” era muy obvio, con un “whitewashing” literal del mural America Tropical. Hoy en día es mucho menos obvio, pero ves camisetas con frases populares de la cultura Americana al lado de vestidos tradicionales de Mexico.

Para mi, es muy similar a las calles que he visitado en Cozumel, Mexico. Toma un crucero a Cozumel y la primera cosa “autentico” que experimentará de Mexico es la calle justo fuera del barco — un Señor Frogs, anuncios por Dos XX, y tiendas y tiendas que venden cosas exactamente iguales a las tiendas en La Calle Olvera.

Para mi, no hay diferencia entre La Calle Olvera en Los Angeles y los ‘trampas para turistas’ en Cozumel. Pero en Cozumel, puedo tomar un taxi y tener los tacos mejores de mi vida en menos de 5 minutos afuera del barco. En La Calle Olvera, lo mas cerca del “autentico” son los combo plates y taquitos de Cielito Lindo.


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Un taquito de carne de vaca con la salsa de guacamole.

Cielito Lindo sienta como un niño perdido en un mar de desgracia. Existe la promesa, pero lo desafortunadamente es la experiencia en general. La cosa que ves primera en su menu son sus taquitos “auténticos”. No deberían tener que decir que son “auténticos” para tener  clientes. Admito, la salsa de guacamole era tan deliciosa que la podría haber comido con una cuchara. La mezcla del sabor agrio de la sal y la dulce del aguacate es perfecto.

Me hubiera gustado más carne en mis taquitos, pero el tamaño de las tortillas no permitía por mucho relleno. Yo solo tenía dos taquitos, no quería la version más Americano con el arroz y los frijoles.


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En Cielito Lindo, solo hay una sartén dónde cocinan los taquitos.

Hay algo especial de Cielito Lindo. Quizás es su receta de 1934. Quizás es la sartén sola que usan para cocinar los taquitos. Pero se pierde la magia entre las calles abarrotadas y los puestos vacíos.

Sí los angelenos de los años 30 hubieran permitido los Mexicanos de crear su vecindario propio como Koreatown o Little Armenia, tal vez podría haber salvado la historia de Cielito Lindo.

1: Un paraíso oaxaqueño en el centro de Koreatown

La lluvia había estado cayendo todo el día. No quería ir afuera de mi casa, pero he prometido a mi amigo que podíamos tomar una margarita para celebrar su trabajo nuevo. Una margarita me puede convencer a ir a cualquier lugar en cualquier tiempo.

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Lo mejor de vivir en Los Angeles es que hay un vecindario para cada tipo de comida que podrías querer. Significa que no necesitas ir a Taco Bell o Qdoba para comida “Mexicana”. Normalmente uno va a Boyle Heights o East L.A. — vecindarios latinos — para comer comida tradicionales. Es por esto que mi amigo había sorprendido de estar en Koreatown para nuestro cena.

En el siglo 20, había un aumento de restaurantes y tiendas latinoamericanos, pero existía un miedo del “desconocido” de la comida latina. Es por esto que desarrolló estos vecindarios, lugares familiares donde la gente de diferentes culturas podían estar con otra gente y comer comida típica de su area de origen. Guelaguetza es una excepción grande de este “regla”.

Guelaguetza es un paraíso oaxaqueño en el centro de Koreatown, afuera de un vecindario familiar.

Los propietarios no habían preocupados con los miedos de “comida extranjero”, tomaron un edificio con arquitectura muy tradicional de Korea y empezaron de repartir su mole casero. Cocinaron lo que sabían, una practica que empezó en los años 60 con los migrantes económicos de las guerras centro americanas.

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Y gracias a dios que Guelaguetza no preocupó con los pensamientos de sus vecinos. La atmósfera del restaurante es una joya entre un mundo de repollo y salsa de soja — gracias al estado creado de la música en vivo y el mercado pequeño que ves cuando entras. Cuando los otros restaurantes en Koreatown dan sus clientes platos de kimchi, habíamos saludados por un plato de chips de tortilla cubierto de mole rico.

El mole era una mezcla perfecta de dulce y salado. Decidimos en pedir enchiladas de mole coloradito, porque queremos explorar el plato principal de Oaxaca. Las pedimos con queso, y había esperando poco queso. Déjame decirte……nos encontramos con un MONTÓN de queso!

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Una de las historias dice que en el siglo 16, la monjas en Puebla de los ángeles hicieron mole porque no tenían nada de servir el arzobispo cuando visitó. El mole en mis enchiladas no era cocinada de estas monjas, pero debe haber cocinado por un ángel — eso es lo bueno que era. El queso crea una mezcla de sabores perfecto. La mole dulce, el pollo húmedo y sazonado, el queso cremoso, y el perejil fresco. Casi encontré unos enchiladas que me amo más que las de nuestro mejor amigo de familia.

Lluvia o sol, vale la pena la viaje a Guelaguetza.